26 jul. 2010

Talavera

El 27 de Julio de 1809 fue uno de esos días en que una casualidad puede cambiar el curso de la historia. Casualmente sucedió lo contrario, pero pudo haber sido al revés y hoy todo sería diferente. Aquel día Arthur Wellesley se ganó el nombre de Wellington -aún a nivel de vizconde-, mas no fue esa la casualidad, sino que estuvo a punto de no ganarse nada y perderlo todo.

Desplazado a Talavera de la Reina en la provincia de Toledo para su primera batalla seria en suelo español, el jefe británico se encontraba hastiado de discutir con su tozudo aliado local, general de la Cuesta. Don Gregorio insistía en querer ubicarse arriba, mientras que Sir Arthur le sugería que mejor se pusiera abajo. Así las cosas, en la tarde Sir Arthur decidió visitar a uno de los regimientos de la división de Hill, encargado de cubrir el flanco izquierdo tras el río Portiña que baja de la Sierra de Segurilla. Entonces al general de Fay se le ocurrió salir por cuenta propia desde la reserva francesa con sus dragones acorazados, pasar por detrás de la infantería del general Ruffin, cruzar el río y cargar contra los desprevenidos ingleses. A esa hora no aparecía el caballo de Sir Arthur. La propuesta del coronel Donkin de simplemente echar a correr Sir Arthur la rechazó con frialdad. Sólo en el último momento, cuando los coraceros franceses ya habían quebrado la segunda e improvisada línea inglesa, alguien trajo el anhelado corcel.

Hora y media más tarde, reunido con su estado mayor, el todavía sofocado Sir Arthur recibió un parte de que los fastidiosos jinetes franceses habían dado la vuelta por retaguardia y amagado una carga contra el flanco derecho aliado, razón por la cual los soldados españoles del general de la Cuesta habían arrojado sus mosquetes y salido en desbandada hacia atrás, sin que el enemigo se animara a perseguirlos, por suerte. Por primera vez Sir Arthur frunció el ceño esa tarde, pero no maldijo. Ahí el mensajero añadió que esos fugitivos ibéricos habían ido a parar al vivac con el equipaje y los pertrechos ingleses, dedicándose inmediatamente a saquearlo.

Cowards and thieves… that fucking Spaniards! –exclamó Sir Arthur.

Y decidió que con sus 20.000 británicos y alemanes enfrentaría a los 48.000 franceses e italianos, sin importar lo que hicieran los 30.000 aliados españoles. Ganó. También porque los jefes franceses presentes demostraron su afición por el desorden, en el caso de Jourdan, Victor y Sebastiani, y por el cognac, en el caso de José Bonaparte. El ausente Soult tan sólo mostró su inflexible impuntualidad.

6 comentarios:

  1. Amigo Güicho, le confieso que nunca me han tocado, en la carne, en los sueños, los españoles.
    Mi primer amor fué Ignacio Agramonte, "joven audaz, intrépido y valiente"...(olvidé el autor) enemigo mortal de los guerrilleros.
    En mi subconsciente atiborrado de imágenes feas, mis visitas a mi padre preso en Isla de Pinos, en el Principe,Wyler y sus
    campos de concentración estan de
    la manito, y le digo, amigo, que aquel post suyo de hace años,donde magistralmente describe lo que es la raza cubana (víctima de la canallada Ibérica) fué lo que me hizo prendarme de este blog.
    Gracias.

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  2. Cobardes y ladrones.

    Sí, algunos hay en mi país, lamentablemente.

    El principal reside en el Palacio de la Moncloa.

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  3. Buenísimo, Güicho. Le hago link en mi blog.

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  4. ve a http://baseballporsiempre.blogspot.com/2010/07/si-de-belleza-femenina-hablamos-koeppe.html

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  5. Muy bien escrito e interesante.
    (Para mí también porque conozco Talavera de la Reina)

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