Coca Colla boliviana.
El 11 de abril en La Paz se puso en venta una gaseosa de coca boliviana. Fue denominada con el original nombre de Coca Colla y etiquetada en rojo, el consabido color revolucionario. Ese mismo día el presidente Evo Morales bendijo al nuevo brebaje nacional, asegurando que a partir de ahora no beberá otra cosa, aparte del singani, claro. El más poderoso nativo sudamericano desde Atahualpa, y el que más extremidades ha crispado desde Tupac Amaru, es conocido tanto por su singular intelecto como por sus hojas y raíces cocaleras.
Evo con coca.
El resultado de tal consumo no se ha hecho esperar. No habían pasado 10 días y ya Evo nos revelaba en Tiquipaya, Cochabamba, que ha descubierto la causa de la abundancia de calvos y homosexuales en Europa y Norteamérica. Se trata del pollo transexual, o sea, transgénico, aquel pollo que cacarea como gallina porque le ponen estrógenos en el forraje.
En el caso de pelones y maricones vegetarianos Evo también ha detectado al culpable: la papa holandesa, fruto de un desgraciado injerto entre la patata alemana y la merluza del Atlántico Norte.
Debo confesar, con toda modestia y sin haber bebido Coca Colla todavía, que lo primero ya lo sabía. Lo segundo, en cambio, ha resultado una verdadera revelación para mí. Hace años, mientras estudiaba en Brabante, conocí a dos holandesas. Me llamó la atención que se bañaban poco y que les encantaban las papas, sobre todo fritas. Además -y ahora entiendo por qué-, cuando se quitaban la ropa, olían a pescado. Gracias, Evo.
Hugo y Evo en la abundancia: ¿dónde comenzamos a aspirar?
En cuanto a la amenaza del pollo transgénico, hay que añadir que existe un antídoto, al menos contra la calvicie, y que está probado de forma estadística: el melón de agua. Gracias a esa fruta no tenemos un calvo gobernando en la Casa Blanca. Por desgracia, contra la mariconería la sandía no funciona tan bien.
Por cierto, Evo igualmente aclaró que, debido a los peligros transgénicos, él sólo come “animales criollos.” En este punto cabe la objeción; puesto que, si bien hay algunas cholitas rústicas por ahí, tampoco es como para llamarlas bestias. Móntelas pues, gran jefe, pero no las insulte.
Para terminar, y ya en plano personal, quisiera manifestar aquí mis esperanzas de que los jamaicanos sigan el ejemplo de los bolivianos, y un día de estos nos despertemos con la noticia de que ha salido al mercado la
Pepsihuana.