17 feb. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 11

Del pensamiento guevariano: ¿Papá? ¿Quién, yo? Ni se me parece, nooooo...

Abril 23 de 1967
[…]
Seguimos sin noticias de la retaguardia. Los hombres de Joaquín ya deberían haberse incorporado al centro. Mandé a Benigno con Aniceto a buscarlos. Tampoco hay noticias del francés y del periodista inglés.

Abril 24 de 1967
[…]
Pacho desapareció sin dejar rastro. Si ha desertado, será castigado severamente. Luego del triunfo revolucionario, por supuesto. Descansamos en la finca del cura de la zona. Esperábamos recoger algún maíz, pero está toda sembrada de marihuana. Prohibí estrictamente cosecharla. Aunque no estoy seguro de que todos me escucharon.

Abril 25 de 1967
[…]
Fatal momento para la guerrilla. Nos mataron a Rolando. Era el mejor hombre. O sea, el segundo mejor hombre. Se llamaba Eliseo Reyes. Sí, era de hecho el mejor entre los compañeros no argentinos. Todo salió mal, a pesar de que yo mismo planeé la emboscada. El comienzo del combate fue muy prometedor, tal como había previsto. Sorprendimos a la vanguardia del ejército, que estaba compuesta por un guía campesino con dos perros. Le hicimos dos bajas al enemigo: el guía y un perro. De pronto llegó el resto de la tropa adversaria, abriendo fuego contra nosotros. No teníamos visibilidad. Es decir, no sabíamos de dónde nos disparaban. Igual así, intentamos responder a las descargas. Yo no pude participar en ningún momento, porque se me trabó el M-2. Me urge cambiar el M-2 por un M-3.

Tras unos minutos ordené la retirada, dada la imposibilidad de ver al enemigo. Fue entonces cuando trajeron a Rolando. Estaba herido en una pierna y había perdido mucha sangre. Perdió más cuando intenté pasarle plasma, y murió. Me acompañaba desde la Sierra Maestra. Era casi un niño al incorporarse al Ejército Rebelde. Venía del pueblo de San Luis. Yo mismo lo puse de mensajero de la Columna #4. Durante la invasión se ganó sus galones. Capitán San Luis. No me falló nunca. Hasta hoy. Nos retiramos tristes, llevando su cuerpo como testigo del combate. Regañé a Pan Divino y a Pocholo porque lo iban arrastrando. La actitud de los bolivianos hacia los cubanos sigue sin gustarme.

Apareció Pacho, dijo que se había extraviado. No compensa la pérdida de este día aciago. A las 3 de la tarde fue el sepelio de Rolando. Tampoco pudimos enterrarlo muy profundo. Colocamos algunas piedras para evitar que los animales lo desentierren con facilidad. Compuse y declamé unos versos como despedida:

Tu cadáver pequeño de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma.
Nadie diga en la gloria, futura y fehaciente,
que tú, gigante Eliseo, no cumpliste la norma.

A las 4 llegaron Benigno y Aniceto. No hallaron a Joaquín. En cambio, se dieron de bruces con el ejército. Perdieron sus mochilas en la fuga. La noticia de la muerte de Rolando los afectó bastante. Benigno lloró y Aniceto se quejó. Este último porque –según él– Rolando le debía una lata de leche. Lo reprendí con duras palabras. Primero, por no encontrar a Joaquín. Segundo, por perder su mochila. Y tercero, por reclamar la leche de un compañero muerto. Total, si a la lata de Rolando le quedaba tan sólo la mitad. Me alcanzó apenas para endulzar el mate.

Lo peor es que nuestra emboscada y el encuentro de Benigno confirman que estamos atrapados en este cañón andino. Por el lado del Ñancahuazú está el ejército, y la salida de Río Grande la bloquean los rangers. Tendremos que jugar montaña. Eso dificultará seriamente el reencuentro con Joaquín.

La aviación bombardeó nuestras antiguas posiciones del combate. Con seis horas de atraso. Por eso escogí a Bolivia. En Perú serían cuatro. En Argentina, sólo dos. En Chile las bombas nos hubieran alcanzado al momento. En Paraguay no hay aviones, pero tampoco hay montañas.

Un helicóptero militar bajó dos veces en la finca del cura. Moro, Pombo y Arturo estaban fumando sonrientes. No sé que le verían de gracioso al helicóptero enemigo.

[…]

6 comentarios:

  1. Iba a decir, Guicho, que este ha sido de los mejores, compadre! Me imagino al adusto Che frustrado entre tanta mata de Marihuana y no puedo menos que carcajearme con ganas.

    Gracias, man.

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  2. ¡Fantástico! Lo de la lata de leche, genial. Lo de la marihuana, todo genial. El cataplasma: de mearse...

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  3. Isis, Diana, Camilo & Zoé,
    les doy las gracias por los amables comentarios, si bien la obra guevariana nos lo pone muy fácil.
    Saludos

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  4. Por fin queda revelado el secreto de por que el Che y su guerrilla daba vueltas y vueltas en el mismo lugar: nadie hasta ahora habia contado el detallito de los sembrados de marihuana. Se acabo el misterio! Gracias dilecto Guicho!

    Queda explicado igualmente el por que de esos muchies que provoco tantas latas de leche robadas entre la tropa.

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