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6 may 2010

Las últimas notas perdidas del Diario del Che en Bolivia

Una fría máquina de matar y un técnico de refrigeración.

Octubre 8 de 1967
Escribo estas líneas con tinta de mis entrañas. Hubiera preferido usar sangre, pero el vendaje de la herida resulta impenetrable para mi improvisada pluma, una astilla.

Desde temprano el ejército hizo acto de presencia en lo alto de la quebrada del Yuro. Era evidente que debíamos bajar hacia el Río Grande para escapar. Impartí órdenes de tomar posiciones y esperar hasta que llegara la noche o se fueran los soldados. No se fueron. Por el contrario, comenzaron a descender peinando el cañón. La mañana transcurrió angustiosa. En algún momento del mediodía alguien empezó a disparar. No sé si fueron ellos o nosotros. Los morteros sí eran de ellos. Por fortuna, tuve antes la cautela de dispersar la gente a lo largo y ancho de la pendiente, de manera que los morterazos no alcanzaban a nadie. Ni mis órdenes tampoco.

El caos se apoderó de la quebrada: tiros, carreras, gritos nuestros y comandos de la soldadesca. Mandé que salieran los heridos, y me quedé solo para evitar confusiones. Disparé al azar con la intención de asustar al enemigo, que devolvió el fuego desde su posición invisible y ventajosa, obligándome a retroceder precipitadamente. En eso me encontré con el Chino. Tenía los lentes rotos cubiertos de tierra y se escondía tras una piedra. Lo regañé por no prestar resistencia. Arguyó que su M-2 estaba descompuesto. Se lo cambié por el mío y le ordené disparar, aunque fuese a ciegas, pero después de que yo me alejase. Conseguí dar varios pasos antes de que me alcanzara una bala en la pierna. Me levanté otra vez usando el fusil como muleta. Y me volvió a derribar un disparo. Esta vez le dio a la muleta. Willy apareció en ese instante y me arrastró hacia unos arbustos. Pedí que le gritase al Chino que cesara el fuego. Contestó que el Chino no se veía por ningún lado. Ahí me entró el ataque de asma.

Willy propuso descender según lo planeado. Rechacé la idea por falta de argumentos y dispuse que fuéramos hacia arriba. Con ayuda logré ascender unos 20 metros. Me detuve y le pregunté a Willy si tenía un pañuelo blanco. Respondió que sí, pero que estaba muy sucio y podría infectarme la herida. Le dije que no era para eso. Me lo dio. Estaba literalmente negro y se lo devolví. Entonces aparecieron los soldados. Sólo vimos 4 pero eran muchos. Nos apuntaron de forma muy agresiva. De inmediato les hice saber a quién tenían enfrente. Expuse claramente que dispararme sin permiso les acarrearía graves consecuencias ante sus superiores, y que entregarme exánime depreciaría mi cotización política. Vi en la mirada de Willy la intención de aprovechar el desconcierto de los soldaditos, pero pude disuadirlo con la vista de cometer cualquier imprudencia.

A continuación los guardias nos desarmaron, ataron las manos y ofrecieron asiento en el suelo. También se apropiaron de mis enseres personales y me quitaron los Rolex, todos. Decidí que protestaría contra tal despojo en algún momento apropiado, luego. Llegaron más milicos con dos suboficiales y trayendo al Chino preso. Lucía bastante maltrecho y seguía sin ver nada. Al pasar me pisó una pierna. Los guardias nos insultaron un poco. Los dejé hacer para aliviar las tensiones. Además, un comandante no entra en debate con clases y soldados. No obstante, le pregunté a un sargento si pertenecían a la 4ta o a la 8va división, y si me llevarían a Camiri o a Santa Cruz. No me contestó, sino que mencionó a los 2 hombres de su unidad que cayeron hoy. Los soldados se pusieron muy nerviosos, manoseaban una y otra vez sus armas. Aumenté el volumen del asma para compensar su rencor y canalizar la presión evitándoles impulsos descontrolados. Tras unos minutos se obtuvo algún efecto. Hasta que por fin apareció un teniente para tranquilidad de todos. El oficial se nos acercó y me golpeó en la boca. Pude respirar mejor.

Luego llegó un capitán con un soldado sanitario. Me sequé la sangre de la cara con el hombro y comenté que había estudiado medicina. El enfermero indagó si prefería atenderme yo mismo. Por su gesto percibí que se refería a la herida de la pierna. La había olvidado en medio de las prioridades del momento. Noté que sangraba. De repente también me empezó a doler. Le contesté al sanitario que mejor me curase él. Una vez acabado el curativo, el capitán insistió en fotografiarme. Accedí por mera cortesía. No pidió autógrafo.

Avanzada la tarde salimos rumbo a La Higuera. Dos soldados me servían de apoyo para andar. Por el camino se nos juntaron más soldados conduciendo los cuerpos de Arturo y Olo en sendas mulas. Me preguntaron si quería ir en mula. Contesté que prefería ir a pie. Llegamos al oscurecer.

Nos encerraron en la escuela del pueblo. En aulas separadas. Unicamente a mí me dejaron compañía: Arturo y Olo. No sé qué planes tiene el ejército conmigo. En esta aldea no hay prensa, ni instituciones públicas, ni asociaciones civiles, nada. Entre mayor sea nuestro aislamiento, más peligro habrá. Mañana intentaré contactar al maestro de la escuela, aunque sea.

Por la noche uno de los oficiales vino a verme. Ante mis interrogantes alegó que mañana seguramente llegará alguien del estado mayor y que aún no se sabe que harán conmigo. Le di el teléfono y la clave de Manila, y le prometí que no se arrepentiría. Cuando se iba no pude elucidar de su insegura expresión si lo haría o no.

El militar regresó hace unos minutos. Dijo que consiguió comunicar y que, efectivamente, recibió una oferta, pero que no arriesgaría su carrera por 2000 pesos. ¡Fidel!

Ahora me sobra tinta para escribir.

Esta es la historia de otro fracaso. Al abandonar la guerrilla a su suerte, el PCB ha fallado de forma estrepitosa en su papel de vanguardia. No cabe duda de que han seguido las alevosas instrucciones de Moscú. El pueblo boliviano tampoco ha estado a la altura de las circunstancias históricas. Y Fidel me dejó en la estacada de la revolución continental.

Estoy bien, sereno. Sólo me espanta la suerte de los pueblos sin mí.

12 abr 2010

Navidad Guevariana '66

Diciembre 21 de 1966
[...]
El Loro no acierta una. Salió a hacer las compras para la fiesta de noche buena y se llevó los mapas. Nos vimos obligados a realizar la exploración de hoy prácticamente a ciegas. Como era de esperar, nos perdimos varias veces.

Diciembre 22 de 1966
[...]
El escondite # 3 para la planta de radio se excavó bastante rápido. Por fortuna el suelo se reveló como blando esta vez. Sin embargo, antes de alcanzar la profundidad necesaria apareció una enorme y recia laja que nos cerró el paso. Había dos opciones. Una era meter la planta en el hueco insuficiente y cubrir con un montículo de tierra la parte sobresaliente. La otra era cavar de nuevo más allá. Se escogió la segunda vía. Tres veces, pues la piedra resultó ser inmensa. Sólo el cuarto intento cayó fuera de la fastidiosa laja, pero el suelo allí parecía roca. La pala se desgastó tanto que Olo se la guardó en un bolsillo. Hay que comprar otra para poder continuar.

El Loro mandó a decir que se le perdieron los mapas, pero que se los sabe de memoria. También informó que se le escapó el puerco para la fiesta, aunque cree saber dónde se esconde.

Diciembre 23 de 1966
[...]
Vilo se apareció al mediodía con un nuevo recado del Loro. Dice que el chancho todavía no ha querido abandonar su escondite, que lo está sonsacando poco a poco con cerveza, y que cuando se emborrache seguro sale. Es alucinante. ¿Qué clase de elemento me ha entregado el PCB?

Al atardecer llegó por fin el Loro. Lo acompañaba el puerco, completamente ebrio. El Loro reportó que casi no queda cerveza para mañana, pero que traía 10 botellas de singani. Empecé a echarle su merecida descarga, y el chancho me interrumpió con un gruñido. Respiré profundo, ignorando algunas risas. Volvía a señalarle al Loro su incompetencia, cuando el chancho se entrometió con un grueso eructo. Le di dos tiros. Tuma se acercó y reclamó que debíamos haberlo castrado vivo. El Loro temblaba. Le ordené a Tuma que lo hiciera de inmediato, pues el animal aún respiraba.

Diciembre 24 de 1966
[...]
Llamé al Loro, le di papel y lápiz, y lo mandé a reproducir los mapas que decía saberse. El resultado fue sencillamente indescriptible. Rasgué los papeles en su cara. Empiezo a creer que en el militante boliviano predominan dos características: ineptitud y autosobreestima.

La fiesta estuvo buena, muy fraternal, exceptuando algunos incidentes entre Marcos y Pacho. Detuve a tiempo el jueguito a la ruleta rusa de esos dos, y dejé claro que la hombría se demuestra en el campo de batalla. La embriaguez general no pude impedirla. Pero combatiremos sus secuelas: Mañana habrá trabajo voluntario.

Diciembre 25 de 1966
[...]
Desperté a la gente temprano. Formamos 4 brigadas: dos de exploración y chapeo, una de excavación y la retaguardia, que debe montar su propio campamento. Se sudó de forma copiosa. La pala nueva también se gastó, aunque menos. A la cueva todavía le falta bastante.

Diciembre 26 de 1966
[...]
Hay una invasión de víboras en el Ñancahuazú. Están por todas partes. Autoricé disparar. Resultado: 3 serpientes destrozadas, un rasguño de bala en la pierna de Polo, y las botas de Marcos perforadas por 4 tiros de Pacho. Marcos afirmó que el destrozo fue intencional, puesto que dejó las botas colgadas de un clavo. Pachungo argumentó que vio a una víbora succionando el susodicho clavo. Nunca había escuchado una justificación tan absurda. Ordené que Pacho le entregase sus propias botas a Marcos. No le sirvieron. Marcos les descargó el peine de su M-1 antes de devolverlas. Ahora a los dos se les mojarán los pies. Y los bolivianos mirando estupefactos. Ya es hora de que pierdan el pudor y la inocencia. El revolucionario genuino es un ente de carácter.

La cueva acabó, tanto con la segunda pala como con la paciencia de Alejandro, Rolando y Pombo. Esto no parece Los Andes, sino Las Montañas Rocosas. El Loro salió para Camiri a comprar unas piezas del jeep. Se metió por un atajo que recordaba de antes, y se volcó. Al parecer, lo traicionó la memoria.

Monje está en camino.

[...]

23 nov 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 62



Octubre 6 de 1967
[…]
La noticia de que había agua en una cabaña más adelante nos condujo a la imprudencia. En pleno día nos desplazamos hacia allá. Resultó ser un cobertizo en el fondo de una quebrada, aunque con su propia aguada. Había alguna comida y cocinamos durante horas. Opté por pernoctar aquí. Mañana temprano saldremos bordeando el arroyito.

Hubo una bronca de Chapaco con Olo y Urbano. El boliviano les reclamaba a los dos cubanos por servirse una porción mayor de arroz con calabaza. Olo y Urbano primero lo insultaron, mas luego arguyeron que ellos tenían mayor apetito. Chapaco ripostó que aquí todos somos iguales, sufrimos lo mismo, comemos lo mismo y vestimos lo mismo, hasta el punto de que no se nos puede distinguir al uno del otro. No había pensado en eso. Con nuestro aspecto se nos podría tomar por uno cualquiera de la guerrilla. Sería irresponsable olvidarlo.

Benigno y Pombo vinieron a sugerirme una táctica bielorrusa de dispersión guerrillera para salir de aquí y reagruparnos más tarde. No los dejé acabar. Contesté que, como demostraba nuestra propia experiencia en el Congo, las condiciones objetivas de la insurgencia contemporánea presuponían el desplazamiento integral de la guerrilla incluso en las situaciones más adversas. Sé que no entendieron. Tampoco yo entiendo como un cursito soviético pudo despertar tanta arrogancia en un par de guajiros cubanos. Cuando pase esta etapa tendré que leerles la cartilla sobre la modestia revolucionaria.

Los desertores dieron una entrevista a la prensa. Salió por la radio local. Camba se mostró bastante huraño, como de costumbre. León es un colaborador nato. La radio chilena reportó que el ejército nos ha rodeado con 1.800 efectivos. No especificaron de cuál división.

Octubre 7 de 1967
[…]
Dentro de un mes justo se cumple el año guerrillero en Bolivia. Aún es temprano para hacer un balance, pero no ha sido poca cosa. Hemos evolucionado bastante. Al principio, por ejemplo, me sacaba las garrapatas y hasta las contaba. Hoy la revolución nos impone otras prioridades. Ante todo, salvarnos.

Debemos preparar un comunicado para el 7 de noviembre. Hay que resaltar nuestros logros durante el año y plantear los objetivos para el siguiente. O sea, encontrar algunos logros y resaltar los objetivos. Es decir, definir algún objetivo. En realidad no necesitamos un comunicado. Más bien precisamos comunicación. De cualquier tipo.

Al mediodía llegó una vieja con varias cabras. No fue tan hostil como aquellos perros pastores, mas tampoco inspiraba confianza. Cuando la detuvimos dijo que ella no sabía nada y pidió clemencia para las chivas. Por la tarde Aniceto y Pablo visitaron la choza de la vieja. Tiene una hija paralítica y otra enana. Lógico que quiera tanto a las cabras. Le dimos 50 pesos para que se olvide de nosotros. La vieja agarró el dinero y juró que no nos había visto en toda su vida. No creo que cumpla. Tal vez debimos tomar una chiva de rehén.

La partida fue a las 5 PM. El camino resultó muy difícil y agotador. Dejamos huellas por doquier. A las 2 AM el Chino anunció que no veía absolutamente nada. Tuvimos que detenernos. Mandé a Benigno a contar la gente. Hubo una pequeña alarma, pues sobraba uno. El recuento dio que, por el contrario, faltaba uno. Desistí, estamos extenuados y está demasiado oscuro.

14 nov 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 61

¿Y si a partir de ahora me porto bien...?

Octubre 5 de 1967
[…]
Otro día de sed. Recorrimos el camino del ganado durante más de 2 horas. Luego, al clarear el día, nos metimos en unos matorrales para no ser vistos. Benigno y Pacho registraron toda la zona sin hallar agua. Había una casita con un pozo grande, pero también 6 soldados enormes.

Esta vez prohibí beber orine. No podemos arriesgarnos a dejar un rastro de vómito que guíe al enemigo hasta nosotros. A Chapaco se le decomisó una botella llena. Alegó que era para lavar la loza.

Partimos al caer la noche. La falta de agua hacía estragos. A Eustaquio le dio un ataque de histeria por la sed. No cesaba de llorar y quejarse. Hubo que parar varias veces para hacerlo callar. Daba ganas de asfixiarlo con una almohada. Por fortuna para él, no había ninguna.

Nos detuvimos al amanecer. Benigno se sentía bien, mas su herida estaba supurando un poco. Le hice una cura. A Muganga, que estaba desesperado, le puse otra inyección. En esta ocasión el Moro tuvo una buena reacción. Aunque el lumbago siguió igual, las piernas no se le entumecieron. A Benigno, en cambio, se le desató un violento dolor.

La radio dice que los dos desertores serán usados para inculpar a Debray. A tal efecto los llevaron para Camiri. Definitivamente, Santa Cruz es mejor. Vamos a necesitar mucho material para preparar la defensa. En ningún caso se deberá emular el estilo diletante de Fidel. Ese fatalismo del Munich de los años 20 no es apropiado para nosotros. Necesitamos un concepto enérgico y coherente, compatible con nuestra demanda intelectual. La elocuencia del Berlín de los años 30 estaría bien. ¿Cómo se llamaba aquel camarada búlgaro? ¿Dimítrov? “¡General Ovando, Ud. me teme!” Eso.

[…]

11 nov 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 60

Está todo ahí… Manila, Fidel, Tania, La Paz, Ciro, Buenos Aires, mis veteranos cubanos, el radio, mis medicinas, las minas, Los Andes, la selva, mi mate, el chino de China, el chino peruano, Masetti, Perón, la agenda alemana, los voluntarios del PCB, las armas, la finca, el tabaco, la boina, el mosquitero y mi genio ¡No puede salir mal!

Octubre 3 de 1967

[…]
Dado el fracaso en el cruce del cañón, ordené el retroceso hasta nuestra posición anterior. Envié a Urbano a explorar por delante. Regresó cuando estábamos a medio camino para informar que había espiado a dos campesinos conversando en un trillo. Uno comentaba que había escuchado voces por la noche, incluyendo un grito de “¡Ñato, pedazo de cretino!” Eso me recordó que me enojé al extraviarnos anoche y que era el Ñato quien iba de guía. El otro lugareño contó que su perro pastor se comportó muy raro cuando regresó con las cabras ayer. El animal dio una vuelta alrededor de la letrina y amagó de correr en dirección al cañón como indicando que lo siguieran. Lo repitió varias veces.

Cuando Urbano concluyó su reporte sobre tan absurda plática rural, decidí que era mejor replegarnos otra vez a lo alto del cañón. Eustaquio preguntó si no podíamos buscar agua primero. Denegué el pedido y critiqué la imprudencia. Durante todo el día pasamos una sed horrible. No hubo señales del ejército.

Al caer la noche descendimos procurando agua. Encontramos un charco un poco turbio. Se hizo café en la lata de manteca. Quedó delicioso. Se cocinó harina en la misma lata. Aniceto vino a dar la queja de que Chapaco lava la lata con urea natural. Contesté que un revolucionario no puede ser tan aprensivo, y que la idea era mía para ahorrar agua y matar las bacterias de una vez.

A las 3 de la mañana se inició el movimiento. Saliendo el sol llegamos a una cañada desconocida. Está seca y llena de pisadas de botas militares.

La radio confirmó la captura de los 2 guerrilleros desaparecidos. León declaró que había desertado para acogerse a la amnistía. Menudo héroe nos salió el dibujante. Inopinadamente, Camba mostró alguna entereza y reconoció ser un combatiente subversivo. Ambos revelaron información sobre mi presencia, mis enfermedades y las diversas calamidades de la guerrilla. Camba hasta dio testimonio sobre supuestas deficiencias mías como dentista.

Octubre 4 de 1967
[…]
Bajamos por la cañada hacia otra convergente e igual de seca, la cual recorrimos un buen rato hasta que el sol se volvió demasiado intenso. Era casi mediodía. Dispuse un descanso de 3 horas, y mandé a Inti, Ñato y Urbano a explorar el curso superior. Me disponía a conversar con Willy como medida preventiva, pero no lo encontré. Decidí no alarmar a la gente. Ya se verá luego si ha desertado o no.

Arrancamos a las 3 y antes de las 4 habíamos alcanzado a los exploradores, que ya venían de regreso. Eran Inti, Ñato, Urbano y Willy. Al último no recuerdo haberlo enviado. Tendré que observarlo de cerca. El resultado de la exploración fue negativo. No había agua en toda la quebrada. Salimos por un camino para reses. Nos detuvimos por culpa de la oscuridad antes de las 8. Ordené una pausa hasta las 3 AM.

La radio trajo hoy una interesante información. Se conjetura que si me captura la 4ta división del ejército, acantonada en Lagunillas, se me juzgará en Camiri. En cambio, si me atrapa la 8va división, se me hará el proceso en Santa Cruz.

Obviamente que Santa Cruz es una opción superior. Allí se dispone de mejor acceso para prensa y simpatizantes. También hay cierta infraestructura, así como los medios necesarios para la comunicación internacional.

Lo cierto es que el libro de la revolución suele tener un prólogo penitenciario, o al menos judicial. Es casi un axioma. Si bien, como ya demostró Mao, es posible saltar etapas, una estrategia que no debemos perder de vista. No obstante, ahora tenemos la prioridad táctica de eludir Lagunillas.

[…]

2 nov 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 59

La infinita capacidad guevariana para gravitar sobre el excremento o en su inmediata vecindad.

Octubre 1 de 1967

[…]
Día de paz. Permanecimos ocultos desde el amanecer. La larga marcha no nos llevó muy lejos. Desde el nuevo escondite aún se divisaba la casita. Los 40 soldados abandonaron el sitio sin notar nuestra presencia. Para tal caso les tenía preparada una buena sorpresa: nuestra retirada intempestiva por un trillo que había detrás. Al irse, la soldadesca se entretuvo disparando a diestra y siniestra. Willy estuvo a punto de rendirse. Chapaco, en cambio, apenas escarbó un rato con las uñas.

Las cabañas de arriba lucían abandonadas. Por la tarde mandé a Urbano a revisarlas en busca de comida. En la primera encontró un poco de harina de maíz. En la segunda había media lata de manteca. En la tercera 5 soldados dormían la siesta. Urbano se apartó con discreción. Tuvo suerte, a los pocos minutos despertaron los guardias. Luego partieron sin rumbo preciso.

Chapaco se encargó de hacer frituritas de maíz. Benigno ablandó la carne seca de reserva. Las frituras tenían un sabor terroso, pero llenaron nuestras barrigas perfectamente. La carne nos dio fuerza para continuar la huida. No obstante, de momento nos quedaremos aquí, es más seguro.

El Chino vino a plantearme su situación con miopía, hipermetropía, astigmatismo, presbicia prematura, queratocono, daltonismo, catarata y ceguera parcial de un ojo. Explicó que, además, sus gafas tenían un cristal rajado y el otro rayado. Al final pidió permiso para visitar una óptica en la primera oportunidad. Lo autoricé, aunque más bien necesita un trasplante doble. Después la conversación se extendió hacia otros temas. Me alteré un tanto cuando el Chino preguntó sobre las opciones del ELN como partido político si se amplía la amnistía del gobierno. Para demostrarle el destino de la revolución social si nos amoldamos al juego electoral de la burguesía, partí en dos el gajo que tenía en la mano y arrojé las mitades con un gesto brusco. Entonces el Chino comenzó a llorar con mucho sentimiento. Me alegró haber sido tan convincente. Tras unos minutos le dije que parara, que no era para tanto, que seguiríamos nuestra lucha guerrillera. El peruano me contestó que no lloraba por la revolución, sino porque le acababa de quebrar los lentes. Tuve que ayudarlo a buscar por el suelo, pues el hombre no veía nada.

La radio sigue en porcentaje 0 + 100: 0 de noticias, 100 de huayño.

Octubre 2 de 1967
[…]
El incidente con los chivos y los perros pastores fue bastante engorroso. Al mediodía un rebaño de cabras atravesó nuestra área guiado sólo por 4 perros. De inmediato se levantó una comisión para asegurar el chilindrón. Sin embargo, los 4 canes se comportaron agresivos, ladrando, mostrando los colmillos y cerrando filas entre los chivitos y nuestra gente. Chapaco, que está de cocinero esta semana, fue el primero en retroceder. Olo, por el contrario, dio otro paso al frente, pero el perro jefe le lanzó una dentellada de inmediato. Olo, Pombo y Urbano querían disparar. Benigno los contuvo con la advertencia de que los tiros nos delatarían al ejército. Hubo que dejar pasar a los chivos con sus perros guardianes. El último perro, el gruñón que amenazó a Olo, levantó la pata y orinó en mitad de la vereda antes de largarse.

No dije nada. Sé que, aquí y ahora, si hubiera gallinas, nos negarían los huevos. En vista de eso, y sin vista del ejército, a las 6 de la tarde ordené descender en forma diagonal para cruzar el cañón. Nos perdimos. Pasamos la noche en lo más alto del cañón, a pesar de que el trayecto fue todo el tiempo bajando. De no ser por el frío, el hambre y la sed, habría imperado el desconcierto.

[…]

31 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 58

En la repartición de trofeos el soldado Graciano Taypa Chikhi tuvo poca suerte. Le tocaron los calzoncillos del Che. Y no había tales, sino material orgánico seco.

Septiembre 29 de 1967

[…]
Ya van 3 días de intenso nerviosismo. Lástima que no se pueda fumar. El hambre ni se siente. Menos mal, porque los mulos se llevaron casi todo. Sigo estreñido, lo cual resulta práctico en estas circunstancias. Es extraño, hasta ahora siempre había sido lo contrario. Durante el día pequeños grupos de soldados y campesinos pasaron llevando mulos con y sin carga. De noche no aparecen. No obstante, a los que roncan se les puso mordaza. La mía es doble por el asma.

Seguimos vigilando la casita. La tentación de escapar por ahí es muy grande. Si no fuera por los soldados, que salen y entran, ya lo habríamos intentado. De noche sería más fácil, sin duda, pero están los perros. Ya se ha visto en otras ocasiones que los canes acá reaccionan muy sensibles ante el olor fuerte.

Chapaco tiembla menos. Willy, en cambio, ha empezado a temblequear. Olo y Pombo no se hablan. Benigno está mejorando. Inti se ha recompuesto bastante. La radio enmudeció respecto al ELN. Da la impresión de que lo hacen a propósito, para crearnos aún más incertidumbre. Radio Santa Cruz no para de poner huayños. Quieren provocarnos para que delatemos nuestra posición gritando. Es la guerra sicológica en su versión más descarnada.

Septiembre 30 de 1967
[…]
Por fin hubo noticias. La radio chilena anunció hoy temprano que me encuentro agazapado en un rincón de la selva rodeado por el ejército boliviano. Son malas noticias.

Decidí desmentir a la radio, y ordené descender a gachas para salir por la vía de la cabaña. Empezamos a bajar a las 11 AM. Ibamos despacio. Es complicado moverse en cuclillas loma abajo. En especial para Muganga con su lumbago. Y peor fue subir de igual manera, luego de que a las 12 se apareciera el ejército con 40 efectivos en la casita. Después de ésta creo que el Moro ha quedado baldado de forma permanente. Una vez alcanzada nuestra ubicación original mandé a Inti y Willy cañón arriba en busca de la apremiante salida.

Al anochecer los exploradores regresaron con buenas nuevas. Hay un escape por arriba. Se puede llegar incluso hasta el Río Grande. Salimos antes de medianoche. Fue una caminata penosa, subiendo muy lentos por culpa del Chino, que tiene que ir a gatas de noche.

Resumen del mes
[…]
En total hubo 3 enfrentamientos con el ejército: El 2, Pombo y el Chino contra un soldado y un caballo cojo. El 6, Urbano, Miguel y otros 8 hombres contra una patrulla militar. El 26, la emboscada de La Higuera. Todo iba bien hasta que nos sorprendieron ese día. 5 bajas de una vez es mucho. O incluso 4, pues Camba era un verdadero desperdicio.

Los muertos del enemigo fueron menos: el caballo cojo y un soldado, éste sin confirmar.

Perdimos las mulas con el excedente de comida que acumulamos en Alto Seco. El que más lo ha sentido es Muganga. No pienso utilizar más animales de carga. A no ser que regrese el asma.

Por lo visto, el grupo de Joaquín ha sido golpeado con cierta severidad. La euforia del gobierno hay que tomarla con reserva. Lo más probable es que algunos hayan caído y que el resto esté escondido como nosotros.

Las únicas diferencias con el mes anterior son las siguientes: se han multiplicado nuestras bajas, se ha estrechado el asedio alrededor nuestro y el ejército se ha vuelto eficaz y contundente. El resto sigue igual: permanecemos aislados, el campesinado es hostil, la moral anda por el suelo y no hay contacto con Joaquín. Lo último va tomando carácter definitivo.

Los objetivos de octubre son: escondernos mejor, romper el cerco y emigrar a otra región de Bolivia o del continente.

La buena noticia del mes es la salida de Camba, aunque su inestable lugar ha sido ocupado por Willy. Tanto él como Chapaco podrían intentar huir o entregarse en los próximos días.

[…]

29 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 57

Del pensamiento guevariano: A la pobre Aleidita la tuve que enseñar a fumar para congraciarme con Fidel... Necesito urgentemente mi propia revolución...

Septiembre 28 de 1967

[…]
Estos momentos de ansiedad y zozobra marcan un hito en el desarrollo emocional de la guerrilla. Cada uno de nosotros ha visto temblar hoy a 16 de los 17 combatientes. Resultó un poco desalentador. Lo bueno es que acá no tenemos espejos. Podría ser desmoralizante.

El primer susto fue menos grave. Sólo se orinaron Chapaco y el Chino. Aunque creo que lo de Chapaco fue algo más. Eran como las 10 de la mañana cuando pasaron 46 soldados encima de nuestros escondites. Iban extremadamente despacio y escudriñando los matorrales. Era como si quisieran mortificarnos. Demoraron una eternidad en desaparecer. Todo ese tiempo a Chapaco hubo que sujetarle la mano, aferrada a la cuchara y queriendo cavar. Primero fue Olo, luego entre Olo y Pombo.

La segunda alarma culminó en franco terror. Al mediodía llegaron 77 guardias. Desfilaban con exacerbada lentitud a escasa distancia de nosotros, y el forcejeo por la cuchara de Chapaco se volvió patético. Se hizo evidente que, si no lo soltaban, Chapaco iba a gritar. Entonces Olo perdió en control. Desenfundó la pistola y se la colocó a Chapaco en la sien. Se nos heló la sangre en las venas. Por un segundo creí llegado el fin del ELN. Comprendí que tenía que hacer algo, y me arrastré como pude. Sin embargo, no logré alejarme lo suficiente. Pude así ver como Pombo mantenía la sangre fría para buscar una solución. Tras pedir calma por señas a Olo y Chapaco, Pombo se sacó una bota, se quitó la media y se la puso a la cuchara como silenciador. Luego, muy despacio, fue apartando el arma de Olo de la cabeza de Chapaco. Y ahí fue que se escapó el tiro.

El disparo tuvo un efecto pavoroso. Incluso Chapaco se paralizó, tras repetir la excreción. En lo alto los soldados entraron en zafarrancho y se desplegaron con el arma en ristre. El jefe dio la orden de descender la quebrada. Estábamos perdidos. Ante un ataque desde arriba no teníamos escape. Vi clara envidia tras el desespero de varios pares de ojos que fijaban la chuchara de Chapaco. Pero ya era inútil cavar. Encogerse era la única opción. Habría que considerar, una vez que pase esta fase, las ventajas de una guerrilla de enanos. ¿Será ese acaso el secreto del Vietcong? De súbito el soldado radista se acercó al oficial y le pasó los auriculares. Al parecer, un superior exigía que apurasen la marcha. Eso nos salvó.

Se le incautó la cuchara a Chapaco. La dejé con la media.

Por la noche la radio anunció mi muerte. Pensé que me irritaría, pero no fue así. Más bien lo contrario. Poco duró el alivio. Antes de medianoche corrigieron la noticia, diciendo que únicamente me tienen cercado. Eso sugiere que de momento el acoso no cesará.

[…]

17 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 56

Trendchetter
Septiembre 27 de 1967
[…]
Hasta las 4 de la mañana intentamos dormir. A esa hora Inti propuso contraatacar y reconquistar La Higuera. Es obvio que está sobremotivado debido a la muerte de su hermano. No acepté perpetrar semejante acto de revanchismo. No menos de 300 rangers nos estarían esperando. Ordené continuar la subida. No había forma. Envié de exploración a los más prescindibles: Eustaquio, Aniceto y Chapaco. Inti pidió ir con ellos. Le dije que no. Probablemente le dispararía al primer soldado que viese. Tras unas 2 horas retornaron los exploradores con la noticia de que se podía subir por un costado. Trepamos y nos agazapamos entre unos arbustos. El planteamiento táctico está claro: Esperar a que el ejército se canse y se vaya.

Descubrimos un trillo que baja de la loma pasando junto a una casita. Era la salida que necesitábamos. Vi a la gente cobrar ánimo. Sólo había que aguardar a la noche. Sin embargo, por la tarde llegó un pelotón de soldados y se acomodó en la cabaña. Un campesino salió del rancho con un soldado. Comenzaron a ascender la pendiente en dirección nuestra. Eso provocó una gran crispación en la tropa. Ordené no disparar bajo ninguna circunstancia. Inti desenvainó un machete y comenzó a deslizarse hacia abajo. Chapaco sacó una cuchara y empezó a cavar una trinchera. Tuve el impulso de acribillarlos a ambos. No lo hice por no contrariar mi propia orden.

Afortunadamente, el campesino y el guardia se detuvieron a mitad de la loma. A recaudo de las miradas del resto de los soldados, aunque no de las nuestras, los dos se pusieron a jugar de manos en una perturbadora escena. Inti regresó de inmediato arrastrando el machete. Chapaco soltó la cuchara. Decidí no comentar nada en ese momento, pero tengo la convicción –y no es nueva– de que las UMAP bolivianas van a ser muy numerosas.

Escuchamos disparos en la colina vecina, y luego voces conminando a un fugitivo a entregarse. Debió ser Camba. Parece que se tomó al pie de la letra lo que le prometimos anteayer y se largó por su cuenta en La Higuera. Para nosotros es un beneficio. Las otras bajas, en cambio, dejan pérdida de forma bastante clara.

Coco Peredo fue el mejor cuadro del ELN durante esta primera etapa, el candidato a vanguardia del año. Tenía un gran futuro. Como revolucionario preparado y combativo estaba destinado a altas funciones de gobierno, inalcanzables para un labriego indígena o un peón cocalero.

Miguel era un soldado a toda prueba. Se llamaba Manuel Hernández y venía del batey de Santa Rita. Le pusimos Miguel por analogía con su tocayo poeta, puesto que de niño el bardo español pastaba cabras y a esa edad Manuel ya era un cabrón. En su última noche se durmió sin colocar postas, y nada sucedió. En su último día lo mandé a una fiesta, y murió. Analizaré esa paradoja en otra oportunidad.

Pocholo al principió sólo se destacaba por el olor de los pies. No obstante, se supo integrar perfectamente. Después de un tiempo todos olíamos igual que él. Llegó a ser un buen combatiente.

León sabía dibujar. Al comienzo, como era de esperar, no disponía de suficiente madurez ideológica. Durante los primeros días toleré su manía de pintar comics. Hasta que me dibujó vestido de supermán. Lo castigué a pintar 10 Lenin, 10 Stalin, 10 Mao, 5 Kim Il Sung, 5 Ho Chi Minh y 1 Fidel. No cumplió por completo el castigo porque no conocía la apariencia de todos los líderes. Lo acepté. Si Fidel ve el retrato que le hizo, lo manda a fusilar.

La radio anunció que fuimos golpeados por una compañía del ejército, la cual nos sorprendió en pleno día deambulando de fiesta en fiesta. Se mencionan 3 muertos, pero ningún prisionero. La unidad de rangers se denomina Galindo. Lo apunté. Si el pueblo lo exige, tras la victoria recibirán el trato que merecen.

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15 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 55


Ya lo decía el presidente Ramón Grau San Martín: la cubanidad es amor.

Septiembre 26 de 1967

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Ha sido una jornada nefasta para la revolución. Debí sospechar cuando alcanzamos Picacho y nos encontramos con un verdadero carnaval. En aquel villorrio a 2,300 m de altura había una fiesta popular andando desde la noche anterior, y nadie pareció asustarse con nuestra llegada. La mujer del corregidor nos ofreció singani, aduciendo que era bueno contra el soroche. A Pacho y Pombo les brillaban los ojos, mas rechacé el aguardiente. Algunos hombres, sobre todo Chapaco, el Ñato, Willy y Pablito comenzaron a moverse al ritmo de un huayño titulado Corazón de Piedra. Avisé en voz alta que la pausa era sólo para beber agua y descansar unos minutos.

Pablito se acercó a Inti e intercambiaron algunas frases. Luego Inti vino a sugerirme que celebrar con los lugareños supondría ganar muchas simpatías, y que tal vez podríamos quedarnos a bailar waca waca más tarde. Me irritó bastante, pero me limité a aclarar que teníamos prisa por llegar a La Higuera. Inti volvió a insistir, añadiendo que Pablito se había ofrecido para enseñarme unos pasillos de huayño. Me encolerizó. Estuve a punto de gritarle un improperio. Sin embargo, me contuve y le expliqué, no sin cierta aspereza, que la danza era un vano escape a la dura realidad del pueblo, una manifestación de desidia poco revolucionaria y, por lo demás, una actividad física absurda. Inti asintió con expresión muy seria. No fue necesario mencionar que en mi primera y única clase de tango me torcí un tobillo, lo que me impidió jugar rugby por todo un mes. Poco después me levanté y ordené la salida. Pude comprobar con satisfacción que todos los combatientes se pusieron en marcha sin chistar. En el Congo era diferente. En cuanto sonaba un tambor se nos fastidiaba la guerra.

Antes del mediodía llegamos a La Higuera. Estaba desierta. Apenas tropezamos con unas pocas viejas. Nos dijeron que todos los vecinos se habían ido para Jagüey, porque había fiesta. Mandé a Coco a revisar el puesto de correos. Volvió con tres telegramas de interés. El primero anunciaba que habría serenata taquirari y banquete en la fiesta de Jagüey. El segundo avisaba de que la guerrilla había sido vista en la zona. El tercero era de hoy por la mañana y recomendaba que todos los habitantes saliesen de inmediato para Jagüey. Sin duda que aquella fiesta sí era a lo grande. Coco descubrió asimismo un teléfono, aunque la línea sólo comunicaba con Jagüey y nadie atendía por culpa del guateque.

Decidí enviar a la vanguardia hasta Jagüey. Miguel me preguntó qué debía hacer al llegar a la verbena. Le dije que decidiese según lo que viese. Partieron a la 1:00 pm. A la 1:10 apareció el Ñato con un prisionero. Era un viejo que encontró escondido en una casa. El hombre permanecía encorvado y temeroso. En los siguientes 15 minutos pidió permiso 4 veces para ir al baño, 3 veces para ir a apagar un horno que dejó encendido, 2 veces para ir a ponerse una ropa más abrigada, y otras 2 veces para ir a dar comida a las gallinas. A la 1:15 llegó un vendedor de coca con una mula. Contó que venía de Valle Grande, vía Pucará, y que no había visto soldados en todo el trayecto. También lucía muy amedrentado ante nuestra presencia. Aprovechó una de las solicitudes del viejo para anunciar que también necesitaba ir al baño. A la 1:25 los autoricé a los dos. Se precipitaron por la calle polvorienta. Me sorprendió la agilidad del anciano. Trotaba a la par del mercader en su mula. A la 1:28 los perdí de vista. Y a la 1:30 comenzó a caer una lluvia de tiros.

Nos atacaban desde todas partes. Formé una línea defensiva. Lo curioso es que no estaba claro para dónde disparar. La tropa apuntaba de forma aleatoria. Mandé a suspender el fuego cuando un disparo de Willy le dio a mi mochila. Poco a poco me fue abordando una idea sagaz: El ataque era apenas una distracción del enemigo para concentrar su embestida sobre la gente de Miguel, en el camino a Jagüey. Me dispuse a aguardar por los sobrevivientes. Al final, los hechos me dieron la razón. El primero que apareció fue Benigno con una herida leve. Más tarde llegó Aniceto con Pablito herido en un pie. Da la impresión de que no podrá bailar por un buen tiempo. El resto: Miguel, Coco y Pocholo muertos, Camba desaparecido. De inmediato salimos velozmente por el camino a Río Grande. Las balas enemigas venían detrás. Inti se retrasó con su gente. Nos escondimos para esperarlos. Mas nos seguían disparando cada vez más cerca, por lo que resolvimos abandonarlos. Arrancamos a toda carrera. Y en ese instante Inti nos sobrepasó.

Nos reagrupamos algo más lejos, comprobando que también León desapareció. Antes se había visto a alguien corriendo abajo por el cañón. Debió ser León. Enviamos igualmente las mulas hacia abajo por el cañón para completar el rastro de León y engañar al ejército. Nosotros subimos. No conseguimos llegar muy arriba, mas ahora tampoco podemos bajar.

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13 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 54

Por supuesto, no habrá represalias contra los oficiales del ejército. Hasta que depongan las armas.

Septiembre 23 de 1967

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Santa Elena resultó ser un lugar hermoso, podría denominarse idílico. Me recordó los jardines de Tucumán, aunque aquí nadie nos dispara por coger las naranjas. Muy dulces, por cierto, un verdadero deleite. El descanso también era necesario, pues salimos muy cargados de Alto Seco. Comimos opíparamente para disminuir el peso de la comida. Benigno preparó un guiso maravilloso. Me atraqué como un animal.

Me desperté a medianoche con un empacho soberbio. No conseguí vomitar.

A las 2 partimos para el chaco de Loma Larga. Se suponía con ganado. Parece que no comimos suficiente, puesto que la tropa seguía agobiada por la carga de provisiones. Amanecía cuando arribamos a nuestro objetivo. Enseguida vino Benigno a preguntarme si debía preparar desayuno. Por respuesta solté de un golpe toda la comida de Santa Elena.

Septiembre 24 de 1967
[…]
Al vernos, los pobladores de Loma Larga se dieron a la fuga sin remilgos. La tropa estaba muy cansada para impedirlo. No obstante, entre espasmos biliares ordené intentar darles alcance. Fue un esfuerzo inútil.

Finalmente, en medio de las náuseas vi venir a Miguel con un campesino y un cerdo atado a una cuerda. El hombre cojeaba de la pierna derecha y se llamaba Sóstenos. El puerco era tuerto y respondía al curioso nombre de Colirio. Pagamos 80 pesos por el chancho. Me pareció adecuado sentar un precedente de generosidad revolucionaria. Otro más.

La gente lucía realmente extenuada de la larga marcha con tanto peso. Yo, además, me pasé todo el día vomitando hiel con el hígado descompuesto. Se preparó Colirio con cebollas. Lo probé y me hizo llorar. Las convulsiones eran tan fuertes que creí incluso haber expulsado algún órgano. Por suerte, fue sólo un pedazo de carne.

Un incipiente ataque de asma también demostró ser falso, una vez que vacié mis vías respiratorias. Responsabilicé a Miguel con la organización de las postas.

Espero que mañana nos vaya mejor en Pujio.

Septiembre 25 de 1967
[…]
Entramos en Pujio sin ninguna sorpresa. La población huyó en masa, como es habitual. Soltamos al cojo con otros 20 pesos. Se internó en el monte renqueando tras la gente. Media hora más tarde los campesinos fueron reapareciendo poco a poco. Todos los fugitivos de Loma Larga se encontraban acá.

La información que obtuvimos es que no hay soldados a menos de tres días de marcha a la redonda. De manera que se nos acabará el mes sin poder enfrentar de nuevo al enemigo. Después nos contaron que dos horas antes de llegar nosotros se había marchado de Pujio un policía. Era de Chuquisaca y vino a buscar a un tal Olegario porque le debía dinero al corregidor de Serrano. Fue precisamente Olegario quien previno al carabinero de que la guerrilla venía subiendo desde Alto Seco y que debían apurarse.

Seguimos el avance hasta Tranca Mayo. La mula de Muganga intentó dos veces evadirse. Advertí al Moro de que no podía dormirse sobre los estribos. Los animales ya han desertado con provisiones, municiones y armas, pero todavía no se han llevado a un combatiente. Fui con Inti a ver a Camba, que no para de repetir que necesita la baja por motivos de salud, familia y trabajo. Acordamos que iría con nosotros hasta La Higuera y que desde allí seguiría por su cuenta.

Ovando declaró en la radio que me agarrará en cualquier momento. Eso es una falacia. El sabe bien que sería un momento muy especial.

Dispuse dormir en Tranca. El sitio era bastante duro y molesto, pero el cansancio pudo más. Nos acostamos justo al borde del camino. Desperté con una urgencia, para descubrir que no había nadie de posta. Miguel está cada vez más negligente. Fui a llamarlo, mas dormía con el arma levantada y temí que me disparase por reflejo. La descarga será en otro momento.

Mañana salimos para Picacho.

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11 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 53

¡Pará, pibe, claro que no voy a fusilar a tu viejo por una pavada! Es por hablar mal de la revolución.

[Pinchar para agrandar una imagen desconocida de la célebre alimaña.]

Septiembre 21 de 1967

[…]
Caminamos 6 horas sin ver reses ni gentes. Sobre las 9 aparecieron 2 arrieros. Informaron que faltaban 2 leguas para Alto Seco, pero que había un caserío bajando la próxima cresta. Me alarmó nuestra lentitud: 2 leguas en más de 6 horas. Ni con una epidemia de lumbago.

En Piraymiri nos recibieron con cierta reserva. Tuvimos que insistir golpeando puertas y ventanas para que abrieran. En dos cabañas conseguimos medio morral de maíz y una docena de papas. En las otras dijeron que no tenían nada. Nos recomendaron visitar mejor el rancho del alcalde más abajo. Allá fuimos, para que nos invitara a almorzar. El mandatario local dijo llamarse Cipriano. Tenía 3 gallinas, harina y algo de manteca. Nos instalamos en su casa.

Por la noche, cuando nos íbamos, el alcalde afirmó que para las próximas elecciones comunales ya no iba a postularse. Antes de salir rumbo a Alto Seco exigí mejorar el rendimiento del día anterior. Se cumplió: 2 leguas en menos de 6 horas.

Septiembre 22 de 1967
[…]
Alcanzamos Alto Seco al amanecer. Fuimos directo a casa del alcalde para desayunar. No lo encontramos. Se había ido ayer para Valle Grande a denunciar nuestra presencia en la zona. Le incautamos una tiendecita que tenía, así como la despensa de su casa. La mujer del alcalde se comportó dramática en exceso. Comenzó a llorar y a pedir, por el amor de Dios, que le dejásemos sustento para sus 4 hijos. Le dije que no fuera ridícula, que yo también tenía 4 hijos y no andaba por ahí llorando comida para alimentarlos. Estuvo gimoteando toda la mañana. Al final cedí ante tanto llanto y ordené mudarnos para otro rancho. Nos llevamos la comida.

Mandé a recoger más provisiones por las casas, pues hay unas 50 familias en la aldea. Se acumuló una buena cantidad.

Por la tarde emboscamos la camioneta de Villa Grande. No vino. Tuve ganas de quemarle la casa al alcalde. Desistí. Habría que aguantar a la mujer gritando.

Para la noche anunciamos una conferencia popular del ELN en la escuela. Se presentaron 15 personas. Inti expuso los objetivos de la revolución durante hora y media. Al final, la única mano levantada era la del viejo maestro. Quería saber si combatiríamos dentro de los pueblos. Inti respondió que no, por supuesto que no. El malicioso maestro preguntó entonces si pondríamos bombas y organizaríamos atentados en los pueblos. Inti volvió a decir que no, obvio que no. El sujeto insistió con que si nos apropiaríamos de bienes y alimentos en los pueblos. Se le aclaró que no, que eso era muy improbable. El intrigante intentó preguntar otra cosa, pero Coco y Ñato lo invitaron a charlar afuera y se lo llevaron. Nadie quiso incorporarse a la guerrilla. Mao me dijo una vez que la primera tarea de la revolución era preparar nuevos maestros; y la segunda, internar a los viejos. El chino se equivocó, aunque por poco, es al revés.

Barrientos y Ovando anunciaron a la prensa que el grupo de Joaquín está completamente liquidado. En un alarde de pedantería mostraron la documentación capturada y revelaron la identidad de los muertos. Igual erraron en algunos nombres, mas esta vez creo que es cierto. El fallo fue escoger a Joaquín de jefe. Demasiado indeciso e inepto. Más bien inepto. Sobre todo indeciso. E inepto. En todo caso inapropiado para el puesto.

Arrancamos a la 1 AM en dirección a Santa Elena.

[…]

10 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 52

¡No me importa, ahora pertenece a la Revolución! Y si Bartolo protesta otra vez, ¡fusílenlo!

Septiembre 19 de 1967
[…]
Otra situación penosa se dio esta mañana. La burrita de uno de los campesinos no aparecía. Por más que lo amenazamos, el hombre se negó a abandonarla. Hubo que posponer la partida para buscar la bestia. Apareció después de una hora. Estaba amarrada a un arbusto y había sido abusada. El dueño la trajo hasta mí para quejarse. Un sospechoso silencio en la tropa me confirmó la veracidad de la demanda. Y en verdad era bonita la burrita. Solté una descarga de las grandes. Los llamé insanos criminales, y pregunté cómo era posible que me hubieran hecho perder una hora sabiendo casi todos dónde estaba la burra.

Por el camino atrapamos otros tres paisanos. Se supo por ellos de una finca con caña de azúcar a un par de leguas de distancia. Muganga y los 10 prisioneros relentizaron nuestro avance, hasta el punto de que sólo se alcanzó el chaco cañero de noche. Se ocupó un puerco, y se preparó una buena cantidad de jugo de caña.

Inti no fue demasiado receptivo con la crítica. Le recriminé que se comiera las raciones de los sancionados en numerosas ocasiones. Dijo que lo hacía para garantizar el cumplimiento del castigo. No acepté esa razón. A regañadientes me prometió una autocrítica pública cuando no hubiera nadie presente.

Hoy no escribo más porque se me acabó la tinta.

Septiembre 20 de 1967
[…]
Día particularmente inútil. Entre una cosa y otra la salida se retrasó hasta las 5 de la tarde. La noche nos sorprendió en pleno ascenso. La oscuridad era muy densa y, para colmo, se me apagó el mechón. No nos perdimos gracias a Aladino y su lámpara. Ordené andar en fila y de la mano. Llegamos poco antes de medianoche a la pulpería. No había otra cosa que cigarros, algunas herraduras y dos libras de cebolla. De ropa y calzado nada. Las herraduras eran muy grandes. Nos llevamos lo demás. Aladino guardó la burra en la casa. Dispuse descansar hasta las 3 AM para salir luego hacia Alto Seco, que está a 4 leguas.

También se ocupó la cabaña aledaña, donde vive Vargas, el corregidor del lugar. Hallamos un teléfono, pero estaba roto desde 1964. No obstante, vi por fin nuestra oportunidad de llamar a La Paz, La Habana, Buenos Aires o, incluso, París. Fui a buscar la libreta con los números mientras Moro, Urbano y Benigno reparaban el aparato. Lo lograron tras dos horas de trabajo. Seguía sin funcionar. Entonces Vargas comentó que el tendido de la línea telefónica a Valle Grande se cayó el año pasado.

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9 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 51

Alianza de Incivilizaciones
Septiembre 17 de 1967
[…]
El cumpleaños de Pablito se celebró con arroz y carne asada. Sus 22 añitos lo hacen el benjamín del ELN. Es el único imberbe de la tropa. Esa juventud condiciona su inexperiencia. Cuando se incorporó a la guerrilla nunca había montado en un avión, ni en un tren, ni en una novia. Sin embargo, la revolución le ha dado la oportunidad de montar en balsa varias veces. Y tendrá más, pues mañana debemos seguir con la misma táctica de desplazamiento en zigzag sobre el río.

Aproveché el descanso para ejercer como dentista. A Arturo le saqué una muela. A Chapaco, dos piezas. Parece que del mismo diente.

La radio nos ignora olímpicamente. La captura de Loyola Guzmán supone el fin de nuestra red urbana. Ya funcionaba al 50% desde que Tania se quedó trabada en la guerrilla. La baja de Loyola también significa la desaparición nominal del sexo femenino en el ELN. Es una situación similar a la que teníamos en el Congo. Descontando todas aquellas prostitutas de Tanganika.

Septiembre 18 de 1967
[…]
El día comenzó con otra escena de Chapaco. En esta ocasión la agarró con Arturo, a quién inculpó de hurtar 15 balas de su canana en horas de la noche. Arturo respondió de forma grosera. Un cubano sugirió que Arturo le devolviera al menos tres o cuatro tiros. Creo que fue Olo. Ningún boliviano reaccionó a favor de Chapaco. El fenómeno de la indiferencia nacional sólo se da con este alevoso cretino.

Salimos a las 7. Miguel reportó la vecindad de 4 campesinos cabalgando sus burros. Fueron capturados. Los prisioneros informaron de la presencia de otro lugareño, llamado Aladino, pescando más arriba. Envié a Benigno. Retornó anuciando que había hablado con el tal Aladino, su mujer y un cuñado. Le pregunté dónde estaban. Con pasmosa calma Benigno contestó que los tres se habían ido. Me dio un ataque de rabia. Lo llamé de animal para arriba. Benigno lloraba a moco tendido. Me serené, y le dije que era un inepto tarado y que si nos mataban a todos sería su culpa. En lugar de reaccionar e intentar reparar su error, Benigno lloró aún más sentido. Quería mandarlo tras Aladino, mas, como la iniciativa no partía de él, me limité a explicarle la fatal traición que acababa de cometer dejando ir a un posible delator. Doblado en el suelo, Benigno gemía mordiendo la gorra empapada en llanto. En eso llegaron Miguel y el Ñato arrastrando al susodicho Aladino y compañía.

El sujeto negó que pretendiese delatarnos. Es propietario de una pulpería y resultó muy difícil sacarle una rabaja, algo típico de su clase social. Al final conseguimos un 50% para la comida y 25% para el resto de la mercancía. Ya veremos mañana lo que tiene en la tienda. El pescado se le decomisó por no tener licencia del ELN para pescar en zona de insurgencia.

La baja del día fue la mula negra. Poco antes de llegar al primer cruce del río rebuznó y se arrojó por un barranco.

La radio reporta que Loyola se suicidó dos veces en La Paz. Sobrevivió también en forma doble. Luego declaró que intentó matarse ya que temía represalias de parte nuestra por lo que ella pensaba contar al ejército. Hay efectos de la altitud, como este delirio andino, que ni yo mismo entiendo.

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6 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 50

¡Pachemama, ayúdame a consumar el socialismo cocalero!

Septiembre 14 de 1967
[…]
La marcha comenzó temprano para la vanguardia, reforzada por el Ñato. En una hábil estrategia destinada a eludir las farallas debían avanzar por el borde del río hasta donde fuese posible, para luego construir una balsa y avisarnos. La retaguardia se acomodó en una emboscada de cobertura. Los del centro partiríamos tan pronto se recibiera la señal de la vanguardia. No se recibió ninguna, de manera que hacia mitad de la tarde ordené la partida. La mula no entendió la orden. Se negó a moverse portando mi peso sobre la pedregosa ribera. Sólo arrancó cuando me bajé. Se la entregué a León antes de que me diese por acuchillarla de forma prematura. Acto seguido comenzó un ataque de asma. Esta vez no era posible el transporte en hamaca. Tuve que caminar, y me fatigué mucho.

Hacia las 6 de la tarde se pudo conducir a los animales nadando hasta el otro lado. La balsa estuvo lista un kilómetro más adelante, en un punto más estrecho pero menos propicio para nadar. Se acabó la claridad sin que pudiese cruzar toda la tropa. 12 permanecimos de este lado hasta mañana. Los otros 10 hombres se quedaron sin cenar, puesto que la última porción de carne la teníamos nosotros. Estaba podrida. Hubo que comerla bien cocida.

Septiembre 15 de 1967
[…]
Cruzamos al amanecer. Casi todos vomitaron antes de alcanzar la mitad del río. El primer grupo nos recibió con mala cara. Camba masculló en voz alta que anoche se sentía el aroma de la carne asada desde la otra orilla. León contestó en igual tono que la parte que le había tocado estaba ahora en el río. No hubo más comentarios resentidos.

Avanzamos casi 2 km, hasta que encontramos un peñasco enorme en el camino. Ordené cambiar otra vez de ribera. De nuevo mi mula mostró claros síntomas de indisciplina. No la pinché en medio del río para no atraer a las pirañas. Del otro lado Camba manifestó su descontento por tener que empujar él solo la balsa con el Moro y su lumbago encima. Mandé a Darío para que lo ayudara. Caminamos otro tramo de 1 km. Luego una pendiente empinada nos cerró el paso. Había que cruzar nuevamente. Sin embargo, del lado opuesto un brazo de monte de unos 200 m también obstaculizaba el avance. Se decidió, por tanto, pasar en diagonal. En la práctica resultó muy difícil a contracorriente. Sólo lo consiguieron los animales, exceptuando la mula díscola. Nos tocó atravesar la maleza cargando la balsa y al Moro. Abandonamos la balsa en medio del montecito. Con el Moro hubo dudas. Se optó por continuar transportándolo. Después de desplazarnos 3 km surgió otra barrera: una especie de lodazal con arbustos espinosos. No obstante, cuando hablé de otro cruce, todo el mundo se alineó con la mula. Será mañana.

Sacrificamos al último torito. Hasta pensé en darle prioridad a la mula, mas me decanté por el factor culinario antes que el disciplinario.

Septiembre 16 de 1967
[…]
La nueva balsa es la mejor que hemos construido hasta ahora. Si tuviera frenos sería perfecta. A media tarde procedimos a cruzar. Olo y Chapaco se quedaron de últimos. Desde el otro lado se podía ver como gesticulaban y se gritaban. Al llegar Olo anunció que había sancionado a Chapaco con 5 días a media ración por falta de respeto. Chapaco se llevó una mano a las pelotas. Olo dijo que ahora eran 6 días. Por la mirada de Chapaco era evidente que él habría hecho lo mismo de tener mayor rango. Dado el carácter personal del incidente decidí no entrometerme.

La denuncia nocturna hecha por Eustaquio no fue menos bochornosa. Acusó al Ñato de comer más que el resto de los compañeros. La investigación arrojó como resultado que se trataba de un pedazo de cuero con algunos de retazos de gordo. Se le decomisó el resto para el próximo desayuno. Respecto al castigo me hice el de la vista gorda. Ñato es el mejor nadador y fundamental durante los cruces de río.

Más tarde fue necesario apelar a mis mejores dotes psicológicas para enfrentar otro caso. Muganga vino a quejarse de Pocholo, quien habría insinuado que aquel era un simulante y que resultaba un estorbo para la guerrilla. Le expliqué que, en efecto, calificaba como impedimento, pero que su enfermedad era real.

[…]

3 oct 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 49

Doble contradicción: jabón y alcohol guevarianos.
Septiembre 12 de 1967
[…]
La falsa alarma que se desató esta madrugada parece el preludio de una nueva psicosis. Faltaba un poco para la diana cuando Olo le ordenó a Eustaquio que nos despertase a todos porque venían 5 hombres por el arroyo. No venía nadie. Olo tuvo que soportar diversos comentarios venenosos de Pombo, Miguel y el Moro. Sobre todo del último, que llegó arrastrándose al zafarrancho por culpa del lumbago matutino.

Más tarde me senté a conversar con Olo. Hasta ahora no se nos había aflojado ningún cubano, pero siempre hay una primera vez. Olo negó estar preocupado, y sollozó un poco. Después dijo que su único problema era que estaba muy cansado. Acto seguido reanudó el llanto. Estuve a punto de prometerle vacaciones en diciembre para que se tranquilizara, mas lo dejé desahogarse.

De nuevo hay dificultades con Chapaco. Debimos fusilarlo en mayo. Ahora no hay semana que no me enoje. Lo mandé a lavar mis peales, y regresó diciendo que los había quemado. Lo castigué con tres días de ayudante. Ya bien entrada la noche, mientras me calentaba los pies, Chapaco se acercó para pedirme que lo traspasara a la vanguardia, puesto que no se entiende con Olo. Le dije que no.

Decidí continuar las exploraciones inconclusas del día anterior. Inti salió por el arroyo con León y Eustaquio. Río arriba se fue Coco con Aniceto y Pocholo. Regresarán mañana.

En la radio siguen con la necia noticia del premio de 50,000 pesos o 4,200 dólares por mi cabeza. La insana opinión general es que se trata de muy poco dinero para mi peligrosidad. Un desvergonzado comentarista radial puso el ejemplo de un tal Ciro Huanca Patilla, ladrón de vacas en el interior de Cochabamba, por el cual una cooperativa llegó a ofrecer la misma cifra de 50,000 pesos en 1957, año en el que fue ajusticiado. Se dice que ese sujeto alcanzó las 300 vacas, o quizás más. Nosotros no pasamos de 20.

Septiembre 13 de 1967
[…]
Los resultados de las dos exploraciones nos colocaron en un dilema. Hacia el curso superior del arroyo hay una cordillera con muy difícil acceso y mucho frío. Se extiende hacia el oeste y se trata de un territorio deshabitado e intransitable para los animales. La otra opción es seguir por el río. Aunque resulta mucho más fácil, tampoco es un lecho de rosas. Coco cruzó 11 farallones antes de llegar a un cañón habitado, suponemos que es el río La Pesca. En esa área hay varias finquitas. Aniceto divisó incluso un buey.

Tomar la primera ruta significaría zafarnos del ejército para arrojarnos en los brazos del hambre. La segunda vía representa lo mismo que hasta ahora: soldados hostiles y campesinos taimados, o viceversa, aunque con frecuentes posibilidades de avituallamiento. Me bastó una mirada a la última res para decidir. Seguiremos en nuestra zona habitual.

Terminado el reporte de los exploradores, anuncié que construiremos una balsa y que será mejor que aquella con la que se ahogó Carlos en marzo y que el prototipo que se nos hundió el 26 de julio. Esta tiene que flotar.

Me vi obligado a conversar con Darío. En los últimos días viene manifestando deseos de salir de la guerrilla. Lo encaré y le dije que, si tanto lo quería, podía irse ahora mismo. Eso sí, tenía que entregarme el arma y las botas. Contestó que prefería esperar un poco antes de marcharse, pues en estos momentos el ejército nos pisa los talones y no quería caer preso. Tuve que reaccionar con vigor. Le aclaré que el ejército no nos pisa nada, y añadí que el ELN no es ningún escondite hasta que pase el mal tiempo, o se iba ahora mismo o se quedaba para siempre. Pidió un día para pensarlo. Le di un minuto, tras el cuál solicitó otro. No se lo concedí y exigí una respuesta. Dijo que se quedaría. No obstante, únicamente fue aceptado después que prometió superar su defecto y mostrarse en primera línea de aquí en adelante.

[…]

28 sept 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 48

Recursión
Septiembre 9 de 1967
[…]
Parece que podremos salir adelante cruzando el río. Los animales tendrán que nadar, pero para nosotros debe haber algún vado. Saldremos mañana, puesto que hoy todavía nos queda carne de vaca.

Me tocó hablar con Aniceto. Dijo que su fe revolucionaria se mantiene muy firme y que, además, no confía en la promesa de amnistía del gobierno. Prometió no llorar más por las noches.

Septiembre 10 de 1967
[…]
El cruce del río resultó un desastre. Primero los animales no querían caminar. Luego tampoco querían nadar. El más terco fue el mulo macho. Se negó de forma tajante a entrar en el agua y permaneció en la orilla. Se quedó con los cuatro fusiles y la munición que cargaba. A lo largo de nuestros largos años de lucha hemos visto muchos desertores, mas no recuerdo ninguno que se llevara tantas armas.

Yo perdí los zapatos mientras nadaba con la mula. No creo que estas improvisadas alpargatas de trapo me duren mucho. Peor está el Ñato. Envolvió su ropa y sus armas en un hule y se lanzó al río. Lo perdió todo. León casi se ahoga junto con la otra mula intentando cargarla. Una vez alcanzada la otra ribera armamos el campamento junto a un arroyo y recapitulamos la situación. A las pérdidas de armamento, ropa y calzado hay que sumar el reanimado lumbago de Muganga. Y ahora también tiene dolores en piernas y brazos.

Por la tarde han pasado aviones y helicópteros varias veces. Es para preocuparse. E igualmente el hecho de que, una vez más, nos perdimos.

No obstante, lo más extraordinario de la jornada fue que me bañé por primera vez desde febrero. Por lo visto, aún dispongo plenamente de mis capacidades. He roto mi propio récord de la facultad de medicina y casi duplicado mi mejor marca de campaña en la Sierra.

Septiembre 11 de 1967
[…]
Con cobertura de la retaguardia Ñato y Coco cruzaron el río de vuelta para capturar al mulo desertor. Tuvieron suerte y lo encontraron pastando bastante cerca. El mulo se mostró arrepentido y dócil. Dado el éxito de la operación, estuve tentado de enviar a algunos hombres río abajo en busca de mis botas. Al final desistí de tal propósito debido al peligro de emboscada.

Dos grupos de exploradores partieron río arriba y por el arroyo. Regresaron sin mayores novedades, si bien tampoco fueron muy lejos.

La disciplina todavía no es óptima, a pesar de los meses de integración combativa que llevamos. Hoy el Chino delató al Ñato por asar y comerse un filete entero de la reserva. De inmediato lo insulté muy furioso por no haberlo impedido. Con Benigno y Pombo mandé a buscar al Ñato. Este alegó que el Chino se comió la mitad del filete, pero que se disgutó porque le tocó la mitad más flaca. El Chino refutó de forma categórica tal planteamiento. El Ñato insinuó entonces que los chinos son mentirosos por naturaleza. El Chino replicó que los indios, en cambio, son unos ladrones. Parece que el Ñato se molestó con esa, ya que afirmó que era mejor ser indio que chino, maricón y peruano. El Chino le partió para encima al Ñato, y me vi obligado a intervenir con ayuda de Benigno y Pombo. Destituí al Chino y puse a Pombo otra vez en su lugar. Al Ñato sólo le tocará ubre, pezuña y cuerno de la próxima vaca.

Barrientos anunció por la radio que hace rato se me puede dar por muerto y que mi figura no sirve para otra cosa que propaganda. Ambas aseveraciones son absurdas hasta el delirio. Horas más tarde el general salió de nuevo ofreciendo por mi captura 4,200 dólares. Un precio ridículo, eso es lo que vale uno solo de mis Rolex.

Tuve una larga plática con Pablo. Le atormenta nuestro aislamiento en medio del acoso militar. Le dije que era cuestión de tiempo, uno o dos años, hasta que el pueblo nos comprenda y apoye. Me miró tan preocupado que casi por reflejo aumenté el optimismo hasta uno o dos meses. Recobró el ánimo y se despidió con un firme “¡Patria o victoria: hasta la muerte siempre!” Abrí la boca para corregir la consigna, pero él ya se iba y yo tenía sueño.

[…]

26 sept 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 47

American Idiot
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Septiembre 6 de 1967
[…]
Poco faltó para que se estropeara el cumpleaños de Benigno. Temprano en la mañana envié a Miguel con 8 hombres a emboscar alguna vaquita para no tener que gastar una de las que tenemos. Entre tanto nos dedicamos a tomar mate. Pasaron las 10 y no volvían, así que le ordené a Urbano buscar a Miguel y suspender la emboscada del ganado. Regresando fueron sorprendidos por otra emboscada, en este caso del ejército. Escuchamos los disparos. Luego llegó Urbano corriendo y anunció que los soldados traían perros. Mi primer impulso fue subirme a un árbol. El segundo, bajarme. Pero no suelo actuar antes del quinto impulso.

Me desesperaba la idea de perder las 3 vacas. Pensé en escapar por la orilla del río para facilitar la huida de las bestias. No obstante, un fugaz análisis me hizo ver que por esa vía seríamos un blanco perfecto. Mandé a Moro, Camba, Pombo y Coco a romper monte para salir con los animales. Avanzaban muy lento. Decidí entonces que había llegado la hora de afrontar el sacrificio. La captura por parte del enemigo no era una opción. Todos los compañeros lo entendieron. Ya tenía la pistola sobre la cabeza de la primera vaca cuando llegaron Miguel y su gente atravesando las malezas. Me aseguraron que no eran perseguidos. Por tanto, pudimos retirarnos ordenadamente con las 3 vacas sanas y salvas.

Tras cruzar 4 arroyos y andar unos 7 km, acampamos en un idílico matorral. Nos comimos una vaca para celebrar el aniversario de Benigno, pues la lección del día quedó muy clara: no guardes para mañana lo que el enemigo te puede quitar hoy. A lo lejos el ejército ametrallaba el monte en un vano intento de asustarnos. Alguien sugirió que parecían salvas en honor de nuestro homenajeado. Benigno sonrió. Los demás continuamos masticando agachados.

Septiembre 7 de 1967
[…]
Apenas avanzamos. Surgió una faralla en el camino. Todo se repite en esta selva. Tengo incluso la impresión de que nos han picado los mismos mosquitos en diferentes ocasiones. Dispuse descansar y esperar un día, aunque me temo que mañana la faralla estará en el mismo lugar.

La radio dice que andamos por aquí y que yo soy el jefe de la guerrilla. Pese a ello, la aviación no ha hecho acto de presencia. No puedo creer que me teman tanto. Con nuestro escaso armamento no alcanzamos a los aviones. Tampoco pienso que me crean agotado y sin opciones. A estas alturas sabrán de lo que soy capaz. De manera que quedan pocas posibilidades. La peor sería que nos estén esperando allí a donde nos dirigimos. En tal caso lo tendrían más claro que yo mismo.

Ha retornado el asma. Es lo peor que le podía pasar a la revolución. La noche es sádica.

Por la radio de Santa Cruz nos enteramos de que Paco ha declarado contra Debray y entregado mucha información al enemigo. El escarmiento no puede esperar hasta el triunfo revolucionario. En cuanto tengamos un brazo armado clandestino en la ciudad hay que ejecutarlo. Ya apunté su nombre en la lista: José Carrillo, o José Castillo, o José Cantillo. Mejor a los tres, por si acaso. Es una pena que no haya contacto con La Habana. Debray se defendió como un intelectual francés. Dijo que el fusil que portaba, mencionado por Paco, era para cazar.

La otra noticia de interés es que descubrieron el cuerpo de Tania a orillas del Río Grande. Dijeron que su rostro estaba tan carcomido por las pirañas que no se le pudo reconocer. Si es así, ¿cómo saben que es Tania? Para mí es evidente que se trata de un embuste. Tanto más porque la Voz de las Américas no ha dicho ni una palabra al respecto.

Tuve una conversación con Pocholo, pues se ha mostrado bastante abatido en los últimos días. Me confesó que se sentía muy solo. Me contuve, preferí ser persuasivo esta vez. Para animarlo le hablé sobre las bondades de las cubanas tras nuestro triunfo en la isla. Es obvio que no todos necesitan los laureles, pero para el revolucionario las conchas también dependen de la victoria.

Septiembre 8 de 1967
[…]
Organicé varias exploraciones que sólo confirmaron algunas imprecisiones. Aún no sabemos cómo salir de aquí con los 3 mulos y los 2 bueyes. Hubo un bombardeo con un avioncito cerca de la finca de Honorato. Pocholo se ha pasado el día acariciando su fusil. Pombo se le acercó y dijo algo con un ademán burlón. Al parecer, esperaba irritarlo. Sin embargo, Pocholo lo miró lánguidamente y le ofreció asiento golpeando suave con la mano abierta sobre el suelo a su lado. Pombo se alejó enseguida.

La radio anuncia que Barrientos fue a ver los restos de Tania. Es un indicio de que realmente está muerta. Igual esperaremos por pruebas auténticas. No se dijo nada del resto del grupo de Joaquín. Tenemos que aguardar. Barrientos ofreció el indulto a los combatientes del ELN que se presenten de forma voluntaria ante el ejército, siempre y cuando sean bolivianos. Eso es una burda discriminación. No se puede esperar otra cosa por parte de un milico. El general es incapaz de comprender que los revolucionarios somos todos iguales.

La prensa húngara me critica de una forma salvaje. Me llaman patético, torpe, diletante e irresponsable. Y le hacen eco a los comunistas chilenos y bolivianos que rechazan nuestra presencia. Casi me partí un diente de la rabia. Qué ganas tengo de llegar al poder para pasarles la cuenta a esos perros y restregar en sus inmundos hocicos mis botas, aún mojadas de pisar los charcos de sangre de la gesta.

[…]

10 sept 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 46

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Septiembre 3 de 1967
[…]
Levanté a la gente a las 3 de la mañana. El plan, como anuncié la noche anterior, era bajar por el Masicuri hasta el Río Grande. Cuando clareó, descubrí que marchábamos río arriba. Me faltó algo de ánimo para regañar a Benigno, que iba en la punta. Además, apenas se habían perdido unas 3 horas. Alcanzamos el Río Grande hacia el mediodía. La región ya nos resulta familiar.

Ordené a Benigno subir con 5 hombres hasta la finca, donde nos aprovisionamos en las dos vueltas anteriores, con la intención de obtener comida. Le aclaré que esta vez pagase por los alimentos, a ver si podía sacarle información al terrateniente. Partieron raudos río abajo. Demoré casi un cuarto de hora en percibir que se fueron en el sentido opuesto. Tuve que mandar a Miguel a traerlos de vuelta. Dejé la descarga para más tarde, pero destituí a Benigno y puse a Coco al frente del comando, con Inti de segundo. Salieron río arriba sobre la una de la tarde.

Antes de llegar a la hacienda atraparon a 2 campesinos, quienes informaron de la ausencia tanto del patrón en la finca como del ejército en toda la zona. Apenas los soltaron, se fueron corriendo. Al aproximarse a la casa los exploradores fueron recibidos por los ladridos de un perro muy agresivo. Tras el perro salió un soldado, que fue derribado de un tiro. A continuación aparecieron cerca de 40 soldados desde el edificio principal y las barracas aledañas, y se desplegaron entre disparos y fuertes gritos, rodeando por ambos flancos a nuestros combatientes.

Los gritos impresionaron un poco a algunos compañeros. Sin embargo, Inti pretendía quedarse. No quería irse sin agarrar, al menos, algunas calabazas. Entonces Benigno hizo valer su experiencia y, con ayuda de Pablo y Pocholo, convenció a Coco de afrontar con aplomo la necesaria retirada. Poco después de que se nos reincorporasen apareció un avioncito y bombardeó el sector con escasa puntería. Cuando regresamos por las mochilas apenas le habían dado a una, la que tenía las cazuelas. De momento el daño es insignificante. No pretendíamos cocinar hoy.

La voz de las Américas sigue con su absurda patraña sobre el exterminio del grupo de Joaquín. Anuncian la captura de un sobreviviente que parece ser Paco. Lo más probable es que sea ésta la única baja del grupo, y que se trate de un caso de deserción.

Septiembre 4 de 1967
[…]
Amanecimos con sed de acción. Y bastante hambre. Se organizaron 4 operaciones: una de combate y tres para buscar comida. La primera no reportó resultados. En cambio, se capturaron una vaca y dos bueyes. El asado de res fue recibido con entusiasmo. Se lo merecía.

Pedí voluntarios para un equipo de reconocimiento y recaudación. Fueron escogidos Inti, Coco, Pocholo, Chapaco, Aniceto y Arturo. Designé a Inti de jefe. Fui muy preciso al instruirlo sobre nuestras prioridades. Necesitamos guarnición para la carne, mejor granos que viandas, debido al transporte. De ser posible, informaciones y verduras frescas. Si se da una circunstancia propicia, intentarán capturar a un soldado aislado para interrogarlo. El caso ideal sería un guardia conduciendo un mulo con arroz y frijoles, y tal vez unas latas de leche, o azúcar en su defecto. Pero en ningún caso deben arriesgarse. Si nos matan a uno, la Voz de las Américas empezará a anunciar el fin de la guerrilla en Bolivia. Hoy describieron otro cadáver con tanto detalle, que no nos quedó duda de que se trata del Negro. El Chino tendrá que hacerse cargo del frente peruano.

Septiembre 5 de 1967
[…]
El grupo de Inti regresó bien entrada la tarde con un mulo cargado de maíz. Reportaron un trayecto operativo con altas y bajas. En una casa se encontraba una patrulla del ejército con varios perros, por lo que se ahorraron la visita. En otro rancho más adelante no había nadie. Allí hallaron el maíz. Era más de un quintal. Fue retirado con toda velocidad por la sospecha de que la ausencia de los habitantes se debiese a una fuga hacia la primera casa. Continuaron la marcha y alcanzaron una tercera choza. Los moradores escaparon con sorprendente agilidad en varias direcciones. Quien único se quedó fue una mula. Estaba amarrada a una cerca. Se incautó el animal. Por suerte, en la cuarta y última cabaña no hubo intento de evasión. Aunque los dos hermanos que la habitaban no se mostraron cooperativos. El que estaba postrado en cama no podía hablar. La fiebre lo hacía castañear los dientes entre convulsiones. Coco le dijo que era un simulador y lo sacudió con energía. Fue inútil. El hombre perdió el conocimiento. Por su parte, el otro hermano intentó levantarse de su silla y fue a dar al piso. Inti lo amenazó con llevarse sus muletas si no aportaba alguna información útil. Todo lo que sacó del sujeto fue que los dueños de las otras tres casas se llaman Morón, Montaño y Pérez. Su propio nombre no quiso darlo, por lo cual le decomisaron cuatro libras de azúcar, dos velas y media calabaza, a falta de más.

La nota negativa de la operación la dio Arturo. Al retornar se quedó atrás. Los demás perdieron dos horas buscándolo. Lo encontraron durmiendo a pierna suelta en plena senda ganadera. Y no sólo eso, aparte de dejar un claro rastro, Arturo perdió todo el azúcar y la media calabaza. Cuando la tropa escuchó eso, hubo un leve conato de linchamiento. Para calmar los ánimos decidí sancionarlo. Anulé su ración de carne esta noche.

Se recibió un nuevo mensaje de radio. Brinda pormenores de la conferencia de solidaridad latinoamericana el mes pasado en La Habana. Fue un gran éxito. Todo menos la delegación del PCB. Monje no fue, pero el cretino de Aldo Flores se presentó como vocero del ELN y quiso hablar en mi nombre. Hubo desmentido, réplica, discordia y moción de exclusión. Al final, los compañeros de la sección AAAL hablaron con los bolivianos. El PCB demostró no ser tan duro como los guineanos. Eso nadie lo sabe mejor que nosotros. La retracción de Flores tuvo lugar el día antes del discurso de clausura de Fidel. La última parte habla de hacer un canje por Debray. No especifica a cambio de qué, y no me lo imagino. Sería un desperdicio.

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10 ago 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 45

Foto: Malas nuevas para malos no tan nuevos.

Agosto 31 de 1967

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Jornada de tregua. Hoy el enemigo no tuvo nada que temer de nosotros. Los exploradores reportan barrancos para la marcha de mañana. Extremaremos la prudencia. Sospecho que contra el hambre no ayudará.

Resumen del mes
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Este ha sido el peor mes de la campaña, y muy similar a los anteriores. La diferencia radica en la pérdida de mis medicinas y fotos en las cuevas. Dado el efecto nefasto en la moral de los hombres, me he propuesto mostrar entereza ante este golpe. Por lo menos hasta que vuelva el asma.

Los otros puntos negativos de agosto son:
- la muerte de dos compañeros, no, eso fue el mes pasado, este mes parece que cayó Pan Divino de la gente de Joaquín;
- la monotonía de nuestra dieta de carne de caballo, incluso hay algunos combatientes que relinchan en sueños;
- la sed, que nos ha golpeado este mes como sólo el hambre podía;
- dos desertores potenciales: Camba y Chapaco, es evidente que la única forma en que ambos podrían ser medianamente útiles a la causa revolucionaria es cayendo en combate;
- seguimos sin contacto con Joaquín, quien a juzgar por las noticias le está causando estragos al enemigo, a veces;
- continuamos sin incorporaciones campesinas, ya ni siquiera aportan vacas;
- prosigue el aislamiento, últimamente tan sólo nos contacta el ejército;
- mi enfermedad y sus consecuencias emocionales han debilitado al ELN y salvado la vida de muchos guardias, no así a la yegüita;
- la moral de la tropa está en su momento más delicado, para repararla necesitamos varias victorias, de 15 a 20, aunque también una sola victoria grande, con 100 o más bajas enemigas, podría reportar el mismo beneficio;
- por último, el carácter legendario y la fama heroica de la guerrilla sufren de un bajón circunstancial.

Los puntos positivos de agosto, o sea, el punto positivo es que el enemigo tampoco mejora. No ha sabido aprovechar nuestras dificultades logísticas, entre otras. Por lo tanto, nuestra conclusión es que mientras Barrientos y Ovando se concentren en la guerra propagandística, se estarán moviendo en nuestro terreno y los seguiremos emboscando. Es una lástima que no podamos coordinar la labor de propaganda con La Habana. Se aceleraría la liberación de Bolivia.

Septiembre 1 de 1967
[…]
Aparte de las estrepitosas caídas en los barrancos, no hubo novedad en el trayecto de hoy. Ocupamos la casa de un viejo conocido, Honorato. Ni el dueño ni su mujer estaban y fuimos recibidos por dos chivitos. El chilindrón demoró bastante, pero quedó bien. Se le acompañó con la harina que encontramos en la choza. Preferí no arriesgarnos a dormir en la comodidad de la cabaña y nos retiramos a descansar en el monte. Dejé a Pombo y al Chino apostados en la casa.

Septiembre 2 de 1967
[…]
Me despertaron para anunciarme la captura de un arriero. Ordené interrogarlo y luego juntarlo con los dos cazadores prisioneros. Recién había recuperado el sueño cuando me volvieron a despertar. Me enojé bastante. Se trataba de que habían aparecido otros tres arrieros. Grité que lo que vale para un arriero también vale para cuatro. Esta vez no conseguí recuperar el mismo sueño. En lugar de la sesión plenaria de la ONU me vi junto al lago Tanganika, y en lugar de aplausos escuché disparos. Corrí y me lancé al agua. Nadé con furia, mientras me aplaudían nuevamente, ahora desde el leprosorio. De pronto apareció una barca entre la niebla. Reconocí a Joaquín y a Tania a bordo. Les grité que me ayudaran a subir. Tania no me miró. También Joaquín se mostró esquivo. Insistí. Entonces Joaquín se inclinó sobre la borda por un instante y me prometió que la próxima barca sería para mí. Apenas se alejó el bote volvieron los disparos, y desperté. Los disparos eran de verdad y venían de la casa de Honorato. Rápidamente organicé un perímetro defensivo a la espera de noticias de Pombo. No llegaron, por lo que tuve que mandar al Ñato a ver. Resultó ser que el Chino vio venir a un campesino con un soldado y un caballo cojo. Se asustó y gritó. Mientras el Chino cargaba el arma al soldado le dio tiempo para disparar y darse a la fuga. El arma del Chino no funcionó. Ahí llegó Pombo a la carrera, sin acabar de amarrarse los pantalones y apuntando a lo loco. Le dio al caballo cojo. Pombo recargó e intentó perseguir al soldado, dio dos zancadas y cayó de bruces porque los pantalones se le corrieron, trabándole las piernas. A esa hora el chino se puso a desarmar el fusil. Por su parte, el campesino pedía de hinojos protección a Pachamama. No fue peor el desastre porque el guardia no regresó.

Llegué hecho una fiera a la casa de Honorato. Le canté las cuarenta al Chino por inepto. Para colmo, en su nerviosismo no había sabido rearmar el fusil correctamente. Faltaba el gatillo. Le dije de todo, desde agente del Kuomintang hasta que nombraría al Negro como jefe del frente peruano. Quedó temblando.

El interrogatorio de los arrieros reveló que Honorato tampoco ha tenido suerte con el ejército. El mes pasado se comieron todo lo que había en el rancho. Honorato se vio obligado a salir a cazar, y fue mordido por un puma. Está internado en el hospital de Valle Grande. La mujer de Honorato les había avisado que tenía dos chivitos, fiados por unos parientes, para cambiarlos por granos, y a eso venían los arrieros. Se les informó que la señora no estaba en casa, pero que nosotros nos ocuparíamos de la carga, así como de un torito que traían.

Finalmente, fueron liberados tanto los 4 arrieros como los 2 cazadores y el campesino del caballo cojo. Como muestra de generosidad de la revolución pagamos 700 pesos por el torito a los arrieros, prometiéndoles también devolver los mulos más tarde, y repartimos unos pesitos a los cazadores. El campesino pidió 300 pesos por el caballo. Se tasó el animal en 200, debido a la cojera. Y se le aclaró al sujeto que la multa por colaboración con el enemigo de clase son 250 (la primera vez, para reincidentes es el doble.) Así que nos debía 50. El hombre sólo traía 2 pesos y algo de menudo. Quedó debiéndonos 48 pesos, pero no creo que lo volvamos a ver antes del triunfo revolucionario.

Era tentadora la opción de aprovechar el caballo caído en combate. Sin embargo, dispuse la marcha inmediata, ya que el soldado que dejó escapar el Chino podría retornar con refuerzos. Partimos sobre las 2 PM. Antes de las 4 PM ya nos habíamos perdido. Acampamos en un trillo de vacas.

La noticia radial sobre el exterminio de un grupo de guerrilleros cerca de Camiri causó un silencioso impacto entre los combatientes. El pánico mudo es el que más aterra. Inicialmente no encontré un asidero para sostener la hipótesis de que fuese falso. Primero, porque ha salido en La Voz de las Américas solamente, las emisoras bolivianas callan. Segundo, por la ubicación que dan al encuentro. Tercero, porque mencionan como jefe del grupo a “un cubano llamado Joaquín” y cifran en 10 el número de guerrilleros muertos. Cuarto, por la pasividad del enemigo con nosotros últimamente. No obstante, mi instinto me dice que es una estafa. Es más, huele a maniobra de la CIA desde una legua de distancia. Lo máximo que habrán logrado esos bolivianos infelices será capturar a un delator y enterarse de algunos nombres y cifras.

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