5 nov. 2008

By the way, Mr. President

Uno de mis sueños altruistas de toda la vida ha sido poder ayudar al continente negro. Para los cubanos Africa es algo remotamente íntimo. Un poco como ese primo que tenemos en Guantánamo y que nunca invitamos. Pero igual viene. Y ahí nos damos cuenta de lo negro que es. Lo que quiero decir aún no lo sé, mas sigamos. Creo que la mayor alegría que me ha dado la victoria electoral de Barack Hussein es la posibilidad de mejorar la suerte africana. Para ser más exacto: esa es la única alegría.

Ahora me he detenido a profundizar en esta vieja inquietud mía, y me percato de que, en el fondo, mis razones son globalmente humanistas. Es decir, se trata de un asunto de interés para toda nuestra especie. Si no salvamos a Africa, la biodiversidad se verá severamente limitada. Ya sé que también debería pensar en salvar a los blancos. Sin embargo, a estas alturas todos comprendemos lo inútil de tal empeño. Cuando un animal ya no quiere comer, hay que priorizar el forraje de las otras bestias –decía mi bisabuelo, que tenía ganado. Perderemos a los blancos, sí, pero aún podemos salvar a los negros. De lo contrario tendremos apenas tres genotipos en poco más de dos siglos: changaio, bombayo y guadalajaro.

Entonces, ¿cómo podemos ayudar a Africa? Lo primero que Africa necesita es paz. Para conseguir la paz entre los africanos hay únicamente dos caminos: o les quitamos las armas, o les entregamos más y mejores. Lo último, desde luego, de una manera selectiva: no a todos, ni al mismo tiempo. En lo primero ya fracasó Bill Clinton. De ahí que estemos obligados a lo segundo. Y esto nos crea un dilema moral. ¿A quiénes les damos las armas? ¿A los más bonitos? ¿A los más grandes? ¿A los más sanos? Mi bisabuelo no tendría dudas en este caso. Mas en el siglo XXI las decisiones son más complicadas.

Sobre eso, incluso, me pregunto cuán imparcial podría ser el nuevo presidente americano. El es un nilote, a diferencia de los afroamericanos ancestrales, provenientes de Africa occidental, que son bantúes. No, todos los negros no son iguales, señor. Las diferencias entre un nilote y un bantú equivalen a aquellas entre un bielorruso y un andaluz -los gitanos de ambos lados no cuentan.

Así pues, miro a Africa y me pregunto: ¿a quién entregará las armas el presidente Obama?

El tiempo dirá.

Mientras tanto bailemos un rico ritmo africano que a mí me encanta. Damas y caballeros, de Angola... la kizomba:

8 comentarios:

  1. Estimado Guicho, me ha hecho el dia! Gracias por presentarme este nuevo ritmo. Ahora mismo voy a google a ver si encuentro una escuela por estos lares que lo ensene. Soy paton, pero con unas clasesitas, quizas lo logre, mientras reflexiono sobre este acertijo.

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  2. No me ha parecido nada irreflexivo el apunte.

    Buen blog. Un saludo.

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  3. Changaio, Bombayo y Guadalajaro??
    Extiéndete un poco sobre esto, please! Mientras,voy a practicar la kizomba...
    Besitos

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  4. Hola guicho!
    Con respecto al àfrica, es tambièn un sueño mio,serà porque nos corre esa sangre? Desgraciadamente, no està a mi alcance, pero lo puede hacer uno con el poder adquirido como obama, està a èl, desilucionar quienes han puesto confianza, ò sorprender la amèrica y el mundo entero.

    Un saludo,yuya:)

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  5. hay que ayudar al áfrica, o esos culos se van a perder.
    es más, hay que salvar a las africanas.

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  6. Eufrates,
    divulgar lo bueno es grato de por sí. Ya veo que sabe enfocarse en lo práctico.

    Irichc,
    muy gentil, ¡gracias!

    Catikísima,
    complacerte es un placer. Necesitaré un post para cada uno de esos ejemplares.

    Yuya,
    mucha razón llevas, gracias por tu generoso comentario.
    Saluti

    Garrix,
    enorme aporte. Y el de las negras también.

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  7. No se cual será la mejor forma de salvarlos, pero estoy seguro que no se debe seguir el ejemplo de Zimbabwe.
    Quizas la mejor forma sea dejarlos tranquilos que se arreglen entre ellos.
    Saludos,
    Al Godar

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  8. Al, sí, Zimbabwe es lo peor. Más vale Idi Amin por un rato que Mugabe para siempre.

    Entrometerse en Africa no se lo sugeriría a ninguna organización y a ningún gobierno.

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