8 abr. 2009

Casi un cuento de hadas

Los siete enanitos negros fueron al palacio de Blancanieves a visitarla. Blancanieves es el tercero de los tres cerditos, y el segundo al mando. El primero al mando es el segundo cerdito. El primer cerdito es Mongo, y por eso no manda.

Blancanieves recibió con mucho cariño a los siete enanitos negros. Cuando Blancanieves era niña, o sea, chiquita, su papá tenía muchos enanitos en su feudo de Birán. Venían de un reino llamado Haití y eran muy felices trabajando allí. El papá de Blancanieves era un Angel y les pagaba a los enanitos con chapitas, que podían cambiar por comida en la tienda del propio patrón. A Blancanieves le encantaba jugar con los enanitos haitianos: a los dados, a las barajas y a los gallos. Blancanieves usaba un revólver que le prestaba su papá. Siempre ganaba y se quedaba con las chapitas de los enanitos. A veces Blancanieves tenía que amenazar un poco a los enanitos con el revólver para que soltaran las chapitas. Sobre todo cuando el gallo de Blancanieves era el que moría. Luego su papá le daba dinero a Blancanieves a cambio de las chapitas, descontándole el alquiler del revólver.

Sin embargo, ahora Blancanieves está viejita, y es más bondadosa que cuando era chiquita. Al menos eso parece, porque a los siete enanitos negros les prometió pagarles con chapitas.

7 comentarios:

  1. Tal vez tengas toda la razón al analizar con un análisis jungiano lo grotesco de esta visita. Impresionante. Eres en verdad ingenioso. Hats off.

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  2. Excelente sintesis, estimado Guicho. Y coincido con la lectora Diana, "lo grotesco de esta visita".

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  3. Agudo com siempre.
    Irreverente como nunca.
    Lo del Mongo no te lo van a perdonar.
    Saludos,
    Al Godar

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