En 1927, finalmente, el ilustre explorador papua Sir Tagoga Yauwii Imale fue el primer descubridor meridional en penetrar por el Río Rin hasta la ignota y remota Selva Negra. Su diario, publicado por primera vez en Kokopo en 1929, refleja el asombro y la conmoción antropológica que causaron en el famoso viajero y sus expedicionarios los salvajes ritos de los nativos europeos.
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12 ene 2014
9 nov 2012
Incógnita
Supongamos
que las elecciones presidenciales norteamericanas confrontasen a candidatos diferentes:
El demócrata
Barry O’Bana, un abogado de ascendencia irlandesa partidario del gasto
público, de la redistribución de la riqueza, de la energía alternativa, del matrimonio gay, del ejército plurisexual
y de la paz asegurada mediante el consentimiento hacia las naciones y
religiones hostiles…
…contra el republicano
Hussein Romiyé, empresario de origen sudanés (aunque nació en suelo
americano pues su madre era cocinera en la embajada en
Khartum y tuvo un parto prematuro), un self-made millionaire defensor de la
austeridad fiscal, de la responsabilidad privada, del crecimiento demográfico
por la vía reproductiva y de la mano dura frente a los enemigos externos.
Y aquí viene la pregunta:
¿Por quién votarían estos boys?
20 nov 2011
Adolphe Hitlére
En 1910 Adolf Hitler fue amenazado por Bruno Schwanz en pleno dormitorio del asilo para desamparados en Viena. Bruno, que tenía antecedentes tanto por violento como por violador, era amigo de Reinhold Hanisch, a quien Adolf había denunciado por estafa previamente. El joven ignoró la amenaza, y esa noche Bruno abusó de él. Fue al día siguiente que Hitler decidió abandonar Viena y no regresar jamás.
Partió hacia occidente y sólo se detuvo cuando llegó a París. Al principio, como no disponía de medios para hospedarse, Adolf se quedaba a dormir en el Bois de Boulogne. Hasta que el gendarme Gaston Gourdin, de cruel reputación, lo descubrió un anochecer. El tenebroso Gaston exigió un peaje de 2 francos del pobre inmigrante austriaco. Y como éste no podía pagar, el gendarme abusó de él.
La tibia mañana otoñal descubrió a Adolf Hitler sobre el muro del Pont Neuf, dispuesto a arrojarse al Sena. El sol lo cegó y por eso no se lanzó. Allí se quedó un buen rato, aferrado a un farol. Sin embargo, al bajarse del dique Adolf tuvo el infortunio de destruir una acuarela de François Pinceau, malogrado pintor expresionista que vendía su obra en el puente. François reclamó una indemnización. Hitler no tenía un céntimo, por lo que Pinceau se lo llevó a su atelier de Montmartre en la Rue Douleur, numéro 7. Y abusó de él. Desde ese momento el endeble austriaco se convirtió en asistente del rudo pintor galo. Así fue como Adolf aprendió el francés.
Poco a poco también se ganó el derecho a pintar. Y ya en 1912 vendía sus propias pinturas junto a su mentor. Las firmaba como Adolphe Hitlére. Pronto sus lúgubres trazos obtuvieron el reconocimiento de la crítica menor. Eso le trajo, no obstante, la repentina envidia y el consecuente maltrato por parte de François. Debido a ello Hitlére solía aparecer en su puesto de ventas del Pont Neuf con los ojos hinchados por los golpes de Pinceau. Avergonzado, Adolphe se compró unas gafas de bajo aumento y las pintó de gris.
Una tarde Georges Méliès pasó a recoger unos sobrecogedores bocetos que había ordenado para los efectos especiales su nuevo largometraje, Le Dévoreur De Fantômes. El cineasta quedó prendado de las gafas de Adolphe, y de inmediato encargó una docena. Resultaron ser un rotundo alivio frente a los potentes reflectores de los estudios de cine. De forma muy rápida se corrió la voz, y prácticamente cada sujeto que trabajaba con los hermanos Pathé, monopolistas del cine francés, quería tener unas gafas de Adolphe Hitlére.
El austriaco tuvo que abandonar la pintura y montar un taller. Experimentó pintando, ahumando y pegando papel de seda oscura. Finalmente contrató a un maestro vidriero. El diseño permaneció en manos de Adolphe. La solvencia económica invirtió los papeles en casa. François Pinceau empezó a usar gafas de sol. De Adolphe Hitlére, por supuesto.
Fue por entonces que el fallido atentado de Sarajevo contuvo el aliento del público europeo. Gavrilo Princip no acertó al archiduque; pero no por ser bizco, como se dijo primero, sino porque lo dejó ciego un aciago rayo de sol. En los meses siguientes París se llenó de terroristas serbo-bosnios, nacionalistas polacos y autonomistas checos que huían del revanchismo represivo austro-húngaro. Merodeaban sin rumbo por las orillas del Sena, se pasaban horas frente a un cuarto de litro de Beaujolais en los cafés, y conspiraban noches enteras en las buhardillas del distrito VIII; pero sus últimos francos se los gastaban en gafas Adolphe Hitlére. Era evidente que la próxima vez a Franz Ferdinand no lo salvaría el sol. En cambio, sí lo salvó la reforma del imperio tras la muerte de su tío el emperador Franz Joseph en 1916. Los subversivos eslavos regresaron a casa portando gafas Adolphe Hitlére, cuya popularidad se expandió vertiginosamente hacia el este.
François Pinceau se quedó solo, sumergido en el alcoholismo, y Adolphe Hitlére, que en 1917 era el empresario joven más rico de Francia, firmó un acuerdo con Carl Zeiss para producir gafas de sol con graduación optométrica.
En 1918 Adolphe llegó a Los Angeles dispuesto a conquistar América en un Blitzkrieg comercial. Con un generoso cheque convenció al prometedor galán Rudoph Valentino de usar gafas Adolphe Hitlére en su próxima película, The Delicious Little Devil. Empero, el productor Carl Laemmle, fundador de Universal Pictures, lo prohibió de manera tajante. Por esta razón Hitlére mantuvo una fea disputa en alemán con Laemmle, que para más afrenta lo expulsó de su oficina con exaltadas frases en yídish. Al menos esa fue la interpretación de Adolphe, aunque en realidad se trataba de dialecto suevo. Fue precisamente este escándalo lo que impulsó la curiosidad del público americano y disparó las ventas de gafas Adolphe Hitlére. El empresario sólo se enteró un mes más tarde al desembarcar en Le Havre.
Al cumplir los 40 años Adolphe Hitlére era el principal productor de accesorios de moda del planeta. A todas vistas un encantador caballero, por más que –de saberse el vínculo– la larga serie de gigolós parisinos estrangulados podría inducir a pensar otra cosa: Georges Lévy, Anselme Dreyfus, Daniel Mandel, Lucien Bloch, Ariel Goldman, Laurent Veber, Henri Kahn, Claude Elmaleh, Efraím Kaminker, Yael Blowitz, Emile Citroën, etc.
21 mar 2011
Carabobo sin batalla
Si Hugo hubiera vivido dos siglos atrás, y si Hugo se hubiera unido al ejército independentista, y si Hugo hubiera llegado a ascender hasta el grado de coronel, y si Hugo se hubiera pronunciado en el Congreso de Angostura o en cualquier otra junta; entonces Simón lo habría mandado a fusilar, como a otros tantos, por bruto y pardo animal.
13 feb 2010
Shock

Me desperté en un sofá con la ropa puesta y ajada. Medio dormido llegué hasta el lavabo y me miré en el pequeño espejo del gabinete. Primero pensé que eran las legañas, pero no, soy bizco. No reconocí mi rostro en absoluto. ¿Quién soy? Me hurgué en los bolsillos por si llevaba algún carnet. Encontré un pasaporte. Soy argentino... ¡Dios mío!
Salí del baño anonadado y me senté en una silla. Era una silla de ruedas. Además de bizco y argentino, soy deficiente físico. “Esto no puede ser…” –pensé, presa total del desconcierto. Una exclamación interrumpió mi desconsuelo:
- ¡Querido...! –clamaba una voz masculina a mis espaldas.
Evidentemente se trataba de... ¿mi novio? O sea, que soy gay.
- ¿Cariño, dónde pusiste la jeringuilla? –preguntó.
Me encogí de hombros.
- Si no aparece, prepárate: te voy a poner morado –prometió mi novio y se alejó irritado.
Entonces… también soy drogadicto. Y víctima de violencia doméstica. “Bisojo, argentino, tullido, maricón, drogata, apaleado… es para halarse los pelos” –me dije, y me llevé las manos al cuero cabelludo. Sólo había cuero. Soy calvo.
Sonó el teléfono. Lo levanté con recelo. Alguien se identificó como mi hermano e inmediatamente me soltó una descarga:
- Desde que fallecieron papá y mamá lo único que hacés es drogarte y holgazanear todo el puto día. ¡Hacé alguna cosa útil, buscá un laburo!
Es decir, estoy en paro. Y encima soy huérfano. Intenté explicar que es muy difícil hallar trabajo siendo bizco, argentino, lisiado, toxicómano, homosexual, víctima de maltrato casero, calvo, huérfano y vago; mas no lo conseguí. Se me trabó la lengua a la segunda palabra. Soy gago. Quedé trastornado y colgué el teléfono.
Me acerqué a la ventana con lágrimas en los ojos. ¡Cielo santo! Un mar de barracas llegaba hasta donde permitía ver el smog. ¡Vivo en un barrio de chabolas, una maldita favela! Me dio un mareo seguido de escalofríos. Fui al guardarropa a buscar algo para abrigarme. Abrí una gaveta y lo primero que vi fue una camiseta del Che Guevara. ¡Mal rayo me parta!
Y en eso entró mi novio y chilló:
- Arréglate ya, cariño, que vamos a llegar tarde a la convención municipal del PSOE.
Me desmayé.
6 nov 2009
El Retrasado Zapatero y su lugarteniente Moratinos

En octubre de 1523, tras el fracaso y la muerte del Adelantado don Hernán Cortés, arribó el Retrasado don Rodrigo Zapatero a las playas de México para salvaguardar los intereses de la corona de Castilla. Decidido a reparar las cosas y convencido de tener mejor suerte que su intransigente predecesor, don Rodrigo avanzó con sus hombres hacia Tenochtitlán en son de paz y armonía. Antes de llegar a Texcoco fueron rodeados por las huestes aztecas. Zapatero envió entonces a su lugarteniente don Miguel Moratinos a negociar. Tras unas horas de parlamento, don Miguel regresó con un acuerdo. Los españoles podrían quedarse a cambio de la rendición.
Al día siguiente Zapatero y Moratinos son conducidos hasta Tenochtitlán y arrojados a los pies de Moctezuma.
- Excelencia, por favor, os ruego que penséis en el diálogo de nuestras dos civilizaciones -balbucea don Rodrigo.
- Por favor, sus señorías -añade el lugarteniente, dirigiéndose a los demás príncipes mexicas en el salón-, si es que nosotros ni siquiera hemos hablado una sola palabra con los tlaxcaltecas…
- Los sacrificaremos mañana en el templo de Huitzilopochtli -bosteza el emperador sin dedicarles una mirada.
- Perdonad mi osadía, querido tío y vocero de los dioses -interviene Cuauhtémoc-, mas tal vez sería bueno dedicarle el de la cara de bobo al dios Tezcatlipoca para que no se ponga furioso.
- Me confundes, sobrino…
- Bueno, tío, es que Tezcatlipoca siente muchos celos de Huitzilopochtli…
Los sacerdotes aztecas presentes palidecen al oir al joven noble aleccionando al emperador en temas teológicos. Pero Moctezuma sonríe plácidamente.
- Eso lo sé, muchacho –contesta su alteza-. Me refería a otra cosa: los dos tienen cara de bobo.
Los mexicas ríen asintiendo, pero sin levantar la vista hacia el trono. Moctezuma hace un ademán hacia el sacerdote mayor y le dice:
- Decidid vos, Xingatémoc.
El enorme sacerdote sonríe con su prótesis de puro jade y sentencia con voz ronca:
- El viejo gordo será sacrificado para Tezcatlipoca. El más joven será sacrificado para Huitzilopochtli, pero primero me lo voy a coger en honor a Quetzalcóatl.
27 jul 2009
Adolf Hitlerinski
Foto: El general Piłsudski, al frente en el centro con su enorme mostacho, llega a Varsovia. A su derecha, su mano derecha -su otra mano derecha-, coronel Hitlerinski.En 1910 Adolf Hitler fue amenazado por Bruno Schwanz en pleno dormitorio del asilo para desamparados en Viena. Bruno, que tenía antecedentes tanto por violento como por violador, era amigo de Reinhold Hanisch, a quien Adolf había denunciado por estafa previamente. Fue al día siguiente que el joven Hitler decidió emigrar a Galitzia.
Aprendió polaco con cierta rapidez, y su sentido del orden -junto con la nacionalidad austriaca- le permitió ascender por encima de cualquier perspectiva realista en la administración provincial. También fue oportuno su enlistamiento voluntario como oficial de enlace en la Legión Polaca, la milicia pro-austriaca local. Corría entonces el año 1913.
Aprendió polaco con cierta rapidez, y su sentido del orden -junto con la nacionalidad austriaca- le permitió ascender por encima de cualquier perspectiva realista en la administración provincial. También fue oportuno su enlistamiento voluntario como oficial de enlace en la Legión Polaca, la milicia pro-austriaca local. Corría entonces el año 1913.
Cuando en la primavera de 1916 el general Józef Piłsudski, jefe de la Legión y de la Polska Organizacja Wojskowa, le confesó que planeaba la independencia de Polonia tras la guerra, Adolf no vaciló en unirse al complot y cambiarse en secreto el nombre por Hitlerinski. En el verano, tras renunciar al mando de la Legión, Piłsudski le pidió a Adolf que continuara en el cuerpo monitoreando su desempeño. Temía que los austriacos, cada vez más dependientes de Alemania en el conflicto bélico, traspasaran la Legión al prepotente vecino. Y, en efecto, así sucedió en 1917. La Legión, rebautizada como Wehrmacht Polaca, fue desplazada hacia la vecina y germanizada Silesia para jurar fidelidad al Kaiser. Piłsudski se opuso y fue arrestado el 20 de julio.
El 22 de julio, en Breslavia, la Legión se desplegaba en formación de juramento frente a la bandera del Imperio Alemán en el Mercado del Ring. Del estado mayor un solo oficial se negó a levantar la mano y declamar el voto imperial: Adolf Hitlerinski. Los ordenanzas prusianos que lo condujeron a la prisión de Magdeburgo lo tildaron una y otra vez de Austriaken-Kacke. Cayó en la celda contigua a la de Piłsudski.
16 meses más tarde la Revolución de Noviembre puso fin a la monarquía alemana y a la guerra mundial. Soldados con brazaletes rojos colocaron a Piłsudski, Hitlerinski y otros oficiales polacos en un tren expreso rumbo a Varsovia. Allí esperaba el Consejo Provisional de Regencia para entregar el gobierno del nuevo estado polaco al general.
Mientras el recién convocado congreso del Sejm preparaba una constitución, el nuevo jefe de estado nombró a Hitlerinski ministro de relaciones exteriores del gobierno provisional. Una vez designado mariscal, Piłsudski ascendió a general al coronel Hitlerinski, que también continuó como jefe del estado mayor del nuevo ejército polaco.
La situación no era nada halagüeña, pues la expansión del vecino del este parecía imparable. Cuando en enero de 1920 se desató la Guerra Polaco-Soviética, Hitlerinski centró sus esfuerzos en aumentar el número de efectivos de sus tropas. Para ello contaba con el abundante material bélico prometido por el premier inglés David Lloyd George a instancias de Winston Churchill, el líder del ala conservadora del parlamento. Sin embargo, en abril los obreros portuarios ingleses, guiados por agitadores sindicales, se negaron a cargar los barcos con armas contra los soviets. El 10 de agosto dos ejércitos soviéticos estaban a las puertas de Varsovia. Tujachevski por el norte y Yegórov por el sur. A esas alturas nadie en Europa daba un céntimo por la supervivencia del estado polaco.
Fue entonces que se produjo el "Milagro de Varsovia." El comisario de la guerra, llamado Stalin, decidió que, en tanto Tujachevski remataba por su cuenta a los polacos, Yegórov se podía ir a arreglar cuentas con los ucranianos. Tujachevski llamó al ministro soviético "animal georgiano", pero avanzó sobre Varsovia. Esa fue la oportunidad que esperaban los polacos. Actuaron en un movimiento de pinzas para envolver al invasor. Funcionó. El general Hitlerinski por el norte y el propio mariscal Piłsudski por el sur cercaron y aplastaron a los rojos, que tuvieron 20.000 bajas y 70.000 prisioneros. Es aquí, por cierto, donde se produce la primera nota discordante en la carrera de Adolf Hitlerinski al ordenar, de manera un tanto sorpresiva, la ejecución sumaria de todos los comisarios y restantes judíos del ejército de Tujachevski. Tres días más tarde dispuso lo mismo para los cosacos.
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