27 jul. 2009

Adolf Hitlerinski

Foto: El general Piłsudski, al frente en el centro con su enorme mostacho, llega a Varsovia. A su derecha, su mano derecha -su otra mano derecha-, coronel Hitlerinski.

En 1910 Adolf Hitler fue amenazado por Bruno Schwanz en pleno dormitorio del asilo para desamparados en Viena. Bruno, que tenía antecedentes tanto por violento como por violador, era amigo de Reinhold Hanisch, a quien Adolf había denunciado por estafa previamente. Fue al día siguiente que el joven Hitler decidió emigrar a Galitzia.

Aprendió polaco con cierta rapidez, y su sentido del orden -junto con la nacionalidad austriaca- le permitió ascender por encima de cualquier perspectiva realista en la administración provincial. También fue oportuno su enlistamiento voluntario como oficial de enlace en la Legión Polaca, la milicia pro-austriaca local. Corría entonces el año 1913.

Cuando en la primavera de 1916 el general Józef Piłsudski, jefe de la Legión y de la Polska Organizacja Wojskowa, le confesó que planeaba la independencia de Polonia tras la guerra, Adolf no vaciló en unirse al complot y cambiarse en secreto el nombre por Hitlerinski. En el verano, tras renunciar al mando de la Legión, Piłsudski le pidió a Adolf que continuara en el cuerpo monitoreando su desempeño. Temía que los austriacos, cada vez más dependientes de Alemania en el conflicto bélico, traspasaran la Legión al prepotente vecino. Y, en efecto, así sucedió en 1917. La Legión, rebautizada como Wehrmacht Polaca, fue desplazada hacia la vecina y germanizada Silesia para jurar fidelidad al Kaiser. Piłsudski se opuso y fue arrestado el 20 de julio.

El 22 de julio, en Breslavia, la Legión se desplegaba en formación de juramento frente a la bandera del Imperio Alemán en el Mercado del Ring. Del estado mayor un solo oficial se negó a levantar la mano y declamar el voto imperial: Adolf Hitlerinski. Los ordenanzas prusianos que lo condujeron a la prisión de Magdeburgo lo tildaron una y otra vez de Austriaken-Kacke. Cayó en la celda contigua a la de Piłsudski.

16 meses más tarde la Revolución de Noviembre puso fin a la monarquía alemana y a la guerra mundial. Soldados con brazaletes rojos colocaron a Piłsudski, Hitlerinski y otros oficiales polacos en un tren expreso rumbo a Varsovia. Allí esperaba el Consejo Provisional de Regencia para entregar el gobierno del nuevo estado polaco al general.

Mientras el recién convocado congreso del Sejm preparaba una constitución, el nuevo jefe de estado nombró a Hitlerinski ministro de relaciones exteriores del gobierno provisional. Una vez designado mariscal, Piłsudski ascendió a general al coronel Hitlerinski, que también continuó como jefe del estado mayor del nuevo ejército polaco.

La situación no era nada halagüeña, pues la expansión del vecino del este parecía imparable. Cuando en enero de 1920 se desató la Guerra Polaco-Soviética, Hitlerinski centró sus esfuerzos en aumentar el número de efectivos de sus tropas. Para ello contaba con el abundante material bélico prometido por el premier inglés David Lloyd George a instancias de Winston Churchill, el líder del ala conservadora del parlamento. Sin embargo, en abril los obreros portuarios ingleses, guiados por agitadores sindicales, se negaron a cargar los barcos con armas contra los soviets. El 10 de agosto dos ejércitos soviéticos estaban a las puertas de Varsovia. Tujachevski por el norte y Yegórov por el sur. A esas alturas nadie en Europa daba un céntimo por la supervivencia del estado polaco.

Fue entonces que se produjo el "Milagro de Varsovia." El comisario de la guerra, llamado Stalin, decidió que, en tanto Tujachevski remataba por su cuenta a los polacos, Yegórov se podía ir a arreglar cuentas con los ucranianos. Tujachevski llamó al ministro soviético "animal georgiano", pero avanzó sobre Varsovia. Esa fue la oportunidad que esperaban los polacos. Actuaron en un movimiento de pinzas para envolver al invasor. Funcionó. El general Hitlerinski por el norte y el propio mariscal Piłsudski por el sur cercaron y aplastaron a los rojos, que tuvieron 20.000 bajas y 70.000 prisioneros. Es aquí, por cierto, donde se produce la primera nota discordante en la carrera de Adolf Hitlerinski al ordenar, de manera un tanto sorpresiva, la ejecución sumaria de todos los comisarios y restantes judíos del ejército de Tujachevski. Tres días más tarde dispuso lo mismo para los cosacos.

6 comentarios:

  1. Excelente, ¿por dónde continuarás? Jejeje.

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  2. Genial!, lo he disfrutado en cada oración.
    Como dice Zoé, ¿por dónde la continuación?

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  3. Interesante, gracias a esta entrada, me puse a leer y averigüé datos curiosos, Pilsudski fue compañero de escuela del futuro temible Dzerzhinsky y nunca quiso reunirse con Hitler (¡Hitlerinski!). Tujacheveski, que estaba emparentado con Tolstoy, usó el terror como téctica bélica. Su ejecución, parte de las grandes purgas soviéticas, estuvo rodeada no sólo de secretividad sino de intriga. Robert Conquest sugirió que fue una conjura alemana que lo implicaba con los alemanes. Según leí, cuando se abrieron los archivos rusos, se confirmó que fue Stalin quien urdió la "conspiración alemana". Por fin, otro morbo, el militar soviético aparece como personaje en una película, Mission to Moscow, en la que presentan a Stalin y los soviéticos de manera favorable. La película, la primera filmada en EEUU con esta tendencia, fue hecha a instancias de FDR para influenciar la opinión pública norteamericana en favor de sus entonces aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Todo esto lo he ido averiguando gracias a ti.

    27 de julio de 2009 10:53 a.m.

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  4. Bueno te seguiré en el próximo. Gracias

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  5. Zoé & Isis,
    gracias, pero creo que lo dejaré ahí, pues hay otras figuras históricas que también reclaman el concurso de nuestros modestos esfuerzos.

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  6. Muy buena nota, Diana.
    Tujachevski nunca se cuidó la boca, y aquella cagada de Stalin en Polonia le costó la vida a posteriori a todos los oficiales importantes que participaron, exceptuando a Budionni, quien era tan animal que Stalin nunca lo creyó un peligro.

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