12 feb. 2010

Pasajes de la Vida de un Poeta III


Lo sabía, sí, lo intuía:
es falsa, soberbia y ambiciosa,
la vanidad la consume,
entre oropeles vanos
en su alma jamás floreció una rosa.

Lo intuía, no, lo sabía:
es aún más hermosa, divina, sin ropa.
Asonancias, Santiago Alfonso Fácquer, 1866

III Nació Papá

Eulalio Fácquer Mier vio la luz en un pueblito de la Sierra de Aracena llamado Santa Olalla del Cala. Fue un parto prematuro que también pudo resultar tragedia. No lo fue gracias a la bondad de los santaolalleros, generosos porquerizos de ascendencia gallega y asturiana.

En 1809 aquel rincón de la cordillera onubense –que aún se conocía como la Banda Gallega por los colonos milicianos que siglos atrás trajo la corona desde el norte para defender La Raya ante las incursiones portuguesas– había sido escenario del duro enfrentamiento entre los restos de la real infantería de marina, veteranos de Trafalgar devenidos cazadores montañeses por bélica necesidad, y la Guardia Real de José Bonaparte, a las órdenes del mariscal Jourdan. Vizcaínos y gaditanos en alpargatas frente a franceses y napolitanos con charreteras doradas. Fue una lucha tan desigual como desesperada: 3.000 trabucos de abordaje contra 8.000 longues carabines. Sin embargo, los españoles sólo pudieron ser vencidos cuando les cayó por detrás la Legión Irlandesa con 1.500 granaderos –en su mayoría polacos ex reclutas forzados del ejército prusiano– enardecidos por la usual doble ración de alcohol. Muchos de los marinos que consiguieron escapar fueron escondidos por los pobladores hasta que lograron unirse a las tropas del general de la Cuesta en el flanco occidental del ejército de Wellington.

Un lustro más tarde la llegada de un soldado británico con una moza en avanzada gestación despertó similares instintos en Santa Olalla. Se les proporcionó comida y albergue a los extenuados viajeros. Nadie preguntó demasiado. Incluso la cuadrilla local de mangas verdes de la Santa Hermandad se hicieron de la vista gorda. El joven párroco del pueblo casó a Cántor Fácquer con Isabel Mier Fernández en medio de las contracciones del parto. No obstante, antes insistió en rebautizar al presbiteriano escocés como católico. El cura anterior no era tan flexible. Se demostró cuando los franceses lo arrojaron del campanario.

A la criatura sus padres le pusieron por nombre Eulalio, en agradecimiento a la benevolencia de los lugareños. No era para menos, y Olalla es la forma gallega de Eulalia. Corría el mes de julio, así que se quedaron en la aldea hasta la feria de agosto. Para reponerse y por la expectativa de probar el delicioso cerdo ibérico.

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