29 jul. 2009

China vs. India


El futuro de la especie humana tendrá por escenario principal al continente asiático.

Europa, centro del mundo hasta el siglo XX, ha perdido mucho peso hoy día y jugará a la larga un rol periférico. A menos que sea islamizada totalmente y adquiera así nueva vitalidad. Africa, como sabemos, es la cuna de la humanidad, y no tiene futuro. A más tardar en la pubertad se necesita una cama. Australia es una enorme isla con 22 millones de habitantes, donde cabrán cómodamente otros 100 millones de asiáticos. América se divide en dos subcontinentes: Angloamérica y Latinoamérica. El primero va por el camino de Europa y el segundo, por el de Africa.

Volvamos, pues, a Asia y arrojemos un vistazo sobre su demografía.
Es más que evidente la preponderancia de las dos superpotencias continentales.

China: 1.340 millones de habitantes (20% de la población mundial), tasa de crecimiento anual 0,63%

India: 1.170 millones de habitantes (17% de la población mundial), tasa de crecimiento anual 1,58%

A semejante ritmo en unos 15 años, menos de una generación, India habrá sobrepasado a China en población. Juntos, los dos países contendrán entonces 40% de la masa biológica humana, ávida de consumir a niveles civilizados. La pugna será tan inevitable como cuando una horda de hooligans ingleses se dan de bruces con un grupo de gamberros alemanes en un callejón de Bruselas.

Por supuesto, también me planteo la cuestión filosófica que formularía aquí cualquier mente analítica: ¿quién ganará?
Los chinos son, definitivamente, más organizados y laboriosos. No obstante, no se puede olvidar que el tiempo juega a favor del vientre hindú. Además, lentamente los indios van aprendiendo a funcionar. No me entiendan mal, la India todavía es un desastre espantoso; pero mejora, sin la menor duda, de siglo en siglo.

Ahora bien, mi convicción personal es que la dureza de un pueblo (o tribu, clan, familia, pandilla) es decisiva en los conflictos. Dado que el enfrentamiento será en el futuro, resulta vital la preparación de las próximas generaciones.
Foto: Niñitos chinos -todos hijos únicos mimados- tomando lechita en su escuelita.

En fin, me temo que los chinos, si no cambian su política educativa, se las verán negras con los indios.
Foto: Con la anuencia del consejo de padres, el director de un colegio indio realiza una prueba de valentía en los chicos.

Foto: Desafortunadamente, la mayoría de los padres aún mantienen graves prejuicios respecto al sexo débil. Apenas unos pocos autorizaron la prueba de valor para sus hijas.


28 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 44

Hardcore-Antimperialistas

Agosto 27 de 1967
[…]
Quedamos atrapados en la quebrada. La única salida desembocaba en una faralla. De inmediato tuve claro que, si al ejército se le ocurría seguir nuestro rastro, tendríamos que tirarnos. Decidí no anunciarlo a la tropa hasta que fuera inminente. Lo anuncié porque Eustaquio vino a informar, de parte de Miguel, que se aproximaban hombres armados por el sendero.

Habíamos escogido quiénes saltarían primero, Camba y Chapaco, e incluso estábamos ayudándolos a tomar impulso, cuando llegó otro mensaje de Miguel, esta vez con Darío, diciendo que los que venían no eran soldados, sino Benigno con Ñato y Pocholo. El alivio fue considerable. Soltamos a Camba y Chapaco entre gritos de júbilo. Camba y Chapaco, por el contrario, dejaron de gritar. Pocas veces la supervivencia del individuo significa la salvación de la causa revolucionaria. Casi siempre es al contrario. Por lo pronto, celebramos el regreso de Benigno. Ya vendrán nuevas oportunidades para el sacrificio. No sólo para Benigno.

Lo de Benigno ha sido una infructuosa odisea de 18 días. Descubrió unidades del ejército por todas partes: en Yumón, Congrí, Vargas, Saladillo y Ñancahuazú. Tuvieron un trayecto lleno de contorsiones. Tanto por los soldados como por el hambre. Y lo peor: a mis medicinas no las vieron ni de lejos. Llegaron hasta las inmediaciones de la cueva para encontrarse allí con una compañía de rangers de unos cinco pelotones. Por poco los descubre un cabo que salió silbando a orinar. El Ñato estuvo a la altura de las circunstancias y soportó estoicamente el chorro en la cabeza sin moverse en la maleza. Pocholo, sin embargo, también se orinó, aunque en silencio y sobre los zapatos del Ñato. Pregunté por el tiroteo y el puerco robado en Caraguatarenda. Benigno contestó que tiene que haber sido Joaquín con su gente.

A Muganga no se le quiere despertar del todo la pierna izquierda. En cambio, el lumbago volvió por completo. El frío, muy presente. El asma, ausente. Raro. Se acabó el agua.

Agosto 28 de 1967
[…]
Toda la mañana nos acosó la ansiedad. Por la tarde, el desconsuelo. La sed nos agobió todo el tiempo. Se consiguió algo de fruta de una especie de cactus. No fue de gran ayuda. Dos días atrás teníamos un río y ahora, tanta sed. Por lo menos no hay hambre, aunque a partir de hoy tendré que ir a pie. La carne equina empeoró la sed.

El herido del ejército en Tatarenda, según el reporte radial, nos crea nuevas interrogantes. Básicamente surge una contradicción con la ubicación de Joaquín en Caraguatarenda. A menos que Joaquín haya dividido a su grupo en dos para crear un tercer frente. En tal caso habría excedido con creces sus facultades. Eso tendrá consecuencias.

Agosto 29 de 1967
[…]
Escalamos chapeando. El avance fue penoso. Por suerte había humedad en el aire, pero seguimos sedientos. De momento aguantamos mascando yerba. Nunca había visto tantos dientes verdes. La moral de la columna anda por la vejiga. El Chino muestra todos los síntomas del desespero. Otro que no sobreviviría la Larga Marcha con Mao. Eustaquio y Chapaco van por el mismo camino.

Agosto 30 de 1967
[…]
Angustia generalizada. Zozobrábamos sin una gota de agua. Miguel, Darío y el Chino se tomaron sus orines. Miguel y Darío salieron con diarrea y contracciones en el vientre. Por su parte, el Chino vomitó hasta las entrañas entre calambres febriles, mas luego lo único que tenía eran diarrea y convulsiones como los otros dos.

Entonces avisaron de que Benigno, Urbano y Pocholo encontraron una poceta de agua en el fondo de un cañón. Bebieron hasta la saciedad, y Pocholo se lavó los pies antes de subir a darnos la noticia. No llegué a impartir la orden de que se quedaran cinco hombres de guardia, pues de repente me vi solo. A duras penas logré retener al último, el Ñato. Permanecimos arriba. Después Inti retornó para traernos agua. Entre los tres nos comimos lo que restaba de carne.

[…]

27 jul. 2009

Adolf Hitlerinski

Foto: El general Piłsudski, al frente en el centro con su enorme mostacho, llega a Varsovia. A su derecha, su mano derecha -su otra mano derecha-, coronel Hitlerinski.

En 1910 Adolf Hitler fue amenazado por Bruno Schwanz en pleno dormitorio del asilo para desamparados en Viena. Bruno, que tenía antecedentes tanto por violento como por violador, era amigo de Reinhold Hanisch, a quien Adolf había denunciado por estafa previamente. Fue al día siguiente que el joven Hitler decidió emigrar a Galitzia.

Aprendió polaco con cierta rapidez, y su sentido del orden -junto con la nacionalidad austriaca- le permitió ascender por encima de cualquier perspectiva realista en la administración provincial. También fue oportuno su enlistamiento voluntario como oficial de enlace en la Legión Polaca, la milicia pro-austriaca local. Corría entonces el año 1913.

Cuando en la primavera de 1916 el general Józef Piłsudski, jefe de la Legión y de la Polska Organizacja Wojskowa, le confesó que planeaba la independencia de Polonia tras la guerra, Adolf no vaciló en unirse al complot y cambiarse en secreto el nombre por Hitlerinski. En el verano, tras renunciar al mando de la Legión, Piłsudski le pidió a Adolf que continuara en el cuerpo monitoreando su desempeño. Temía que los austriacos, cada vez más dependientes de Alemania en el conflicto bélico, traspasaran la Legión al prepotente vecino. Y, en efecto, así sucedió en 1917. La Legión, rebautizada como Wehrmacht Polaca, fue desplazada hacia la vecina y germanizada Silesia para jurar fidelidad al Kaiser. Piłsudski se opuso y fue arrestado el 20 de julio.

El 22 de julio, en Breslavia, la Legión se desplegaba en formación de juramento frente a la bandera del Imperio Alemán en el Mercado del Ring. Del estado mayor un solo oficial se negó a levantar la mano y declamar el voto imperial: Adolf Hitlerinski. Los ordenanzas prusianos que lo condujeron a la prisión de Magdeburgo lo tildaron una y otra vez de Austriaken-Kacke. Cayó en la celda contigua a la de Piłsudski.

16 meses más tarde la Revolución de Noviembre puso fin a la monarquía alemana y a la guerra mundial. Soldados con brazaletes rojos colocaron a Piłsudski, Hitlerinski y otros oficiales polacos en un tren expreso rumbo a Varsovia. Allí esperaba el Consejo Provisional de Regencia para entregar el gobierno del nuevo estado polaco al general.

Mientras el recién convocado congreso del Sejm preparaba una constitución, el nuevo jefe de estado nombró a Hitlerinski ministro de relaciones exteriores del gobierno provisional. Una vez designado mariscal, Piłsudski ascendió a general al coronel Hitlerinski, que también continuó como jefe del estado mayor del nuevo ejército polaco.

La situación no era nada halagüeña, pues la expansión del vecino del este parecía imparable. Cuando en enero de 1920 se desató la Guerra Polaco-Soviética, Hitlerinski centró sus esfuerzos en aumentar el número de efectivos de sus tropas. Para ello contaba con el abundante material bélico prometido por el premier inglés David Lloyd George a instancias de Winston Churchill, el líder del ala conservadora del parlamento. Sin embargo, en abril los obreros portuarios ingleses, guiados por agitadores sindicales, se negaron a cargar los barcos con armas contra los soviets. El 10 de agosto dos ejércitos soviéticos estaban a las puertas de Varsovia. Tujachevski por el norte y Yegórov por el sur. A esas alturas nadie en Europa daba un céntimo por la supervivencia del estado polaco.

Fue entonces que se produjo el "Milagro de Varsovia." El comisario de la guerra, llamado Stalin, decidió que, en tanto Tujachevski remataba por su cuenta a los polacos, Yegórov se podía ir a arreglar cuentas con los ucranianos. Tujachevski llamó al ministro soviético "animal georgiano", pero avanzó sobre Varsovia. Esa fue la oportunidad que esperaban los polacos. Actuaron en un movimiento de pinzas para envolver al invasor. Funcionó. El general Hitlerinski por el norte y el propio mariscal Piłsudski por el sur cercaron y aplastaron a los rojos, que tuvieron 20.000 bajas y 70.000 prisioneros. Es aquí, por cierto, donde se produce la primera nota discordante en la carrera de Adolf Hitlerinski al ordenar, de manera un tanto sorpresiva, la ejecución sumaria de todos los comisarios y restantes judíos del ejército de Tujachevski. Tres días más tarde dispuso lo mismo para los cosacos.

24 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 43

Neandertal vs. Cromagnon: Las similitudes son sorprendentes, pocas las diferencias y varias las incógnitas. ¿Influyó el reborde supraorbitario en la extinción del primero? No hay la menor prueba de que el cromagnon fuese más inteligente. Tendría, acaso, un mayor instinto de conservación, probable producto del uso y abuso de drogas y brebajes. El neandertal, en cambio, parece que sólo tomaba mate.

Agosto 25 de 1967
[…]
Los soldados de ayer volvieron sobre sus pasos por el margen opuesto del río. Faltaba uno. Me preocupó que hubiera ido a buscar refuerzos. Los 7 guardias acamparon casi frente a nosotros. Se pasaron toda la tarde soltando tiros al aire y voceando a “Goguito” y “Luchito.” Insoportable, poco nos faltó para abandonar el escondite y atacarlos. Cuestioné a los cazadores, sospechando que la cosa era con ellos y que eran amigos del ejército. Juraron que no era ese el caso y que no se llamaban así, sino Hugo Guzmán y Luis Aruni. No me convencieron del todo.

Los macheteros han optimizado su deficiencia. En todo el día abrieron apenas unos 100 metros de camino. El nuevo esquema de trabajo de la brigada de Miguel consiste en mandar a Urbano a preguntarme alguna cosa y parar el trabajo hasta recibir respuesta. Si bien no anoté todas esas consultas, puedo enumerar aquí algunas: que si había un aguatero designado o tenían que autoabastecerse de líquido (puse a Aniceto con tal de que no se detuvieran); que si debían mantenerse cerca del río o podían desviarse buscando un suelo más seco (preferí lo primero para retrasar nuestro próximo extravío); que si debían volver para el almuerzo o se les llevaría el rancho (contesté que hace meses que no se almuerza en el ELN); entre otras.

El duro enfrentamiento en Monte Dorado mencionado en la radio coincide con la zona donde suponemos que Joaquín mantiene el segundo frente. Es importante que los hombres de Joaquín se mantengan fogueados y hostigando al enemigo. Nuestra columna no pretende acaparar todos los honores de la lucha. Esta noticia ha despertado un sutil espíritu emulativo en todos nosotros, así que anuncié que mañana sorprenderemos a los 7 soldaditos. Camba tuvo un desmayo.

Advertí a Chapaco de que tiene que lavar esos pantalones en cuanto el río esté despejado.

Agosto 26 de 1967
[…]
Desastre. Los soldados nos sorprendieron. Se dividieron en dos grupos y se desplegaron: 2 vinieron directo y 5 buscaron un vado más abajo. Me disponía a organizar la defensa en el flanco inferior, cuando Olo, que estaba de jefe en la emboscada frontal, se precipitó y abrió fuego tan pronto los soldados entraron en el río. Los 2 guardias retrocedieron a la carrera por su orilla. Los 5 soldados más abajo también se replegaron, internándose en las malezas. Por tanto, envié a la reserva táctica, Inti y Coco, hacia el curso superior en persecución de los fugitivos.

En un momento dado los 2 soldados se detuvieron de súbito, se atrincheraron y comenzaron a disparar, obligando a Inti y Coco a realizar un trote extremo en sentido contrario por nuestra ribera. No me inquieté, ya que Inti y Coco se movían en zigzag con gran agilidad, pero de repente empezaron a correr en círculo. Observaba perplejo como el serpenteo de sus pasos se había convertido en un rodeo, con impactos de balas alrededor. Entonces comprendí que alguien de nuestro lado también les disparaba. Fui corriendo y descubrí que era Eustaquio, totalmente desinformado de la situación por parte de Olo. Le arrebaté el arma y la arrojé lejos. Cegado por la ira, busqué a Olo y salté como una fiera sobre el inepto jefe de la emboscada. Le puse la pistola en la cabeza y lo descalifiqué severamente mientras lo zarandeaba por el cuello de la camisa. Tras propinarle dos patadas pude controlarme, por suerte, y organicé la retirada antes de que el enemigo se reagrupase.

Salimos por el sendero de los macheteros. Después de unos metros los alcanzamos y continuamos ya sin senda, orientándonos por el sonido del río. El Moro nos retrasaba. Si bien ha ido evolucionando de forma positiva y ya puede flexionar la pierna derecha, la otra está inerme todavía y tiene que arrastrarla. Lo malo es que el lumbago también ha ido regresando parcialmente. Llegó un momento en que no pudo seguir y lo tuvimos que dejar atrás en aras de la seguridad colectiva. Se le entregó un peine de munición adicional. Le pregunté si necesitaba alguna otra cosa. Contestó, con voz ahogada, que una lata de leche condensada. No había.

Luego penetramos en una quebrada con una clara pendiente. A determinado nivel coloqué a Miguel con 6 combatientes como escalón defensivo. Seguimos internándonos en el cañón lo más posible para parapetarnos y pasar la noche.

Todo parece indicar que el enemigo no se atrevió a perseguirnos. No hubo cena.

[…]

22 jul. 2009

Los tigres rugen diferente

Aquellos viejos shows del Caballo Negro en la televisión de Santo Domingo no han perdido la gracia, pese a la deficiente grabación y el deterioro del tiempo.

Sin embargo, hoy la televisión dominicana ha cambiado mucho. Para bien, por supuesto. No, técnicamente sigue siendo un desastre: desde la coreografía hasta la guía de cámara, me refiero a otro tipo de enfoque.



En fin, cada cual que baile a su gusto. Personalmente, si me preguntan, sugiero combinar. Más exacto: un merengue de los viejos con una dominicana de las nuevas.
Aunque la bachata también tiene su cosa, sin la menor duda.


19 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 42

Chelloween

Agosto 22 de 1967
[…]
El hombre que huía por la orilla del río y provocó la alarma matutina era Urbano. Lo interrogué respecto a esa situación. Explicó que se encontraba ejecutando una diligencia privada cuando percibió la proximidad de lo que parecía un puma o un gato grande. Indagué sobre el lugar exacto de lo sucedido para orientar a la gente de no ir a evacuar por ese lado. Ya tenemos a uno con un tiro en la nalga, sólo nos falta otro con un zarpazo.

Después de analizar más el asunto decidí que lo mejor era ponernos en marcha. El lumbago de Muganga se lo neutralicé con una anestesia local. Esperaba que así pudiese caminar. Sin embargo, después que le puse la inyección se le paralizaron las piernas. Resumiendo: de todas maneras hubo que subirlo a la mula, y conmigo detrás para sostenerlo. Opté por no presionar a la mula esta vez y dejé que se tomase su tiempo. La gente se adaptó a nuestro paso.

Lo único bueno de la desaparición de Benigno es que la radio no lo ha mencionado hasta ahora.

Agosto 23 de 1967
[…]
El terreno parece empeñado en obstaculizar nuestro avance. Comprobamos que circunvalar un precipicio resulta particularmente complicado cuando el borde es estrecho y fangoso. En un par de ocasiones a la mula se le resbaló una pata hacia afuera. Dos veces la suerte de nuestros pueblos quedó pendiente de tres patas. Me sentí irresponsable arriesgando el destino de la revolución, así que le dejé la mula al Moro para él solo. Seguí a pie hasta que quedó atrás el despeñadero. El fango, en cambio, no se acabó en ningún momento. Incluso empeoró. El último caballo, ya viejo y huesudo, que reservamos para cargar todos los pertrechos bélicos desde que nos comimos a los otros, pisó en mal lugar y se atascó en el barro con tanto peso. Se fue hundiendo poco a poco entre relinchos cansados. Por fortuna, se pudo desmontar el material antes de que el lodo alcanzara el lomo. Lo dejamos ahí. Fue una pena porque hubiera dado al menos para algunas sopas.

Cazamos a dos cazadores. Dijeron que hay soldados donde Vargas y en Tatarenda, así como en Ipitá, Yumón y Caraguatarenda. O sea, que estamos rodeados. También informaron de que en Caraguatarenda hubo un asalto, en el cual un soldado resultó herido y desapareció un puerco. Reconozco la obra de Benigno. Debió estar desesperado del hambre.

Otra novedad que supimos de la misma fuente fue que el río aquí tiene pesca, y hasta los soldados suelen venir en grupo a pescar. Para no ser menos pescamos algunas piezas con un cartucho de explosivo. Se prepararon con el arroz que traían los cazadores. Se les ofreció de comer a los prisioneros a cambio de servirnos de guías mañana. Comieron y dijeron que se iban. Se podría suponer que no habían entendido, pero con estos nativos ladinos nunca se sabe. Se les retuvo.

La radio confirmó que el juicio de Debray no dará comienzo hasta el mes próximo, ya que el francés no ha terminado su declaración ante las autoridades. Debe estar contando de cada pelo y cada seña de cada compañero, cada viaje y cada misión.

Agosto 24 de 1967
[…]
Día mediocre. Ante lo impredecible de la victoria renunciamos a un posible combate. Sucedió así: Salimos de madrugada con los cazadores como prácticos. Juraron que no conocían bien la zona porque acostumbran a cazar más al sur. Les dije que lo comprendía, pero que nos guiarían así mismo. Es como funciona esto aquí. Tras un buen rato Miguel notó que uno de los cazadores hacía señales sin éxito a alguien situado del otro lado del río y un poco más adelante. Nos emboscamos y vimos que se trataba de 3 campesinos y 8 soldados. Di la orden de amordazar a los guías y no disparar hasta que los guardias no hubieran cruzado el río y estuvieran cerca, puesto que de otra manera alguno podría sobrevivir y devolver el fuego. Mas, de forma inopinada, los soldados no cruzaron, sencillamente siguieron de largo.

Mandé a los macheteros de cacería. Trajeron un buitre andino y un gato ya putrefacto. Los atraparon juntos. Pombo sugirió que era el gato de Urbano y que lo envenenó el excremento. Me dio la impresión de que a Urbano no le gustó la ocurrencia, pues empujó con un gesto brusco a Aniceto por reirse. Asamos el cóndor. Con el gato se preparó un estofado para mejorar el sabor.

La situación del Camba es crítica. El miedo le ha hecho metástasis. Con apenas mencionar al ejército se pone a temblar. Chapaco luce más estable, ya no se orina tanto. Los demás combatientes están en plena forma, aunque con un hambre indescriptible.

[…]
Tuma

17 jul. 2009

Fin del Interludio



Si la memoria no me engaña, la vi casualmente en la cafetería. Bebía a pequeños sorbos, con esa discreta elegancia que permite la soledad en un ambiente concurrido. Sus piernas cruzadas me obligaron a sentarme en la banqueta vecina.

- Tienes un efecto dietético –afirmé.

- ¿Cómo, por favor? –me interpeló, y no era preciso mirar tan vehemente para tan corta interrogante.

- Se me ha quitado el apetito –expliqué.

- ¿A cuál te refieres? –inquirió suavemente, sin pestañear siquiera.

Sonreí, a falta de mejor idea.

- ¿Cómo estás? –indagué despacio.

- Bien… ¿o esperabas otra cosa?

Me escondí por un instante en algún fiordo tan frío como remoto.

- ¿Me dejas probar eso? –pregunté.

Se detuvo demasiado en el umbral de la respuesta. Como si hubiera sido ambigua la pregunta. Luego empujó lentamente la taza sobre la superficie de la mesa. Con el índice en el asa roté el recipiente tibio antes de levantarlo. Bebí sobre la marca de sus labios. Llevé la taza por el mismo camino de vuelta hacia ella.

- ¿Qué te parece?

- Lo conozco… -murmuré.

- ¿Y?

- Aún me gusta…

- Eres un… -empezó, y se contuvo negando con la cabeza.

Atrapé su mejilla. Durante una fracción de segundo se arrulló en mi mano.

Si la memoria no me engaña, la besé intensamente en la cafetería. Respirábamos entre beso y beso, sólo eso. No importaba nada. Ni tampoco que afuera, del otro lado del cristal, un moreno joven estudiase con atención el candado de mi bicicleta.

14 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 41

Foto: El recóndito recelo del comandante Guevara hacia el revolucionario negro se hizo patente al agarrar con la mano la pitón del africano.

Agosto 20 de 1967

[…]
Día perdido. Nos vimos obligados a permanecer en el mismo lugar por culpa del Moro. Dice que tiene lumbago y no puede caminar. Sugirió usar la mula, pero es obvio que el animal no podría conmigo y con él. Chapaco fue el único que tuvo éxito en la caza. Atrapó una urina y un mono. Se llevó a cabo un sorteo para ver a quién le tocaba comer venado y a quién mono. No participé por mi necesaria neutralidad como comandante.

La carne del venadillo quedó bien, pero me causó el mismo efecto que la pava del otro día: un feroz ataque de asma. Suspendí la descarga que pretendía soltarle a los macheteros por su lentitud.

Benigno no aparece.

Agosto 21 de 1967
[…]
Otro día inútil. Al menos la caza fue generosa, en cantidad sobre todo. Eustaquio cazó 4 monos. El Moro también agarró uno. Tuvo que treparse al árbol, ya que el macaco abatido se quedó enganchado por la cola en la bifurcación de una rama. Fue una pequeña hazaña de Muganga, si tenemos en cuenta su lumbago.

Comí el resto de la urina de ayer. Por suerte, esta vez no me produjo asma. De sobremesa Willy preparó un mate de coca. No es igual. Pronto sentí un fuerte asma. Pero no era asma, sino mis propios ronquidos. En mi letargo podía escucharlos con claridad pristina. Me despertó Benigno. Sonreía y me mostraba mis medicinas. Por lo visto, había logrado entrar en la cueva antes que el ejército. Sentí un grato alivio, como cuando mi madre me bajaba la fiebre con un supositorio uruguayo. Eran mejores porque se derretían más rápido aunque fueran más grandes. Sólo el mentol ardía un poquito. Quise evitarlo, mas no pude contener las lágrimas al recordarlo. Benigno me dijo que no llorara porque también había encontrado a Joaquín. La alegría se me anudó en la garganta, y quise saber dónde estaba Joaquín. Benigno respondió que lo había enterrado bajo unas piedras con el resto de su gente para que el enemigo no los descubriese. Le grité que era un animal, saqué la pistola y le disparé dos veces.

Estaba seguro de haberle dado a Benigno, mas sólo había un perro herido en medio del charco de sangre. Me acerqué gateando incrédulo. El perro aún estaba vivo y empezó a lamer mi rostro. Entonces comprendí que la pegajosa lengua del perro era la mano húmeda de Pombo intentando hacerme recobrar la consciencia. Todavía aturdido me percaté de que había estado soñando. Lo único real habían sido los tiros, pues Pombo masculló que le di al radio. Varios hombres me rodeaban. Me senté en el suelo, y ordené reanudar el descanso. Se fueron apartando entre murmullos. Sólo quedaron Willy y Pombo. Les pregunté por Benigno. Willy encogió los hombros. Pombo contestó que había estado de posta hasta ahora y no lo había visto llegar. Recuperé por completo la claridad de mi juicio, y les di permiso para retirarse. Una inusual agudeza perceptiva me permitió oir claramente su cuchicheo mientras se alejaban. “Si llego a saberlo, no hago el té, menudo susto me sacó” –se quejó uno. “Aquí ya uno no puede ni botarse una paja tranquilo durante la guardia” –añadió el otro.

[…]

12 jul. 2009

Una malograda entrevista a Mariela Castro

Un par de meses atrás nuestro hombre en Toronto, que se llama González y prefiere el anonimato, tuvo un conato de entrevista con Mariela Castro, quien se encontraba de visita en Canadá como parte de una campaña de propaganda familiar. Digo conato porque González se presentó ante la susodicha sin otro equipamiento que un celular, uno barato, y encima hizo alarde de su total falta de práctica en tales menesteres. De manera que no fructificó demasiado el empeño. En otras palabras: se pudrió pintón.

En aquel momento desistí de publicar la entrevista. Era de esperar de cualquier editor con un mínimo sentido de la calidad y la profesionalidad. Sin embargo, como ya González no quiere los diez dólares (canadienses) que me pidió por su trabajo, ahora no veo ningún inconveniente en dar a conocer el interviú. La flexibilidad es otra característica propia de este sitio.

Según González, Mariela consintió en una entrevista siempre y cuando no se tocaran temas políticos. Juan Manuel Cao no hubiera transigido en eso, pero González tiene menos experiencia y, por lo visto, menos escrúpulos.

Sin más preludio, procedo a transcribir la corta y deficiente grabación del celular.

González (murmurando): Mami, qué buena estás…

Mariela (sonrojada): Gracias, pero yo soy casada…

González (apresurado): No, no me refería a ti, sino a la chiquita aquella allá abajo…

Mariela (en tono seco): Bueno, pregunta, dale.

González: Oye, no, yo no digo que tú estés mala… Vaya, mala remala, no… Incluso, si fueras otra persona, se te pondría hacer un tiempo…

Mariela (mirando de arriba a abajo y viceversa): No eres mi tipo, para empezar tendrías que cambiar esa ropa barata y ese acento cubano… y afeitarte, que pa’ pelúa yo…

González: OK, primera pregunta: ¿qué tal la familia?

Mariela: Bien, mi marido está en Sicilia por un asunto de familia…

González: ¿Murió alguien?

Mariela: Sí, un primo en Corleone.

González: Mis condolencias, ¿bala o puñal?

Mariela: Todavía no se sabe, hasta que no lo saquen del cemento.

González: Entiendo… y tu marido estaba obligado a ir…

Mariela: Por supuesto, la familia es la familia, son compromisos que todos tenemos cuando pertenecemos a una familia.

González: ¿Ya se sabe quién fue?

Mariela: Es bastante obvio, hay otra familia que quiere controlar el comercio al este de Palermo, pero prefiero hablar de otra cosa.

González: De acuerdo, ¿cómo te iniciaste de activista por los derechos gays?

Mariela: Todo comenzó con papi…

González: Nada más lógico… aunque, por el otro lado, tu papá es de izquierda…

Mariela (frunciendo el ceño): Mi papá, ahí donde tú lo ves, ha sufrido mucho…

González: Y ha hecho sufrir cantidad…

Mariela (haciendo ademán de apartarse): ¡Quedamos en que no vamos a hablar de política!

González: No, no, yo decía sufrir dentro de la familia…

Mariela: No, dentro de la familia el que más ha hecho sufrir es mi tío…

González: Y fuera también…

Mariela (se pone muy seria): Ya van dos... una más y se acabó esto.

González: Completamente de acuerdo, pero… ¿dices “una”? ¿Entonces tú serás la tercera? ¿Ni Alejandro, ni Fifín, ni Tony?

Mariela (alejándose): ¡Yo sabía que iba a perder mi tiempo, no me preguntes más nada, so maricón!

9 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 40

Del pensamiento guevariano: …es un deber de todo revolucionario buscar incansablemente la excelencia, teniendo siempre presente que algún compañero sabe más, avanza más, mata más…

Agosto 15 de 1967
[…]
Por fin llegaron Coco y Aniceto. Con hambre. Por el camino se encontraron con los macheteros, pero a estos ya se les había acabado la carne, lo cual implicó que se les agotara el agua. Miguel mandó a pedir más agua para poder seguir chapeando. Envié a Darío. Lo de la carne lo analizaremos en otro momento.

La radio de Santa Cruz reportó sobre dos prisioneros del grupo de Joaquín. Lamentablemente ambos cantaron de lo lindo. Le di de alta a Pacho. A mí hay que hacerme otro drenaje. El mismo pie, otro furúnculo. El pie izquierdo está bien, aunque la urticaria se me está corriendo para el muslo de ese lado. Ahora que Pacho puede cargar con los enseres de la cocina, usaré la mula.

Agosto 16 de 1967
[…]
La mula es tan lenta como la yegüita. Por precaución únicamente la pinché con un palo afilado. Me arrojó al suelo de una sola contorsión. Es más terca que la yegüita. La aviación ha vuelto a aparecer. No es bueno para los nervios del colectivo.

Agosto 17 de 1967
[…]
A las 9 de la mañana alcanzamos el río Rosita. Estaba donde mismo lo dejamos la última vez. Coco aseguró haber escuchado disparos. Nadie pudo confirmarlo. Creo que Coco se está volviendo paranoico. Organicé rápidamente una emboscada de contención, y ordené apresurar la marcha al resto de la columna. Nos perdimos varias veces, mas a las 4 y media de la tarde encontramos el Río Grande. Dispuse descansar unas horas para esperar la reincorporación de los emboscados. Llegaron ya de noche, reportando cero novedad. Hay que controlar esa paranoia de Coco, nos retrasamos por su culpa. No obstante, no debe ser reprimida totalmente, pues eso podría socavar la razonable dosis de precaución que necesita la guerrilla.

La carne de caballo da para dos días con raciones modestas. La radio reveló datos específicos de las 4 cuevas del Ñancahuazú. Por lo visto cayeron todos los escondites.

Agosto 18 de 1967
[…]
El objetivo del día era llegar a nuestro viejo campamento del arroyo. Atravesamos el Río Grande a las 6 de la mañana por un vado relativamente fácil. No puede decirse lo mismo de los siguientes tres vados que cruzamos. En particular el cuarto cruce fue muy complicado. Sin embargo, resultó ser el bueno, pues reconocimos el lugar sin chapear un sendero como en los vados anteriores. A la cuarta va la vencida, y esta vez no tuvimos que volver atrás. A partir de ahí no hubo difilcultad para hallar el arroyo. Salvo el cansancio de los hombres. Llegamos hacia las 2 de la tarde, con la tropa y mi mula totalmente extenuadas.

El descanso se vio un poco afectado por los insectos. Esas malditas mosquitas deben tener ahora una fase de auge reproductivo. Forman nubes. Y se cuentan por millares. Millares por metro cúbico. Todos nos rascamos, aunque de momento soy el único que también se rasca bajo la ropa. Hace frío, eso es indiscutible.

Inti me comunicó la situación de Camba. Pide la baja por agotamiento físico y moral. No le ve sentido a nuestra lucha. Es la ceguera de los pusilánimes. Y sabemos por nuestra vasta experiencia que se vuelve epidemia si no la extirpamos. Es un asunto delicado. Si lo fusilamos podría ser contraproductivo. No estamos en Cuba. Los bolivianos aún no saben alegrarse del castigo ajeno. La otra opción es dejarlo ir, previa deshonra pública educativa. El problema es que, si lo capturan, hablará con toda seguridad. Conclusión: Camba tendrá que quedarse. Se necesitará de buen trabajo ideológico para que no contamine al resto. Mañana tendré una conversación con él y con Chapaco, que ha estado refunfuñando toda la tarde porque le tocó chapear por gusto en los tres primeros cruces del río.

Agosto 19 de 1967
[…]
Por la tarde hubo un momento de pánico. En esta ocasión el culpable fue Arturo. El guajiro estaba de guardia y sintió un ruido. Distinguió un bulto y le entró a tiros. Llegué a temer que se tratase de Benigno. Por suerte, era un tapir. Recibió siete balazos y representa carne para 4 días.

Mandé a Miguel con Coco, Inti y Aniceto a explorar en dirección a la casa de Vargas. Si no hay soldados, deben traer comida.

Llamé a contar a Camba y Chapaco. El primero planteó su deseo de irse. Dejé claro que no podemos autorizar su salida hasta que no encontremos a Joaquín. Luego, si no ha cambiado de opinión, podrá retirarse de la guerrilla. Camba dio señales de entenderlo. Por su parte, Chapaco afirmó que no se iría porque sería un cobarde en tal caso, pero que sí quería al menos una esperanza de poder irse dentro de 6 meses. Mientras hablaba se orinó. Hice como que no me daba cuenta. Me pareció prudente concederle la esperanza que pedía. Después soltó una sarta de incoherencias sobre su familia, el chapeo, la falta de apoyo, el hambre, las enfermedades, el frío, los mosquitos, la muerte, lo inútil del esfuerzo, la ausencia de un plan, la necesidad de un baño caliente y la nostalgia de una cama blanda. Está desquiciado, es evidente. Probablemente dentro de poco habrá que quitarle el arma.

Encontrar a Joaquín es vital, pero ¿dónde? Benigno ya debería estar aquí, y nada. No hay noticias de Miguel.

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7 jul. 2009

Toncontín

Aeropuerto Internacional de Toncontín

El pasado domingo el aeropuerto de Tegucigalpa estuvo en el centro de la atención regional debido al fracasado intento de desembarco expresidencial del señor Mel Zelaya. El cesante Mel tenía un plan cesarino: vuelo, me poso y triunfo (por aclamación popular), que se vio truncado debido a unos camiones estacionados en la pista. El avezado piloto venezolano no sabía hacer curvas aterrizando y desistió de intentarlo. Lástima.

Ahora bien, lo que no se comentó en aquel momento fue que el principal aeropuerto catracho es considerado el peor del mundo en su categoría. Como su nombre ya lo indica, Toncontín es el aeropuerto internacional más corto fuera de Africa. Tiene una longitud de pista total de 1863 m, lo que hace prácticamente imposible el aterrizaje de un Boeing 757 o de un Airbus A330. Eso no es lo peor, por supuesto. También resulta que los sistemas de navegación en la torre de control –un eufemismo descarnado– eran tecnología de punta en 1972, y aún bastante decentes en 1981, cuando el gobierno de Ronald Reagan decidió donarlos a Honduras con el objetivo de evitar riesgos a los suministros de los contras nicas. No obstante, la mayor dificultad de Toncontín es otra: su ubicación entre dos bloques de montañas. Esto obliga a los pilotos a aproximarse en perpendicular a un extremo de la pista para hacer una brusca curva entre el final de la pista y las montañas antes de descender al suelo en empinado ángulo. Cualquier pequeño error puede colocar al avión por partes en la pista o entero en el cerro opuesto, bellamente decorado con favelas de nombres pintorescos, como El Pedregal, pero que en ningún caso prometen amortiguar el impacto. De más está decir que en ese cañón intramontano suele soplar un animado viento.

Visto todo ello, creo que Mel merecía un chance de probar suerte en Toncontín. En lugar de poner camiones sólo había que bañar de aceite la pista.

[Pinchar en la imagen para agrandarla.]

5 jul. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 39

Si la belleza tampoco es externa, sólo queda aferrarse al mito.
Agosto 9 de 1967
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La avanzadilla partió temprano. Designé a Miguel de machetero suplente por Benigno. Tengo un nuevo furúnculo en el pie derecho. Huele feo. También el furúnculo. Me lo drenaron por la tarde y se me bajó un poco la fiebre. He notado que sin fiebre me pica más la urticaria. El asma, en cambio, resulta insensible a mis cambios de temperatura.

Agosto 10 de 1967
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Día de caza. Los protagonistas: Olo, Chapaco, Guaso, Urina y Pava. Dos cazadores y tres presas. También trajeron dos morrales de naranjas. Me comí un par y me entró el asma. Anoto: el ácido cítrico andino estimula el asma.

Después del mediodía apareció Camba con el reporte de la avanzadilla. Las noticias son que tienen hambre y sed. Espero que los siguientes mensajeros tengan algo nuevo que contar. En la radio salió Fidel descargando contra Leoni y Venezuela. Les dijo de todo a los de Caracas. Parece que agarraron a más gente desembarcando cerca de Maracaibo. Fidel advirtió a la oligarquía venezolana de que más tarde o más temprano la revolución también llegará a su tierra y se les acabará la fiesta. Confío en tener mejor suerte con Fidel que San Martín con Bolívar.

Nuevo drenaje del furúnculo. Está mejor. Ya casi huele menos que el propio pie. Benigno era mejor machetero que Miguel. Lógicamente, Urbano y León chapeaban más cuando estaban con aquel. Resultado: el trío no consigue sacarnos más de media hora de ventaja.

Agosto 11 de 1967
[…]
Bien entrada la tarde llegaron Pablo y Darío. La avanzadilla sigue con hambre, pero encontraron agua. Comimos la pava. Me dio asma inmediatamente. Tomo nota: la pava andina me afecta el asma. No hace frío. Estaríamos bien si no fuera por la lluvia y esas incansables mosquitas.

Agosto 12 de 1967
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Un día anodino como tantos otros: mucha lluvia y poca comida. En mi caso, además, con asma, picazón y furúnculo. Mañana le tocará sufrir a la yegüita. El combate en Iñao que menciona la radio tiene pinta de auténtico. Joaquín debe estar pasando un momento difícil. La baja que nos adjudican parece ser Pan Divino.

Agosto 13 de 1967
[…]
Mandé a los tres macheteros y Camba con carne de caballo para la avanzadilla. Se cazaron dos pavitas. Dada mi condición asmática, Arturo me reservó las pavas. Se mastican más fácil que la fibra equina. Me dio un ligero ahogo cuando me las comí. No debí apresurarme tanto. Muganga se acercó para recordarme que era el cumpleaños de Fidel. Le expliqué con lujo de detalles que la charla conmemorativa la dejaríamos para el año que viene, ya que el sofoco del asma me impedía hablar.

Chapaco está cada vez peor. Se orina en los pantalones para no tener que alejarse. Dice el Moro que no sólo se orina. Al principio conjeturamos que Chapaco no quería apartarse de la seguridad del grupo, mas actualmente sospechamos que el hombre quiere irse y está procurando una expulsión por execrable. No le funcionará.

Pacho mejora. Mi furúnculo se está secando. La urticaria parece estable y ha cesado de expandirse en dirección al ombligo. Coco y Aniceto no llegaron hoy. Será mañana temprano.

Agosto 14 de 1967
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Esperamos toda la mañana por Coco y Aniceto. No llegaron. Durante la tarde tampoco. Por otra parte, las noticas radiales nocturnas han sido demoledoras. El ejército ocupó la cueva a la que se encamina la avanzadilla. Ahí estaba toda mi reserva estratégica de medicamentos contra el asma. Es lo más trágico que le ha sucedido a la guerrilla hasta la fecha. Un golpe brutal que debilita a la comandancia, poniendo en serio peligro al ELN. Mi colección de fotos épicas también se encontraba en esa cueva. Era el escondite más seguro, era perfecto. Esta desgracia sólo puede ser el resultado de una delación. ¡Debray!

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