10 nov. 2011

Brutti della Canzone

Era una época donde las turistas alemanas, suecas e inglesas invadían por millares Italia, para regresar luego a casa con la convicción de que enamorarse de un italiano implicaba ser la más fea en la pareja. Y era una época donde por los aeropuertos, las playas y las plazas de Italia pululaban los relucientes papagalli –pingueros en la lengua de Petrarca–, siempre a la caza de las visitantes del norte. Pero también era una época donde un tipo feo, si cantaba bien, podía ser una estrella de la canzone. Y comer más y mejor que tutti i papagalli.

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A este espigado milanés lo fastidiaban en el colegio por su apellido esloveno: Gaberscik. Hasta que en una pelea le metió la nariz en un ojo a un compañerito. Entre estornudos y mocos fue uno de los pioneros del rock 'n' roll italiano.

¿Qué hace un napolitano sin vocación por la camorra? Cantar o emigrar. Giusseppe Faiella empezó cantando para los americanos en Capri: para los marines de los acorazados y para los turistas de los cruceros. Y nunca tuvo que amasar pizza en Francoforte.

Enrico Sbriccoli siempre quiso ser un saxofonista de jazz, e incluso lo intentó un par de veces en Roma. No lo hacía mal, y de hecho desayunaba bien, pero no le alcanzaba para almorzar. Entonces se cambió para la canzone. Y le fue mejor, pero no le alcanzaba para cenar. Y ahí Ennio Morricone le hizo un arreglo a su siguiente canción: Il Mundo, que le dio la vuelta al orbe.

Pocos artistas de cualquier género han sido tan virtuosos con el peine como este veneciano. Lo que Gino podía hacer con 26 pelos, 2 onzas de brillantina y un peine común y corriente era una obra de orfebrería. Algo así como dorar por completo a la Estatua de la Libertad con media libra de polvo de oro. Componer y cantar eran sus otros grandes talentos.

# 6 Giancarlo Guardabassi
Su aspecto recordaba el tradicional incesto de la nobleza úmbrica, de la cual descendía; pero aparte de eso y de la forma de andar Giancarlo era completamente normal. Sacó pocos discos, pero compuso bastante más: lo mismo para Gianni Morandi que para Donatella Moretti, entre muchos otros.

# 5 Peppino Gagliardi
También este otro cantante napolitano interpretó temas de Guardabassi, si bien él mismo componía con gran calidad, como demuestra su fenomenal "Come Le Viole" de 1972. Conocido por su atípico y pausado estilo, Peppino cantaba frenando la melodía. Era un vestigio de su etapa juvenil, cuando se ganaba las liras en el puerto de Nápoles, donde la menor premura resultaba un peligroso signo de debilidad.

Antonio Lardera salió a flote en la escena musical milanesa. No sin antes haber tocado fondo varias veces. Primero lo intentó como barista y, aunque hacía un espresso aceptable, el capuccino siempre le quedaba amargo. Su primer sencillo, sin embargo, fue algo extraordinario: "Come Prima". Una vez lista la maqueta Tony se la envió a la comisión del Festival de Sanremo, y la recibió de vuelta enseguida. Dos años después fue que una disquera quiso editar el single. Subió al # 1 en las listas de inmediato y se vendieron 300.000 copias en pocas semanas. Tony ganó el Sanremo en 1960.

Figura máxima de la canzone calabresa. Hasta hoy sus clásicos nunca faltan en los guateques de la 'Ndrangheta. Bienamino  fue, además, un tipo muy polifacético que lo mismo compuso famosos temas para niños que se pasó largas temporadas animando bares de putas en Hamburgo.

# 2 Umberto Bindi
Existe aquella anécdota de Jacques Brel, conocida como la situation à Cannes, que cuenta como el chansonnier flamenco se está contemplando resignado en un espejo en los baños del Palacio del Festival y de repente ve a un tipo muy feo en el espejo de al lado y se asusta. Pues bien, el otro sujeto era Umberto Bindi. A favor del cantante ligurio vale decir que en sus años maduros perdió parecido con Brel. Y a cambio adquirió gran semejanza con Pierre Richard.

# 1 Nicola di Bari
Il campione indiscusso de la canzone italiana cantata in spagnolo era también un monstruo en Italia. Ante todo por los discos vendidos y los triunfos en Sanremo, aún sin superar. En una entrevista en la RAI a mediado de los años 90 Michele Scommegna afirmó que de su enorme colección de bragas, recogidas pacientemente en los escenarios de Europa y América, podía reconocer el país y el año por puro olfato. Será porque no tengo la nariz tan grande, pero no se lo creo. No lo del año.



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