27 feb. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 14

Foto: Achesino busca aché chino

Mayo 6 de 1967
[…]
Estando otra vez sobre terreno conocido podemos movernos con mayor velocidad. Sin embargo, el trayecto hasta la casita del arroyo nos llevó el doble del tiempo necesario. La gente no quiere caminar. Hay mucho desgano. Se repartió el penúltimo uñazo de comer de la última lata de carne. No la dejé circular, y cada cual tuvo que sacar su ración enfrente de mí.

Mayo 7 de 1967
[…]
El Campamento del Oso ha sido vandalizado por el ejército, eso es evidente. Por suerte no descubrieron las cuevas, ni tampoco un escondite menor con 8 latas de leche. Ha sido una gran alegría para la tropa. Menos para el Ñato, que está vomitando desde hace cuatro días. Sacamos un tanque de manteca de una cueva. Los 5 hombres que mandé a explorar la finquita y a buscar más comida sólo vieron soldados. Volvieron con las manos vacías.

Hicimos una sopa de agua y manteca para conmemorar el inicio de la guerrilla hace 6 meses con mi llegada a Bolivia. Comparando la experiencia boliviana con la cubana en esta fase inicial, la más difícil, está claro que hay ventajas y desventajas. Tenemos muchas menos bajas, pero también menos incorporaciones. Tanto el clima como el campesinado aquí son más hostiles. Espero que al cumplir el primer aniversario podamos decir otra cosa.

Mayo 8 de 1967
[…]
Pacho estaba muy nervioso explicándome lo sucedido. Al igual que a otros, la sopa de grasa le ha descompuesto el vientre. Dejó la posta para evacuar un poco en el río, y de repente ya tenía a los soldados encima. Por eso disparó en pánico sin avisar. Los dos soldados venían desarmados por el Ñancahuazú. Uno fue herido en una pierna y el otro, en el vientre. Sobrevivirán. A no ser que tomen de la sopa de manteca. Se les indicó que la próxima vez deben prestar más atención para escuchar el alto de la guerrilla. Esos soldados traían cargas de maíz tostado y crudo, 4 latas de cebollas, azúcar y café. Declararon que estaban estacionados en el Iquiri, y que, como no había llegado el helicóptero de abastecimiento, salieron a aprovisionarse en la zona.

Llamé a nuestros exploradores: Benigno, Urbano, León, Aniceto y Pocholo; les mostré la carga de los soldados heridos; y les grité que aún tenían mucho que aprender del enemigo. Unicamente Benigno dio señales de sentir vergüenza. Lloró un poco. Luego percibí que los zapatos de Pocholo se habían vuelto a romper. Le ordené que se los cambiara por las botas a un soldado. El soldado entregó su calzado, pero rechazó ponerse el de Pocholo.

Al mediodía pasaron otros dos soldados, aunque en sentido contrario. Fueron capturados, esta vez sin disparar. Dijeron que salieron de caza, pero que no encontraron a su compañía en el Iquiri a la vuelta, y por eso corrían a buscarla ahora. Mienten. Reconozco a una legua a un escapado sin permiso, no importa el color del uniforme ni la ideología.

La segunda emboscada al atardecer funcionó correctamente. Venía un subteniente con 27 soldados novatos. Matamos al suboficial y a dos reclutas, y agarramos a 6 prisioneros y 12 latas de frijoles blancos Heinz. El resto de los soldados huyó con las demás latas. Freímos los frijoles con las cebollas en abundante manteca. Los soldados ayunaron, ya que serían liberados a la mañana siguiente.

La noche fue difícil. Yo era el único con asma, pero nadie podía respirar.

[…]

6 comentarios:

  1. Estimado Guicho, no tienen precio estas memorias de La Guerrilla Villapol. Cada vez que termino de leer uno de los posts voy corriendo para la cocina....

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  2. Sigo leyendo con mucho entusiasmo.

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  3. Gracias, amigos.

    Hemos llevado este diario, sí, y lo seguiremos llevando mientras tengamos que llevarlo, porque esta lucha es una lucha diaria.

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  4. Esta es una lucha por la sopa de manteca.

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