28 abr. 2009

La Danza de la Cosecha


En realidad nunca me interesó la cosecha de la fresa, la manzana o el higo. Le tengo alergia a la agricultura desde la secundaria, si bien nunca conseguí que un médico me la certificara. Empero, no dudé en aceptar la oferta del colega Blagói para ir a la fiesta de las braceras eslavas. Desconocía por completo ese mundo, hasta que el búlgaro me habló de él. Alguna ventaja hay en todo. Según Blagói, salvo algunos pocos y menospreciados rusos, aquellos peones agrarios eran todas mujeres.

- Abundan las yugoslavas, pero las que me interesan a mí son las polacas y las checas –decía el búlgaro, mientras intentaba encender el motor del vehículo por cuarta vez.

- Esas son manías de sudeslavo –sentencié.

- No, no es manía, las eslavas occidentales son más…

- ¿…exóticas?

- ¡…aristocráticas!

- Ahora que lo dices –confesé-, me percato de la elegancia y nobleza en la manera de trapear de Bogumila.

- ¿Cuál Bogumila?

- La polaca que limpia en el instituto.

Nos reímos los tres. Es decir, nos reímos los dos y el carro arrancó.

Dos horas de camino por la campiña germana no sería gran cosa. O sea, si el camino estuviera asfaltado todo el trayecto. O si no hubiera llovido. O si el automóvil prestado no fuera un veterano de la Primavera de Praga en el 68. (Sí, el dueño de aquel Skoda juraba que la abolladura en la defensa era obra de un tanque ruso.) En fin, alguna desventaja hay en todo.

Estacionamos en medio de dos tractores sucios entre dos establos vacíos. La música provenía de la edificación del fondo. Tenía un rótulo de "Cantina."

Entramos en la barraca y apenas tuvimos tiempo de arrojar las chaquetas sobre el montón en una esquina. Algo rosado, azul y rubio con falda y botines me arrastró hasta el centro con la autoridad de quien se apropia de un asiento en un vagón repleto. Blagói tendría el mismo destino.

La música sonaba como una polca y, al parecer, la bailaban como una polca. La gran mayoría de las parejas estaban formadas por dos chicas. Alternaban correteos por ambos lados hacia dentro y hacia afuera de un círculo. Nada más fácil y divertido, me dije. Apreté a la rubia, y en aquel local tuvo lugar la premiere mundial de la polca apambichá. Antes de acabar la pieza fui consecutivamente expropiado por otras tres sonrientes eslavas.

Luego alguien anunció:

- ¡Mazurca!

Entonces pusieron otra melodía más lenta, y enseguida todos formaron una gran rueda dados de las manos. Imité a los de enfrente con el mejor ánimo. Todo iba bien. Girábamos acompasadamente, y había que dar unos salticos y zapatear con determinada frecuencia. Le cogí la vuelta con facilidad: paseo, ganso y cucaracha, paseo largo, ganso y cucaracha, paseo, ganso y cucaracha, paseo largo, etc. Sin embargo, de repente crearon varios bloques de dos hileras, una interna y otra externa. Entendí veloz que se trataba de una fila de hombres y otra de mujeres. No obstante, la mayoría de los “caballeros” eran damas. De manera que no estaba seguro de hallarme en la línea adecuada. Sobretodo después que comenzó una especie de entretejido de posiciones al ritmo de la música. Había que ejecutar, además, otros saltillos, tipo gallinita coja; y en los cambios de compás engancharse por el codo con la pareja más cercana para dar unas vueltas.

Fue ahí, cuando me tocó dar esas vueltas agarrado del codo de un fornido ruso, que comprendí que me encontraba en la fila incorrecta. Pero la danza había tomado mayor velocidad y no había forma de cambiar de puesto. Recé porque no hubiera una tercera parte más engorrosa. Por suerte, mi temor era infundado. Los bloques fueron trenzándose paso a paso. Y, alternando con muchas chicas risueñas, tuve el gusto de girar del brazo de los restantes siete rusos. Y de mi carcajeante colega búlgaro, por supuesto.

Estaba bien, pero me sentí más cómodo cuando la música paró y alguien gritó:

- ¡Paiduska!

3 comentarios:

  1. Post para incorporar a la antología de la historia de la danza, lo digo muy en serio, por supuesto.

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  2. Creo que la literatura checa nos hizo un bien enorme, también lo digo en serio. Gran post.

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