3 jul. 2013

Evo Mo...ctezuma

Atrapado en Viena: otro indio cautivo. 

¡Qué decepción, Evo! 

Tanto criticar al pollo transgénico y, por lo visto en Viena, tú te habías dado un atracón. 

¡Qué desilusión, Evo! 

Dos gobiernos pendejos como Francia y Portugal te dicen que no pases, y no pasas. España, el país más homosexual del planeta, te niega el combustible y hasta se atreve a mandar un gilipollas a espiarte la litera. ¡Y tú te dejas! Ni un solo pescozón. Ni siquiera una mordida de rabia andina. Nada de aletear como un cóndor por el cielo europeo gritando “¡atrévanse a tocarme, partida de imperialistas!” 

¡Qué desengaño, Evo! 

Si te pilla Caupolicán en esa, te pasaría la macana sin misericordia. Incluso Juana Azurduy de Padilla te hundiría el sable hasta el mango, si te viera ahora. Aunque tú seguro te lo clavarías voluntariamente como hiciste con los policías austriacos, los más mansos de Europa. 

¡Qué desencanto, Evo! 

Esto no le habría pasado a Hugo Chávez ni estando borracho. Y a Fidel Castro, ni muerto. Ni siquiera a Pancho Villa o a Tirofijo. Sin embargo, esos europeos calvos, infértiles y afeminados creen en el prejuicio del indio lelo y pusilánime, y han abusado de ti como si fueras un fugitivo tamil, tibetano o etíope. En fin, que has perdido la moral, te han moctezumizado brutalmente. 

¡Qué chasco, Evo!

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