He recibido un email, amable y angustioso a la vez, de una desconocida lectora, quien por elemental discreción usa un seudónimo, planteando su situación y solicitando mi consejo. Considero que se trata de un percance no tan anómalo y que podría afectar a otras personas. Por ello me parece apropiado hacer pública mi respuesta.
El mensaje en cuestión es el siguiente.
Querido Güicho:
Mi nombre es Miriam. Bueno, no es mi nombre real, pero puedes llamarme así. Lo que sí es real es que soy una asidua lectora de tu blog, aunque nunca comento. Es que soy un poco penosa. Sin embargo, hoy te escribo por una situación bastante especial en la que me encuentro, confiando en que me puedas ayudar. Algo me dice que tú sabrías manejar muy bien mi complicación. De mí te diré que tengo 43 años, estoy casada en segundas nupcias, y tengo un niño de 12, fruto de mi primer matrimonio.
Verás, como de costumbre, el sábado pasado salí a comprar. Fui sola, pues el niño se queda con su papá casi cada fin de semana y mi marido se desespera con todo lo que sea tiendas, compras y demás. Apenas entré en el Mall me dio un fortísimo dolor de cabeza. Camine unos minutos entre la gente, pero era tanto el malestar que decidí regresar, tomarme algo y acostarme a descansar. Llegué a la casa, fui directo hacia el botiquín del baño, y me encontré a mi esposo en el jacuzzi con la vecina de al lado. Es una chiquita de veintitantos que trabaja de bailarina en AméricaTeVe. No empecé a gritar porque la jaqueca no me lo permitió. Aumentó tanto que hasta pensé que perdería la conciencia.
Mi marido tiene mi edad y estamos casados ya casi 10 años. Horas después, pasado un poco el dolor, cuando lo confronté duramente, él me confesó que esa relación con la bailarina comenzó hace 6 meses. También me dijo que no iría a ver a ningún consejero matrimonial. Yo estoy azorada y no sé qué pensar, ni mucho menos qué hacer. Ojalá que tú me puedas auxiliar.
Un beso
Miriam
Por supuesto que me conmovió semejante situación y, aunque sospecho que Miriam sobrestima mi juicio, decidí intentarlo.
Querida Miriam:
Lamento leer lo mal que lo pasaste. Ese dolor de cabeza puede tener múltiples explicaciones. Puede haber sido, por ejemplo, algo que comiste. Las últimas investigaciones apuntan a que el 90% de los casos de migraña se debe a la intolerancia hacia determinadas proteínas. Sobre todo de la leche, pero también de huevos, carnes o pescados. Igualmente la cafeína y la nicotina influyen de forma negativa. No me dices cómo es tu estilo de vida, mas el estrés, e incluso el hambre, puede ser el detonate. Además, hay ciertas etapas en el ciclo menstrual que podrían estar involucradas en tu malestar. Por último, se me ocurre que en el Shopping el exceso de aromas químicos, desde los perfumes hasta los de la limpieza, puede haberte afectado.
En todo caso te sugiero que, si los dolores persisten, acudas a un médico.
Un beso
Güicho
Mostrando entradas con la etiqueta Consultas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consultas. Mostrar todas las entradas
13 ene 2010
26 ago 2009
Un consejo para Roberto
Mi socio Roberto me ha escrito desde Brasil y, entre otras cosas, me plantea una situación personal en busca de consejo. Este viejo amigo es contador y está felizmente casado con Renata desde hace años. No sé exactamente cuántos, pero no son pocos. Debo decir que Roberto es un apasionado de la pesca. Viviendo en ese paraíso fluvial que es Brasil ha pescado hasta piranhas con los dedos. Por cierto, la piranha frita es muy sabrosa. Y rellena de carne, un manjar. Por desgracia, Renata odia la pesca.
Paso a traducir el fragmento de la carta en cuestión.
[…]
Como sabes, hace un tiempo me compré un barquito que, aunque de uso, está muy bien. De manera que ahora me paso casi todos los fines de semana pescando. He intentado muchas veces convencer a Renata para que me acompañe, mas no ha querido ni una sola vez. Ella siempre ha detestado mi hobby.
Finalmente, un día en la tienda de utensilios de pesca comencé a conversar con Regina, la gerente, y resultó que ella también adora pescar. A partir de esa afinidad ha surgido una gran amistad entre nosotros. Y empezamos a salir a pescar juntos.
El domingo pasado tuvimos una de nuestras mejores excursiones pesqueras. Yo saqué un bellísimo tucunaré, como nunca había visto en esta época del año, y poco después Regina pescó otro igualito. Incluso hice una foto de Regina sosteniendo las dos piezas. Te la mando adjunta.
Luego, en casa, le mostré esa foto a Renata, pensando que tal vez así lograría interesarla en mis pesquerías. Sin embargo, el resultado fue totalmente contraproductivo. A Renata no le gustó la foto y me prohibió volver a pescar. También exigió que venda mi barquito.
Güicho, ¿qué hago? Te agradecería una opinión.
[…]
He aquí la foto de marras.

Le he contestado lo siguiente.
[…]
Roberto, he quedado impresionado con ese par de tucunarés tan grandes. Me dan ganas de palparlos y cogerles el peso. Sólo de verlos estoy seguro de que deben saber deliciosos.
Ahora pasaré a tratar tu dilema, tal como pides. Y seré breve.
Verás, personalmente tengo por regla no ceder ante ningún egoísmo. A menos que sea propio. Así que en tu lugar yo me quedaría con el bote, las boyas y el pescao. Sin dudarlo un instante. Para que Renata esté contenta, vende la cámara fotográfica. Esa es mi sana opinión.
No obstante, si decides hacer lo contrario, no te precipites. En unos días yo puedo visitarte. Ahí me presentas a Regina y te alquilo el bote.
[…]
Siempre lo digo: da gusto tener tales amigos, y más aún poder ayudarlos.
Paso a traducir el fragmento de la carta en cuestión.
[…]
Como sabes, hace un tiempo me compré un barquito que, aunque de uso, está muy bien. De manera que ahora me paso casi todos los fines de semana pescando. He intentado muchas veces convencer a Renata para que me acompañe, mas no ha querido ni una sola vez. Ella siempre ha detestado mi hobby.
Finalmente, un día en la tienda de utensilios de pesca comencé a conversar con Regina, la gerente, y resultó que ella también adora pescar. A partir de esa afinidad ha surgido una gran amistad entre nosotros. Y empezamos a salir a pescar juntos.
El domingo pasado tuvimos una de nuestras mejores excursiones pesqueras. Yo saqué un bellísimo tucunaré, como nunca había visto en esta época del año, y poco después Regina pescó otro igualito. Incluso hice una foto de Regina sosteniendo las dos piezas. Te la mando adjunta.
Luego, en casa, le mostré esa foto a Renata, pensando que tal vez así lograría interesarla en mis pesquerías. Sin embargo, el resultado fue totalmente contraproductivo. A Renata no le gustó la foto y me prohibió volver a pescar. También exigió que venda mi barquito.
Güicho, ¿qué hago? Te agradecería una opinión.
[…]
He aquí la foto de marras.

Le he contestado lo siguiente.
[…]
Roberto, he quedado impresionado con ese par de tucunarés tan grandes. Me dan ganas de palparlos y cogerles el peso. Sólo de verlos estoy seguro de que deben saber deliciosos.
Ahora pasaré a tratar tu dilema, tal como pides. Y seré breve.
Verás, personalmente tengo por regla no ceder ante ningún egoísmo. A menos que sea propio. Así que en tu lugar yo me quedaría con el bote, las boyas y el pescao. Sin dudarlo un instante. Para que Renata esté contenta, vende la cámara fotográfica. Esa es mi sana opinión.
No obstante, si decides hacer lo contrario, no te precipites. En unos días yo puedo visitarte. Ahí me presentas a Regina y te alquilo el bote.
[…]
Siempre lo digo: da gusto tener tales amigos, y más aún poder ayudarlos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

