27 dic. 2009

La apariencia no es todo

Foto: Umar Farouk Abdul Mutallab, el frustrado mártir nigeriano de Detroit.

Por lo común, me suele irritar que en los controles de seguridad de los aeropuertos revisen por igual tanto a una modelo sueca como a un beduino yemenita. Creo que me seguirá molestando, pero esta imagen me ha hecho meditar al respecto. Y es que, aunque preferiría sentarme junto a la modelo sueca, lo cierto es que no habría puesto reparo a viajar en la vecindad de este explosivo y moreno caballerito.

Es desconcertante, pues el alma bantú no es nada propensa al martirio. Bueno, martirizar sí, pero... ¿inmolarse? Desde el desierto del Namib hasta el golfo de Guinea las guerras coloniales y poscoloniales demostraron que un pelotón de blancos mercenarios o de negros tutsis puede hacer correr con inusual agilidad a una división de negros bantúes. Nigeria es, además, la madre patria de los delincuentes: Casi el 80% de los criminales organizados africanos proviene de allá. Tipos muy malos, pero poco heroicos. Sí, es verdad que esos afromafiosos son yorubas cristianos u orishas, ¡pero y qué!

Encima, resulta que este negro cabroncete -como diría un amigo mío asturiano- nació en una cuna de ébano y oro. Su padre, Alhaji Umaru Mutallab, es banquero, ex-ministro y multimillonario -valga la múltiple redundancia-. El joven Umar también estudió en un colegio élite británico, hasta que lo exmatricularon en ausencia por... ausentismo. Sin embargo, al comienzo había sido prometedor. Su mentor inglés, el profesor Michael Rimmer, había dicho entusiasmado del recién llegado pupilo nigeriano: "¡Qué maravilla, por fin un estudiante africano que no viene a Europa a singar!"

Y era correcta esa apreciación. Umar era un chico educado, talentoso, aplicado e inteligente. Más tarde empezó a frecuentar una mezquita londinense y cambió. Radicalmente. En noviembre el propio padre advirtió al representante de la CIA en la embajada de Ajuba que el menor de sus 16 vástagos se había vuelto un extremista islámico. A los americanos eso no les pareció suficiente motivo para negarle la visa. El cónsul correctamente pensó que no debía impedir el posible engendro de un futuro presidente.

Mucho me temo que el cocktail de Detroit hará aún más desagradable viajar en avión. Incluso en el improbable caso de coincidir con la modelo sueca.

Foto: Personal Security Scanner.

23 dic. 2009

¡Feliz Navidad!

La Navidad es mi segunda fiesta religiosa preferida. La que más me gusta, desde luego, es la Ashura, ese lindo carnaval autoflagelante de los chiitas. Allí no puedo tomar parte, aunque sí alegrarme. Es una pena que los sunitas no tengan nada similar.

En general, mi participación religiosa es algo limitada actualmente. Cuido de mi orisha con cierta frecuencia. También voy a misa católica cada 10 años, más o menos. Pero me encanta la Navidad. Poseía incluso una abundante colección de figuritas de los más diversos pesebres que he visto por ahí. Con ellas una vez decidí montar la escena en casa. No me gustó. Descubrí que había un pastor demasiado grande. Era enorme. En lugar del nacimiento de Jesús, aquello parecía más bien Gulliver en el país de los enanos. El megapastor provenía del Gran Pesebre del Mercado Central de Nuremberg, si mal no recuerdo. Quité al cíclope agropecuario, mas ahí no acabó el problema. Había tres niños Jesús. No me atreví a sacar a ninguno, por supuesto. Ni siquiera a uno que parecía negro, lo cual resultaba un verdadero enigma pues, si bien he viajado bastante, nunca he estado en una iglesia etíope. Honestamente, lo de María fue un gran milagro, pero no creo que alcanzase para trillizos. Así que desmonté el pesebre para no ofender a Dios, ni a María, ni a ninguno de los tres Jesusitos. Y dejé de coleccionar.

Sin embargo, creo que mis piadosos escrúpulos no eran del todo necesarios. Todavía en el siglo II d.C. los primeros eruditos cristianos no sabían qué día nació Cristo. De hecho, no sabían en cuál siglo estaban. Podían haber escogido cualquier día para el divino nacimiento, p.ej., el 26 de julio, o el mismo 1ro de enero. Seleccionaron el 25 de diciembre por dos razones.

El primer motivo fue que ese día la competencia celebraba su mayor festividad. El mitraísmo, una especie de culto del sol, era una religión estrictamente masculina muy popular entre legionarios y mercaderes, por lo que despertaba mucha curiosidad entre las mujeres. El dios Mitra había nacido el 25 de diciembre e inmediatamente después había sido venerado por los pastores. Fue algo así como si Burger King hubiese adoptado la descomunal M de McDonald’s. Y de paso también al Big Mac, pues los sacerdotes superiores del mitraísmo se denominaban padres y portaban gorro, vara y anillo, como luego los obispos cristianos.

La segunda causa para elegir la fecha fueron las saturnales. Estas tradicionales fiestas romanas, dedicadas a la venidera cosecha y patrocinadas por Saturno, tenían lugar alrededor del solsticio de invierno. Las celebraciones se caracterizaban por el espíritu de fraternidad y de buena voluntad entre los fieles, quienes debían hacerse regalos mutuamente. Culminaban el día 25 con una divertida bacanal, donde incluso los esclavos podían participar junto a sus dueños. Los esclavos se colocaban en cuatro y los dueños, detrás.

No tengo la menor duda de que el 25 de diciembre fue una sabia elección de aquellos santos varones.

18 dic. 2009

Un impulso de lascivia


Una dinámica ejecutiva de un gran consorcio internacional realizaba su primer viaje de negocios a una ciudad muy excitante: Río de Janeiro. Durante 4 días le esperaba intenso trabajo.

En la primera jornada asistió a un largo briefing sobre la situación de la filial sudamericana. La primera noche fue al mismo restaurante que, según la revista Cosmopolitan, visitara antes Madonna: el Sushi Leblon. Pidió el sushi de huevos de codorniz con aceite de trufas. El plato resultó ser delicioso; la gente, hermosa.

El programa del segundo día contenía un meeting con la gerencia, donde transmitió las directrices de la matriz y sugirió soluciones para alcanzar las metas. Esa segunda noche sintió cierto voluptuoso desamparo y, a la vez, una sensación de libertad completamente nueva. Entonces resolvió llamar a una agencia de acompañantes. Con las manos mojadas de sudor por la expectante tensión, marcó el número en cuestión.

- Aló, ¿en qué puedo servirle? –dijo una sensual voz masculina.

- Yo necesito un masaje… –comenzó insegura la ejecutiva, mas pronto decidió huir hacia adelante–. ¡No, espera, lo que yo necesito es sexo! Una larga y salvaje sesión de sexo. ¡Y ya mismo! Lo digo en serio –ahora hablaba la misma enérgica gerente que había impresionado esa tarde a los colegas locales–. Preciso de alguien habilitado para trabajar la noche entera. Estoy dispuesta a hacer de todo, voy a participar en todas las fantasías que te sepas y vamos a implementar juntos otras nuevas, quiero una sinergia total. Además, quiero que traigas todos los accesorios disponibles: esposas, pomadas, dildos, vibradores... y mermelada también, porque quiero que me la untes por todas partes y que me la quites con la lengua hasta provocarme un orgasmo... Quiero que me enganches contra la pared y me hagas temblar, y quiero que luego me arrojes en la cama y me penetres en todas las posiciones: rana con calambre, canguro cojo, vaca loca, arado trabado, murciélago sordo, cucharón sopero, helicóptero… Pero si tienes una idea más caliente, quiero escuchar tu propuesta.

- No, me parece fantástico así –contestó la voz, que sonaba francamente libidinosa–, pero aquí es la recepción del hotel, para llamadas externas la señora debe marcar el cero primero.

13 dic. 2009

Smoking Covers

Nunca me atrajo fumar. De hecho, creo que sin la existencia del cannabis hasta hoy no le vería sentido. En casa mamá solamente fumaba cuando se ponía nerviosa. Muy nerviosa. Y era entonces que papá bebía. Algunos amigos del barrio, en cambio, fumaban desde los 9 o 10 años. Principalmente colillas que recogían del piso. Yo, por solidaridad, a veces le hurtaba un par de cigarros a mi tía, los cortaba en cuatro con una cuchilla de afeitar y distribuía los pedazos por el suelo en el edificio o en el colegio. No fueron esos mis únicos actos de generosidad. Una vez encontré un juego de barajas pornográficas en la mochila de un compañerito y las repartí por toda la escuela. Fue en esa época que el acné atacó por primera vez de forma masiva a los chicos de 5to y 6to grados. Pero me estoy saliendo del tema.

Hoy fumar es pecado y está prohibida su publicidad en casi todo el mundo civilizado. Personalmente creo que es demasiado tarde. El daño ya está hecho, el calentamiento global es irreversible. A menos que se prohiba el internet para meteorólogos, ecologistas y demagogos verdes. Antiguamente, sin embargo, el cigarrillo era uno de los mejores utensilios estéticos y/o creativos. Los artistas fumaban mucho más. Y bebían y se drogaban tanto como hoy, claro. ¿Habrá una relación entre la nicotina y la creatividad? No lo sé; pero, en cualquier caso, antes la música era mejor.

A lo que realmente iba: He aquí mi lista de carátulas humeantes.

N° 10: El cantor nordestino brasileño Raimundo Fagner publicó su LP Traduzir-se en 1981, cuando era más buen mozo.


N° 9: En 1968 el francés Armand Lugeaux, digo, Gilles Dreu era uno de los favoritos del maestro Paul Mauriat. No tanto por su voz como por los excelentes habanos que traía al estudio.


N° 8: En 1979 el semi-semita ruso Vladímir Vissotski era un camarada controvertido, un bardo fumador y un vividor extraordinario. ¿Quién sino él comía queso francés cada noche en Moscú o en Siberia? Su temprana muerte en plena Olimpiada de 1980 dejó vacíos los estadios, pese a la discreción del partido.


N° 7: Por fumar de forma descuidada, Dyango, el gitano de la balada (no confundir con el gitano del bolero), quemó dos cortinas, seis camisas y el lado derecho del saco que llevaba en aquella época (1965.) Era el único que tenía, pero el disco se vendió tan bien que pudo comprarse otro saco, dos camisas y seis cortinas. Otro descuido. De ahí que en el segundo disco salió vistiendo una hawaiana, hecha en realidad con una cortina.


N° 6: Vicioso, afrancesado y depresivo (excepto en las reuniones del PCE), pero con un extraordinario sentido para combinar armonías, Luis Eduardo Aute es hasta hoy, y sin la menor duda, el mejor cantautor filipino. (No confundir con Isabel Preysler, aunque supongo que Julio Iglesias también le habría hecho un tiempo a cambio de algunas canciones.) Ya en 1978 no tenía competencia en Manila.


N° 5: Johnny Hartman, un excelente intérprete de jazz que grabó con Coltrane en su mejor época, fumaba continuamente. Siempre llevaba un cigarrillo de reserva pegado al cabello. (Se lo estiraba con mucha grasa.) Este formidable disco salió en 1963.


N° 4: En 1962 Charles Aznavour, el genio caucásico de la chanson, fumaba en exceso. No obstante, por ser armenio nunca pudo usar en el escenario una gabardina con dos bolsillos llenos de puros como los georgianos. (¿O esos son los cherkesos... o los chechenos... o los kalmukos... o los osetios... o los tabasaranos... o los karachayos... o los abjasios... o los karajasios...?)


N° 3: El jamaicano Gregory Isaacs mostró sus grandes aspiraciones, y no menores espiraciones, en este disco de 1977. Agrupaba varios singles editados anteriormente de esa forma desordenada tan habitual en Kingston. Fue muy convincente.


N° 2: Ya en 1976 otro jamaicano defensor de la flora, Peter Tosh, había hecho un manifiesto musical a favor del humo y la yerba. El título del LP y del tema principal era más que elocuente: Legalize It. Su demanda sólo tuvo eco en Holanda. El cantante estaba convencido de que a finales del siglo XX sería algo normal aquella anhelada legalidad, mas no vivió para percatarse de su error. En 1987 entraron tres tipos armados en su casa de Kingston y le reclamaron que entregara "la pasta." El músico sacó tres bolsitas de mezcla aromática. Le dieron un tiro.


N° 1: El primer puesto no podría tenerlo otro que Bob Marley, quien le rindió honores al humo en su debut fuera de Jamaica en 1973. El LP Catch A Fire es una ficha gorda de la música popular, perfecta para abrir juego, y para soltarla Bob se puso un porro en la boca.

10 dic. 2009

GES or the Revolution doesn't rock


Sobre la efímera existencia de Ges algo se ha dicho y menos se ha escrito. Sin embargo, poco se ha leído y mucho se ha olvidado. Es por ello que se merece esta nota. Aunque no valga la pena.

The Ges fue la respuesta revolucionaria a The Beatles. Y no es que los de Liverpool no fueran revolucionarios; sino que, a todas luces, les faltaba rigor ideológico. Al igual que con Paul McCartney y John Lennon en la agrupación inglesa, el combativo grupo antillano se alimentaba de la tensión creativa entre sus más talentosos componentes: Paulie Milanés y Silly Rodríguez. Desde luego, la analogía beatlesca desaparece si consideramos la abundante presencia en la banda de otros entes. Por ejemplo, el misterioso The Thing, de quien cursaban bizarros rumores. Uno de ellos sugería incluso que se trataba de una mujer, cuyo nombre real era Sara. Lo cierto es que con Ges grabó más gente que con Deep Purple y Uriah Heep juntos.

También a diferencia de Paul & John, en el caso de Paulie & Silly siempre se firmaron los temas por separado. Desde luego, como cualquier compositor de talento, tanto los primeros como los segundos no hacían otra cosa que recrear sus experiencias personales en alegorías líricas, añadiéndoles tonalidades sonoras gratas al oído humano. Así, mientras los Beatles convertían su decepción con un gurú lujurioso en un banal “Sexy Sadie”, los Ges transformaban una malograda situación homoerótica en un baño del ICAIC en aquel enérgico “Fusil contra fusil.”

Obviamente, hay una coincidencia adicional en la ingestión de estimulantes. Inolvidable es el “Lucy in the Sky with Diamonds” que generaron los Beatles tras una sesión de LSD. Los Ges, en cambio, experimentaron con una sobredosis de ostiones, y a la mañana siguiente alucinaron con sus erecciones. Es así como Silly compone “Un hombre se levanta” y Paulie, “Hombre que vas creciendo.” La pieza de Silly poseía mayor vitalidad, sin duda. O sea, la pieza musical, pues la pieza orgánica de Paulie lucía más vigorosa, según la opinión del resto de la banda. Tal vez por eso el resentido Silly le escribió a Paulie su clásico “La oveja negra.”

En mi personal criterio la canción de Ges con el trasfondo más bonito es el tierno “Si tengo un hermano” de Silly. Se trata de una historia de las que escribe sólo la vida misma.

Todo comienza cuando el artista descubre inopinadamente que tiene un medio hermano en Campechuela, Oriente, fruto de un corto romance extramarital de su padre con una cocinera de color. Entonces el emocionado Silly parte hacia el otro extremo del país, llevando por todo equipaje tres tomos de poesía: W. Whitman, C. Vallejo y S. Rodríguez. Bueno, el último era más bien un cuaderno escrito a mano.

El encuentro resulta un poco frío, y bastante decepcionante. El nuevo hermano es un mulato flaco, bajito, ignorante y mal vestido. Lo único que tienen en común son las marcas faciales de la viruela.

Son igualitas… –murmura desconsolado Silly.

No obstante, los libros de poemas sí son bien recibidos.

Aquí 'tá bien difícil el papel sanitario, compay –exclama alegre el hermano.

Indignado, Silly le arrebata el cuaderno, y arroja luego una triste mirada de despedida sobre los tres: Whitman, Vallejo y el hermano.

En el tren de vuelta a La Habana el cuaderno de versos de un bardo desolado gana un nuevo y animoso poema: “Si tengo un hermano.” Una belleza, en verdad.

27 nov. 2009

Chanson Exotique


La chanson resulta la expresión musical esencial del pueblo galo, tanto como la canzone para los italianos, y muchísimo más que el bolero para los cubanos y mexicanos. Sin embargo, como ningún otro género nacional, la chanson française se ha nutrido básicamente de sangre ajena. Probablemente esa es la explicación de su formidable calidad.

Habría que empezar por la madre de todos los chansonniers, Edith Giovanna Gassion, la Piaf, cuya abuela materna respondía al bonito nombre de Aïcha Saïd ben Mohammed y era una berebere marroquí. También lo de Giovanna vino de una bisabuela italiana.


Sigamos con las damas. La bella Dalida se llamaba en realidad Iolanda Cristina Gigliotti y nació en El Cairo, Egipto, de padres italianos.


Por su parte, la también desaparecida Frida Boccara nació en Casablanca, Marruecos, de padres judíos sefardíes.


La dulce Marie Laforêt es portadora del nombre real Maïténa Doumenach, como le pusieron sus padres armenios.


La conexión armenia podemos continuarla con la chica ye-ye más exitosa de Francia, Sylvie Vartan, o sea, Sylvia Vartanian. Pero sólo a medias, pues la madre era húngara. Como era de suponer, Sylvie nació en… Bulgaria.


También la encantadora Hélène Ségara es medio armenia, mas a la inversa: por parte de madre. Su padre es italiano y su nombre real, Hélène Rizzo.


Medio italiana es igualmente la talentosa Nicoletta, en realidad Nicole Grisoni. La madre también era diferente: loca. A ella se refería su éxito Mamy Blue.


Italiana completa es la actual primera dama y cantante, o viceversa, nacida Carla Gilberta Bruni Tedeschi en Turín en el seno de una conocida familia.


Tampoco podían faltar las anglosajonas. Por ejemplo, Jane Birkin nació en Londres.

El caballero que acompaña a Jane en esta famosa pieza, Serge Gainsbourg, fue registrado al nacer como Lucien Ginsburg por sus padres judíos rusos.

Similar ancestro por el lado paterno posee el ex-fugitivo Michel Polnareff.


Otro progenitor de origen judío ruso avalaba a Joe Dassin, nacido como Joseph Ira Dassin en New York, USA. La madre era húngara. Elegante hasta el final, Joe pereció ahogado en Tahití.


Judío completo y americano era el fallecido Mort Shuman, un gran admirador de Jacques Brel nacido en… Brooklyn, claro.


El popular Jean-Jacques Goldman es otro cantante francés de padres judíos, polacos en este caso.


Dejemos atrás a los askenazíes. El judío mizrají Richard Anthony llegó a Francia desde Egipto, había visto la luz en la comunidad hebrea de El Cairo como Richard Btesh. Las malas lenguas decían que su afición a la poligamia delataba, en cierta medida, el entorno de su infancia.


Otro judío egipcio, si bien sefardí -de rama otomana y sub-rama tesalonicense-, es el métèque Georges Moustaki, nacido en Alejandría como Yussef Mustacchi.


El extravagante Darío Moreno fue otro sefardí de rama otomana, su nombre real era David Arugete y nació en Esmirna, Turquía.


También sefardí es Enrico Macias, nacido como Gaston Ghrenassia en Constantina, Argelia.


Lógicamente, después de tantos judíos a alguien le tenía que tocar la podrida en cuestión de ascendencia. Ese es Gérard Lenorman, hijo de un desconocido soldado de la Wehrmacht alemana. Oui, madame la maman fue colaboratrice


Junto a los judíos, los italianos forman el otro pulmón de la chanson. Empezando por el más francés de todos los galanes: Yves Montand, bautizado como Ivo Livi en un pueblo de la Toscana.


Serge Regianni, otro gran actor francés, era apenas un año menor que Yves y vino al mundo algo más al norte, en Reggio Emilia.


Nino Ferrer se llamaba en realidad Nino Agostino Ferrari y nació en Génova.


El popular Christophe nació en la banlieue parisina de padres italianos. Su nombre original: Daniel Bevilacqua.


Francis Cabrel, en cambio, tuvo padres franceses, pero los cuatro abuelos italianos.


Claude François agradecía su existencia a un padre francés y una mamá italiana. Por cierto, nació en Ismailia, Egipto.


Con Richard Cocciante la cosa es al contrario: papá italiano y madre francesa. Y, claro, vino al mundo en Saigón, Vietnam.


El caso de Antoine es realmente inusual. Sus padres italianos lo llamaron Pierre Antoine Muraccioli cuando nació en… Madagascar.


La tanda franco-magrebina tiene mucho de italiana también, pues inmigrantes italianos conformaban la gran masa de colonos franceses en las posesiones del norte de Africa.

Alain Souchon nació en la mundana Casablanca, Marruecos. Su nombre real es Alain Kienast.


Pierre Groscolas salió de Lourmel, Algeria.


Étienne Daho nació en Orán, Algeria.


Entre tanto magrebino falso viene bien uno genuino: Guy Mardel se llama en verdad Mardochée Elkoubi y también es oriundo de Orán.


Por supuesto, la conexión armenia también está presente en el género masculino. Con nadie menos que el gran Charles Aznavour, de lejos le meilleur chansonnier de todos. Su papá y su mamá eran inmigrantes armenios y lo bautizaron como Shahnour Vaghenag Aznavourian.


Danyel Gérard tiene por nombre real Gérard Daniel Kherlakian, su padre era armenio.


Daniel Guichard proviene de padre francés y madre rusa.


Con Sacha Distel era exactamente al revés.


Hay muchos más. Estos son apenas, de los que conozco, los que aprecio. No he querido contar a los suizos, a los belgas, al monegasco Léo Ferré, ni a los quebecos. Y mucho menos a los griegos políglotas Nana Mouskouri, Melina Mercouri y Demis Roussos, viciosos a cantar en francés.

Lo que no hay es un chansonnier cubano. Lástima que mes amis Zoé y Javier tuvieran vocación de escritora y pastelero, respectivamente. Si hubieran llegado a París cantando, lo habrían tenido más fácil.

Y para finalizar un sorbeto:

¿Alguien recuerda el “Abelachao” del cancionero verdeolivo?

He aquí el original:

23 nov. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 62



Octubre 6 de 1967
[…]
La noticia de que había agua en una cabaña más adelante nos condujo a la imprudencia. En pleno día nos desplazamos hacia allá. Resultó ser un cobertizo en el fondo de una quebrada, aunque con su propia aguada. Había alguna comida y cocinamos durante horas. Opté por pernoctar aquí. Mañana temprano saldremos bordeando el arroyito.

Hubo una bronca de Chapaco con Olo y Urbano. El boliviano les reclamaba a los dos cubanos por servirse una porción mayor de arroz con calabaza. Olo y Urbano primero lo insultaron, mas luego arguyeron que ellos tenían mayor apetito. Chapaco ripostó que aquí todos somos iguales, sufrimos lo mismo, comemos lo mismo y vestimos lo mismo, hasta el punto de que no se nos puede distinguir al uno del otro. No había pensado en eso. Con nuestro aspecto se nos podría tomar por uno cualquiera de la guerrilla. Sería irresponsable olvidarlo.

Benigno y Pombo vinieron a sugerirme una táctica bielorrusa de dispersión guerrillera para salir de aquí y reagruparnos más tarde. No los dejé acabar. Contesté que, como demostraba nuestra propia experiencia en el Congo, las condiciones objetivas de la insurgencia contemporánea presuponían el desplazamiento integral de la guerrilla incluso en las situaciones más adversas. Sé que no entendieron. Tampoco yo entiendo como un cursito soviético pudo despertar tanta arrogancia en un par de guajiros cubanos. Cuando pase esta etapa tendré que leerles la cartilla sobre la modestia revolucionaria.

Los desertores dieron una entrevista a la prensa. Salió por la radio local. Camba se mostró bastante huraño, como de costumbre. León es un colaborador nato. La radio chilena reportó que el ejército nos ha rodeado con 1.800 efectivos. No especificaron de cuál división.

Octubre 7 de 1967
[…]
Dentro de un mes justo se cumple el año guerrillero en Bolivia. Aún es temprano para hacer un balance, pero no ha sido poca cosa. Hemos evolucionado bastante. Al principio, por ejemplo, me sacaba las garrapatas y hasta las contaba. Hoy la revolución nos impone otras prioridades. Ante todo, salvarnos.

Debemos preparar un comunicado para el 7 de noviembre. Hay que resaltar nuestros logros durante el año y plantear los objetivos para el siguiente. O sea, encontrar algunos logros y resaltar los objetivos. Es decir, definir algún objetivo. En realidad no necesitamos un comunicado. Más bien precisamos comunicación. De cualquier tipo.

Al mediodía llegó una vieja con varias cabras. No fue tan hostil como aquellos perros pastores, mas tampoco inspiraba confianza. Cuando la detuvimos dijo que ella no sabía nada y pidió clemencia para las chivas. Por la tarde Aniceto y Pablo visitaron la choza de la vieja. Tiene una hija paralítica y otra enana. Lógico que quiera tanto a las cabras. Le dimos 50 pesos para que se olvide de nosotros. La vieja agarró el dinero y juró que no nos había visto en toda su vida. No creo que cumpla. Tal vez debimos tomar una chiva de rehén.

La partida fue a las 5 PM. El camino resultó muy difícil y agotador. Dejamos huellas por doquier. A las 2 AM el Chino anunció que no veía absolutamente nada. Tuvimos que detenernos. Mandé a Benigno a contar la gente. Hubo una pequeña alarma, pues sobraba uno. El recuento dio que, por el contrario, faltaba uno. Desistí, estamos extenuados y está demasiado oscuro.

16 nov. 2009

KSM to NY

Foto: KSM 2009

Este expresivo espécimen islámico se llama Khalid Sheikh Mohammed y pronto se mudará de Guantánamo Bay para New York City. La mudanza es cortesía de cierto Barack Hussein.

Podría pensarse que el asunto no tiene nada de particular. Es muy común que un creyente ayude a otro. Además, New York se parece cada vez más a Europa, donde ya son habituales tales ejemplares. Pues no, no es tan simple la cosa. Este caballero era conocido por sus asociados como Al-Mukh –en cristiano: el cerebro– debido a sus originales ideas y a su habilidad para ponerlas en práctica. La sociedad de marras es Al-Qaeda. Y la idea más extraordinaria de Khalid fue implementada el 11 de septiembre de 2001. En Nueva York, precisamente.

Khalid vive en Guantánamo desde 2003. Por cierto, cuando llegó allí, aunque no lucía bien, su apariencia era algo diferente.

Foto: KSM 2003

Supongo que estaba mejor así. Incluso podía haber sido útil para ensayos clínicos o pruebas de calidad con ceras depilatorias. Sin embargo, sus anfitriones americanos no quisieron hacer con él nada de eso. Se limitaron a jugar con agua. Era un juego conocido como waterboarding que suele tener un efecto parecido al karaoké. Y pese a que Khalid cantó en Guantánamo el mismo repertorio que en 2002 frente a los micrófonos de Al-Jazeera, ahora mismo hay peleas entre abogados neoyorkinos por representar a semejante cliente.

Welcome to NY!

15 nov. 2009

En el zoológico abierto de París

Alain-Bôlon Mofoso, Bâton Noir para sus amigos en la Banlieue, de niño soñaba con chutar el balón en la selección de Mali. De grande Alain-Bôlon ya no sueña, pero patea más fuerte.

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

14 nov. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 61

¿Y si a partir de ahora me porto bien...?

Octubre 5 de 1967
[…]
Otro día de sed. Recorrimos el camino del ganado durante más de 2 horas. Luego, al clarear el día, nos metimos en unos matorrales para no ser vistos. Benigno y Pacho registraron toda la zona sin hallar agua. Había una casita con un pozo grande, pero también 6 soldados enormes.

Esta vez prohibí beber orine. No podemos arriesgarnos a dejar un rastro de vómito que guíe al enemigo hasta nosotros. A Chapaco se le decomisó una botella llena. Alegó que era para lavar la loza.

Partimos al caer la noche. La falta de agua hacía estragos. A Eustaquio le dio un ataque de histeria por la sed. No cesaba de llorar y quejarse. Hubo que parar varias veces para hacerlo callar. Daba ganas de asfixiarlo con una almohada. Por fortuna para él, no había ninguna.

Nos detuvimos al amanecer. Benigno se sentía bien, mas su herida estaba supurando un poco. Le hice una cura. A Muganga, que estaba desesperado, le puse otra inyección. En esta ocasión el Moro tuvo una buena reacción. Aunque el lumbago siguió igual, las piernas no se le entumecieron. A Benigno, en cambio, se le desató un violento dolor.

La radio dice que los dos desertores serán usados para inculpar a Debray. A tal efecto los llevaron para Camiri. Definitivamente, Santa Cruz es mejor. Vamos a necesitar mucho material para preparar la defensa. En ningún caso se deberá emular el estilo diletante de Fidel. Ese fatalismo del Munich de los años 20 no es apropiado para nosotros. Necesitamos un concepto enérgico y coherente, compatible con nuestra demanda intelectual. La elocuencia del Berlín de los años 30 estaría bien. ¿Cómo se llamaba aquel camarada búlgaro? ¿Dimítrov? “¡General Ovando, Ud. me teme!” Eso.

[…]

11 nov. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 60

Está todo ahí… Manila, Fidel, Tania, La Paz, Ciro, Buenos Aires, mis veteranos cubanos, el radio, mis medicinas, las minas, Los Andes, la selva, mi mate, el chino de China, el chino peruano, Masetti, Perón, la agenda alemana, los voluntarios del PCB, las armas, la finca, el tabaco, la boina, el mosquitero y mi genio ¡No puede salir mal!

Octubre 3 de 1967

[…]
Dado el fracaso en el cruce del cañón, ordené el retroceso hasta nuestra posición anterior. Envié a Urbano a explorar por delante. Regresó cuando estábamos a medio camino para informar que había espiado a dos campesinos conversando en un trillo. Uno comentaba que había escuchado voces por la noche, incluyendo un grito de “¡Ñato, pedazo de cretino!” Eso me recordó que me enojé al extraviarnos anoche y que era el Ñato quien iba de guía. El otro lugareño contó que su perro pastor se comportó muy raro cuando regresó con las cabras ayer. El animal dio una vuelta alrededor de la letrina y amagó de correr en dirección al cañón como indicando que lo siguieran. Lo repitió varias veces.

Cuando Urbano concluyó su reporte sobre tan absurda plática rural, decidí que era mejor replegarnos otra vez a lo alto del cañón. Eustaquio preguntó si no podíamos buscar agua primero. Denegué el pedido y critiqué la imprudencia. Durante todo el día pasamos una sed horrible. No hubo señales del ejército.

Al caer la noche descendimos procurando agua. Encontramos un charco un poco turbio. Se hizo café en la lata de manteca. Quedó delicioso. Se cocinó harina en la misma lata. Aniceto vino a dar la queja de que Chapaco lava la lata con urea natural. Contesté que un revolucionario no puede ser tan aprensivo, y que la idea era mía para ahorrar agua y matar las bacterias de una vez.

A las 3 de la mañana se inició el movimiento. Saliendo el sol llegamos a una cañada desconocida. Está seca y llena de pisadas de botas militares.

La radio confirmó la captura de los 2 guerrilleros desaparecidos. León declaró que había desertado para acogerse a la amnistía. Menudo héroe nos salió el dibujante. Inopinadamente, Camba mostró alguna entereza y reconoció ser un combatiente subversivo. Ambos revelaron información sobre mi presencia, mis enfermedades y las diversas calamidades de la guerrilla. Camba hasta dio testimonio sobre supuestas deficiencias mías como dentista.

Octubre 4 de 1967
[…]
Bajamos por la cañada hacia otra convergente e igual de seca, la cual recorrimos un buen rato hasta que el sol se volvió demasiado intenso. Era casi mediodía. Dispuse un descanso de 3 horas, y mandé a Inti, Ñato y Urbano a explorar el curso superior. Me disponía a conversar con Willy como medida preventiva, pero no lo encontré. Decidí no alarmar a la gente. Ya se verá luego si ha desertado o no.

Arrancamos a las 3 y antes de las 4 habíamos alcanzado a los exploradores, que ya venían de regreso. Eran Inti, Ñato, Urbano y Willy. Al último no recuerdo haberlo enviado. Tendré que observarlo de cerca. El resultado de la exploración fue negativo. No había agua en toda la quebrada. Salimos por un camino para reses. Nos detuvimos por culpa de la oscuridad antes de las 8. Ordené una pausa hasta las 3 AM.

La radio trajo hoy una interesante información. Se conjetura que si me captura la 4ta división del ejército, acantonada en Lagunillas, se me juzgará en Camiri. En cambio, si me atrapa la 8va división, se me hará el proceso en Santa Cruz.

Obviamente que Santa Cruz es una opción superior. Allí se dispone de mejor acceso para prensa y simpatizantes. También hay cierta infraestructura, así como los medios necesarios para la comunicación internacional.

Lo cierto es que el libro de la revolución suele tener un prólogo penitenciario, o al menos judicial. Es casi un axioma. Si bien, como ya demostró Mao, es posible saltar etapas, una estrategia que no debemos perder de vista. No obstante, ahora tenemos la prioridad táctica de eludir Lagunillas.

[…]

8 nov. 2009

Urgencia




La llovizna no mostraba intenciones de tomarse un descanso a medianoche.

- Hace frío –murmuró.

Saqué la mano del bolsillo del gabán y la atraje hacia mí. Palpé la carne trémula sobre la frágil armazón de su hombro. Seguimos andando por la calle estrecha y vacía, procurando evadir los charcos. La escasa luz no cooperaba.

- ¿Falta mucho? –indagó.

- No –contesté acercando el rostro al más próximo mechón de su cabello húmedo.

Olía bien. Toda ella. Y la sentía bien. Empezando por la premura en el ritmo de sus pasos.

- Realmente tengo ganas –balbuceó.

- Ya estamos llegando –afirmé, y reprimí el instinto de pasarle la lengua por todo el borde del mentón, habría sido una obra de arte lograrlo sin detenernos.

- No me lo parece… -masculló.

- ¿Acaso no sabes dónde estamos?- indagué a mi vez.

- Claro que no, nunca me has traído por aquí…

Miré a los lados. Ciertamente en la oscuridad no se distinguían ni los rótulos de los negocios. Los edificios eran apenas siluetas delimitando el asfalto.

- Sí has pasado por aquí –insistí por reflejo.

- Soy mujer… ¿lo notaste?

- Sería imposible no notarlo –contesté sonriendo.

Me observó de reojo y amagó otra sonrisa que no cuajó por completo.


Avanzamos en silencio un minuto, o dos, o tres. Ella apretando sus manos y yo apretando su cuerpo.

Doblamos la esquina.

- Es aquí… -comencé.

- No –dijo, y se detuvo en seco.

Mi brazo aferrado a su torso me obligó a frenar.

- Claro que sí… -intenté explicar, pretendía señalar el cercano portal de la casa de apartamentos.

- No… -me interrumpió contraída-. No puedo más…

Intuí como fluía el líquido tibio por el tejido de su jean. Llegó a unir las sombras de sus botines.

- Qué pena… -susurró-, nunca me había sucedido algo así…

- No es nada –respondí, y decidí de un golpe que no iba a reir, ni a contar o inventar peripecias solidarias, y que sería mejor así.

La tomé de la mano.

- Ven –añadí.

Fuimos hacia la casa acompañados por el chasqueo del cuero inundado de sus zapatos. La levanté en brazos al salir del elevador para no dejar huellas. Me metí en la ducha con ella. La bañé toda. Pero no la dejé secarse.

El Sacrificio de Yoani


Vamos a imaginar algo muy trágico pero perfectamente posible: A los sicarios castristas que forzaron a Yoani Sánchez a entrar en su automóvil se les fue la mano y le partieron el cuello o la asfixiaron. Dada la enorme superioridad física, el torpe entrenamiento y el escaso cerebro, la probabilidad no debe bajar de un peligroso 15%, aún si la orden es de que no muera. Entonces, supongamos que sucedió lo peor y Yoani falleció en el incidente.

¿Y ahora qué?

En Cuba no pasaría nada. El DSE armaría un grupo de monitoreo del sepelio con plenos recursos. A Reinaldo, Claudia, Ciro, Orlando y demás correligionarios les caería todo el aparato represivo en alarma total y con el repertorio completo: coerción, amenaza, reclusión e incluso persuasión.

En Miami la TV tendría material de trabajo para rato. Habría por lo menos una misa en su memoria.

En la blogosfera del exilio cundiría genuina indignación. Se colgarían muchas decenas de posts de protesta. Hasta algún impedido envidioso, que antes la vilipendiaba, escribiría que Yoani fue una mujer valiente, brava y cojonuda.

La blogosfera internacional se haría eco del asunto. Por iniciativa de Huffington Post se crearía el Yoani Sánchez Civil Rights Award para blogueros defensores de la justicia y los derechos humanos. Primer premiado: un bloguero iraní condenado a la amputación de ambas manos por difamar al ayatola Jomeini (la zurda) y al profeta (la diestra.)

En Washington el vocero de la Secretaría de Estado brindaría un corto statement, afirmando que esa no era la señal que el presidente Obama esperaba de Raúl Castro y que, por tanto, la suspensión del embargo sería suspendida, al menos mientras no mejore la situación de los derechos humanos y la libertad de expresión.

En Madrid el ministro Moratinos declararía que no hay que generalizar, que no todos los policías cubanos son asesinos y que el gobierno cubano le ha prometido esclarecer el asunto. En cambio, el Zapatero, o sea, el presidente del gobierno, frente a toda la prensa acreditada daría el pésame a la familia de Yoani y prometería que, ahora más que nunca, su gobierno seguirá insistiendo en la cooperación crítica con las autoridades cubanas en aras de la mejoría de las condiciones sociales y económicas del pueblo cubano. Luego Esperanza Aguirre lo llamaría maricón en público por primera vez.

El sector bolivariano no se daría por enterado, pero los más conocedores y mejor ubicados descorcharían un buen Dom Pérignon.

José Saramago afirmaría indignado que “¡ahora sí que hasta aquí llegué, de aquí sí que no paso!”, para luego retractarse. El resto de los premios Nobel de literatura, menos Herta Müller, firmarían otra carta de apoyo a Fidel y a la revolución cubana titulada “Ella se lo buscó, él no tiene la culpa.”

Al final, una nueva reflexión del compañero Fidel explicaría que él no sabía quién era Yoani hasta hoy, que lo sucedido fue un accidente y que se analizarían las responsabilidades, puesto que él no había dado orden de matar a nadie esta semana. Como resultado, los agentes Edelmiro y Usnavys serían sancionados a cumplir servicio en su región natal, Jiguaní y Caimanera, respectivamente.

Ha sido apenas una abstracción. Pero me luce plausible. Y también me parece un desastre.

6 nov. 2009

El Retrasado Zapatero y su lugarteniente Moratinos


En octubre de 1523, tras el fracaso y la muerte del Adelantado don Hernán Cortés, arribó el Retrasado don Rodrigo Zapatero a las playas de México para salvaguardar los intereses de la corona de Castilla. Decidido a reparar las cosas y convencido de tener mejor suerte que su intransigente predecesor, don Rodrigo avanzó con sus hombres hacia Tenochtitlán en son de paz y armonía. Antes de llegar a Texcoco fueron rodeados por las huestes aztecas. Zapatero envió entonces a su lugarteniente don Miguel Moratinos a negociar. Tras unas horas de parlamento, don Miguel regresó con un acuerdo. Los españoles podrían quedarse a cambio de la rendición.

Al día siguiente Zapatero y Moratinos son conducidos hasta Tenochtitlán y arrojados a los pies de Moctezuma.

- Excelencia, por favor, os ruego que penséis en el diálogo de nuestras dos civilizaciones -balbucea don Rodrigo.

- Por favor, sus señorías -añade el lugarteniente, dirigiéndose a los demás príncipes mexicas en el salón-, si es que nosotros ni siquiera hemos hablado una sola palabra con los tlaxcaltecas…

- Los sacrificaremos mañana en el templo de Huitzilopochtli -bosteza el emperador sin dedicarles una mirada.

- Perdonad mi osadía, querido tío y vocero de los dioses -interviene Cuauhtémoc-, mas tal vez sería bueno dedicarle el de la cara de bobo al dios Tezcatlipoca para que no se ponga furioso.

- Me confundes, sobrino…

- Bueno, tío, es que Tezcatlipoca siente muchos celos de Huitzilopochtli…

Los sacerdotes aztecas presentes palidecen al oir al joven noble aleccionando al emperador en temas teológicos. Pero Moctezuma sonríe plácidamente.

- Eso lo sé, muchacho –contesta su alteza-. Me refería a otra cosa: los dos tienen cara de bobo.

Los mexicas ríen asintiendo, pero sin levantar la vista hacia el trono. Moctezuma hace un ademán hacia el sacerdote mayor y le dice:

- Decidid vos, Xingatémoc.

El enorme sacerdote sonríe con su prótesis de puro jade y sentencia con voz ronca:

- El viejo gordo será sacrificado para Tezcatlipoca. El más joven será sacrificado para Huitzilopochtli, pero primero me lo voy a coger en honor a Quetzalcóatl.

2 nov. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 59

La infinita capacidad guevariana para gravitar sobre el excremento o en su inmediata vecindad.

Octubre 1 de 1967

[…]
Día de paz. Permanecimos ocultos desde el amanecer. La larga marcha no nos llevó muy lejos. Desde el nuevo escondite aún se divisaba la casita. Los 40 soldados abandonaron el sitio sin notar nuestra presencia. Para tal caso les tenía preparada una buena sorpresa: nuestra retirada intempestiva por un trillo que había detrás. Al irse, la soldadesca se entretuvo disparando a diestra y siniestra. Willy estuvo a punto de rendirse. Chapaco, en cambio, apenas escarbó un rato con las uñas.

Las cabañas de arriba lucían abandonadas. Por la tarde mandé a Urbano a revisarlas en busca de comida. En la primera encontró un poco de harina de maíz. En la segunda había media lata de manteca. En la tercera 5 soldados dormían la siesta. Urbano se apartó con discreción. Tuvo suerte, a los pocos minutos despertaron los guardias. Luego partieron sin rumbo preciso.

Chapaco se encargó de hacer frituritas de maíz. Benigno ablandó la carne seca de reserva. Las frituras tenían un sabor terroso, pero llenaron nuestras barrigas perfectamente. La carne nos dio fuerza para continuar la huida. No obstante, de momento nos quedaremos aquí, es más seguro.

El Chino vino a plantearme su situación con miopía, hipermetropía, astigmatismo, presbicia prematura, queratocono, daltonismo, catarata y ceguera parcial de un ojo. Explicó que, además, sus gafas tenían un cristal rajado y el otro rayado. Al final pidió permiso para visitar una óptica en la primera oportunidad. Lo autoricé, aunque más bien necesita un trasplante doble. Después la conversación se extendió hacia otros temas. Me alteré un tanto cuando el Chino preguntó sobre las opciones del ELN como partido político si se amplía la amnistía del gobierno. Para demostrarle el destino de la revolución social si nos amoldamos al juego electoral de la burguesía, partí en dos el gajo que tenía en la mano y arrojé las mitades con un gesto brusco. Entonces el Chino comenzó a llorar con mucho sentimiento. Me alegró haber sido tan convincente. Tras unos minutos le dije que parara, que no era para tanto, que seguiríamos nuestra lucha guerrillera. El peruano me contestó que no lloraba por la revolución, sino porque le acababa de quebrar los lentes. Tuve que ayudarlo a buscar por el suelo, pues el hombre no veía nada.

La radio sigue en porcentaje 0 + 100: 0 de noticias, 100 de huayño.

Octubre 2 de 1967
[…]
El incidente con los chivos y los perros pastores fue bastante engorroso. Al mediodía un rebaño de cabras atravesó nuestra área guiado sólo por 4 perros. De inmediato se levantó una comisión para asegurar el chilindrón. Sin embargo, los 4 canes se comportaron agresivos, ladrando, mostrando los colmillos y cerrando filas entre los chivitos y nuestra gente. Chapaco, que está de cocinero esta semana, fue el primero en retroceder. Olo, por el contrario, dio otro paso al frente, pero el perro jefe le lanzó una dentellada de inmediato. Olo, Pombo y Urbano querían disparar. Benigno los contuvo con la advertencia de que los tiros nos delatarían al ejército. Hubo que dejar pasar a los chivos con sus perros guardianes. El último perro, el gruñón que amenazó a Olo, levantó la pata y orinó en mitad de la vereda antes de largarse.

No dije nada. Sé que, aquí y ahora, si hubiera gallinas, nos negarían los huevos. En vista de eso, y sin vista del ejército, a las 6 de la tarde ordené descender en forma diagonal para cruzar el cañón. Nos perdimos. Pasamos la noche en lo más alto del cañón, a pesar de que el trayecto fue todo el tiempo bajando. De no ser por el frío, el hambre y la sed, habría imperado el desconcierto.

[…]

31 oct. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 58

En la repartición de trofeos el soldado Graciano Taypa Chikhi tuvo poca suerte. Le tocaron los calzoncillos del Che. Y no había tales, sino material orgánico seco.

Septiembre 29 de 1967

[…]
Ya van 3 días de intenso nerviosismo. Lástima que no se pueda fumar. El hambre ni se siente. Menos mal, porque los mulos se llevaron casi todo. Sigo estreñido, lo cual resulta práctico en estas circunstancias. Es extraño, hasta ahora siempre había sido lo contrario. Durante el día pequeños grupos de soldados y campesinos pasaron llevando mulos con y sin carga. De noche no aparecen. No obstante, a los que roncan se les puso mordaza. La mía es doble por el asma.

Seguimos vigilando la casita. La tentación de escapar por ahí es muy grande. Si no fuera por los soldados, que salen y entran, ya lo habríamos intentado. De noche sería más fácil, sin duda, pero están los perros. Ya se ha visto en otras ocasiones que los canes acá reaccionan muy sensibles ante el olor fuerte.

Chapaco tiembla menos. Willy, en cambio, ha empezado a temblequear. Olo y Pombo no se hablan. Benigno está mejorando. Inti se ha recompuesto bastante. La radio enmudeció respecto al ELN. Da la impresión de que lo hacen a propósito, para crearnos aún más incertidumbre. Radio Santa Cruz no para de poner huayños. Quieren provocarnos para que delatemos nuestra posición gritando. Es la guerra sicológica en su versión más descarnada.

Septiembre 30 de 1967
[…]
Por fin hubo noticias. La radio chilena anunció hoy temprano que me encuentro agazapado en un rincón de la selva rodeado por el ejército boliviano. Son malas noticias.

Decidí desmentir a la radio, y ordené descender a gachas para salir por la vía de la cabaña. Empezamos a bajar a las 11 AM. Ibamos despacio. Es complicado moverse en cuclillas loma abajo. En especial para Muganga con su lumbago. Y peor fue subir de igual manera, luego de que a las 12 se apareciera el ejército con 40 efectivos en la casita. Después de ésta creo que el Moro ha quedado baldado de forma permanente. Una vez alcanzada nuestra ubicación original mandé a Inti y Willy cañón arriba en busca de la apremiante salida.

Al anochecer los exploradores regresaron con buenas nuevas. Hay un escape por arriba. Se puede llegar incluso hasta el Río Grande. Salimos antes de medianoche. Fue una caminata penosa, subiendo muy lentos por culpa del Chino, que tiene que ir a gatas de noche.

Resumen del mes
[…]
En total hubo 3 enfrentamientos con el ejército: El 2, Pombo y el Chino contra un soldado y un caballo cojo. El 6, Urbano, Miguel y otros 8 hombres contra una patrulla militar. El 26, la emboscada de La Higuera. Todo iba bien hasta que nos sorprendieron ese día. 5 bajas de una vez es mucho. O incluso 4, pues Camba era un verdadero desperdicio.

Los muertos del enemigo fueron menos: el caballo cojo y un soldado, éste sin confirmar.

Perdimos las mulas con el excedente de comida que acumulamos en Alto Seco. El que más lo ha sentido es Muganga. No pienso utilizar más animales de carga. A no ser que regrese el asma.

Por lo visto, el grupo de Joaquín ha sido golpeado con cierta severidad. La euforia del gobierno hay que tomarla con reserva. Lo más probable es que algunos hayan caído y que el resto esté escondido como nosotros.

Las únicas diferencias con el mes anterior son las siguientes: se han multiplicado nuestras bajas, se ha estrechado el asedio alrededor nuestro y el ejército se ha vuelto eficaz y contundente. El resto sigue igual: permanecemos aislados, el campesinado es hostil, la moral anda por el suelo y no hay contacto con Joaquín. Lo último va tomando carácter definitivo.

Los objetivos de octubre son: escondernos mejor, romper el cerco y emigrar a otra región de Bolivia o del continente.

La buena noticia del mes es la salida de Camba, aunque su inestable lugar ha sido ocupado por Willy. Tanto él como Chapaco podrían intentar huir o entregarse en los próximos días.

[…]

29 oct. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 57

Del pensamiento guevariano: A la pobre Aleidita la tuve que enseñar a fumar para congraciarme con Fidel... Necesito urgentemente mi propia revolución...

Septiembre 28 de 1967

[…]
Estos momentos de ansiedad y zozobra marcan un hito en el desarrollo emocional de la guerrilla. Cada uno de nosotros ha visto temblar hoy a 16 de los 17 combatientes. Resultó un poco desalentador. Lo bueno es que acá no tenemos espejos. Podría ser desmoralizante.

El primer susto fue menos grave. Sólo se orinaron Chapaco y el Chino. Aunque creo que lo de Chapaco fue algo más. Eran como las 10 de la mañana cuando pasaron 46 soldados encima de nuestros escondites. Iban extremadamente despacio y escudriñando los matorrales. Era como si quisieran mortificarnos. Demoraron una eternidad en desaparecer. Todo ese tiempo a Chapaco hubo que sujetarle la mano, aferrada a la cuchara y queriendo cavar. Primero fue Olo, luego entre Olo y Pombo.

La segunda alarma culminó en franco terror. Al mediodía llegaron 77 guardias. Desfilaban con exacerbada lentitud a escasa distancia de nosotros, y el forcejeo por la cuchara de Chapaco se volvió patético. Se hizo evidente que, si no lo soltaban, Chapaco iba a gritar. Entonces Olo perdió en control. Desenfundó la pistola y se la colocó a Chapaco en la sien. Se nos heló la sangre en las venas. Por un segundo creí llegado el fin del ELN. Comprendí que tenía que hacer algo, y me arrastré como pude. Sin embargo, no logré alejarme lo suficiente. Pude así ver como Pombo mantenía la sangre fría para buscar una solución. Tras pedir calma por señas a Olo y Chapaco, Pombo se sacó una bota, se quitó la media y se la puso a la cuchara como silenciador. Luego, muy despacio, fue apartando el arma de Olo de la cabeza de Chapaco. Y ahí fue que se escapó el tiro.

El disparo tuvo un efecto pavoroso. Incluso Chapaco se paralizó, tras repetir la excreción. En lo alto los soldados entraron en zafarrancho y se desplegaron con el arma en ristre. El jefe dio la orden de descender la quebrada. Estábamos perdidos. Ante un ataque desde arriba no teníamos escape. Vi clara envidia tras el desespero de varios pares de ojos que fijaban la chuchara de Chapaco. Pero ya era inútil cavar. Encogerse era la única opción. Habría que considerar, una vez que pase esta fase, las ventajas de una guerrilla de enanos. ¿Será ese acaso el secreto del Vietcong? De súbito el soldado radista se acercó al oficial y le pasó los auriculares. Al parecer, un superior exigía que apurasen la marcha. Eso nos salvó.

Se le incautó la cuchara a Chapaco. La dejé con la media.

Por la noche la radio anunció mi muerte. Pensé que me irritaría, pero no fue así. Más bien lo contrario. Poco duró el alivio. Antes de medianoche corrigieron la noticia, diciendo que únicamente me tienen cercado. Eso sugiere que de momento el acoso no cesará.

[…]

22 oct. 2009

Angustia entre Zapata y Villa

Doña Angustia no más pretendía preguntar si don Pancho y don Emiliano gustarían de un café. Sin embargo, al entrar al revuelto salón presidencial se vio rodeada de villistas, zapatistas y simpatizantes que se aprestaban a posar frente a una cámara. Así acabó en el centro de la histórica fotografía. Y nunca supo de quién era la mano joven y firme que, por primera vez en años, se le posó en la grupa.

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

Hay pocos eventos en la historia que merecen el título de revolución. Entre muchas farsas que no califican, apenas tres consiguen aunar verdadero caos, auténtica guerra civil y genuina transformación política. De esas tres la Revolución Mexicana es la única con carácter viril. Franceses y rusos se enfundaron en una compleja enagua ideológica, los mexicanos no. Mis galones son mis cojones –opinaba el general Victoriano Huerta. Aquí al que se me caliente lo enfrío –explicaba el general Alvaro Obregón. Y ninguno fingía.

Esta es la foto más célebre de la Revolución Mexicana. Fue tomada el 6 de diciembre de 1914. El presidente de facto Venustiano Carranza había escapado de Ciudad de México ante el avance de los rebeldes tanto por el sur como por el norte. Luego de reunirse el día 4 en la vecina Xochimilco, Emiliano Zapata, jefe del Ejército Libertador del Sur, y Pancho Villa, jefe de la División del Norte, entraron en la ciudad sin encontrar resistencia y desfilaron durante 8 horas por las principales avenidas metropolitanas. El saqueo y la violencia que vaticinaron los constitucionalistas no tuvieron lugar. Luego, mientras los zapatistas pedían comida de casa en casa y los villistas se hacían invitar de cantina en cantina, en un céntrico restaurante el Caudillo del Sur y el Centauro del Norte disfrutaban de un opulento banquete junto a sus respectivos estados mayores por cortesía de un comité ciudadano de bienvenida. Después de la comida don Pancho propuso visitar el Palacio Presidencial. La idea fue acogida con entusiasmo. Rara vez solía acontecer lo contrario. Y en tal caso no se vivía tan largo como para contarlo.

En el magno edificio apenas quedaba escaso personal de servicio. Se recibió a los caudillos con respetuoso temor y se les condujo al salón presidencial. Ante la dorada silla el general Pancho Villa, alto y rubicundo, con un gesto amable le cedió el paso al general Emiliano Zapata, chaparro y atezado.

- ¡Siéntese Ud., general! – contestó el de Morelos.

- ¡No, señor, Ud. se lo merece, general! –insistió el de Durango.

- ¡Que no, mi general Pancho Villa, mejor se me sienta Ud. en la silla! –dijo Zapata.

- ¡Pues yo le digo que se me siente Ud., mi general Zapata! –repitió Villa.

- ¡No se me ponga tan duro, don Pancho, y siéntese de una vez! –continuó el sureño.

- ¡Hágale ya, don Emiliano! –ripostó el del norte.

- ¡Andele Ud. a sentarse, Pancho!

- ¡Orale, ¿acaso me está mandando, amiguito?!

- ¡Claro que no, Panchito, si te lo estoy rogando! –respondió el Caudillo del Sur con la mano en el revolver.

- ¡Ah, bueno, pues entonces me siento y me resiento! –consintió el Centauro del Norte y se dejó caer en la pesada silla.

Unos minutos más tarde Pancho Villa ordenó que les trajeran un fotógrafo. No hubo que buscarlo muy lejos. Entre los numerosos curiosos que habían seguido a la comitiva rebelde por la ciudad se encontraba Agustín Víctor Casasola, el más importante fotógrafo documentalista que vio el mundo en el primer tercio del siglo XX.

Casasola había fundado en 1911 la Asociación de Fotógrafos de Prensa, y también había sido el fotógrafo de palacio todavía en tiempos de Porfirio Díaz como fotorreportero del oficialista El Imparcial entre 1905 y 1910. Era, además, veterano de El Tiempo, El Globo, El Universal, El Popular, El Correo Español y El Liberal, así como miembro fundador de la Asociación Mexicana de Periodistas y, desde 1912, propietario de la Agencia de Información Gráfica, una de las primeras del planeta y que llegaría a tener casi 500 fotógrafos bajo contrato con un archivo de medio millón de fotografías. No obstante, la principal virtud de don Agustín era estar en el lugar apropiado en el momento preciso. Ese lugar apropiado podía ser el extremo superior de un poste telefónico, como en 1907, cuando fotografió del otro lado de los muros de la prisión de Belén la ejecución de los asesinos del general guatemalteco Lisandro Barillas, presidente exiliado y conspirador activo. En 1914 el lugar apropiado era la antesala del Salón Presidencial en el Palacio Nacional.

La foto es fenomenal. Casasola realizó tres tomas, de las cuales se conocen dos. El fotógrafo medía más de seis pies, uno más que el mexicano promedio de su época, y poseía una óptica especial para enfocar al prójimo. El resto lo hicieron la adrenalina y la testosterona presentes en el salón.

En primera plana vemos a 5 generales: Tomás Urbina (villista), Pancho Villa, Emiliano Zapata, Otilio Montaño (zapatista) y, de pie, Rodolfo Fierro (villista), que acababan de ocupar triunfantes la médula del poder. Mas sus destinos posteriores revelan la quintaesencia de la revolución: A Tomás Urbina lo mató Rodolfo Fierro en 1915 por orden de Pancho Villa. A Otilio Montaño lo mandó a matar Emiliano Zapata en 1917. A Zapata lo asesinaron por órdenes de Venustiano Carranza en 1920. A Pancho Villa le dieron muerte en 1923 los sicarios de Alvaro Obregón, sucesor de Carranza tras su asesinato en 1920. Y Rodolfo Fierro, el duro de Sinaloa, el más macho de los machos revolucionarios, el mayor asesino de prisioneros de la Revolución Mexicana, hasta hoy el único bandido que asaltó y conquistó un tren convoy solo y con sólo dos güevos, murió ahogado en el agua pantanosa de un lago de Chihuahua en 1915. Aquella tarde una hembra nueva lo esperaba al otro lado y Fierro decidió atravesar la laguna, en lugar de bordearla como su tropa. Entonces el caballo comenzó a hundirse en el fango por el peso del botín saqueado en dos haciendas y una iglesia. El general no quiso pedir ayuda porque él era un hombre. Tampoco soltó el oro. Ante los impresionados ojos de sus soldados, que intentaban acercarse desde la orilla, Rodolfo Fierro luchó solo y con sólo dos güevos contra la ciénaga. Se ahogó sin miedo y sin decir palabra.

17 oct. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 56

Trendchetter
Septiembre 27 de 1967
[…]
Hasta las 4 de la mañana intentamos dormir. A esa hora Inti propuso contraatacar y reconquistar La Higuera. Es obvio que está sobremotivado debido a la muerte de su hermano. No acepté perpetrar semejante acto de revanchismo. No menos de 300 rangers nos estarían esperando. Ordené continuar la subida. No había forma. Envié de exploración a los más prescindibles: Eustaquio, Aniceto y Chapaco. Inti pidió ir con ellos. Le dije que no. Probablemente le dispararía al primer soldado que viese. Tras unas 2 horas retornaron los exploradores con la noticia de que se podía subir por un costado. Trepamos y nos agazapamos entre unos arbustos. El planteamiento táctico está claro: Esperar a que el ejército se canse y se vaya.

Descubrimos un trillo que baja de la loma pasando junto a una casita. Era la salida que necesitábamos. Vi a la gente cobrar ánimo. Sólo había que aguardar a la noche. Sin embargo, por la tarde llegó un pelotón de soldados y se acomodó en la cabaña. Un campesino salió del rancho con un soldado. Comenzaron a ascender la pendiente en dirección nuestra. Eso provocó una gran crispación en la tropa. Ordené no disparar bajo ninguna circunstancia. Inti desenvainó un machete y comenzó a deslizarse hacia abajo. Chapaco sacó una cuchara y empezó a cavar una trinchera. Tuve el impulso de acribillarlos a ambos. No lo hice por no contrariar mi propia orden.

Afortunadamente, el campesino y el guardia se detuvieron a mitad de la loma. A recaudo de las miradas del resto de los soldados, aunque no de las nuestras, los dos se pusieron a jugar de manos en una perturbadora escena. Inti regresó de inmediato arrastrando el machete. Chapaco soltó la cuchara. Decidí no comentar nada en ese momento, pero tengo la convicción –y no es nueva– de que las UMAP bolivianas van a ser muy numerosas.

Escuchamos disparos en la colina vecina, y luego voces conminando a un fugitivo a entregarse. Debió ser Camba. Parece que se tomó al pie de la letra lo que le prometimos anteayer y se largó por su cuenta en La Higuera. Para nosotros es un beneficio. Las otras bajas, en cambio, dejan pérdida de forma bastante clara.

Coco Peredo fue el mejor cuadro del ELN durante esta primera etapa, el candidato a vanguardia del año. Tenía un gran futuro. Como revolucionario preparado y combativo estaba destinado a altas funciones de gobierno, inalcanzables para un labriego indígena o un peón cocalero.

Miguel era un soldado a toda prueba. Se llamaba Manuel Hernández y venía del batey de Santa Rita. Le pusimos Miguel por analogía con su tocayo poeta, puesto que de niño el bardo español pastaba cabras y a esa edad Manuel ya era un cabrón. En su última noche se durmió sin colocar postas, y nada sucedió. En su último día lo mandé a una fiesta, y murió. Analizaré esa paradoja en otra oportunidad.

Pocholo al principió sólo se destacaba por el olor de los pies. No obstante, se supo integrar perfectamente. Después de un tiempo todos olíamos igual que él. Llegó a ser un buen combatiente.

León sabía dibujar. Al comienzo, como era de esperar, no disponía de suficiente madurez ideológica. Durante los primeros días toleré su manía de pintar comics. Hasta que me dibujó vestido de supermán. Lo castigué a pintar 10 Lenin, 10 Stalin, 10 Mao, 5 Kim Il Sung, 5 Ho Chi Minh y 1 Fidel. No cumplió por completo el castigo porque no conocía la apariencia de todos los líderes. Lo acepté. Si Fidel ve el retrato que le hizo, lo manda a fusilar.

La radio anunció que fuimos golpeados por una compañía del ejército, la cual nos sorprendió en pleno día deambulando de fiesta en fiesta. Se mencionan 3 muertos, pero ningún prisionero. La unidad de rangers se denomina Galindo. Lo apunté. Si el pueblo lo exige, tras la victoria recibirán el trato que merecen.

[…]

15 oct. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 55


Ya lo decía el presidente Ramón Grau San Martín: la cubanidad es amor.

Septiembre 26 de 1967

[…]
Ha sido una jornada nefasta para la revolución. Debí sospechar cuando alcanzamos Picacho y nos encontramos con un verdadero carnaval. En aquel villorrio a 2,300 m de altura había una fiesta popular andando desde la noche anterior, y nadie pareció asustarse con nuestra llegada. La mujer del corregidor nos ofreció singani, aduciendo que era bueno contra el soroche. A Pacho y Pombo les brillaban los ojos, mas rechacé el aguardiente. Algunos hombres, sobre todo Chapaco, el Ñato, Willy y Pablito comenzaron a moverse al ritmo de un huayño titulado Corazón de Piedra. Avisé en voz alta que la pausa era sólo para beber agua y descansar unos minutos.

Pablito se acercó a Inti e intercambiaron algunas frases. Luego Inti vino a sugerirme que celebrar con los lugareños supondría ganar muchas simpatías, y que tal vez podríamos quedarnos a bailar waca waca más tarde. Me irritó bastante, pero me limité a aclarar que teníamos prisa por llegar a La Higuera. Inti volvió a insistir, añadiendo que Pablito se había ofrecido para enseñarme unos pasillos de huayño. Me encolerizó. Estuve a punto de gritarle un improperio. Sin embargo, me contuve y le expliqué, no sin cierta aspereza, que la danza era un vano escape a la dura realidad del pueblo, una manifestación de desidia poco revolucionaria y, por lo demás, una actividad física absurda. Inti asintió con expresión muy seria. No fue necesario mencionar que en mi primera y única clase de tango me torcí un tobillo, lo que me impidió jugar rugby por todo un mes. Poco después me levanté y ordené la salida. Pude comprobar con satisfacción que todos los combatientes se pusieron en marcha sin chistar. En el Congo era diferente. En cuanto sonaba un tambor se nos fastidiaba la guerra.

Antes del mediodía llegamos a La Higuera. Estaba desierta. Apenas tropezamos con unas pocas viejas. Nos dijeron que todos los vecinos se habían ido para Jagüey, porque había fiesta. Mandé a Coco a revisar el puesto de correos. Volvió con tres telegramas de interés. El primero anunciaba que habría serenata taquirari y banquete en la fiesta de Jagüey. El segundo avisaba de que la guerrilla había sido vista en la zona. El tercero era de hoy por la mañana y recomendaba que todos los habitantes saliesen de inmediato para Jagüey. Sin duda que aquella fiesta sí era a lo grande. Coco descubrió asimismo un teléfono, aunque la línea sólo comunicaba con Jagüey y nadie atendía por culpa del guateque.

Decidí enviar a la vanguardia hasta Jagüey. Miguel me preguntó qué debía hacer al llegar a la verbena. Le dije que decidiese según lo que viese. Partieron a la 1:00 pm. A la 1:10 apareció el Ñato con un prisionero. Era un viejo que encontró escondido en una casa. El hombre permanecía encorvado y temeroso. En los siguientes 15 minutos pidió permiso 4 veces para ir al baño, 3 veces para ir a apagar un horno que dejó encendido, 2 veces para ir a ponerse una ropa más abrigada, y otras 2 veces para ir a dar comida a las gallinas. A la 1:15 llegó un vendedor de coca con una mula. Contó que venía de Valle Grande, vía Pucará, y que no había visto soldados en todo el trayecto. También lucía muy amedrentado ante nuestra presencia. Aprovechó una de las solicitudes del viejo para anunciar que también necesitaba ir al baño. A la 1:25 los autoricé a los dos. Se precipitaron por la calle polvorienta. Me sorprendió la agilidad del anciano. Trotaba a la par del mercader en su mula. A la 1:28 los perdí de vista. Y a la 1:30 comenzó a caer una lluvia de tiros.

Nos atacaban desde todas partes. Formé una línea defensiva. Lo curioso es que no estaba claro para dónde disparar. La tropa apuntaba de forma aleatoria. Mandé a suspender el fuego cuando un disparo de Willy le dio a mi mochila. Poco a poco me fue abordando una idea sagaz: El ataque era apenas una distracción del enemigo para concentrar su embestida sobre la gente de Miguel, en el camino a Jagüey. Me dispuse a aguardar por los sobrevivientes. Al final, los hechos me dieron la razón. El primero que apareció fue Benigno con una herida leve. Más tarde llegó Aniceto con Pablito herido en un pie. Da la impresión de que no podrá bailar por un buen tiempo. El resto: Miguel, Coco y Pocholo muertos, Camba desaparecido. De inmediato salimos velozmente por el camino a Río Grande. Las balas enemigas venían detrás. Inti se retrasó con su gente. Nos escondimos para esperarlos. Mas nos seguían disparando cada vez más cerca, por lo que resolvimos abandonarlos. Arrancamos a toda carrera. Y en ese instante Inti nos sobrepasó.

Nos reagrupamos algo más lejos, comprobando que también León desapareció. Antes se había visto a alguien corriendo abajo por el cañón. Debió ser León. Enviamos igualmente las mulas hacia abajo por el cañón para completar el rastro de León y engañar al ejército. Nosotros subimos. No conseguimos llegar muy arriba, mas ahora tampoco podemos bajar.

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