31 dic. 2010

Palavras finais

Foto: Lula recibe a su colega, amigo y aliado Ahmadineyad el pasado noviembre.

Concluye el año y muy pocos tienen tanto que decir como Lula, el saliente presidente de Brasil. Tras asegurarse un rol putinesco con la elección de su mucama ex terruca Dilma como sucesora, el gentil y elocuente cacique del PT ha dicho lo siguiente hace dos días en Bahía:

"Foi gostoso passar pela Presidência da República e terminar o mandato vendo os Estados Unidos em crise, vendo a Europa em crise, vendo o Japão em crise..."

No conozco un político más sincero. Tal vez es por eso que Lula acaba su gobierno con una popularidad record de 87%.

10 dic. 2010

Mala intención y malentendido

Este es el Lifestyle Tropical Beach Resort & Spa en Puerto Plata, República Dominicana:


Y éstas, las condiciones para hospedarse allí:

Offers valid only for USA, Canadian and European citizens that are resident in the USA, Canada and Europe. Payment will only be accepted with a credit card that is registered in USA, Canada and Europe. Reservations will not be accepted from the local market. We reserve us the right to cancel bookings that do not meet this criteria. Upon arrival clients will be requested to present their passport as part of the regular check in process. Clients not able to provide their passport will not be allowed to check in.


En otras palabras, el apartheid turístico en el Caribe no es un monopolio del comunismo cubano con sus secuaces, los empresarios españoles. También ocurre en el capitalismo dominicano con sus secuaces, los empresarios americanos. Por tanto, el verdadero problema es el moreno caribeño. Y no lo entiendo, la verdad... ¡Pero si es él quien más puede aportar para una estancia feliz de la turista del norte!


5 dic. 2010

Al-Hajat Qatar

Al escuchar que la FIFA otorgó la sede del mundial de 2022 a Qatar recordé una noticia que leí un lustro atrás: los 4 mejores arquitectos del planeta estaban trabajando en la misma ciudad. El chino Ieoh Ming Pei, el español Santiago Calatrava, el francés Jean Nouvel y el japonés Arata Isozaki -justamente apodados The Fab Four- coincidían realizando proyectos para el mismo patrón. Eso equivalía a tener a Michelangelo, Leonardo, Raffaello y Tiziano meneando sus pinceles en la misma catedral. Sin embargo, los 4 fabulosos no estaban en Londres o en Shanghái, sino en Doha, un antiguo campamento beduino habitado por medio millón de fieles. Volviendo al Renacimiento: aquello era lo mismo que Michelangelo, Leonardo, Raffaello y Tiziano pintando el baptisterio de una aldea siciliana. 

Doha es la capital de Qatar, minúscula nación de 200.000 ciudadanos con otros 200.000 huéspedes árabes, así como un millón de peones indostánicos y mucamas filipinas con visa de trabajo, sobre una superficie de 11.000 km² completamente desérticos. Se trata de una monarquía absoluta, aunque bastante dinámica, pues desde la independencia del Reino Unido en 1971 ha habido 3 emires. Ambos cambios en la regencia se produjeron mediante golpes de estado. Eso sí, todos dentro de la familia real, los Al-Thani, cuyos ancestros se ganaron gran respeto durante el siglo XIX asolando el Golfo Pérsico como piratas. 

Dicho sin rodeos: Qatar es el país más rico del mundo. El PIB supera al de Luxemburgo y casi duplica al de los EE.UU. Además, es la única nación con un valor superior a 0.3 de CPC, pues alcanza un astronómico 2.7 de Criados Per Cápita. Aunque muchos suponen que todo eso se debe al petróleo, no es cierto. En realidad se debe al gas natural, el combustible del siglo XXI, del cual Qatar tiene la tercera mayor reserva del mundo, tras Rusia e Irán. 

La otra gran ventaja del emirato es la familia Al-Thani, gente de una laboriosidad excepcional. Todos los miembros masculinos –sí, hay miembros femeninos, por raro que suene– de la familia Al-Thani trabajan. Y en las más diversas labores: emir, primer ministro, ministro, general, presidente de banco, CEO de telefónica, gerente de mega-inmobiliaria, director de Al-Jazeera, presidente de la federación de fútbol, etc. En cambio, los qataríes de a pie –es un decir, porque el ciudadano estándar suele ir en BMW– no son tan ágiles a la hora de currar. Es por culpa de los empleados indostánicos, siempre obsesionados por hacerlo todo. 

En Qatar no hay partidos políticos. Y eso tiene un efecto positivo: las mujeres no son discriminadas a la hora de votar. Nadie vota. Por otro lado, el hecho de que en Qatar tampoco nadie se ría o hable más que lo imprescindible en la calle se debe solamente a razones prácticas. En una península desértica expuesta continuamente a indómitas brisas abrir la boca al aire libre significa tragar arena. Cuando los granos de arena se meten entre los dientes son un verdadero fastidio. Los ojos y los zapatos de los transeúntes son los otros destinos preferidos por el polvo de las dunas. Por lo demás, con 50°C a la sombra igual no es recomendable salir a la calle más que lo imprescindible, háblese o no.

La ley imperante en Qatar es la Sharia, aunque en una interpretación más liberal. Sin ir más lejos, las mujeres pueden trabajar y hasta conducir automóviles con un aval del marido o del padre. A este último detalle no se le puede negar cierta dosis de sano juicio. La homosexualidad también se beneficia de la suavidad legislativa qatarí. No hay pena de muerte por ser gay, sino latigazos. El mínimo son apenas 90. A menos que se trate de un reincidente, lo que podría acarrear hasta 5 años de cárcel. Aparte de un buen número de azotes, como se sobreentiende. Por cierto, no existe constancia de que este castigo se le haya aplicado jamás a Tamim Al-Thani, el heredero de la corona, a pesar de ser un parroquiano habitual de los clubs gays de Londres junto con su íntimo amigo inglés. Al parecer, es cuestión de suerte, pues dos desafortunados taxistas pakistaníes, pillados el pasado junio manoseándose en un estacionamiento público de Doha, sí recibieron el correctivo islámico. Esto es significativo, porque en otros países la parte sexual de la Sharia no se le aplica a los extranjeros cuando pecan entre sí. El caso más sonado en Qatar fue el de un estadounidense sancionado a los fuetazos anti sodomitas en 2004. El gobierno americano ignoró el asunto. En Qatar, casualmente, se encuentra Udeid, la mayor base aérea militar externa de los Estados Unidos y el cuartel general durante la invasión de Irak. Ahí se nota un claro avance, si se toma en cuenta que Osama bin Laden vivió y operó por buen tiempo en Qatar. Tal vez los 50 millones de dólares anuales que entrega Qatar a Hamas no sean sin condiciones, como alegan algunos críticos, sino para que los terroristas palestinos no se afinque en el emirato. Lo que tampoco sería una buena idea, pues Doha es una de las pocas ciudades árabes con una representación comercial de Israel. A nadie en el emirato le importa que el director de esa oficina sea un ex general y que el resto del personal venga del Mossad. Tanta tolerancia reconforta. Aunque, claro, todo tiene su límite. Con los trabajadores extranjeros la cosa es diferente. Para entrar al país necesitan el aval de un qatarí. Hasta ahí puede lucir normal, pero para volver a salir precisan del permiso explícito del mismo qatarí. Al menos, ninguna filipina ha testificado aún sobre derecho de pernada.

La economía del emirato crece continuamente. El capital nacional aumenta también. De hecho, el banquero qatarí es un ente más inteligente que su colega norteamericano o irlandés. Estos invierten en inmuebles de afroamericanos y rednecks. Aquel, en Porsche y Siemens. En un año de bonanza como 2005, por ejemplo, cuando China crecía al 9% anual, Qatar lo hacía al 29%. El Skyline de Doha aún no puede medirse con el de Shanghái, pero ya luce claramente mejor que el de New York. Y encima no hay ningún problema para levantar una mezquita en cualquier lugar. Qatar Airways es la tercera mejor compañía de aviación del mundo, detrás de Asiana Airlines (Corea del Sur) y Singapore Airlines. Dicho sea de paso que entre las 10 primeras sólo hay asiáticas y oceánicas, ninguna de Europa o América. Con el socialismo cotidiano, el sentido de la excelencia se desvanece en occidente tan rápido como la esperma de calidad. 

Todo lo que se construye en Qatar, y es mucho, resulta de última generación. Próximamente se unirá la península con el vecino emirato de la isla de Bahréin mediante un puente para el tren flotante magnético, una maravilla tecnológica alemana que no se ha podido instalar en Alemania por la resistencia ecologista, dado que a su paso el magnetismo del tren podría afectar la fecundidad de los sapos teutones. 

En Qatar no hay impuestos. Los estadios, los hospitales, las escuelas, incluso la universidad, cuya rectora responde al apropiado nombre de Sheikha -Jeque hembra-, facturan directamente al emir. Hasta se puede patinar sobre hielo sin pagar en dos instalaciones diferentes. El emir es amado por su pueblo. Aunque no tanto como para aceptar alcaldesas y concejales femeninas, como le gustaría a la ilustrada familia Al-Thani. El emir tampoco pudo impedir una fatwa contra su heredero por maricón. Las células clandestinas de Al-Qaeda siguen activas entre los inmigrantes egipcios, pero muy pocas veces matan a alguien y de momento no hay amenaza mayor. Más peligrosos son los vecinos sauditas, que ya organizaron un golpe de estado contra los Al-Thani una vez.

Como quiera que sea, en Doha una élite joven e instruida de ambos sexos se reúne cada noche en el mejor bar, ubicado dentro del hotel Ritz-Carlton y llamado Habanos, o en la mejor discoteca, que funciona en el hotel Marriott y se denomina Pearl Lounge. Los hoteles de lujo son los únicos sitios donde se puede beber alcohol en Qatar. Ojalá que en estos días, además de beber, puedan fornicar como Dios manda.
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