1 ago. 2008

El Mercader de Lobetal - Coda



Algo así como un epílogo

Mi socio inversionista acabó la carrera un año antes que yo. Luego sacó media docena de certificados de Microsoft y de LAN, y entró en el negocio de la consultoría de redes. En la segunda mitad de los 90 ya iba a trabajar de Armani, con un Mercedes de la empresa y primas de 40.000 por navidad. Sólo en un punto no consiguió superarse: seguía con la misma mujer.

La última vez que lo vi fue a comienzos de este siglo. Quedé con la leve impresión de que me escurrió el bulto.

Me lo había encontrado de casualidad en la calle. Le dije:

- Dime, viejo, ¿qué se cuenta? Oye, tengo un negocio ahí. Va a dar mucha pasta, pero hay que subirse con 50.000 euros. 50 nada más, y podemos sacarle el cuádruple.

No contestó. Decidí insistir. Acababa de invertir toda mi reserva en una sociedad limitada con otros socios, y no tenía capital para el prometedor asunto.

- Bueno, yo estoy sin fondos, pero si tú aportas, vamos a la mitad, ¿qué opinas?

Me miró un poco raro. Así que continué.

- Desde luego, primero descontamos de la ganancia los 50.000 de tu inversión. ¿Qué, te apuntas?

Dió un paso a un lado, a mi derecha, como para evadirse. Lo fui a agarrar de la solapa del traje, mas era un Hugo Boss y me pareció que sería una desconsideración. Así que no lo toqué. Unicamente le cerré el paso. Y volví a la carga:

- ¿Qué te parece la idea? Claro, necesitarás de unos días libres, porque tendremos que ir a Bulgaria. Oye, tú tienes muchas millas con Lufthansa, ¿verdad? Para los vuelos, chico...

No capté como lo hizo. De repente se me fue por la izquierda. Y yo que creía que sólo Ronaldo se sabía ese truco. Mientras corría, me gritó algo de que se le iba un tren. Pero lo vi entrar en el estacionamiento ejecutivo de Seguros Victoria S.A. Poco después salió un Maybach negro del parqueo subterráneo. Me quedé mirándolo, porque ese modelo aún no estaba en el mercado. Y, cuando pasó a mi altura, aluciné. Una de dos: o conducía un enano o el conductor se había escondido.

No sé, a veces los socios cambian con los años. Algunos se vuelven raros...


3 comentarios:

  1. ¿Lo de Bulgaria? Pues no pudo ser como yo pretendía. Era un casino online completo, que habían montado unos programadores balcánicos. Unos fiñes, pero soplaos. El deal me llegó desde Sofia por un ex-compañero de la universidad. Conseguí interesar a un comprador alemán. Al final terminé de simple agente intermediario por una tierrita: 15.000 de provisión.

    Por cierto, en abril dejé palmar un negocio en Alemania. Había un ucraniano con una planta procesadora de aceitunas para producir aceite y fertilizante ya instalada en Lvov -según él, yo no la vi-. Sólo le faltaba la materia prima. Quería comprar 50.000 toneladas de aceitunas en el mediterráneo, y me pidió que lo ayudara.

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