10 nov. 2008

Iremos a Verona


La ciudad de Romeo y Julieta es tan bella que no se opaca por la presencia de Venecia al otro extremo de la misma región del Veneto. Fundada por los retos –parientes pobres de los etruscos– junto a un doble meandro del río Adigio al borde de la fértil llanura padana, ya en la antigüedad Verona fue objeto de la codicia de celtas, romanos, visigodos, hunos, ostrogodos y longobardos. Al parecer sólo los semigodos y los seudogodos no se interesaron por Verona. Quizá por eso los primeros no consiguieron cuajar y los segundos fueron desenmascarados.

Más tarde tampoco faltaron ambiciosos: bávaros –sí, las hordas cerveceras llegaron una vez hasta el mar Adriático, e incluso se quedaron allí cinco lustros del siglo X–, milaneses, venecianos, franceses y austriacos. Pero entre el siglo XII y el XIV la ciudad disfrutó de casi 300 años de independencia. Entonces floreció como república, alternando con varias epidemias de peste.

Verona es una ciudad para ir en pareja. O, a lo máximo, en trío -si se comparte bien. Un día, o dos, o tres, es suficiente para disfrutar de lo siguiente.


Piazza delle Erbe
Este era el punto de reunión durante la república; y el mercado central, por supuesto. La Torre del Gardello, a la izquierda, fue erigida en el siglo XIV. Todos los edificios que circundan la plaza tienen nombres propios: Palazzo Maffei, Casa dei Mazzanti, Giuseppe, Giovanni, Luigi, etc.
La columna con el León de San Marco al fondo de la plaza es un vestigio de la época veneciana.


Duomo di Verona
La Cattedrale di Santa Maria Matricolare es la iglesia de estilo románico más bonita que conozco. Fue consagrada en 1187, el mismo año en que el mayor líder de la cristianidad, Richard Cœur de Lion -hablaba sólo francés-, prometió proteger de los musulmanes a Jerusalem. Más de ocho siglos han pasado. La catedral de Verona sigue ahí. Jerusalem sigue amenazada. Y el líder de la cristianidad se llama Barack Hussein.


Arena di Verona
La arena romana data de la primera mitad del siglo I d.C. Por su tamaño mediano debe haber servido para espectáculos más bien modestos: peleas de gladiadores o combates de gato grande contra cristiano amarrado, pero no para juegos imperiales con arqueros y carros de caballos. Hoy día se sigue llenando, al menos durante el verano, pues se escenifican óperas clásicas en su interior. Y es que la arena dispone de una extraordinaria acústica, una de las mejores a cielo abierto. En su día debió ser imponente escuchar a gatos y cristianos.


Casa di Giulietta

Aunque los personajes de Shakespeare son apenas figuras literarias, sí existieron en la Verona medieval dos ricas familias llamadas Montecchi y Cappelletti (no Capuleti como en el drama inglés.) Los Cappelletti tal vez vivieron en esta casona de la calle Capello. Si bien, cuando empezaron a identificarla como la casa de Julieta en el siglo XIX, ya llevaba varias centurias de uso como albergue para caballerizos. El balcón y muchos detalles medievales del inmueble son un montaje de los años 30 del siglo XX. Por cierto, en el siglo XXI de la recepción se encarga una opulenta mulata criolla llamada Juana, que cobra 4 euros (por entrar.)


Torre dei Lamberti
Una construcción medieval de 84 metros de altura. Es muy divertido subir cuando los lisos escalones están mojados por la lluvia, como me tocó a mí. La vista sobre la ciudad y el campo circundante es magnífica. Las campanas de la torre se usaban para llamar a las armas o a los cubos de agua a los ciudadanos, en caso de que el vigía atisbara soldados a lo lejos o humo a lo cerca.


Castel San Pietro
La colina de San Pedro junto al río Adigio es la única elevación natural de Verona. De ahí que el primer piquete de galos que le arrebató la ciudad a los retos montó un fortín en la cumbre con unos palos y algunas piedras. Luego los romanos construyeron un castillo, ampliado una y otra vez por sus sucesores. Durante la fase veneciana la fortaleza alcanzó su mayor esplendor. Y ahí apareció Napoleón en 1801 y –al igual que con los burgos alemanes del Rin– no dejó piedra con estuco. Es sabido que, con su manía de movilidad, el gran corso le tenía una manifiesta ojeriza a las fortificaciones. ¡Ay de las pirámides egipcias si Bonaparte hubiera hallado algunos turcos armados encima! La edificación actual es un cuartel que mandó a construir el ya octogenario mariscal Radetzky en 1852 para defender al imperio austro-húngaro de los belicosos piamonteses. No obstante, hay muy pocas esquinas en el mundo tan hermosas como ésta.


Caffè Bar Pasticceria Barini

Andando por el Corso Porta Nuova camino de la Arena vale la pena detenerse en este pequeño café. Por tres simples razones: un formidable capuccino, y dos dulces: baci di Giulietta y baci di Romeo. Probar los besos de Julieta y de Romeo resulta una exquisita bisessualità paticcera.


Ristorante Il Desco

El mejor restaurante de Verona, con dos estrellas Michelin, lo lleva el chef Elia Rizzo. Carne y polenta son la espada y el escudo de su cocina. Mas allí cualquier simple aperitivo es una delicatezza: tramezzini (mini sandwiches de pancarré), cotechino (embutido de Modena), o hasta los sencillos pani bagnati d’olio. En fin, no es un lugar apropiado para las dietas. El local se encuentra en un siniestro callejón de la ciudad vieja. Si fuera en Napoli o en Palermo no recomendaría ir. Pero Verona es otra cosa. Eso sí, por dentro parece un palacete renacentista con una vinoteca impresionante. Por eso mismo, durante el Vinitaly, que organiza la Fiere di Verona cada año, Il Desco se convierte en la capilla oratoria de los más devotos vinateros italianos. Este plato es pechuga de paloma con crema de arroz y hongos plateados. De acuerdo, la palomita también se puede resolver en La Habana. Recomiendo probar, en cualquier forma, los gnocchi, el gran invento veronés. Y de postre: crème brulée al tabacco.


11 comentarios:

  1. El día que vaya por allí buscaré estos apuntes que tan bien nos orientan.Sólo me queda buscar un voluntario, o dos, si dices que se valen los tríos ;-)
    Un beso viajero,

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  2. Güicho, qué manera de reírme siempre contigo, mejor de aprender deleitándose.
    Justo fuí a Verona por Napoléon, que no se llevó las pirámides para Francia porque eran muy pesadas.

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  3. Catikísima,
    siempre me he preguntado por qué no hay más afinidad entre hispanos e italianos. Tal vez eso se remonte a la paradójica época del Gran Capitán: los burgueses italianos vestían mejor, también pintaban y esculpían y construían y cantaban mejor; pero el poder en Italia lo tenían los tercios de arcabuceros españoles, que luchaban mejor. Cada uno se puso a envidiar lo mejor del otro. Y hasta hoy.
    Beso

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  4. Estimada Isis, sí, también supuse que habrías pasado por allí.

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  5. No creo que no haya afinidad Güicho.A los españoles nos encanta Italia, no sé que pensarán ellos por allí, pero tengo amigos italianos y nunca he notado ningún antagonismo...Es verdad que Italia tiene una elegancia innata pero eso es motivo de admiración y no de envidia.

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  6. Catikísima,
    de acuerdo, antagonismo no hay, pero debería ser mayor esa afinidad. Por ejemplo, sólo en este siglo fue que los jugadores de fútbol de ambos países incursionaron masivamente en la liga del otro.

    Mas, por otro lado, los portugueses están más cerca y la afinidad es menor todavía. Claro, el buen gusto portugués lo mandaron a buscar hace unos siglos y todavía no ha llegado... ;-)

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  7. Dímelo Guicho,
    Coño excelente post. Como agradezco estas historias bro’, bien contadas siempre y con una visión afín a la de muchos de nosotros. Por eso cuando caigo aquí, vengo preparado a pasarla bien, pues lo mismo me encuentro con una teta nórdica, que con un exquisito relato de historia.
    En el 98 pasé que jodia (vía inter city) por Padova y Verona, con destino a Venecia, sin tiempo y sin una lira partida por la mitad… por lo que desde entonces me quedé con ganas de ver de cerca aquellos balcones y en general, de vivir una experiencia similar a la que nos cuentas.

    Gracias y hasta la próxima caricatura,
    tony.

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  8. Guicho, Catik,

    Por qué no se embullan a hacer un concurso entre la fabada y el spaghetti ...?

    La fina sorvetera de Catalina Médicis vs el hambre altiva de aquel Alonso Quijano, siempre presto a clavar, los dientes al mazapán manchego...

    Definitivamente, Europa nos la pone 'dura' ;) con sus gustos.

    tony

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  9. Ja,ja! Me gusta lo del concurso!De todas formas, hoy por hoy, creo que universalmente nos identificamos todos más con los spaguettis que con la fabada...Aunque en mi caso igual es distinto porque mi mamá no es española sino de un poco más al norte,...
    Un beso

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  10. Güicho, este post me ha hecho agua la boca...

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  11. Delicioso paseo. Cuanto desearia estar ahora mismo en esas callejuelas de Verona. Estimado Guicho, por las fotos me di cuenta que en Verona anda un tipo igualito a ti!

    Espectacular paseo!

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