2 nov. 2008

Contrapeso



- ¿Cómo supiste del concierto? –pregunté.

- Lo dijeron por la radio mientras desayunaba esta mañana.

- Parece que mucha gente escucha esa emisora –comenté-. ¡Mira qué cantidad de fanáticos!

- ¡Y cómo se meten en la vía sin siquiera mirar! -agregó ella.

- No podremos evitar atropellar alguno… -quise forzar un chiste.

- No juegues así… -me reprendió, pero se contuvo-. Tenemos que salir de aquí.

- ¿Por qué? Hay público, pero esa barraca parece bastante grande… -argüí.

- Mi marido está ahí –dijo alarmada.

Seis centécimas de segundo reflexionando me llevaron a la misma conclusión.

- Nos ha visto –murmuró ella.

- Bueno, ya no importa, ¿cuál es? –indagué.

- Aquel grande con la cabeza rapada… se ha dado la vuelta…

- ¿Aquel muro de espaldas? –inquirí-. Entonces, ¿nos vio o no?

- Sí, me miró antes de virarse –masculló.

- ¿Por qué se ha volteado? –me extrañé.

- ¿Acaso yo estoy en su cabeza? –replicó nerviosa-. Alguna pena tendrá. O no querrá que Pedro Juan le vea la cara –añadió.

- ¿Pedro Juan?

- Así te llama…–explicó-, …por el libro.

- Te lo había regalado a ti –objeté.

- Sí, pero vivo con él bajo el mismo techo, ¿lo recuerdas?

- ¿Entonces se ha leído la Trilogía? –continué.

- Sí, dijo que quería saber por quién yo había perdido la cabeza -respondió.

Nos alejábamos, y el tráfico se enrarecía rápidamente.

- Arnold debe haberse hecho una idea errada de Pedro Juan –apunté-. Ese libro es literatura.

- Sí, pero muestra la cultura de la que provienes, por eso eres… así -refutó-. ¿Por qué le dices Arnold?

Había cierta incomodidad en su voz.

- Pues como es un austriaco grande y fuerte… -aclaré-. Sería injusto llamarlo Adolf… De veras, es un gigante –agregué conciliador.

- Bueno, sí, te supera en unos centímetros –aseveró.

- Me habías dado a entender exactamente lo contrario –reconvine.

No quiso entender o contestar.

- Por lo visto, te ha afectado que te viera conmigo tu trepador de montañas –sentencié.

- Se dice alpinista -me corrigió-. El incluso ya tiene cuatro de las Siete Cumbres.

- ¿Quieres regresar? Te dejaré con él. Mando Diao hacen un gran show, te lo garantizo -propuse comprensivo.

- ¡Claro que no!

- Como prefieras.

- ¿A dónde vamos? -me interrogó diez minutos más tarde.

- A contrarrestar el efecto –dije mientras doblaba en la entrada del enorme hotel-. Aquí hay un buen espectáculo. Es a las 11. Entre tanto alquilaremos una habitación. Contra el alpinismo no hay nada mejor que la inmersión.


3 comentarios:

  1. Regio. Me he partido de la risa con tu respuesta en PD sobre la abuelita fallecida del Mesías, como le llama Isis.

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  2. Gracias, mis estimadísimas Isis & Zoé, al menos vosotras comentáis. Los chicos se han solidarizado con el alpinista.

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