3 jun. 2008

El Protector De Los Cerdos XVII

Cozumel

Como podía preverse, la travesía de la flota de Cortés hacia Yucatán resultó algo accidentada. El mal tiempo apareció en la primera noche, obligando a las naves a separarse. El punto de reencuentro acordado era la isla de Santa Cruz de Cozumel, que todos los pilotos ya conocían. Por alguna razón el caudillo había decidido llevar a los tres sacerdotes de la expedición en su nao principal. Se rezó mucho durante la tormenta. Con éxito, pues sólo se perdieron tres caballos, y un negro, que imprudentemente habían atado a estribor, entre los equinos y la borda.

Al llegar a Cozumel, Cortés descubrió que su lugarteniente Pedro de Alvarado, con la carabela San Sebastián, se le había adelantado. Por dos días completos. En ese tiempo se había dedicado, lógicamente, a cazar indias y saquear templos. Esa insensata actitud indignó al caudillo. Esperaba entenderse con los nativos para obtener informaciones sobre Yucatán. Y ahora todos los indios habían huido al interior de la isla. Tampoco resultaba halagüeña la perspectiva de gastar las provisiones de alimentos en una fase tan temprana de la excursión.

Una tras otra fueron llegando las restantes naves. Todas menos la del capitán Escobar. Aunque muchos expedicionarios ya habían visitado la isla con Hernández de Córdoba o con Grijalva, para la mayoría fue impresionante descubrir las pirámides y casas de piedra de los mayas locales. Eso les aportó nuevos bríos para la joven empresa.

Otra grata sorpresa fue que los hombres de Alvarado se comportaron solidarios, compartiendo las indias capturadas con las otras tripulaciones. Este gesto calmó el enojo del propio comandante, que recibió una de las bizcas nativas, muy ágil y dispuesta. Cortés era un hombre bastante ilustrado para su época, si bien de manera autodidacta, y no le faltaba curiosidad antropológica:

- ¿Habéis visto, caballeros? –comentaba a sus hombres más cercanos en la cima del templo de Ixchel–. Estas indias tienen algunos pelos en sus vergüenzas.

- Joder, sí que lo he visto –respondió alegre el procaz Portocarrero, que se chupaba un dedo untado en sabrosa miel maya–. Nada tengo en contra de los conejillos lampiños de las taínas, pero me gustan más así, velludos...

- Pero vamos, que sois un gran exagerado, don Alonso –intervino mordaz Sandoval, también oriundo de Medellín como Portocarrero y Cortés–. Cuatro pelos delante y dos detrás no hacen a un coño cristiano.

- Don Gonzalo –agregó Pedro de Alvarado, aquel otro entusiasta extremeño–, será que a don Alonso se le caen las barbas comiendo...

Las carcajadas sobre la pirámide hicieron eco en la selva.

- Perdonadme, Señorías, ¿qué os parece si convencemos a los indios de que regresen a la aldea? –dijo fray Cabezuela acercándose a la tertulia unos minutos después.

Don Alonso, don Gonzalo y don Pedro lo miraron con fastidio.

- ¿Qué tenéis en mente, padre? –indagó don Hernando.

- Una misa bautismal, Excelencia –explicó el clérigo–. Debemos convertir a estos indios para gloria de Dios...

- No, padre, me refería a qué haríamos para que retornasen los indios.

- Ah... perdonad mi torpeza, Señor. Es muy simple: soltad a varias indias, y que vayan donde los fugitivos con vuestra promesa de paz...

- ¡Que me folle la santísima virgen! –blasfemó Portocarrero–. ¡La mía no la entrego!

- Y prometed también que devolveréis lo robado de las chozas.

- ¡Sois un cabrón con sotana, don Simón! –exclamó Alvarado mirando de reojo a Cortés, que asentía serio.

- ¡Por mi conciencia! –juró el caudillo–. ¡Apuesto a que así se hará!

Y así se hizo.


Los indígenas regresaron trayendo abundante comida para los españoles. Por órdenes de su jefe los conquistadores procedieron a restituir el botín del previo saqueo. Exceptuando el oro, desde luego. En definitiva, para los indios eran más útiles las plumas o las cazuelas de barro. Cortés también mandó que se compensase a los naturales con cierto número de tijeras y bolas de cristal.

El caudillo estaba inspirado con ese progreso apaciguador. Reunió a los cozumeleños y los conminó a abandonar sus viciosos y sangrientos rituales. Se comunicaba con ayuda del intérprete Melchorejo[29].

- Los sacrificios humanos son algo aborrecible –exponía don Hernán al auditorio insular.

- ¿Y entonces, cómo se honra a los dioses? –quiso saber el gordo cacique Chac Mab Koc.

- Chamaco[30], para eso tenemos a los frailes –respondió el líder cristiano señalando a fray Cabezuela, fray Olmedo y fray Díaz.

- ¡Ya, si aceptamos vuestro dios, podremos sacrificar a uno de esos!

Mas no hubo nuevos sacrificios humanos en Cozumel. Al menos mientras los cristianos permanecieron allí. Sólo algunos pájaros, y muchos perros.


[29] Un maya que había atrapado Hernández de Córdoba para que aprendiera castellano y sirviera de intérprete en subsiguientes viajes. Melchorejo era un simple pescador de Cozumel, que incluso en su dialecto maya natal dominaba un escaso vocabulario. No fue una gran ayuda para Cortés, pero al menos jugó su papel en la comunicación inicial.

[30] El nombre hispanizado del cacique de Cozumel ha perdurado hasta hoy en el lenguaje popular mexicano, conservando incluso el carácter paternalista que usó Hernán Cortés.

10 comentarios:

  1. nos alegra el regreso del protector. ya lo extrañábamos. eso quiere decir que la mudanza y las últimas aventuras han sido todo un éxito.

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  2. Después de haber visto la version de Mel Gibson de los sacrificios centroamericanos, me alegro que los hayan suspendido.
    Sigue esta onda, que le estas dando bien.

    Saludos,
    Al Godar

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  3. Gracias, Miqui.

    Digamos que las aventuras continúan, pues apenas sales a la calle en Miami ya es una aventura: Amerindios al volante -matagalpas y chorotegas, pero con la ética de los comanches-; afroamericanos lentos -muy lentos, o, para variar, muy imprudentes-; la ausencia de intermitentes; la invisibilidad de las líneas amarillas en el asfalto; etc.

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  4. Al, en realidad los mayas eran de los mesoamericanos menos sangrientos en sus prácticas religiosas. No obstante eso, la versión de Mel Gibson estuvo bastante suave. Los más devotos eran los aztecas. En Tenochtitlán el sacrifice hardcore era heavy.

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    Saludos.

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  6. Vuelve el protector. Es como la serie 24 horas o los sopranos. Y el personaje de Portocarrero es pintoresco. Pero no tiene la violencia de otras entregas... ponle mas violencia. Y partos. Y elementos de magia india e inquisicion. Algun quemado en la hoguera. Una violacion de un grumete por el timonel. las series de TV van in crescendo. Aproposito, Matacena esta interesado en un libreto.

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  7. Enhorabuena Maximus!
    Ya había visto el post y me lo guarde hasta ahora como el que esconde un dulce para postrero goce. No dejes la serie colgada asere, que se disfruta como una pincha de Salgari cuando yo era chama!!

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  8. Ahora desde la mismísima, el protector ha cambiado algo?
    Tocao que les descargues a la historia animada. Aun recuerdo la serie de los mambises, estaba digno de serial y esto si lo digo en serio.

    nos vemos guichon.
    tony.

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  9. Digo como los Miquis, y otros: Welcome back! al Protector de los Cerdos!
    Güicho, debes publicarlo(s), un libro.

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  10. Gracias... empujando... se llega! con afecto Rob

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