31 mar. 2009

De las Memorias de Mariela Castro: Con Carreras y a la carrera (1)


Me aburría en la fiesta. La Habana, después de cuatro días de compras en París, resulta simple y llanamente tediosa. Me hubiera quedado la semana entera en Francia, pero mami tenía que regresar por alguna de sus reuniones. Tal parece que la Federación de Mujeres Cubanas no puede funcionar sin ella.

Alejandro se apiadó de mí y me invitó a aquella recepción con empresarios y artistas españoles con la intención de entretenerme un poco. Me dejó allí y prometió que volvería más tarde. Por un momento pensé que sería divertido el anonimato y me senté discretamente en un costado. No era divertido. Es más, contemplar gallegos viejos hablando de negocios me provocó un gran hastío.

Aparte de los españoles había numerosos funcionarios cubanos. Se podía distinguir dos tipos. Los altos cuadros, que galanteaban a los empresarios extranjeros. Y los menos altos, que más bien cortejaban al buffet. Vi algunas bolsitas de nylon llenarse más rápido de carne que un condón.

Entró Robertico Robaina. Enseguida me reconoció. Me hizo un guiño y sonrió. ¡Qué asqueroso! No respondí. Quité la vista con fastidio. Nunca he soportado ni los bigotes ni las guayaberas. Y mucho menos combinados.

De repente descubrí un rostro famoso. Un rostro, una melena y varias costillas. Era Antonio Gades. Disertaba de alguna cosa. Ni me miró. ¿Qué se habrá creído? ¡Con lo acabado que está!

Piqué una croqueta de puro despecho. (De mi parte, pues la croqueta era de jamón.) Me la metí en la boca casi automáticamente, y miré a un lado.

- ¡Hola, guapa! –dijo de pronto una hermosa voz, masculina y modulada, con acento español.

Volteé la cabeza entre impresionada y curiosa. Lo vi, y quedé sólo impresionada.

- ¿Cómo te llamas? –me preguntaba a mí el mismísimo José Carreras, mientras se sentaba a mi lado.

- Ugrrh –mascullé, por culpa de la croqueta pegada al cielo de la boca.

- ¡Hostia, ese sí que es un nombre corto!

- Uglp –repliqué desesperada.

- Vamos, que no es para tanto –agregó cordial-. Ya he visto a chicas emocionadas, pero no así.

Negué con la cabeza cuatro veces. Las tres últimas para ver si se desprendía la croqueta. No funcionó. El tenor me acercó su copa de cognac.

- Tómate un trago y verás que todo es más fácil –propuso.

Agarré la copa. Antes de tragar me enjuagué la boca con el Remy Martin intentando despegar la croqueta.

- Joder, qué extraño estilo de catar tenéis los cubanos… -comentó José-. Aunque eso no es vino…

Fue en ese instante que se soltó la croqueta. La sentí caer sobre mi lengua. Percibí como me embargaba el rubor. No me atrevía a masticar. Hice un esfuerzo y me la tragué. Pasó por mi garganta tan discreta como una bola de billar.

- Basta de sonrojo, muñeca –dijo amable José, con una mano en mi pierna y arrimándome la copa otra vez-. Bebe de nuevo, e iremos entrando en confianza, ya verás.

Bebí, porque con ese acento a mí me convencía hasta Fernando Fernán Gómez, porque aquella mano suave y bien cuidada en mi muslo me persuadía también, y porque la croqueta en mi esófago aún intentaba arruinar mi encuentro con José Carreras.

30 mar. 2009

Carambola

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

Discreción

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

29 mar. 2009

Un buen plan

El joven socialista Alberto García Reyes se incorporó voluntario a la División Azul para desertar en la hermana tierra soviética. Lo consiguió el 11 de febrero de 1943, al final de la batalla de Krasni Bor.

El combate había sido muy duro. Tras romper el cerco de Leningrado días atrás, y con tropas frescas, el Ejército Rojo pasó a la contraofensiva. Previa preparación artillera con 400 cañones, las divisiones 43 y 72 de fusileros avanzaron sobre las posiciones de la División Azul desde el este y el sureste respectivamente. Por el noreste llegó la división élite 63 de la Guardia Roja, apoyada por una brigada de 60 tanques T-34. Los alemanes no enviaron ayuda, mas los españoles se defendieron ferozmente. 2.500 legionarios y 11.000 soviéticos perecieron en 28 horas de lucha. Finalmente, los soviéticos se apoderaron del lugar.

Alberto aprovechó la retirada de la División Azul para entregarse a los camaradas rusos. Se había aprendido algunas frases decisivas, y ensayado hasta la saciedad. Fue una pena que aquellos dos fusileros kazajos no le entendieran y dispararan sin el menor rastro de curiosidad.

27 mar. 2009

Oni srazhalis za rodinu *

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

* Ellos se batieron por la patria

26 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 21

Cheandertal (el eslabón asesino)

Junio 12 de 1967
[…]
Nos sorprendió el reportaje radial sobre la composición extranjera de la guerrilla: 17 cubanos, 14 brasileros, 4 argentinos y 3 peruanos. El número de cubanos y peruanos es correcto. Por tanto, supongo que Joaquín ha recibido refuerzos de Brasil. Me preocupa quién será el cuarto argentino. Espero que no se venga acá para hacerse el macanudo inteligente. En esta guerrilla las jerarquías están muy claras.

Junio 13 de 1967
[…]
El frío es de espanto. Está soplando un surazo francamente contra-insurgente. La noche pasada soñé con el Congo. Los mercenarios sudafricanos nos perseguían por la orilla del Tanganika. Me oriné en los pantalones para no salir de la manta a la frialdad de la noche. Fue grato sentir el calor en la pierna.

Hay comida para 2 días. A lo máximo 5, racionando más racionalmente.

En la radio no cesan las declaraciones de políticos y las noticias sobre mineros y huelguistas. Es evidente que ese hervidero nos favorece. En cualquier momento se nos unirán millares de descontentos.

Junio 14 de 1967
[…]
Varios salieron a cazar, pero ni un gato. Nos comimos el último potaje celebrando la fecha. A partir de mañana sólo hay maní.

He cumplido 39 años. A los edemas y al asma aún me sobrepongo, pero dentro de poco, debo reconocerlo, esta actividad será biológicamente difícil para mí. Es obvio que debo hacer todo lo posible para alcanzar La Paz antes de los 40.

Junio 15 de 1967
[…]
La sopa de maní estaba un poco aguada. Nos quedamos con hambre. Por suerte aparecieron unas palmeras totaí. El cogollo se come. Sólo permití trepar a un hombre por palmera para evitar accidentes.

Junio 16 de 1967
[…]
Cruzamos el Río Grande. El agua estaba helada, pero no se ahogó nadie esta vez. Si bien el Ñato perdió el resto del maní y parte del palmito de totaí sobrante. Tuma y Willy querían obligarlo a que se tirara al río para recuperar las provisiones perdidas. Dije que no. Al menos una vez quiero registrar un cruce del Río Grande sin bajas.

Se despertó una gran ilusión en la gente cuando Miguel recordó haber visto una colmena en una vuelta anterior por esta zona. La ilusión murió con las picadas. Eran avispas.

[…]

25 mar. 2009

Alcoholismo juvenil en Gaza


Nos ha llegado una alarmante noticia: El alcoholismo juvenil se extiende en Gaza.

Pese a que el Islam prohibe el consumo de bebidas alcohólicas, pese a que Hamas gobierna ese enclave palestino y presume de ser una organización profundamente islamista, pese a que la Sharia rige hoy el orden jurídico local, pese al cierre de la frontera egipcia, pese a la estrecha vigilancia de la frontera israelí por parte del Tzahal, pese a todo, en Gaza prolifera el alcoholismo entre los más jóvenes.

Incluso tratándose de licores de fabricación casera el vicio de la juventud de hoy puede traer consecuencias explosivas en un futuro cercano.

Carta a Palacio

Diario duelo

Una joven estudiante -con ganas de aprender- y bloguera argentina me ha preguntado amablemente por qué martirizo de forma virtual al Che Guevara. Además, parece creer que acá les deseamos algún otro mal a los pobres. Supongo que quiero contestar a su curiosidad porque es joven, porque es argentina y porque es hembra.


Estimada anfitriona de la risa y el dolor:

Teóricamente sería un desperdicio dedicarle tiempo a un sicópata y sociópata como aquel criminal rosarino conocido como Che, si no fuera porque los comunistas y sus auxiliares siguen empeñados en santificar a semejante bribón. Esa es una de dos razones para colocar en su merecido lugar a quien asesinó a varios cientos de cubanos y practicó el terrorismo en tres continentes. La otra razón es que el tipo era tan imbécil, que nos dejó una fácil presa: su prosa. Es pan comido ridiculizar un alma tan cretina, basta transcribir lo que dice el diario original. En fin, ésta es una oportunidad buena y barata para la sátira por una causa justa, ergo, no tiene desperdicio.

Sé que de veras te gustó este blog, pues leí tu inicial comentario, que escribiste al primer impulso y borraste luego. (El ADN electrónico siempre deja rastro.) Este es un blog liberal, como lo son, de alguna manera, casi todos los comentaristas. Liberal –aunque puedan haberte dicho otra cosa y, de hecho, lo usen muchos de disfraz– es aquel que está a favor de la libertad. Y la libertad es la facultad de tomar tus propias decisiones sin que ningún caudillo, partido o gobierno te lo impida y te imponga otra cosa. Eso es lo que no hay en Cuba y cada vez queda menos en Venezuela y Bolivia. Puedes estar segura de que toda la falta de libertad que haya habido en Argentina resulta un feto al lado del enorme energúmeno que representa la opresión comunista, donde no se puede ni opinar sin castigo, y donde se aplasta la voluntad junto con el talento desde la más temprana infancia para crear lo que Guevara definió como el “hombre nuevo”, o sea, el hombre-oveja, el total-imbécil.

Por cierto, aquel post sobre Obama no tiene nada que ver con defender al rico y atacar al pobre. Hay muchos ricos y medio-ricos que votaron por Obama. Definitivamente, la mayoría que eligió presidente al senador de la ciudad de las trampas no es pobre. La pobreza no es el problema humano. El verdadero problema es la estupidez. Y esa se reparte por todo el espectro social. Dices que eres pobre, ¿y qué? Lo realmente desesperanzador es ser cobarde. Yo he sido mucho más pobre que vos. En Cuba. Por obra y gracia del Che y sus semejantes. También afuera he vivido desprovisto de todo, de familia y patria también, pero libre. Y con libertad, al menos, es posible progresar. Siempre como individuo, porque los rebaños -sean reses o revolucionarios- a la larga acaban su marcha en los mataderos. Aprovecho para asegurarte una cosa: En toda la historia de nuestra especie no ha habido un solo pobre que haya dejado de ser un miserable gracias al socialismo. Por el contrario, el socialismo es el mayor creador de miserables, a corto plazo y por largo tiempo, que se conoce.

Como ves, estamos en bandos opuestos. Ambos convencidos. La diferencia es que yo pasé por todo, por Cuba, por América Latina, por Europa y por USA. Te revelaré un último secreto: Los socialistas que no conocen el socialismo son los peores. Y no por malos. La maldad no es el problema humano.

Saludos

Güicho

24 mar. 2009

¿Qué tienen en común estos sujetos?


Atila era hijo del rey de los hunos. Gengis era hijo del cacique de un clan mongol. Tirofijo era hijo de un campesino colombiano. Frío.

Atila hizo temblar a Roma y Bizancio. Gengis hizo temblar a China y Persia. Tirofijo hizo temblar a los departamentos de Meta y Caquetá. Escarcha.

Atila consiguió dominar un reino que iba desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro. Gengis consiguió dominar un imperio que iba desde el Mar Amarillo hasta el Golfo Pérsico. Tirofijo consiguió dominar una zona desmilitarizada por el presidente Pastrana que iba desde el Río Caquetá hasta el Río Yarí. Hielo.

Atila fue enterrado en secreto y sus sepultureros fueron degollados. Gengis fue enterrado en secreto y sus sepultureros fueron decapitados. Tirofijo fue enterrado en secreto y sus sepultureros fueron fusilados. Caliente.

Ah, se me olvidaba, y los tres eran unos asesinos.

22 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 20

¡Pórtate bien, Benicio!

Junio 2 de 1967
[…]
El chancho que agarramos en la finca de Symuní es el más gordo que he visto en Bolivia. Creo que pesaba más que el Tuma a comienzos de este año. Cuando lo estábamos descuartizando se presentaron cuatro empleados del dueño reclamando pago por el animal. Les confiscamos los caballos para transportar los pedazos del chancho hasta el arroyo y cocinarlos. Llegando al camino, vimos un camión del ejército. Lo perdoné para no estropear el puerco asado de esta noche. En definitiva, tenemos todo el mes por delante para cumplir nuestra meta de emboscadas.

Junio 3 de 1967
[…]
Caminamos toda la mañana con algunas pausas digestivas. Nadie vomitó este puerco. Estoy por creer que aquel chancho indigesto estaba envenenado. Las diarreas de hoy se deben al agua del arroyo.

Después del mediodía organicé una emboscada antes de hacer la siesta. A las 2:30 PM me despertó un camión lleno de chanchos. Pensando en variar la dieta, decidí no atacarlo. También un poco por consideración con los campesinos que acompañaban el transporte en una camioneta, contamos doce hombres con igual número de escopetas. Dos horas más tarde pasó otro camión con botellas vacías. Tuve que contener a varios que querían asaltarlo. Afirmaban delirantes que las botellas contenían coca-cola. A las 5 vino el mismo camión militar de ayer en sentido opuesto. Lo dejé pasar por la hora que era. Y porque podrían llegar refuerzos militares. Fue una sabia decisión, pues luego pasó un convoy de siete camiones del ejército.

[…]

Junio 6 de 1967
[…]
Por la tarde conseguimos finalmente un objetivo apropiado para un operativo. Los exploradores descubrieron una finquita con ganado y sin vigilancia. Reuní a la gente y nos pusimos en marcha. Por el camino vimos una casa. La tomamos sin disparar un tiro. Resultó ser del dueño del chaco ganadero. El viejo dijo que las vaquitas estaban enfermas y que las mantenía en cuarentena. Nos ofreció un chancho que tenía en el patio a cambio. Camba y Ñato afirmaron que el viejo mentía. Pero se mantuvo en lo mismo cuando lo interrogamos más fuerte. Nos prometió que su hijo menor nos llevaría mañana hasta otro chaco con viandas y frijoles, y nos regaló unos pedazos de carne seca de la última vaca sana que pudo sacrificar. Optamos por la prudencia y desistimos de ir al chaco de las vacas.

Nos quedamos esa noche en la casa, cocinando el lechoncito y un ajiaco con los pedazos de charqui y unas viandas.

Junio 7 de 1967
[…]
El muchacho nos llevó hasta el chaco con guineos, calabazas, frijoles y caña. Puse campamento y racioné los platanitos. Dos por cabeza.

El hijo del viejo fingía dolores de vientre con bastante talento. Lo soltamos y cambiamos el lugar del campamento. En la mudanza descubrí que todos tenían bananas adicionales escondidas. Les solté una severa descarga. Y recogí las frutas de cada uno. Menos a Urbano, que juró que él no había hurtado ninguna. Mas, por la forma en que camina ahora, es evidente que miente. No insistí porque ese plátano ya está desgraciado. En su momento le haré una advertencia.

[…]

20 mar. 2009

Una razón familiar

Ex-busto de Churchill en la Casa Blanca

Nuestra estimadísima amiga Isis nos informa que el presidente Barack Hussein Obama detesta a Winston Churchill, hasta el punto de que no quiere verlo ni en escultura.

Eso tiene su explicación. Hay una razón familiar. Y hela aquí.

El abuelo de Obama -apellido que significa "el torcido" en lengua luo-, era conocido como Onguzi ("el bribón") antes de convertirse al islam bajo el nombre de Hussein. Pues bien, este señor, cuando aún comía carne de puerco, era amigo de la policía colonial en Kenia. Sin embargo, después de su islamización se volvió más antibritánico que Napoleón y Louis XIV juntos.

Durante un tiempo se dedicó a la agitación política contra los ingleses entre la gente de su tribu, más bien mansa hasta esa fecha. No tuvo demasiado éxito, por lo que decidió asociarse con paisanos más enérgicos y solicitó ingresar en el movimiento Muingi (prototerroristas, de donde saldrían luego los asesinos Mau-Mau.) Lo rechazaron porque él era un luo y en dicha organización sólo aceptaban militantes kikuyu. Debo aclarar que por entonces cada una de aquellas dos etnias usaba el gentilicio de la otra para designar al fertilizante natural que dejaban sus respectivas vacas.

El disgusto fue tan grande, que Hussein intentó retornar a su oficio original como asesor informativo de la policía colonial. Mas, desafortunadamente, los británicos ya lo tenían fichado como agitador y traidor.

Los agentes del orden, casi todos traídos de Uganda por su disciplina y rigor, lo interrogaron severamente durante varios días. Recién había comenzado la Segunda Guerra Mundial y el gobierno de su majestad no podía permitirse desórdenes en las colonias.

Finalmente, para ser liberado, Hussein se vio obligado a jurar fidelidad a la corona frente a la imagen del primer ministro Winston Churchill y a besar, in absentia del premier, los pies de un sargento ugandés, quien al menos tuvo antes la delicadeza de quitarse las botas de caucho.

No sé Uds., pero yo comprendo ese torcido rencor familiar.

19 mar. 2009

La verdad sobre el complot contra Raúl Castro



El ex comunista y ex ministro de Relaciones Exteriores (en ese orden) mexicano Jorge Castañeda ha sugerido que la defenestración de Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y algunos secuaces se debe a que estaban planeando derrocar a Raúl Castro. Y con ayuda de Hugo Chávez, además. El bardo de Sabaneta era el encargado de reclutar más cómplices –supone el profesor mexicano–, por lo que fue llamado a La Habana para leerle la cartilla tras la destitución de los infieles.

Pues, sí, aquí, en esta hora y en primicia absoluta, confirmamos que la hipótesis de Castañeda es cierta.

Vean Uds.

Para el caudillo venezolano convencer al modesto Rafael Vicente Correa y al gran jefe Evo fue pan comido. El ecuatoriano sería la artillería, los tanques y la aviación en una persona, mientras que el boliviano haría de infantería ligera (de armamento, no de peso corporal.)

Con Daniel Ortega, sin embargo, no fue tan fácil. El mandatario nicaragüense declinó participar. No fue hasta que Hugo le recordó que Raúl tenía una nieta menor, la cual seguramente caería prisionera, que Daniel se comprometió con los golpistas. Tras un corto debate, se decidió dejar afuera a las dos hembras del cono sur, al cura paraguayo y al manco de Brasil. Un golpe es cosa de hombres. De hombres enteros, para ponerlo más claro. En cambio, los confabulados sí apostaron por involucrar a Martín Torrijos de Panamá, a Manuel Zelaya de Honduras y a Alvaro Colom de Guatemala. Si bien se les mantendría en lo oscuro sobre las verdaderas intenciones hasta el último momento. Simplemente se les diría que se trataba del entierro de Fidel, y que las armas eran para los tiros de salva en honor al difunto.

El problema surgió cuando Hugo Chávez intentó reclutar a Leonel Fernández de la República Dominicana, que iría como… bueno, tal vez, de cargabates. Mas Fernández no sólo se negó; sino que también se fue de lengua, ganándose así una visita privada al compañero en jefe. Lo que Carlitos y Felipito ganaron ya fue menos gratificante. O más, aunque no para ellos.

El plan de los complotados lo hemos podido conocer de buena fuente, que obviamente no podemos revelar acá por razones de discreción y de seguridad. (Sólo quiero decil que gracia, tigre, un saludo pa ti, mi helmano.)

Pues bien, se trataba, nada más y nada menos, que de un asalto al Palacio de la Revolución. Salvo posibles pequeños arreglos de última hora, sabemos todos los detalles.

Carlos Lage, José Luis Rodríguez, Fernando Remírez de Estenoz, Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega, y los incautos Martín Torrijos, Manuel Zelaya y Alvaro Colom, todos armados hasta los dientes, se aproximarían a palacio escondidos en una camioneta de la embajada venezolana, con placa diplomática y banderita bolivariana, por supuesto. Rafael Correa, por su parte, debía planear en ala delta sobre el palacio para dispararle a Raúl si se refugiaba en la azotea.

Entre tanto, Felipe Pérez Roque se dirigiría a los estudios de la televisión cubana, donde organizaría una Mesa Redonda extraordinaria con el pretexto del penoso sobrepeso que sufren los cinco héroes en las mazmorras yanquis. Una vez en el aire, Felipe anunciaría al pueblo cubano la toma de palacio y el derrocamiento de Raúl Castro.

Era un lindo plan. ¡Qué lástima!

15 mar. 2009

Tres Lindas Gallegas







Las tres nacieron en Cuba, emigraron muy jóvenes, e hicieron carrera cantando en España a partir de los años 70. Luisa María no era tan niña cuando salió de la antilla. Ya estaba en edad depilable, y ya cantaba. Las otras se fueron de nenitas.

La que mejor se codeaba –y no sólo por los codos– era la Veranes: se hizo amiguita de Miguel Bosé, retozaba con Bertín Osborne, fue cuñada de Mari Trini, y luego fue concubina de Pablo Abraira. Hasta que un día a mitad de los 80 no aguantó más el mostacho de Pablo. Entonces recogió sus matules, incluyendo al sobrino de Mari Trini, y se fue a California en busca de más espiritualidad para su vida. Probó desde Hare Krishna hasta Rastafari, y acabó de nueva cristiana casada con un gringo. Hoy vive en Miami.

La Güell llegó más lejos. No sólo por la mayor cantidad de discos, unos veinte más que las otras, sino también por los reconocimientos públicos. Los obtuvo incluso de la República Francesa. Desde luego, es sabido que en Francia premian a cualquier cretino. Mas no era ese el caso con las féminas. Antes de Ingrid Betancourt, las mujeres tenían que mostrar calidad para coger cajita (con medalla.) Luisa María ganó, además, varios festivales. E incluso el mago Manuel Alejandro compuso para ella. De su vida amorosa no hablaremos, porque éste es un blog con un alto sentido del pudor.

A diferencia de las dos Marías, la Baeza, lo que se dice componer, no componía. A pesar de ser hija de un poeta y coterránea de Perucho Figueredo y de Pablo Milanés. Tras un par de álbumes de baladas con buena venta, se puso a cantar música neoreligiosa nicaragüense. Y consiguió así un número uno en España con el Credo. De su vida sentimental destaca la relación con otro fugitivo del socialismo, un rumano realizador de TV, que acabaría más tarde como hombre de confianza de Berlusconi.

En mi modesta apreciación, la más fuerte era Güell y la más dulce, Veranes. Pero, de haber podido escoger, yo le hubiera colocado el micrófono a...

12 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 19

Chetrete

Mayo 31 de 1967
[…]
Día de cambios. Cambié al jefe de la vanguardia: quité a Coco y volvía a poner a Miguel. El camino que seguíamos hacia el norte se acabó, por lo que cambiamos de ruta. Viramos para atrás, pues un campesino capturado nos informó de una aguada que no percibimos al pasar. Ni nosotros, ni el pavo, que esta noche será ejecutado y asado.

Cerca del agua nuestros aguateros divisaron un convoy enemigo a lo lejos en la carretera. Se improvisó una emboscada rápida. Por suerte, el Ñato iba en el grupo con su fusil antitanque. Por desgracia, el Ñato falló el tiro. Y llevaba una sola de las cuatro granadas antitanques que le dimos. Había dejado las otras para poder cargar más agua. Entonces quiso corregir su error y colocó una granada común dentro del fusil antitanque. El arma le explotó en las narices. Menos mal que era el Ñato. Los dos camiones del ejército retrocedieron con apenas dos bajas. Podrían haber sido dos docenas sin el error del Ñato.

Nos retiramos con la mayor agilidad, bajo el lema: el ELN y la Revolución van más rápido que la aviación. Dejamos al jeep todavía con orina pero sin gasolina.

Por la noche, pavo y maíz tostado.

Resumen del mes
[…]
Aspecto negativo: Joaquín. ¿Dónde está Joaquín? Puede haber ido hacia al norte, o hacia al noreste, o incluso hacia al sur. Depende de quién es la brújula. No fue bueno dejar a Tania con la retaguardia. Y no resulta práctico dejar a la retaguardia sin un radio. Tengo que ampliar el manual de la guerra de guerrillas en ese aspecto. También es cierto que Fidel me iba a mandar un radio. Y el PCB, otro. Ninguno llegó hasta ahora. Pero la culpa es de Joaquín. Yo le dije que no se moviera del lugar, pero él debió prever que yo no quería decir eso.

Puntos positivos: El éxito militar nos acompaña. Tres combates victoriosos. Dos ciudades liberadas. Sí, temporalmente, pero liberadas. Todavía no hay nuevas incorporaciones, mas eso incrementa nuestra movilidad, así como el coeficiente operativo. Además, si en lugar de 25 fuéramos 200, la comida sería una pesadilla. La publicidad alrededor del caso Debray ha elevado considerablemente nuestra popularidad entre las masas bolivianas. Aún no lo notamos, pero es debido al total aislamiento en que nos encontramos. La moral guerrillera, por su parte, ha tomado ese tono prepotente que conduce a la victoria final. Los combatientes se muestran muy seguros y creativos en la dificultad, como es el caso del Ñato. No habrá problemas para nombrar oficiales en cuanto arriben nuevos reclutas.

El Loro no nos ha contactado todavía. Tal vez ya llegó a La Paz.

El enemigo es un desastre: la diletancia y la desorganización se notan en cada enfrentamiento. La radio anunció que el ejército arrestó a numerosos campesinos que simpatizan con la guerrilla. Es una pena que no llegásemos a conocerlos. Se trata del inicio de una nueva y decisiva etapa, en la que el campesino será aterrorizado por ambas partes. Entonces se decantará por el terror más justo, el nuestro. Y ese será el principio del fin de la oligarquía pro-imperialista.

[…]

11 mar. 2009

El Protector De Los Cerdos XXVII

De quitar orejas y donar jubones en Semana Santa

El Domingo de Ramos de 1519 la Santa Compañía abandonó Potonchán. La partida fue precedida de una procesión. Durante las semanas disfrutando de la hospitalidad de Tabasco los castellanos destruyeron todos los ídolos nativos y colocaron cruces de madera en cada templo. También se realizaron algunos bautizos, sobre todo de indias. Al elegante desfile de ese domingo se le unió un considerable número de indígenas. No obstante, los españoles rechazaron la oferta maya de cargar con la litera de la virgen. Los chontales quedaron desconcertados. Hasta ese momento los conquistadores habían reclamado sus servicios para cada labor que requiriese algún esfuerzo.

El Jueves Santo la flota alcanzó la isla de San Juan de Ulúa –así bautizada por Grijalva–, frente al cacicazgo totonaca de Chalchicueyacan. Algunos totonacas se acercaron en dos canoas. Ni Aguilar ni Marina consiguieron entenderse con ellos. Cortés le ordenó a Bernardino, un sirviente taíno cubano, que lo intentara. Tampoco resultó. Saturnino, el criado caribe manso de Velázquez de León, fracasó igualmente. También era un poco gago, pero no fue por eso.

- Estos puñeteros indios hablan otra maldita lengua –sentenció Alonso Hernández Portocarrero.

- Entregadles algunas cuentas de cristales coloridos –ordenó generoso Hernán Cortés-. Y a ese que sonríe tanto dadle una cuchara o algo.

- ¿A cuál dice vuestra excelencia? –inquirió su criado Diego de Coria.

- Aquel cabezón con las orejas pintadas de verde –acudió en ayuda don Alonso.

El cordial nativo recibió un jarro y una cuchara.

Algunas horas más tarde se presentaron otros indios en cuatro canoas grandes. Vestían mucho mejor. Es decir, llevaban mejores plumas y tenían los rostros mejor coloreados. También eran más esbeltos y de rasgos más aguileños. Doña Marina los reconoció como aztecas inmediatamente. Se trataba de servidores del quintalbor[54] mexica, residente en la no muy lejana Cuetlaxtlan. Hablaron con doña Marina. Así se supo que en aquellos días tenía lugar una transición administrativa. Tendile, el nuevo recaudador, y Pitópel, el administrador saliente, no se habían puesto de acuerdo sobre quién debía visitar a los forasteros[55].

Los emisarios aztecas aclararon que tenían instrucciones de indagar qué querían los hispanos. Uno de ellos mostró ostentoso una cuchara y un jarro con un par de orejas verdes en su interior. Era evidente que los agentes mexicas se tomaban muy en serio su trabajo en tierras totonacas. Con ayuda de don Gerónimo y doña Marina, Cortés les hizo saber que había venido en son de paz y amistad como embajador de su rey, que tenía muchas cosas importantes que contar al quintalbor, y que pronto bajaría a tierra por ese motivo.

Varios aztecas subieron a bordo de la nave de Cortés y solicitaron un poco de vino para Pitópel, que aún recordaba gratamente el licor obsequiado por Grijalva un año atrás. Cortés les entregó una jícara de vino para el viejo quintalbor, y también ofreció bebida a los agentes. La contentura no tardó en apoderarse de los mexicas.

- Tendile es un débil –reveló con manifiesto desprecio uno de ellos-. No ha podido deshacerse todavía del viejo Pitópel.

Cuando se le acabó su licor, el indio que bebía en el jarro con las orejas totonacas sacó una oreja y comenzó a chuparla. Eso provocó cierta hilaridad entre los castellanos.

- Por el amor de Dios, vuestras mercedes, que le den más vino a ese salvaje –sugirió fray Cabezuela.

- Esperad… Veamos si también se la come… -pidió Portocarrero, que sostenía la pinta de licor.

Mas, a una señal del caudillo, el metellinense se aproximó con el vino. Luego de llenarle el jarro, le indicó al azteca por señas que mojara la oreja en el vino y se la volviera a chupar. Y así lo hizo el indio para regocijo de los cristianos.

El Viernes Santo, ante la ausencia de respuesta azteca, el generalísimo decidió desembarcar. Llevó consigo a doscientos castellanos y a numerosos taínos, así como seis caballos, una docena de perros y cuatro piezas de artillería bajo la responsabilidad de Francisco Mesa, artillero mayor de la Santa Compañía y veterano de Italia. El lugar donde tomaron tierra era una playa saturada de altas dunas. Cortés se reservó el derecho de ser el primero en desembarcar. Saltó de la barca con vigoroso ánimo. Y cayó en una oquedad del irregular suelo marino, que se lo tragó hasta el cuello.

- ¡Esta nueva y rica tierra nos engulle ávida cual…! –improvisaba solemne el caudillo cuando la quilla del bote lo golpeó en el casco, obligándolo a tragar agua.

El generalísimo blasfemó y, desistiendo de más ceremonias, ordenó a sus hombres que lo sacaran del atolladero.

Mientras colocaban a secar las vestiduras del caudillo y se establecía un campamento con perímetro defensivo en las dunas, aparecieron varias largas canoas llenas de amables totonacas. Esta vez traían un traductor que dominaba el náhuatl. La comunicación fue perfecta. El oficial indio hablaba en totonaca con su traductor, éste se dirigía en náhuatl a doña Marina, quien se comunicaba en maya con don Gerónimo, que finalmente traducía al castellano para Cortés.

Los totonacas manifestaron su simpatía por los visitantes mediante presentes. Traían comida: pavos, pescados, tortillas y frijoles, varios mantos de algodón y algunas piezas de orfebrería. Se quejaron de los abusos aztecas, para lo cual mostraron a un indio recientemente desorejado y privado de sus pertenencias por los insaciables invasores occidentales. Cortés ordenó reponerle el jarro y la cuchara al infeliz, y compensarle las orejas cercenadas con una boina verde. Al oficial totonaca le gustó la gorra e hizo ademán de querer quedársela para sí. El caudillo, que realmente se apiadaba del desorejado, destinó entonces otra boina, roja y con una borla en la parte superior, para el oficial nativo. El indio quedó encantado. Don Hernando añadió regalos para ser entregados al cacique de Chalchicueyacan: dos jubones, dos calzones, dos camisolas y dos cinturones.

Los indios preguntaron por algunos hombres de Grijalva, especialmente por Benito el panderetero. Benito estaba castigado por hurto de vino, pero Cortés lo amnistió inmediatamente y lo mandó a buscar. Los totonacas instaron a Benito a bailar con ellos como el año anterior. El castellano se hizo de rogar, y reclamó vino de Cortés para poder danzar.

- Es un maldito borracho, vuestra merced –advirtió Sandoval.

Mas el caudillo le concedió el pedido. Para deleite de los nativos Benito hizo gala de toda su extravagancia europea bailando ritmos exóticos. Los totonacas lloraban de la risa. Algunos se revolcaban de tal manera en la arena, que los hispanos llegaron a creer que morirían sofocados. Fue una falsa alarma, los aborígenes se retiraron contentos y sin bajas.

El Sábado de Gloria arribaron los aztecas. Eran muy numerosos y venían encabezados por Cuitlalpítoc, un esclavo personal de Tendile que enseguida fue renombrado más cristianamente como Pitalpitoque. Enterarse de su rango resultó una decepción para Cortés, que había preparado un bello discurso. Sin embargo, Pitalpitoque era portador de varias hermosas joyas y de una enorme cantidad de alimentos, suficientes para el sustento de toda la Santa Compañía durante una semana. El caudillo se vio obligado a reciprocar tal gentileza desprendiéndose de algunos jubones y de diversos utensilios. Don Amador de Lares contabilizó dichos bienes, y de paso informó al caudillo de que Simón Pérez Rabí estaba sacándoles las joyas personales a los mexicas a cambio de baratijas.

- El marrano ya tiene una bolsa llena de aretes y argollas de oro –susurró el contador.

- ¡La puta que lo parió! –estalló Cortés, e inmediatamente prohibió a sus expedicionarios cualquier comercio con los indígenas por cuenta propia.

Luego dispuso que se colocase una mesa junto a la entrada del campamento, donde los nativos podrían hacer trueques exclusivamente con un representante de Cortés. Toda actividad comercial independiente fue declarada ilegal. Sería punida con severos castigos. Pérez Rabí solamente recibiría cincuenta azotes. Por ser su delito anterior a la ley podría quedarse con nariz y orejas. El converso negoció su castigo y consiguió rebajarlo a diez azotes a cambio de entregar la parte del oro que había logrado ocultar antes de que se lo decomisaran. El resto de la pena le fue conmutado cuando se ofreció para trabajar en la mesa comercial de Cortés.

Durante días totonacas y aztecas desfilaron individualmente frente a esa mesa.

La Mesa de Cortés sentó la cátedra comercial iberoamericana que dominaría los próximos cinco siglos.

El Domingo de Resurrección llegaron Tendile y Pitópel con muchos guerreros aztecas engalanados, aunque sin armas. Tendile dijo que sabía del valor de Cortés y de su victoria sobre los chontales. Su señor Moctezuma también conocía esos hechos y le enviaba grandes regalos en señal de amistad. Seguidamente le ofreció algo amarillo y sanguinolento a Cortés.

La traducción inicial de doña Marina y don Gerónimo tuvo que ser corregida para el enojado caudillo.

- Perdón, vuestra excelencia, no es sangre con su propia paja, sino paja con su propia sangre...

- ¡Igual no la quiero!

Sin inmutarse, Tendile pasó a la siguiente muestra de respeto hacia Cortés: Comer tierra. El quintalbor, su antecesor Pinótel, el esclavo Pitalpitoque y el resto del séquito azteca se mojaron el dedo índice en la lengua para tocar primero el suelo y luego los labios. Como colofón los mexicas hicieron entrega al conquistador de diversas joyas de oro, numerosas ropas de algodón, plumas y comida.

Por su parte, Cortés sacó un blusón de seda para Tendile. A eso sumó un collarcillo de cuentas de cristal, un banquillo con entalladuras de marquetería y una gorra carmesí con una medallita de oro con Sant Jordi pinchando al dragón. Nunca se la había puesto. De hecho no le parecía que fuera propio de un hidalgo usar prendas de catalanes. Al parecer, a Tendile le parecía lo mismo, pues le dijo a un esclavo que metiese aquellas cuatro porquerías en un saco y se las llevase.

Tendile destinó dos mil servidores aztecas para los cristianos. Acamparían en las inmediaciones a las órdenes de Pitalpitoque. Debían proveer comida y construir un centenar de chozas para la Santa Compañía, puesto que se avecinaba la temporada de las lluvias. El quintalbor también afirmó que armarían cabañas adicionales si el resto de los hombres de Cortés desembarcaba. Un tercio de los sirvientes eran espías. El resto, guerreros.

Fray Cabezuela sugirió al caudillo lo conveniente de celebrar una misa en esa hora. Cortés concordó. Clavaron una cruz en la arena y se arrodillaron alrededor mientras fray Olmedo oficiaba. Cantaron el rosario bastante bien. Tendile fue testigo.

Una vez acabado el rito, Tendile ofreció a Cortés traerle algunos tótems desde Cuetlaxtlan. Dijo que se verían más bonitos que aquellos dos palos cruzados. Especialmente uno del dios Tlaltecuhtli, que tenía forma de un sapo grande tragándose al sol y que habían pintado hacía poco con sangre fresca. La generosa oferta fue declinada con delicadeza.

Cortés y su estado mayor cenaron en compañía de Tendile y Pitópel. A Pitalpitoque le permitieron estar presente. El caudillo afirmó ser embajador de Carlos I, el rey más poderoso del mundo, y que tenía un mensaje para el rey de Tendile. Preguntó cuándo sería posible visitar a Moctezuma. Tendile dijo que su soberano era igualmente poderoso, que enviaría un emisario con la solicitud de audiencia de Cortés, y que luego informaría sobre la voluntad imperial. El conquistador quiso saber, además, sobre el aspecto físico del monarca azteca. Tendile declaró que Moctezuma no era ni joven ni viejo, ni gordo ni escuálido, ni feo ni bello; pero sí olía mejor que los embajadores de Carlos I, al menos en las temporadas sin sacrificios.

Para los castellanos ya era la hora del espectáculo y la intimidación. Comenzaron con un pequeño desfile a la luz de numerosas antorchas. Seguidamente escenificaron una batalla para hacer chocar los metales de espadas y lanzas. Un taíno salió mal herido por un descuido de Juan Escudero. Luego el propietario del indio diría que aquello fue intencional por parte de Escudero, pues se le debía dinero. Los aztecas aclamaban emocionados cuando sonó la primera salva de bombarda. Todos ellos se arrojaron al suelo llenos de pavor.

- ¡Joder, estos aztecas sí que exageran en lo de comer tierra! –aseguró Sandoval.

Apenas se incorporaron los mexicas, salió Pedro de Alvarado con una escuadrilla de jinetes a todo galope por la playa. Los equinos estaban dotados de múltiples cascabeles en las crines y en la cola. Tendile no cabía de admiración. Mandó a traer la gorra carmesí de San Jorge y se la puso.

- ¿Vuestro señor Moctezuma posee oro? –inquirió Cortés.

- ¿Por qué preguntáis por oro? No es tan importante –comentó Tendile.

- Para nosotros sí –afirmó el caudillo-. El oro es medicina para el corazón, y muchos de mis hombres padecen del corazón.

- Entonces Moctezuma se alegrará de poder ayudaros, al huey tlatoani[56] le sobra el oro –declaró el quintalbor, haciendo muy necio favor a su príncipe.



[54] El quintalbor era el recaudador de impuestos del imperio azteca. El sistema tributario mexicano colocaba tal administrador en cada provincia conquistada. Era apoyado por unidades militares y estaba en continuo contacto con la metrópoli. El quintalbor vigilaba, cobraba y reprimía. Pero, mientras fluyeran los tributos, las jerarquías tribales autóctonas permanecían intactas.

[55] Sus nombres en náhuatl eran Tentlitl y Pinótl, mas los castellanos no consiguieron pronunciarlos y los convirtieron rápidamente en Tendile y Pitópel.

[56] Cacique supremo en náhuatl, aunque una traducción literal sería “vocero supremo”, lo que explica por qué Mahchimaleh, el primogénito de Moctezuma I, nunca pudo acceder al trono de Tenochtitlan. Era mudo.

9 mar. 2009

Aroma De Memoria



Doblé por el segundo corredor. Empujaba el carrito distraído por no sé qué. ¿Qué se piensa en un supermercado vacío? De pronto algo blando y firme me impidió seguir. Le pedí perdón al bulto que se incorporaba. Era una mujer madura. Ligeramente entrada en carnes. Sobre todo en su proyección anterior. Busqué sus ojos entre los rizos castaños que le caían sobre el rostro redondo. Encontré dos, azules, sobre unos pómulos altos, familiares en estas latitudes. No había enojo en su mirada. Abrió la boca, de escasos labios, y la cerró sin pronunciar palabra, negando con la cabeza. Luego asintió. También asentí, apretando mis no tan descarnados labios. Reconfiguré la ruta del carrito y me dispuse a continuar.

Su mano me detuvo, agarrando mi antebrazo.

- Luis, ¡¿eres tú?!

Supongo que mi expresión respondió dos cosas por mí. Uno: sí, soy yo. Dos: y tú eres… ¿quién?

- Soy yo, Sabine, ¿no me recuerdas? ¡Sabine Schmidt! –exclamó.

Por poco le digo que con un nombre tan común era muy difícil. Schmidt es como Rodríguez, y Sabine… si al menos el nombre de pila fuera original, algo así como… Tetanka… Y entonces la reconocí. Era Sabine, sí, aquella Sabine, con 30 libras adicionales. Tal vez sólo 25.

Le sonreí con toda la dulzura que permite el otoño.

- ¡Sabine! –proferí abriendo los brazos.

Entró con voluntad. Y comprobé que seguían bastante firmes sus protuberancias. Un beso en cada mejilla me roció de un tenue perfume, no por decente menos barato. Y recordé más. La mayor virtud de Sabine no era frontal, sino genital. Estrecha y, sobre todo, aséptica, o casi…

- ¿Vives aquí? ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Tienes familia? –fueron las tres preguntas que entendí de unas nueve que me arrojó Sabine.

En ese momento era yo quien asentía y negaba con la boca medio abierta. Mejor así, porque de articular mi pensamiento me habría tomado por un ginecólogo obsesivo: ¿Y cómo está aquella linda vulva de labios mínimos y aroma perfecto?

Supongo que Sabine ubicó mis movimientos de cabeza en algún orden de respuesta a su cuestionario.

- Bueno, yo me casé –pasó, sin más, a contarme su parte-. Y me divorcié hace un año y medio, tengo dos hijos: una niña de 6 y un chico de 4…

Se estropeó la primera virtud, pensé.

- Felicidades –murmuré.

- ¡Gracias! Son unos niños encantadores…

- Ah, claro, también te felicito por los críos… -mascullé.

- ¿Cómo?

- Primero me refería al divorcio…

Me tocó el antebrazo, a medio camino entre el suave golpe y el blando empujón, y se rió con sorprendentes ganas. De reir o de cualquier otra cosa.

- Había olvidado ese lado tuyo… -explicó.

- ¿Y de cuál lado te acordabas? –indagué curioso.

- No te lo voy a decir aquí –afirmó-, pero sí me acuerdo de algunas cosas.

- Vaya…

- Volviendo al tema –añadió-. ¿Qué hay de bueno en divorciarse para que me felicites?

- Pues claro que tiene sus ventajas -aclaré-. Por ejemplo, ahora puedes aceptar si te invito a beber algo.

Me miró fijo a los ojos. Bajó la vista despacio. La volvió a subir. Y me dijo serena:

- De acuerdo, ¿dónde?


8 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 18

La Cumparsita: ...los amigos ya no vienen, ni siquiera a visitarme...

Mayo 29 de 1967
[…]
Al amanecer entramos en el poblado de Espino en cuatro viajes del jeep, pues al camión se le fundió el motor a tres leguas del pueblo. Los pocos campesinos que salieron a vernos se mostraron apáticos. Se trata de una comunidad de guaraníes. Son muy tímidos y no entienden el español. Especialmente cuando se les pregunta de comida. Aún no quería comenzar a gastar las provisiones adquiridas en la víspera, pero no quedó más remedio. Los indios nos informaron de una cercana prospección petrolera, donde confiscamos otro camión. Fue decepcionante la actitud de los mineros. En lugar de solidaridad, encontramos incomprensión por llevarnos el camión.

La dicha duró poco, ya que Ricardo atascó el camión en el lodazal petrolero y tuvimos que dejarlo. Al camión, aunque ganas no me faltaron de dejar a Ricardo también.

Envié a Coco a explorar una ruta que nos mantenga con acceso al agua. Volvió con noticias contradictorias, y recomendando acercarnos al Río Grande. Los guaraníes explicaron, sin embargo, que desde el caserío hasta el Río Grande no había agua potable, y que deberíamos ir en dirección a Muchiri.

La vanguardia, 7 hombres encabezados por Coco, salió en el jeep. Nosotros seguimos a pie.

Gran noticia en la radio. El Loro escapó de su cautiverio en Caimirí. Debe reincorporársenos lo antes posible o, de lo contrario, reportarse en La Paz. Esto último sería lo mejor, y que vuelva entonces para acá con refuerzos.

Mayo 30 de 1967
[…]
Los indios nos embaucaron. No hay agua por el lado de Muchiri. Ni siquiera hay camino como dijeron. Nos adentramos por un trillo petrolero siguiendo las huellas de un vehículo, que supusimos el de Coco. De repente apareció un muchacho con una escopeta y un perro. Al verlo armado, Antonio vaciló, y el chico pudo escapar. Ante esta situación, previendo que el jovencito informaría al ejército, me vi obligado a tomar precauciones. Monté una emboscada escalonada. Nosotros atrás. 300 ms más adelante: Arturo, Ñato, Chapaco, Willy y Raúl. Y otros 200 ms al frente: Antonio, como castigo por indeciso.

Al mediodía apareció Miguel, enviado por Coco, diciendo que no hallaron agua, tan sólo un camino hacia el norte, según la brújula de Coco. Pero hacia el Este-Noreste, según la brújula de Benigno; y hacia el Noroeste, según la brújula del propio Miguel. También quedó claro que las huellas que habíamos seguido durante horas no eran del jeep de Coco. Miguel solicitó retomar el comando de la vanguardia para evitar más confusiones. Le expliqué que necesitábamos por lo menos un mando boliviano, si queríamos conseguir reclutas. Y agregué que él tomaría el lugar del difunto Rolando al frente de la segunda columna, una vez que tengamos más guerrilleros. Lo mandé de vuelta con instrucciones de explorar aquel camino por unos 10 kms; no sin antes sincronizar las brújulas y, de paso, los relojes.

Dormía una plácida siesta cuando me despertaron los disparos. Esperé media hora hasta tener noticias de los escalones anteriores. El ejército había sido alarmado, avanzaba por el camino, y fue sorprendido por la emboscada. Tuvieron tres muertos y un herido antes de retroceder. Sólo participaron Antonio, Arturo, Ñato, Chapaco y Willy. Raúl se mantuvo agachado y disparando al azar. Dijo luego que le dolía la rodilla.

Nos replegamos por si el enemigo regresaba con refuerzos o bombardeaba el lugar. Fuimos en busca de la vanguardia, que hallamos con el jeep parado y recalentado por falta de agua. Orinamos todos en el tanque de agua del carro. Regañé a Chapaco porque estaba orinando parcialmente afuera, desperdiciando el preciado líquido. Respondió con cierta insolencia, planteando que no quería quemarse la pija metiéndola en el tanque. Le predije que sería sancionado en la asamblea de análisis de mayo.

Continuamos en el jeep, siempre dando varios viajes, hasta el anochecer. La cena a las 2 AM fue opípara. Carne de puerco frita y tres pavos asados. Dejamos un pavo vivo para ver si encuentra agua.

[…]

5 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 17

Foto: Che con Beny Pelé, su hijo con Tamara Bunke y uno de los mayores secretos de la revolución cubana, Tania lo entregó a la adopción por decisión del propio Fidel

Mayo 24 de 1967
[…]
Nos llevó 4 horas ir desde el Ñancahuazú hasta el arroyo del Congrí. Antes hacíamos ese trayecto en 2. Y todo por culpa de Ricardo y Moro, que caminan con gran desgano. Sobre todo después que les negué ir un rato en la hamaca por tener ampollas. Las ampollas no cuentan. Dejé claro que no admitiré perretas ni malacrianzas a estas alturas del movimiento guerrillero. Raúl va en la hamaca porque no puede caminar, el resto a pie y punto.

Mayo 25 de 1967
[…]
El menú de hoy fue maíz tostado y sopa de harina y manteca. La preparó el muchacho del aserradero, pues dijo que sabía hacerlo bien. Nadie vomitó. Le ofrecí un puesto de mensajero en el ELN. Lo rechazó con la justificación de que tenía que ayudar a su padre en el trabajo. Nos prometió mejor comida en el chaco de su abuelo, que está a un par de leguas. Mañana iremos.

Mayo 26 de 1967
[…]
Luego de dos horas loma arriba encontramos la finquita del abuelo. Tuvimos que arrestar a dos cuñados del viejo que trabajaban allí. Nos vinieron encima empuñando sus azadas cuando nos vieron con el muchacho de rehén. Benigno tuvo la prudencia de disparar al aire para que entendieran que no podían hacer frente a nuestro armamento. Se calmaron al comprender que el chico estaba bien y que somos gente decente.

Al final aceptaron prepararnos una buena comida a cambio de que les dejáramos al pibe con ellos. Primero lo intentaron barato ofreciendo un fricasé de gallina, mas llegamos a un acuerdo con puerco frito y calabaza. Nos informaron sobre lo sucedido. Resulta que el padre sí había comprado las provisiones que le encargamos, pero el tendero alertó al ejército y lo atraparon. El hombre fue acusado de colaborar con la insurgencia y cantó todo. Dijo que actuaba bajo amenaza, y denunció que le secuestramos al hijo, que desvalijamos el aserradero e incluso que contaminamos el único tanque de agua de la empresa. Obviamente exageró para congraciarse con los militares. Aunque lo del tanque de agua es, en alguna medida, cierto.

Los dos peones también contaron de una curiosa creencia que circula entre los soldados. Dicen que odiamos especialmente a los perros rastreadores, que les disparamos primero en las emboscadas o los envenenamos con trampas de caca. ¡Qué absurda mitología! ¿Quién entiende la torcida psicología de los órganos represivos?

Mayo 27 de 1967
[…]
El abuelo del muchacho se apareció al mediodía en un carretón, trayendo agua para los chanchos. Nos habíamos escondido, pero tuvimos que salir y apresarlo, porque se puso a gritar que faltaba un chancho. El viejo cascarrabias no mostró temor e insistió en que le pagáramos el puerco. Ni supo agradecer que le trajimos al nieto. Los soltamos al anochecer a cambio de que no contaran de nuestra presencia. Inmediatamente nos pusimos en marcha, por si acaso.

Mayo 28 de 1967
[…]
Alcanzamos la periferia de Caraguatarenda. Benigno y Coco tenían órdenes de explorar sin ser vistos. Y fueron a dar de bruces con un campesino, viéndose obligados a aprehenderlo. Llegando nosotros, apareció otro lugareño. Hicimos otro prisionero. Coloqué a Pacho y Pablo de avanzadilla. De pronto ya teníamos una colonia de campesinos presos. Hasta que llegó una vieja con cuatro críos, y comenzó a gritar cuando Pacho y Pablo intentaban arrestarla. Se regresó al poblado sin parar de vociferar. De manera que tuve que ordenar la toma del caserío. Eran las 2 de la tarde.

No había almacén ni bodega en la aldea. Sin embargo, apostados allí conseguimos detener varios vehículos. Primero fue un jeep de una empresa minera. Luego, un jeep particular. Más tarde, un camión minero. Y por último, otro camión particular. Ninguno quería pagar peaje revolucionario, alegando que no tenían efectivo. Todos mentían, menos un camionero, al que no se le encontró ningún dinero y se le decomisó el medio de transporte. Como no era suficiente, también incautamos un jeep. Al dueño se le devolvió su dinero meticulosamente.

Nos fuimos para Ipitacito, pues dijeron que allí había una tienda. Era cierto, aunque estaba cerrada por ser domingo. Forzamos la puerta. Sacamos mercancía por valor de 500 pesos, según tarifa revolucionaria, levantando un acta en una bonita ceremonia con los aldeanos de testigos. Dejamos un pagaré por dicho valor con un campesino, indicando que el propietario de la tienda debía presentarse a cobrar ante la comandancia del ELN antes de fin de año, fecha en que caducaría el documento.

Continuamos camino y arribamos a Itay. La casa más grande, donde entramos con muy buena acogida, resultó ser de la maestra de Ipitacito, quien casualmente es la dueña de la tienda. Le explicamos lo acontecido, y nos pidió cotejar los precios. Según ella, la cuenta ascendía a 857 pesos, incluyendo el llavín roto. La advertimos de los riesgos de la usura hacia el humilde campesinado. La mujer aceptó reducir el importe a 700 pesos. No hubo forma de que quisiera bajar de ahí. Se le pagó íntegro. La maestra me llamó aparte y me dijo: “yo sé quién es usted.” Contesté que ahora nosotros también sabíamos quién era ella. En señal de buena voluntad, el marido nos regaló un queso blanco que tenían y todo el pan que había en la casa. Nos prepararon café antes de irnos. Igual nos quedamos con la impresión de que el buen recibimiento había sido un poco hipócrita.

[…]

3 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 16

Foto: Congo, muchos negros y un alma negra

Mayo 16 de 1967
[…]
Este cólico es el más salvaje que recuerdo. Una vez en Perú fue muy fuerte, pero no tanto. Nunca debimos comernos aquel puerco desafecto. Me volví a desmayar entre vómitos. Los compañeros me transportaron todo el día en una hamaca colgada de un palo.

Me despertó el olor a mierda. Me había cagado generosamente, con abundante diarrea. La hamaca iba goteando. Chapaco me mostró las salpicaduras en sus botas. Parecía orgulloso de tal bautismo. Pocholo me prestó un pantalón. Inti me ofreció unos calzoncillos. Los usé para secarme y se los devolví. No hay agua para limpiarme. Probé a sacarme el hedor con mi propio orine, pero no funcionó. Benigno se brindó para recolectar el orine de los combatientes, pero decliné su oferta porque tampoco hay jabón.

El mensaje N° 36 nos confirma que estamos completamente solos.

Mayo 17 de 1967
[…]
El aserradero que encontramos hacia el mediodía estaba vacío. Parecía haber sido abandonado precipitadamente. Es una pena, pues el contacto con la clase obrera hubiera sido con seguridad más fructífero que con el campesinado, tan desconfiado por naturaleza.

Descubrimos azúcar, maíz, manteca, harina y agua. Los camilleros insistieron en que aprovechara para bañarme. Supongo que fue por cortesía, pues la peste a mierda ya no la siento. Es importante que el revolucionario no pierda la ternura incluso en los momentos más difíciles, así que acepté y sólo pedí que sacasen la hamaca del tanque de agua.

Mayo 18 de 1967
[…]
La emboscada del día fue infructuosa, los obreros no regresaron.

Saqué mi primera muela boliviana de la boca del Camba.

Saqué mi segunda muela boliviana. Esta vez la correcta. También del Camba.

Mayo 19 de 1967
[…]
Reanudamos la marcha. Le cedí la hamaca a Raúl. No puede dar un paso después de la punción de líquido purulento que se le realizó ayer en la rodilla.

Encontramos un sembrado de calabazas y otro de maíz. La comida alcanza para unos 10 días.

Regresamos al aserradero.

Mayo 20 de 1967
[…]
Montamos dos emboscadas, mas no apareció el enemigo. Creo que es hora de abandonar el aserradero.

Chapaco fue castigado por pedir más calabaza. Planteó de manera muy agresiva que su ración consistía casi toda en cáscara. Se le dijo que debía conformarse con lo que le tocó. Volvió a la carga arguyendo que él había cargado mi hamaca por mucho tiempo. Le contesté que eso era, a la vez, su mérito y su premio; pero que no recibiría más calabaza. Fue separado de la tropa y no participará en ninguna emboscada en los próximos 3 días. Lo asimiló bastante bien, apenas masculló algo, que no entendí, sobre la calabaza.

Decidí permanecer un poco más en el aserradero y ver que sucede.

[…]

Mayo 22 de 1967
[…]
El encargado del aserradero llegó con su hijo menor en un jeep muy viejo. Lo interrogamos acusándolo de espiar para el ejército. El hombre se mantuvo coherente. Le pedimos que fuera a Gutiérrez a comprar comida para nosotros, dejando a su hijo como rehén. Aceptó, y entonces le pagamos por el consumo hecho previamente en el aserradero. No regresó.

Mayo 23 de 1967
[…]
El encargado permaneció ausente. Interrogamos al muchacho, y confirmó ser hijo legítimo del encargado. Dijo que su padre volvería por él, a menos que hubiera comprado pisco en Gutiérrez.

Lo esperamos en vano hasta el anochecer, y resolvimos retirarnos con el rehén.

[…]

1 mar. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 15

Foto: Chedonismo

Mayo 9 de 1967
[…]
Al mediodía me desmayé. Nunca antes me había pasado, incluso sin haber dormido como la noche anterior. Se tuvo que improvisar una siesta por causa mía, pero fue bienvenida por los demás compañeros. La debilidad es general. Casi todos tienen edemas y ampollas. De comer sólo hay manteca.

Mayo 10 de 1967
[…]
En el campamento cerca de la tumba de Rubio encontramos un pedazo de carne seca descompuesta y más sebo. Fue una cena reconfortante.

Mayo 11 de 1967
[…]
Llegó Urbano anunciando que Benigno cazó un pecarí. Eso vale por dos emboscadas. Di mi autorización para cocinarlo. Pospuse la reunión que tenía con ambos. Los sancionaré en otro momento: a Benigno por la lata que escondió y consumió solo el día del combate, y a Urbano por comerse una parte de la carne seca podrida antes de entregárnosla. No habrá impunidad, y espero que entiendan de una vez que en esta guerrilla no hay secretos, porque tenemos veinte pares de ojos y veinte pares de orejas bolivianos, que nos lo cuentan todo. Por desgracia, también hay otros que le cuentan al ejército.

Mayo 12 de 1967
[…]
El maizal a 5 kms de la laguna aportó suficiente grano. Lo que no se pudo comer con manteca, se tostó para llevar. No se presentó nadie a reclamar pago por el maíz. Debe ser silvestre.

Los exploradores avisaron que ocupaban la casa del tal Chicho. Ese individuo es llamado amigo en el diario del subteniente Laredo, muerto en la emboscada del día 8. Chicho no estaba en casa, por lo que no pudimos juzgarlo en esta ocasión. En su lugar un puerco grande de su propiedad tuvo que dar la cara, o sea, la vida. Se les ordenó a los cuatro peones y a la sirvienta de Chicho que lo preparasen con arroz y frituritas de maíz. Quedó muy bueno. A los empleados se les pagó 10 pesos a cada uno. A Chicho se le dejó una nota de advertencia informándole de la confiscación y ejecución sumaria del cerdo por colaboración con el enemigo.

Mayo 13 de 1967
[…]
Ha sido el puerco más indigesto de la gesta revolucionaria, un verdadero puerco contrarrevolucionario. Todos los hombres iban soltando pedos, eruptos, vómitos y diarreas. Y con una sed brutal. Paramos e intentamos digerirlo permaneciendo inmóviles. Fue en vano, el único alivio consistía en vomitar. Todos acabamos buscando el alivio. Como no estábamos en condiciones de desplazarnos, dormimos en medio de los charcos. No sin antes freir maíz para comer con los restos del puerco. No todos comieron.

La radio informa del fracaso de un desembarco guerrillero cubano en Venezuela. El gobierno venezolano presentó a dos sujetos veteranos de la Sierra Maestra con sus nombres y grados. No los conozco, deben ser de la gente de Camilo.

Mayo 14 de 1967
[…]
Por fin pude reunir a la tropa para descargar sobre los últimos acontecimientos. Fui especialmente duro con Benigno por reportar 8 latas de leche en el Campamento del Oso, cuando en realidad habían sido 9. La última lata se la quedó para sí y se la estuvo tomando a sorbitos y a escondidas durante dos días. Con Urbano la critica fue por comerse parte del charqui podrido antes de entregarlo. También le señalé a Aniceto su entusiasmo por colaborar cuando se trata de comida y su desgano en todo lo demás.

La aviación bombardeó intensamente, pero a 3 kms de nuestras posiciones. Walter está con Joaquín, nadie se embolsó.

[…]
Related Posts with Thumbnails