12 jul. 2009

Una malograda entrevista a Mariela Castro

Un par de meses atrás nuestro hombre en Toronto, que se llama González y prefiere el anonimato, tuvo un conato de entrevista con Mariela Castro, quien se encontraba de visita en Canadá como parte de una campaña de propaganda familiar. Digo conato porque González se presentó ante la susodicha sin otro equipamiento que un celular, uno barato, y encima hizo alarde de su total falta de práctica en tales menesteres. De manera que no fructificó demasiado el empeño. En otras palabras: se pudrió pintón.

En aquel momento desistí de publicar la entrevista. Era de esperar de cualquier editor con un mínimo sentido de la calidad y la profesionalidad. Sin embargo, como ya González no quiere los diez dólares (canadienses) que me pidió por su trabajo, ahora no veo ningún inconveniente en dar a conocer el interviú. La flexibilidad es otra característica propia de este sitio.

Según González, Mariela consintió en una entrevista siempre y cuando no se tocaran temas políticos. Juan Manuel Cao no hubiera transigido en eso, pero González tiene menos experiencia y, por lo visto, menos escrúpulos.

Sin más preludio, procedo a transcribir la corta y deficiente grabación del celular.

González (murmurando): Mami, qué buena estás…

Mariela (sonrojada): Gracias, pero yo soy casada…

González (apresurado): No, no me refería a ti, sino a la chiquita aquella allá abajo…

Mariela (en tono seco): Bueno, pregunta, dale.

González: Oye, no, yo no digo que tú estés mala… Vaya, mala remala, no… Incluso, si fueras otra persona, se te pondría hacer un tiempo…

Mariela (mirando de arriba a abajo y viceversa): No eres mi tipo, para empezar tendrías que cambiar esa ropa barata y ese acento cubano… y afeitarte, que pa’ pelúa yo…

González: OK, primera pregunta: ¿qué tal la familia?

Mariela: Bien, mi marido está en Sicilia por un asunto de familia…

González: ¿Murió alguien?

Mariela: Sí, un primo en Corleone.

González: Mis condolencias, ¿bala o puñal?

Mariela: Todavía no se sabe, hasta que no lo saquen del cemento.

González: Entiendo… y tu marido estaba obligado a ir…

Mariela: Por supuesto, la familia es la familia, son compromisos que todos tenemos cuando pertenecemos a una familia.

González: ¿Ya se sabe quién fue?

Mariela: Es bastante obvio, hay otra familia que quiere controlar el comercio al este de Palermo, pero prefiero hablar de otra cosa.

González: De acuerdo, ¿cómo te iniciaste de activista por los derechos gays?

Mariela: Todo comenzó con papi…

González: Nada más lógico… aunque, por el otro lado, tu papá es de izquierda…

Mariela (frunciendo el ceño): Mi papá, ahí donde tú lo ves, ha sufrido mucho…

González: Y ha hecho sufrir cantidad…

Mariela (haciendo ademán de apartarse): ¡Quedamos en que no vamos a hablar de política!

González: No, no, yo decía sufrir dentro de la familia…

Mariela: No, dentro de la familia el que más ha hecho sufrir es mi tío…

González: Y fuera también…

Mariela (se pone muy seria): Ya van dos... una más y se acabó esto.

González: Completamente de acuerdo, pero… ¿dices “una”? ¿Entonces tú serás la tercera? ¿Ni Alejandro, ni Fifín, ni Tony?

Mariela (alejándose): ¡Yo sabía que iba a perder mi tiempo, no me preguntes más nada, so maricón!

8 comentarios:

  1. LOL!
    Clarisimo que si Gonzalez es cubano ella no le va a hacer caso... la historia lo demuestra...

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  2. Cono Guicho no pudiste ponerle Perez al tipo de Toronto en vez de Gonzalez, que yo estuve alli aunque por la bulla que armamos durante mas de 7 horas siempre a ella y al cabeza de bombillo de Alarcon los entraban y sacaban por las puertas de servicio.

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  3. Mis felicitaciones anyway a vuestro hombre en Toronto.
    Se le agradece.

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  4. Don Eufrates,
    definitivo, con paisano Mariela no se pone libidinosa.

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  5. Amigos y visitantes,
    nuestro hombre en Toronto insiste en el anonimato y se llama Pérez.

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  6. Estimdísima Isis,
    gracias en nombre de nuestro hombre en Toronto. Sé que él lo aprecia.

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  7. Esto está bueno para un cortometraje, una comedia de 5 minutos. El final, broche de oro.

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