23 nov. 2007

El Protector De Los Cerdos XII

El ocaso del Darién


La administración de Pedrarias resultó catastrofal. Con la llegada de la armada a Castilla del Oro la población de Santa María se había sextuplicado, y la situación de los suministros se volvió rápidamente crítica. Las tribus amigas no podían abastecer de comida tantas bocas. Ni tampoco querían, después de los inmediatos saqueos que ordenó el nuevo gobernador en busca de oro. Las enfermedades tropicales se ensañaron entonces con los nuevos colonos, hacinados en la villa y debilitados por la inanición.

En septiembre no menos de un tercio habían muerto. 500 hombres en algo más de dos meses. Entre las chozas de Santa María distinguidos veteranos de las campañas napolitanas, caballeros que sólo vestían sedas y brocados, se peleaban febriles por una rata grande. Algunos nobles de la armada se escondían para no perder su hidalguía siendo vistos con cólicos y vómitos. Morían sin recibir socorro.

Los colonos veteranos estaban furiosos y apremiaban a su antiguo jefe para aprovechar la situación y tomar el poder por las armas. Balboa, sin embargo, seguía cauteloso.

- Ellos aún son muchos, amigos -decía el jerezano- Y tal vez no todos vosotros me sigáis a la hora de verdad.

- Vuestra merced está en lo cierto -apuntó Cabezuela- Pero no estaría de más insistir con los caciques para que sigan sin mandar un grano de maiz a la villa.

- Desde luego, Careta y Pankiak tienen órdenes muy claras, pero Rabanito se las repetirá cuando vaya por nuestras provisones.

Al gobernador, por su parte, le irritaba de sobremanera la idea de que su antecesor estaría burlándose de su mala gestión e incompetencia. Como no hallaba razón para castigarlo, se vengaba despreciando sus servicios y negándole empleo en su gobierno.

El plan original de Cabezuela había sido que los caciques amigos retuvieran los alimentos hasta la llegada de Balboa en persona a recogerlos. Con lo cual éste ganaría la simpatía de buena parte de los diezmados y hambrientos hombres de Pedrarias. Lo que haría fácil despojarlo del poder. No funcionó porque el resentido gobernador rechazó las ofertas del jerezano para ir él a conseguir alimentos, y encima le prohibió salir de Santa María sin permiso.

Fue ahí que el licenciado Espinosa, nuevo alcalde de la villa, sugirió a Pedrarias dispersar las fuerzas para detener la hambruna y el descontento de los santamarinos. Se podrían enviar varias expediciones a fundar villas menores en lugares distantes y que se abastecieran por cuenta propia. Tal vez encontrarían indios más cooperativos.

- ¿Hay algún lugar en Castilla del Oro realmente peligroso, con indios muy fieros? -preguntó Pedrarias.

- He oído decir que la región del río Atrato es muy agreste y peligrosa, en particular las tierras de un tal Dobaiba -respondió Espinosa.

- Muy bien, pues como son las cosas, esa le tocará a Balboa -dictaminó Pedrarias.

- ¡Vuestra merced es un bala! -se entusiamó el licienciado.

- ¿Cómo? -frunció el seño don Pedro Arias.

- ¡Os digo que sois la leche, Excelencia! -aclaró con premura el alcalde.

El gobernador llamó a varios oficiales y les ordenó buscar nuevos sitios para establecerse. A Núñez de Balboa lo mandó a la cuenca del Atrato, donde antes fracasó buscando al rico Dobaiba, donde tuvo dificultades por un complot indígena, y donde habían 5000 indios con rencor por sus nueve caciques ahorcados.

Pedrarias, además, prohibió a Balboa llevar armas de fuego. Por razones estratégicas, según dijo. Balboa, decidido a evitar que lo acusasen nuevamente de desacato, aceptó tales órdenes, aunque era obvio que lo condenaban al fracaso o hasta a perder la vida en manos de los indios. Logró reunir 75 voluntarios y penetró en el Darién.

Esta vez sí dieron con Dobaiba. El cacique venía con sus hombres, unos mil guerreros, más una motivada legión extranjera de otros 5000 nativos. A la cabeza de los indígenas marchaba el comando fluvial del resoluto cacique Seca Tiva[18], cuyo padre había sido ahorcado en Ponca por conspirador. Las muy superiores fuerzas combinadas de tierra y de río atacaron sin vacilar a los valientes hispanos.

Salvo 14 murieron todos. El propio Balboa resultó gravemente herido. Ni el capellán Andrés de Vera, el único clérigo involucrado en tan inútil empresa, ni Andrés de Valderrábano, el fiel secretario, estaban entre los que regresaron.

Cuando Pedrarias supo lo sucedido, se puso a dar brincos de alegría como un niño. Algo que llamó mucho la atención de sus colaboradores, pues el gobernador, además de hombre serio, ya tenía 74 años.

- Pero aún está vivo... -objetaba Enciso.

- ¡Vivo, sí, pero jodido! - se deleitaba Pedrarias.- ¡Perdió la honra y la gloria! ¡Castilla del Oro es nuestra!

Así, en estas circunstancias, Simón de Cabezuela decidió abandonar el Darién. Aprovechó que Diego Velázquez lo estaba reclamando desde de la próspera colonia de Cuba mediante una carabela recién anclada en el muelle de Santa María.

- Esto no tiene remedio, hermano, de aquí hay que irse -decía Cabezuela a fray Zumárraga.

- Os entiendo, padre, os entiendo -contestó su correligionario.- Pero comprendedme vos a mí también. No puedo dejar a Balboa en semejante situación. Soy su confesor, y él confía plenamente en mí.

- Lo sé -murmuró triste fray Cabezuela.- Vuestra merced lleva un gran corazón en el pecho.

- ¡Gracias, hermano Simón! -concluyó el otro franciscano- Pero vos iros, antes de que sea demasiado tarde.

Se abrazaron breve y efusivamente. No esperaban verse nunca más.



[18] Cuatro Colmillos en lengua natá.



4 comentarios:

  1. brother, perdona la ignorancia, pero no tienes escrito un libro con tus historias del protector de los cerdos? deberías pensarlo. son bien sugerentes. LOS MIQUIS.

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  2. Miquimanes, gracias, bros!
    Cuando comencé el blog, tenía cinco capítulos del Protector. El resto lo he ido componiendo sobre la marcha. Sí que me interesa publicarlo, cuando esté completo. En definitiva, el prejuicio martiano no me resulta ajeno... ☺

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  3. Guicho,
    No es que yo sea retrasado, pero ahora es que vengo a darme cuenta de lo genial de Chapucinzky. La primera vez que visité tu blog empecé a leer el primer parrafo y me pareció tan esteril que tuve que dejarlo. Hoy, no obstante, lo terminé y por poco me da un infarto riendome como un bobo.
    No se si se te quedan mejor los gaitos o los bolos, pero en ambos casos esres genial.
    Sigue ahí dándole que se lo merecen...
    Saludos
    Al Godar.

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  4. Al,
    tienes toda la razón, el prólogo era un desperdicio. Lo añadí al postear la biografía bolchevique, porque el tema soviético me pareció que llegaba algo tardío, pero lo releí ahora, y me pareció tan imprescindible que lo borré y me olvidé de haberlo escrito ;-)
    Saludos!

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