16 nov. 2008

El Protector De Los Cerdos XXIII

La toma de Potonchán

Al anochecer del cuarto día los guerreros chontales que permanecían con Tabasco encendieron varias fogatas en la ciudad. Pronto sonaron los tambores wewetún, hechos con la resonante madera del árbol hormigo. Una serpiente de fuego reptaba danzando y cantando por las calles de Potonchán.

- Don Gonzalo –reclamó el caudillo, receloso de aquel exceso de actividad nativa-, acercaos a la orilla en un bote con un par de hombres, y averiguad qué se traen entre manos los indios.

- A la orden, vuestra merced –contestó Sandoval muy presto-. Me introduciré en la villa y atraparé uno…

- ¡Joder, Gonzalo! ¿En cuál lengua queréis mis comandos, en latín o en arameo? Os he dicho que vayáis hasta la orilla solamente –lo reprendió Cortés-. Y llevad a don Gerónimo con vos, que quiero saber qué cantigas son esas.

Un rato después regresó la piragua. Acompañado de varios oficiales Cortés esperaba a los exploradores con rostro impaciente. Unos cuantos soldados y marineros se agolpaban en cubierta.

- Vamos, contadle a su merced, don Gerónimo –ordenó Sandoval sacudiendo el hombro del fraile.

- ¿Qué demonios sucede, padre? –preguntó el caudillo.

- ¡Mañana nos atacarán, vuestra merced! –declaró el aludido.

- ¿Cómo podéis estar tan seguro? –indagó Cortés.

- ¡Excelencia, los mayas están realizando el ritual del Báalam Wiix![43] -explicó el alarmado traductor-. Eso significa la guerra.

- ¿Habéis ido hasta la villa? –inquirió don Hernán frunciendo el ceño.

- No, no fuimos, vuestra merced, pero reconozco ese canto, tiene un estribillo contagioso…

Gerónimo Aguilar cantó una estrofa en maya, batiendo palmas y taconeando un poco en la madera de cubierta para marcar el ritmo. Dos o tres aplaudieron. Alguno silbó. El resto estalló en carcajadas.

- ¿Pero qué rayos dice el maldito canto? –preguntó el generalísimo.

Y el fraile andaluz cantó nuevamente, esta vez en castellano:

- “Donde el jaguar orinó, ninguna fiera pasa…”

No se equivocaba el antiguo náufrago. En Potonchán tres mil guerreros, desfilando con antorchas, aullaban eso mismo en maya chontal. Sin detenerse más que a beber xtabentún[44] y tazcalate[45], una y otra vez, hasta llenar sus vejigas para la emocionante ceremonia final: apagar la hoguera mayor[46].

Cortés se apuró en enviar dos botes río arriba en busca de Alvarado y Avila, quienes, a diferencia de Ordás, no habían regresado aún de su misión exploratoria. La flotilla durmió inquieta esa noche.

A las 9 de la mañana Tabasco no había ordenado atacar todavía. Los cañones españoles estaban cargados, y todos los arcabuceros se encontraban en cubierta. A las 10, por fin, el cacique decidió actuar. Envió algunas canoas con los últimos ocho pavos que le quedaban. Cortés no permitió que dispararan a las embarcaciones. Podrían herir a los pavos. El caudillo aceptó las aves, mas transmitió un enérgico mensaje al halach uinik: Si no le daban lo suyo, iría a buscarlo. A las 11 todavía no había respuesta de Tabasco. Entonces Cortés ordenó a Diego de Ordás desembarcar y entrar en Potonchán con 30 hombres. Debía traer toda la comida y el oro que encontrase. Fueron recibidos a pedradas y flechazos. Varios hombres resultaron heridos. El propio Ordás le mostró a Cortés un feo chichón que tenía en la cabeza.

- Y gracias a Dios que no me quité el casco, vuestra merced –se quejó ante el generalísimo.
Don Hernando mandó a los heridos río abajo hacia la flota madre, y ordenó el desembarco masivo del resto de los hombres de la escuadra fluvial. Bajaron toda la artillería. Esta vez Tabasco reaccionó rápidamente. Remitió a los cristianos las tortillas que pensaban almorzar en Potonchán ese mediodía.

- Forasteros, nos hemos quitado el tamal de la boca para que comáis –anunció el subcacique manco que comandaba la comitiva-. Comed pues, e iros de una vez.

- ¿Suponéis que podríais apaciguar nuestros ánimos con unos casabes? –le reprochó Cortés-. ¡Habéis sido inhumanos! Nos hacéis sufrir de hambre, y luego nos atacáis.

- Iros por donde habéis venido, señor –ripostó el subcacique señalando el río con su único brazo-. De lo contrario, moriréis.

- ¿Eso creéis? Os aseguro que, si lucháis con mis hombres, seréis vosotros quienes moriréis –aseguró el caudillo-. Más os vale ser nuestros amigos. Mirad, si me entregáis el oro, os daré buenos consejos a cambio.

- No queremos vuestros consejos –afirmó el emisario de Potonchán.

- Hacedme caso, y prosperaréis –refutó el capitán español-. Sino sufriréis graves perjurios.

- Iros, o moriréis –repitió el jefe maya.

- Vosotros pereceréis –lo corrigió Cortés.

- No, moriréis los forasteros… -insistió el indio manco.

De repente se escuchó la voz de fray Cabezuela. Leía los Requerimientos subido sobre un cajón de municiones. Su voz sonaba clara y alta. Aguilar miró sorprendido al caudillo. Cortés asintió, y el franciscano comenzó a traducir. Cuando llegó la parte sobre la disyuntiva entre el sometimiento absoluto o el exterminio y la esclavitud, los emisarios de Potonchán prorrumpieron en insultos y se retiraron a toda prisa.

Inmediatamente se desató la agresión de los indígenas. Cargaron saliendo al bulto de la ciudad. Arrojaban flechas y piedras, así como venablos usando sus atlatl[47]. La mayoría portaba espadas de madera con filo de obsidiana, o macanas con puntas de pinchos, hechas del duro tronco del matilisguate.

Esa primera oleada se asustó y retrocedió ante la descarga de artillería que ordenó Cortés. Tras unos minutos se reorganizaron y atacaron de nuevo. Consiguieron herir a algunos cristianos, mas volvieron a ser repelidos. Sin embargo, la proporción de hombres era de diez a uno. Si se llegaba al combate cuerpo a cuerpo sería muy peligroso para la Santa Compañía. Tabasco también lo comprendió. No era temerario, pero sí resoluto una vez metido en la pelea. Dividió a sus guerreros en tres grupos. Lanzó al mayor directo contra las posiciones hispanas cerca de la ribera. Mientras, los otros dos contingentes intentaban flanquear al enemigo desde ambos lados, avanzando por el lecho del río junto a la orilla.

El caudillo percibió el peligro. Y lamentó no haber dejado una parte de la artillería en los barcos. No obstante, no tuvo que idear una estratagema liberadora. Pedro de Alvarado y Alonso de Avila con cien hombres aparecieron por la retaguardia chontal tras atravesar la desierta Potonchán.

Los castellanos arremetieron contra la guardia personal de Tabasco, que cerraba el bloque central potonchano. Gritaban el vigoroso lema de los tercios aragoneses, aunque cambiando el reino, claro está.

- ¡Por Santiago y por Castilla, la puta que los parió!

La desbandada maya fue total. Cuatrocientos indios muertos quedaron ante Potonchán. Y la Santa Compañía, con sólo veinte heridos, entró jubilosa en la ciudad.

Se precipitaban en celebrar. La invicta legión de chontales Chich Nal aguardaba impaciente entre los maizales de la cercana aldea de Centla.



[43] Báalam Wiix significa literalmente la orina del jaguar.

[44]
Xtabentún es una bebida maya elaborada con la planta homónima y miel de abeja.

[45]
Tazcalate es otro brebaje a base de maíz y cacao pulverizados.

[46] Un hermoso y húmedo rito llamado
Báalam Tiis, o sea, el chorro del jaguar.

[47] Lanzadardos de madera flexible.

7 comentarios:

  1. ¡Por Santiago y por Castilla, la puta que los parió!
    Hay que ver que nuestros tatara's tenían un poder de diálogo tremendo. Como manejaban la politica del todo o nada, de la cual devino La ley de Herodes mexicana o nuestro sabroso fricasE de naca-naca.


    Oye bro' creo que te vi hoy saliendo de la Feria con una gorra blanca y un abrigo color crema, con un clon tuyo al lado que debe ser el brother. Estábamos a unos metros largos y no quise gritarles por las dudas... y por el Kalashnikov.

    Na' dime si eras tu.
    un abrazo , tony.

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  2. Tony,
    los "nietos" seguimos "dialogando" igual, pero hemos perdido poder de convicción.
    Oye, sí, el de la feria era yo, efectivamente, con mi hermano, pero el Kalashnikov se lo robaron antier en Carol City.
    Abrazo
    Güicho

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  3. Contra, me lo imaginé. En verdad que fue todo bien rápido. Solos un par de segundos. Me hubiera gustado saludarte personalmente. Igual queda pendiente.

    Nos vemos, tony.

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  4. Tony, nos vemos cualquier día de estos. Pero voy a asegurarme de que Maylín esté presente para estar más tranquilo... ;-)

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  5. Oh, cómo me ha gustado este capítulo!!!!

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