8 ene. 2012

Sucesión

La historia contemporánea de América conoce apenas cinco casos de genuina sucesión dinástica en el poder. 

Somozas: Tachito, Tacho y Luisito El Bueno.

En 1956 ocurrió con Tacho y Luisito Somoza en Nicaragua: a Anastasio lo mató la anestesia (en un prosaico hospital americano del canal de Panamá tras un lírico atentado en casa) y su hijo Luis heredó la corona republicana.

Leta se mwen: Baby Doc & Papa Doc.

En 1971 François Duvalier –alias Papa Doc– murió y fue sucedido en el trono haitiano por su hijo Jean-Claude –alias Baby Doc–.

De vuelta en Argentina: El Pocho con Isabelita en 1972.

En 1974 el fallecimiento del presidente Juan Domingo Perón –alias El Pocho– encumbró a su cónyuge María Estela Martínez de Perón –alias Isabel–.

El Furia deja a La Señora cogerse el bastón.

En 2007 Néstor Kirchner –alias El Furia– entregó el cetro de la Argentina a su esposa Cristina Fernández de Kirchner –alias La Señora–.

Fidel: Oye, Raúl, te dije que no quiero bembones por aquí...

Y en 2008 Fidel Castro –alias El Coma Andante– traspasó oficialmente los honores imperiales sobre la isla de Cuba a su hermano (o medio-hermano) Raúl Castro (o Raúl Campos) –alias La China–, quien ya ejercía oficiosamente desde 2006.

Justo aquí, en el caso cubano, es donde se presenta la primera oportunidad desde Manco Inca Yupanqui para una triple sucesión dinástica en las Américas. Sin embargo, la gran incógnita del asunto es la legitimidad hereditaria para suceder a Castro II. En una palabra: quién.

Pero veámoslo en detalles.

Fidel Castro Díaz-Balart

Al primogénito de Castro I, Fidelito Castro Díaz-Balart, se le tuvo por muchos años como el heredero legítimo de su padre. A todas luces se trataba del sucesor ideal. No sólo por ser el hijo mayor, pues nadie duda de que si Vercingétorix hubiera tenido un bando de primos en el senado romano las Galias habrían corrido mejor suerte. Empero, hacia finales de los años 80 como director del programa nuclear cubano Fidelito estuvo a punto de hacer explotar la planta de Juragua incluso antes de llegar el material radioactivo soviético. Entonces su enfurecido padre lo destituyó, e inmediatamente después explotó la propia Unión Soviética. Hasta hoy el rencor paterno no ha menguado en lo más mínimo, en contraste total con las opciones hereditarias de Fidelito. Una pena.

 
Alejandro Castro Espín

Es así que en estos momentos la casa Castro parece apostar por otra carta de la baraja familiar: Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl. Alejandro tiene a su favor haber pasado por la academia militar y ser coronel de la policía, méritos que ningún hijo de Fidel puede reclamar para sí. Sin duda, el hecho de que la madre de Alejandro fuera en vida la primera dama de la revolución cubana, pese a su condición de cuñada del máximo líder, no es desdeñable tampoco. De su progenitora Alejandrito parece haber heredado además ciertas perseverantes cualidades. Se sabe que Vilma Espín se mantenía al tanto de las compras parisinas de Laurita Bacardí para ir a continuación a superarla gastando en Faubourg Saint-Honoré. Y quien intente sobrepasar a Alejandro en una carretera, o jugando parchís, comprenderá qué estaca parió esa astilla.

Mariela Castro Espín

Para muchos homosexuales insulares y algunos sectores reformistas del partido o de la disidencia leal Mariela Castro, hermana de Alejandro, resulta la sucesora favorita. Mas, digámoslo sin rodeos, esa es una pretensión absurda. Mariela no tiene preparación alguna para enfrentar cualquier contingencia bélica. Probablemente fracasaría hasta con un palenque en Pogolotti. Y esto no es lo peor. El mayor problema de Mariela es la carencia de vocación nacional. Su lista de novios y maridos va de Galicia a Chile, hasta concluir en Sicilia. En fin, toda su gestión sexual privada y profesional parece delatarla como agente extintor de la cubanidad.

Cuatro Lalos y dos lelos.

Quedan por mencionar los cinco hijos de Fidel Castro con Dalia Soto del Valle –alias Lala–: Alex, Alexis, Angel, Alejandro y Antonio, escondidos por su padre durante más de dos décadas y a quienes injustamente no se les está considerando para la sucesión castrista. 

Antonio Castro Soto del Valle

Si Lala fuese negra o mulata, sería racismo; si los muchachos fueran enanos o tarados, sería obvio; pero en esta ocasión francamente no sabemos por qué los discriminan. Que nacieran bastardos no cuenta, puesto que el mismo Fidel lo fue, y también lo corrigió como lo hizo su padre con él.

Tony en pelotas.

Personalmente no tengo la menor duda de que el mejor heredero sería Antonio.

Tony con pelotas.

Tony como Castro III significaría tal vez tener que cambiar los vetustos fusiles soviéticos por bates de beisbol. Pero ¿y qué? Si a los cubanos les gusta más jugar pelota que marchar, y el que más o el que menos ha tenido una novia jinetera.

Por tanto, confiemos en que pronto surja el PAMDICA…


8 comentarios:

  1. Tony presidiendo la república y Güicho el CENESEX

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  2. Entre la poca suerte de las Galias y el gusto por la pelota de los cubanos me he reído muchísimo, :)

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  3. Se agradece la recopilación de datos, pues quien le escribe desconocía tan extensa prole del Coma-andante y "la china". Aunque seguramente eso se debía a que me gustaba pensar que semejantes engendros humanos no deberían a su vez engendrar.

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