15 jun. 2011

La Libertad en el Siglo XXI

I
Los Liberales en la Convergencia Socialista de la Democracia

Las elecciones de 2010 en Brasil marcaron un hito en la historia de la democracia: los 9 candidatos presidenciales representaban a igual número de partidos socialistas. En Europa, el continente con la mayor cultura política, el panorama electoral a comienzos de la segunda década del siglo XXI no difiere sustancialmente. Casi todos los partidos relevantes –da igual cómo se denominen– tienen un programa en esencia socialdemócrata: unos más rojos, otros más verdes y otros más negros. Los diminutos partidos liberales son una caricatura de lo que antaño fuera el liberalismo. Con tal término, por cierto, amplios sectores definen hoy, en el mejor caso, una suerte de secta especuladora que habita en las bolsas de valores o, en el peor, a la mismísima socialdemocracia norteamericana.

Precisamente ese último malentendido contiene una explicación sintomática del ingrato destino de los liberales. El ensayista británico Samuel Brittan (Against The Flow, 2005) lo sintetiza a la perfección: el liberalismo económico ha sido usurpado por la derecha y el liberalismo social, por la izquierda. Mas el plagio parcial no hace un facsímil. Tanto los socialistas como los conservadores son partidarios del miedo, por eso convergen limitando, prohibiendo, vetando y protegiendo en los parlamentos occidentales.

Semejante socialización general es un lujo –y como tal un desperdicio– que las poderosas economías de occidente han podido darse. Sin embargo, en la medida que las sociedades emergentes –y cargadas de pobres gentes– se van incorporando con alguna seriedad a la democracia puede apreciarse su tendencia a copiar de inmediato la proyección socialdemócrata contemporánea del Atlántico Norte. Y resulta fatal. Careciendo de un auténtico sector liberal que promueva el crecimiento y la generación de riqueza –como lo hicieron los liberales en el norte entre 1850 y 1970–, las nuevas democracias pro socialistas se lanzan a repartir un pastel que todavía no han horneado. Es más: lo intentan sin pastel, sin horno e incluso con muy poca harina. Paradójicamente, los únicos que parecen haber notado que esa fórmula no puede funcionar para los miserables son los comunistas chinos.

A la larga los del norte igual se quedarán sin pastel. Más rápido allí donde las fuerzas productivas tienen menos fuerzas y son menos productivas. Ahora mismo lo vemos entre celtas, iberos y helenos.

¿A qué se debe la languidez del liberalismo en la abundancia? A una parte de su esencia: el riesgo. Ese es un componente básico de la libertad. Y la disposición a asumirlo disminuye considerablemente con el bienestar. Es una espiral viciosa:

más libertad ⇒ más riesgo ⇒ más crecimiento ⇒ más bienestar ⇒ menos riesgo ⇒ menos libertad.

Cada vez que se ha llegado a este punto, con el consiguiente empobrecimiento, las democracias del norte han logrado reiniciar el ciclo votando por los socialdemócratas de derecha, que suelen llamarse populares o democristianos, con su vocación por mayor liberalismo económico.

No obstante, y aunque el balance entre tributo y distribución experimente fases de menor demencia –ante todo como emergencia–, el impulso emprendedor en cada nueva aceleración económica se muestra más endeble. De ahí la triste sospecha, o más bien certeza, de que la espiral socialdemócrata converge lentamente hacia un punto mediocre en la improductiva vecindad de la miseria.

Por eso la democracia necesita un partido liberal verdadero, para que frene o al menos retarde la convergencia socialista. Una fuerza política que, aunque no pueda ganarse la perezosa simpatía de las masas, consiga definir en la conciencia pública la libertad y la responsabilidad individual de una manera diferente a los socialistas. Un partido que despierte en los más despiertos la certidumbre de que regalía y servidumbre son gemelos siameses, y que nos recuerde que evitar a toda costa el riesgo es la manera más segura de esquivar el progreso.

2 comentarios:

  1. Que nuevos tipos de empleos, negocios se pueden crear? Lo que antes lo hacian 2 personas ahora la hace 1. Lo que antes lo hacia 1 persona ahora lo hace una computadora, un conexión digital.

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  2. más libertad ⇒ más riesgo ⇒ más crecimiento ⇒ más bienestar ⇒ menos riesgo ⇒ menos libertad.

    Fantástico, tomo nota de esta reflexión y la pondré con la fórmula de la rebelión que en su día publicaste y que recomiendo a quien no la conozca.

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