11 ago. 2008

El Protector De Los Cerdos XX


La historia del náufrago

Al amanecer del 15 de agosto de 1511 la nao Santa María de la Barca había zarpado del Darién con rumbo a Santo Domingo. La capitaneaba Pedro Juan de Valdivia, un regidor de Santa María la Antigua, que llevaba instrucciones de Vasco Núñez de Balboa para cabildear a su favor ante la Real Audiencia. El objetivo era contrarrestar las intrigas del depuesto Adelantado de Nueva Andalucía, Martín Fernández de Enciso.

El fiel padre franciscano Gerónimo de Aguilar acompañaba a Valdivia. Junto con 15.000 castellanos para argumentar de forma más convincente. Nunca llegaron a La Hispaniola.

Los primeros dos días tuvieron buen tiempo. Durante la hora de la siesta de la tercera tarde el piloto Juan de Gaviria aprovechó la soledad de la ardiente cubierta para usar la silla letrina, ubicada cual saliente sobre la borda a estribor. Sentado estaba Gaviria en tan humana labor, cuando un pez volador lo mordió en pleno pundonor. Pronto sus gritos despertaron y atrajeron a la tripulación. Algunos hubieron de auxiliar al desafortunado piloto, pues el vicioso pez no lo soltaba. Aquello parecióles de muy mal augurio. Así aconteció que en la noche se desató una terrible tormenta. El navío no resistió. Había sido armado en Almería, y no era muy robusto que digamos. En un santiamén perdió las velas, los mastiles y el timón. Las enormes olas zarandearon a su antojo aquel torso de navío por interminables horas, y acabaron estrellándolo contra unos arrecifes al oeste de Jamaica.

Dos decenas de hispanos, incluyendo dos damas, sobrevivieron al naufragio. Así como dos negros y cuatro indios, todos pertenecientes a Valdivia. En medio de los restos del navío sólo encontraron un bote con el que intentar sobrevivir en la inhóspita mar. No cabían todos. Mas, en un acto de generosidad y responsabilidad, el capitán renunció a llevarse su propiedad para salvar a su tripulación.

Sin embargo, las penurias no habían hecho sino comenzar. Hacinados en el batel, los veinte cristianos fueron atormentados por la sed, el hambre y el sol. Se vieron obligados a beber sus orines. Al principio la orina de las repugnadas damas se rifaba entre los caballeros. Después, no. Más tarde bebieron la sangre de los fallecidos. Las damas primero. Cuando arribaron a tierra firme, apenas quedaban con vida ocho hombres: el capitán Valdivia, el fraile Aguilar, el piloto Gaviria, el arcabucero Gonzalo Guerrero, y otros cuatro conquistadores.

Desafortunadamente, las corrientes antillanas habían arrastrado el bote hasta el cacicazgo maya de Ekab en Yucatán. La tierra de los cocomes. Al desembarcar los estaban esperando. El piloto Gaviria se aproximó pidiendo agua potable por señas. Por toda respuesta el cocome más cercano le abrió el cráneo de un golpe de macana. El desdichado piloto lanzó un gemido, y, tratando de contener la sangre con las dos manos, se internó en la cercana selva. Nadie lo persiguió. Indignado, el capitán Valdivia desenvainó su espada y atravesó el vientre del agresor. Los 200 nativos se arrojaron entonces sobre los cristianos gritando con rabia:

- Kiimsah! Kiimsah! (¡Asesinos! ¡Asesinos!)

A Valdivia y a dos marineros los desmenuzaron, guisaron y degustaron inmediatamente. Mientras que los restantes, incluyendo fray Aguilar y el soldado Guerrero, fueron colocados en cuatro pequeñas jaulas con el objetivo de engordarlos hasta el siguiente festín. Si bien no les faltaba comida, esos sobrevivientes estaban decididos a escapar. La ocasión se presentó en la cuarta noche de cautiverio. El pobre Gaviria se apareció junto al corral de las jaulas. Tenía un feo hueco en la cabeza y había perdido la razón. Por lo demás parecía estar bien. El piloto abrió las jaulas de sus compañeros. Y juntos se alejaron de la aldea maya.

Marchando hacia occidente consiguieron llegar hasta territorio controlado por la ciudad de Maní. Aquí reinaba la dinastía de Tiul Xiu, enemiga acérrima de los cocomes. Fueron capturados y llevados ante el jefe maniense Xamanzana, quien los esclavizó y asignó al servicio de su templo favorito. Los duros trabajos y el maltrato físico pronto costaron la vida a varios cristianos. Tan sólo Guerrero y Aguilar, cada cual a su manera, consiguieron sobrevivir. Guerrero se defendía con una ferocidad tal, que logró ganarse el respeto de los mayas. Aguilar, por su parte, rezaba, y obedecía con la mayor docilidad.

La gran oportunidad para cambiar su situación les llegó con la inauguración de una nueva Guerra Florida[36] entre manienses y cocomes. Los esclavos, como era costumbre, conformaban el primer bloque de combate. De esta manera, tras los enfrentamientos iniciales los sacrificios humanos en los respectivos templos solían ser con esclavos del enemigo y, por ende, originarios de la propia tribu. Así se dio el caso de que, al caer el primer día de la Guerra Florida de 1491, el sacerdote cocome de Tibolón, Nakul Chan, tuvo que extraerle el corazón a su propio hermano, Xupán Chan, que había sido esclavizado cuatro años atrás por el insano enemigo en Maní. Mas el contingente de esclavos de Tiul Xiu en la Guerra Florida de 1513 incluía a un arcabucero español de Niebla en Palos de la Frontera, un veterano de la primera campaña napolitana del Gran Capitán llamado Gonzalo Guerrero. Eso no significaba nada para los manienses, pero cierto aprecio le tenían, pues Guerrero le había arrancado la nariz de una mordida a uno de los ayudantes del sacerdote Teoh Um, cuando entre cinco intentaron abusar de él. El andaluz cambió los palos y piedras del regimiento de esclavos por largas varas de punta afilada. Les enseñó la rotación para no extenuarse en las filas de choque. Y estableció claros mecanismos para los comandos de empuje, hinque y mandoble.


Semejante versión ligera de la falange macedónica penetró en el ejército cocome «como la obsidiana en el pecho de un niño» –según las palabras posteriores del comandante superior maniense Na Chan Can, señor de Chactemal y mayor productor de cacao yucateco. Los improvisados falangistas destrozaron a los esclavos rivales y, a continuación, a los regulares cocomes. Chochín, el cacique de Sotuta y jefe supremo cocome, entró en pánico y lanzó a la legión élite de los guerreros de la Pluma Bermeja, que nunca combatían el primer día, ni casi ningún otro tampoco. Los de la Pluma Bermeja cargaron con su usual valor, pero fueron ensartados igual. Ahí Chochín apeló al último y máximo recurso, ordenando el avance de los mercenarios Ah Canul. Con el cuerpo completamente pintado de blanco y profiriendo ensordecedores alaridos, aquellos descendientes de mexicas se avalanzaron sobre los lanceros de Guerrero. El español, sin embargo, impartió órdenes de abrirles un corredor y dejarlos pasar. De manera que los Ah Canul fueron a chocar directo contra los regulares manienses. Al instante Guerrero mandó a cerrar el corredor y voltear el ataque de la falange contra la retaguardia Ah Canul. Por primera vez en la historia maya una Guerra Florida duró un solo día.

Al atardecer siguiente, en medio del éxtasis eufórico por los sacrificios de prisioneros, Na Chan Can hizo llamar a Gonzalo Guerrero. Frente a la reunida nobleza Tiul Xiu el gran cacique le otorgó cuatro grandes honores al hispano: la libertad, el grado militar de nacom, su propia hija Zazil Há Can en matrimonio, y un mordisco en el corazón de Chochín. El bravo soldado se conmovió hasta los tuétanos, y se volvió un maya para siempre.

- Padre, ¿de veras que no podemos recuperar a ese hombre para la causa cristiana? –indagó Cortés al escuchar esa parte del impresionante testimonio.

- Me temo que es imposible, señor –contestó Aguilar tomando aliento tras la larga narración–. Cuando recibí vuestro mensaje, he ido a verlo. Insistí mucho, pero fue categórico en su negativa. Gonzalo tiene las orejas horadadas y porta todos los tatuajes rituales de los guerreros de estas tierras. Sus hijos llevan una tablilla en la frente con una bolita colgando, para aplanar sus cabezas y a la par quedar bizcos, como les gusta a los mayas. Incluso sacrificó a Ixmo, su primera hija, para aplacar una plaga de langostas…

- ¡Joder! –se escuchó en un coro tan espontáneo como impreciso.

- Pero eso no es lo peor, caballeros –murmuró el fraile náufrago.

- ¿Qué puede ser peor? –preguntó Pedro de Alvarado.

- ¿Sabéis de unos castellanos que fueron atacados en Champotón dos años atrás? –inquirió a su vez Aguilar.

- ¡Francisco Hernández de Córdoba! –contestó Alvarado–. Perdió casi 60 hombres, y él mismo pereció después en Fernandina por causa de sus heridas.

- Estamos aquí, entre otras cosas, para vengar esa afrenta –sentenció Cortés.

- Pues poneos a buen recaudo, castellanos, que ha sido el nacom maya Gonzalo Guerrero quien ha dirigido ese ataque…

- ¡Joder!


El nuevo miembro de la expedición acababa de explicar como luchaban las naciones de nativos en las nuevas tierras. Ese conocimiento el caudillo lo interiorizó de un golpe. Le resultaría extremadamente útil durante toda la campaña mexicana. La labor de Aguilar como intérprete también sería sumamente importante para la gloria de Castilla.

Más tarde, apartados del resto, fray Cabezuela le dirigió la palabra en privado a fray Aguilar.

- Hermano, aunque no me conocéis, yo sí sé de vos –le dijo–. En su día hube de reemplazaros en Santa María la Antigua. ¿Recordáis a fray Miguel de Zumárraga?

- ¡Cómo no habría! ¡Miguel, aquel vasco impulsivo! ¿Qué ha sido de él? –exclamó fray Aguilar.

- Sigue en el Darién junto a Vasco de Balboa…[37] -comenzó a explicar fray Cabezuela.

- Hermano, ¿sabéis algo sobre mi madre? –lo interceptó el náufrago.

- Pues… es de eso que quería hablaros…

- ¡Decidme, por favor!

- Nuestros hermanos franciscanos del Monasterio de la Cartuja de Sevilla la visitan con cierta regularidad en Ecija.

- ¡Gracias a Dios! ¿Entonces, está bien?

- De salud sigue muy robusta, mas debéis entender que la noticia de vuestra desaparición en tierras de caníbales la afectó mucho –enunció don Simón–. Vuestra madre se niega a comer carne, y al ver freir cualquier pedazo suele gritar como loca: «¡Ved aquí la madre más desdichada del mundo, ved aquí los trozos de mi hijo!»

- ¡Santo cielo! –articuló medio ahogado don Gerónimo con lágrimas en los ojos, y el nudo en la garganta no le permitió continuar.

En ese momento fueron interrumpidos por el soez capitán Alonso Hernández de Portocarrero. Se había acercado sigilosamente para escuchar la conversación, y vociferó inclemente:

- ¿A que no sabéis lo que grita vuestra madre cuando ve cocer unos huevos?


[36] Las guerras mesoamericanas se caracterizaban, en primera línea, por la captura de prisioneros. El guerrero maya, totonaca, tlaxcalteca o azteca intentaba sólo herir a su rival para tomarlo preso y luego sacrificarlo ante el altar de sus dioses. En aras de ese objetivo se invertía más en la emplumada y colorida decoración de los guerreros que en su armamento. Para que el lector se haga una idea en términos de productividad: Apresar a un guerrero costaba por regla el triple de esfuerzo y tiempo que matarlo.

[37] Esa información no era exacta. Corría febrero de 1519 y Cabezuela ignoraba que Pedrarias había hecho ejecutar a Balboa apenas un mes atrás.

22 comentarios:

  1. Esas fotos están Gore una pila. No sé si leerme lo que hay debajo o si me encontraré con la secuela de viernes 13.

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  2. Ivita,
    qué dices, chica? Si yo escribo esto para los niños!

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  3. Guicho:
    Se leen solas estas historias.
    No es un error eso de "el primer día de la Guerra Florida de 1491"? En esa época no había llegado esa gente aqui!
    Saludos,
    Al Godar

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  4. Al,
    la aludida Guerra Florida precolombina entre manienses y cocomes cayó en el 6 Ahau 2 Zac, según el calendario maya. Pero, como ni el lector ni el autor lo tenemos tan claro con el almanaque yucateco, prefiero mencionar el correspondiente año cristiano de 1491.

    La mejor descrita Guerra Florida con Gonzalo Guerrero, en cambio, fue en 4 Ahau 6 Mol, o sea, en 1513.

    Saludos!

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  5. Muy interesante la versión de la historia de Guerrero... pero dime algo ¿de dónde son esas imágenes, de qué película...?
    Saludos

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  6. Salva,
    esas imágenes son de la película The Fountain (2006).

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  7. Estimado Guicho Cronico, quiero contactarlo via email, pero no encuentro su ciberdireccion. Podria escribirme a:

    eufratesdelvalle@yahoo.com

    Gracias. Y, estoy dejando esta historia para el fin de semana, porque con sus textos hay que ser cuidadoso y atento, y a veces, con segundas lecturas. Luego le comento.

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  8. Güicho, qué manera de gozar con esta saga, ya lo sabes. Gracias.
    La P.D. vale oro.
    Esto tiene que ser un libro.

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  9. Güicho, qué bien narra usted! Se te nota, además, la alegría de narrar: "A Valdivia y a dos marineros los desmenuzaron, guisaron y degustaron inmediatamente…" Gonzalo Guerrero tenía un nombre muy apropiado. Chochín, no tanto.

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  10. Vaya costumbre de engordar a los intrusos, para luego meterle el diente. Con esos dientes, no hay quien les coja lastima. Recuerdo la leyenda de curazao... gluck!


    me pregunto que hubiera sido de los gaitos, si en lugar de colonizadores , les hubiera tocado enfrentar en tierra de San Ignacio, a las oleadas de esos mayas...

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  11. Guicho, por casualidad tu estas yendo a un Gym que hay en la US 1?

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  12. Grieguita,
    negativo, no voy a ese gym. Si algún tipo allí te dijo que era yo, pues exageró un poco... ;-)

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  13. Asere,
    no sé qué le ves de raro a eso, chico. Recuerdo que una vez nos vendieron un pollo vivo en la carnicería, y lo pusimos a engordar en el balcón antes de sacrificarlo. Yo me ofrecí de voluntario para la ejecución. Era muy joven, y no tenía piedad. Aquel pollo me miró ingenuo, pero igual le retorcí el pescuezo.

    Creo que hablé demasiado, mas espero que no piensen muy mal de mí.

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  14. Jorge,
    se agradece el encomio. Qué le ves al nombre del cacique Chochín? A mí hasta me suena bonito.

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  15. Isis, gracias!

    Creo que tienes razón, la vida de tan abnegados próceres merece pasar alguna vez por la imprenta plasmada con honestidad como aquí.

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  16. Éstas son clases de historia y no lo que teníamos que aguantar en el colegio, claro que si en el colegio nos lo hubieran explicado así habría habido algunos problemillas con los padres, ja ja
    Un beso,

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  17. Pense que no volveria a pasar por estas clases de historia. Pero, maestro Guicho, quien se le puede resistir?

    Y, ahora, me voy al receso con unos corridos mexicanos.

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  18. Esta narración es fantástica, además de que engancha. ¿Forma parte de una novela? Muy buena.

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  19. Muchas gracias, Zoé.
    Ciertamente será una novela. Espero terminarla antes de navidad. Aunque no tengo claro el año.
    ¡Saludos!

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