30 ago. 2013

Syria: The Buffalo Soldier will ride for Allah


El criminal clan al-Assad entra en el club de las peores autocracias tanto del siglo pasado como del presente. Sin embargo, una intervención occidental a favor de los rebeldes sirios resulta impredecible en sus consecuencias y potencialmente desastrosa. Es, en otras palabras, el tipo de inversión perfecta para abstenerse. 

Seis semanas atrás los yijadistas irakíes y jordanos eliminaron a Kamal Hamami, el líder de aquellos rebeldes sirios que no eran salafistas. De manera que hoy está muy claro quién manda en la oposición y a favor de quién será cualquier apoyo o intervención de la OTAN: Alá. Por el otro bando, la brigada enviada por la Hizbolá libanesa se ha revelado como más contundente que las divisiones alauitas. Eso estimula el coraje intervencionista, e igual disminuye el recelo de Israel, que tiene cuentas pendientes con los milicianos chiitas libaneses desde que Hizbolá forzó la retirada del Zahal del sur del Líbano. Y entonces, oportunamente, aparecen unos niños gasificados... 

Lo que presenciamos desde marzo del 2011 en Siria es una guerra subsidiaria entre Irán y Arabia Saudita, una guerra intra-religiosa entre la Sunna y la Chía, donde la Nation of Islam, digo, los Estados Unidos Afroamericanos apoyan a su lado sunnita, por supuesto. Lo mismo hacen los turcos y sus acérrimos enemigos kurdos, pese a la protección que recibieron los segundos por décadas en la Siria de al-Assad. El llamado bélico de la fe no admite vacilaciones ni conoce discordias mientras dure el combate contra los infieles.

Que los musulmanes se alineen con sus respectivos correligionarios es muy natural. En cambio, una intervención americana sería un acto más de servilismo hacia la dinastía Bin Saud, como lo fueron las guerras de Irak, el bochornoso silencio ante la invasión saudita de Bahrein o la evacuación protegida de los millonarios sauditas en EE.UU. tras el 9/11. La monarquía saudita fue el último reducto de la esclavitud africana hasta bien avanzado el siglo XX, y es ahora mismo la tiranía más opresiva y primitiva del planeta, la fuente del islamismo más expansivo, más agresivo y mejor nutrido, la patria de todos los terroristas del 9/11 menos uno, y el peor lugar del mundo para ser cristiano, ateo o maricón, las tres mayores vocaciones occidentales. Resulta infame y a largo plazo irrentable que, por la petrocomplicidad saudita, los EE.UU. practiquen allí la obsoleta política del "son of a bitch, but ours"

En esta época del aeromodelismo militar se puede incidir de forma masiva en el desarrollo de una guerra sin infantería. Es eso lo que intentará la OTAN, pues -a diferencia de Irak y a semejanza de Libia- hay en Siria una seria insurgencia, por más que diletante y brutal como la propia naturaleza árabe. 

Y por lo demás, todo parece indicar que el destino del ano de Gaddafi es el precedente que cuenta para Barack Hussein y sus asesores, y no el idéntico destino del ano de Christopher Stevens, el también sodomizado y asesinado embajador estadounidense en Libia. Al final, el odio de los moros hacia occidente, y en especial hacia los EE.UU., no mejorará ni un ápice una vez derribado el ominoso clan alauita. Y tampoco cambiará la hostilidad hacia Israel, aunque probablemente pasará de más pasiva a más activa. Pero qué importa todo eso si se conserva el cariño de la casa real saudita. 

Así pues, el soldado búfalo puede galopar hacia Damasco bajo el pendón también negro de Alá. Y, ya puesto, mejor que se apure, que eso de amagar y no dar lo condena el Corán. 

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