29 nov. 2007

Alles Haben (Tenerlo Todo)



- Necesito que hablemos. Te quiero decir algunas cosas. Igual si me escuchas o no, tengo que hablarte para encontrar la paz de mi corazón -me dijo de un golpe tras cerrarme el paso, y luego espiró casi todo el aire que tenía en los pulmones.

- Bien, si no te importa, podemos entrar en aquel café -propuse señalando el local unos metros a su espalda.

En el instante que giró la cabeza hacia atrás la tomé del brazo y eché a andar. Se dejó llevar. Nos sentamos afuera y pedimos dos capuccini. El parque de la 93 de Bogotá es un lugar muy acogedor.

- Primero voy a decirte como llegó lo que pasó el último jueves, porque necesito que me entiendas -me aclaró.

- Por supuesto, te escucho -respondí comprensivo, pues una germana mantiene siempre el orden, aunque se encuentre en el caos de Sudamérica.

- Subimos juntos la montaña de Monserrate -comenzó.- Hasta ahí no había pasado nada. Por el camino, sin embargo, noté que fuimos los únicos que le dimos algo a aquel acordeonista enfermo. Una pequeña cosa en común. También percibí como te ocupaste de conseguirle una capa de lluvia a Laura. Me impresionó ver como te preocupabas por las otras personas.

Asentí levemente. No se lo dije, pero ciertamente era lo mínimo que podía hacer por la menuda mexicana. Era muy cariñosa conmigo cuando las jornadas de trabajo se hacían largas y no permitían emprender nada después. Quedarse en el bar del hotel como el resto del equipo no era una opción. Me volví a concentrar, pues me perdía una parte de lo que en ese momento decía Grit.

- ...pequeñas cosas, que tal vez para otros no tienen importancia.

No pude hacer otra cosa que volver a asentir. Y ella continuó.

- ¿Por qué me invitaste luego al concierto de Leonardo Favio? ¿Tu date se te cayó?

- Por favor, no digas tonterías. ¿De quién podrías ser segunda opción? Y además, dime, ¿qué probabilidad, crees tú que hay, de que aquí a me dejen plantado? Te invité porque disfruté mucho tu compañía en Monserrate -le expliqué.- Al hablar contigo descubrí matices de una personalidad que superaba con ligereza el enorme atractivo de tu presencia física -seguí diciendo, y la veracidad del final superaba con ligereza el incierto comienzo de la oración. Sabiendo que por ello mi expresión era sincera, concluí con franqueza.- Sencillamente quería más de ti. Por eso te invité al concierto.

- Gracias, yo también disfruto mucho tu presencia -me confesó, y sonreí, porque conjugar un verbo en varios tiempos puede ser un ejercicio divertido.

Grit prosiguió.

- Como recordarás, en el concierto tomé tu mano. Eso es algo muy humano. Lo hacemos cuando ansiamos tener a alguien cerca, a alguien en quien confiar.

- Claro que sí, lo comprendo perfectamente -la apoyé.- También yo, siempre agarro la mano de la chica a mi lado en cada concierto -añadí para avalar más sus palabras, y reprimí el instinto de hacer algún chiste al respecto.

- Creo que entonces allí, con tu mano en la mía, me sentí tan bien... de una forma que no había experimentado desde que mi mejor amigo, con quien nunca tuve relación sexual, murió en un accidente -concluyó con sus grandes ojos brillando grises.

Me alegré de no haber soltado el chiste.

- Lo siento por tu amigo -le dije, y era sincero, pobre chico, se fue sin... ¿o fue por eso mismo que se lo llevó la parca? Bueno, si es así, por suerte ya pasé del peligro. Me quedaba atrás nuevamente.

- ...apenas porque al día siguiente tenía que madrugar para agarrar el vuelo a Berlín, y aún no había hecho las maletas.

- Cierto, acompañarme al concierto fue arriesgado de tu parte -afirmé breve.

- Sí, y luego en Berlín estuve pensando mucho en ti. Cada día me alegraba de poder contarte algo de mi vida en un mail, y de recibir luego algún mensaje tuyo. Siempre, de alguna manera, era un momento bello leer tu mensaje. No estaba consciente de que mi atracción por ti no fuera completamente platónica.

Creo que la miré con cara de griego, pero ella observaba su taza de capuccino ya vacía. Platón es poderoso. Tan fuerte que antier llegaste de Berlín a las 9 de la noche tras un vuelo de 14 horas, agarraste un taxi hasta el hotel, te bañaste, y te subiste a otro taxi 40 km hasta la finca en la sabana de Bogotá, donde teníamos aquella fiesta. No sé si apenas reflexioné o si en realidad se lo dije, pero lo de ella sonaba a respuesta.

- En la fiesta del jueves naturalmente que yo había bebido mucho aguardiente.

No abrí la boca. Ella continuó.

- Pero no hice nada que no hubiera hecho sin el alcohol. La media hora detrás de aquel omnibus se quedará inolvidable.

- Tampoco lo olvidaré.

- Por eso tenía que hablar contigo.

- Y lo has hecho muy bien. ¿Quieres beber algo más?

- ¿Cómo?

- Grit, ¿qué esperas tú de mí?

- Estás en tu derecho de preguntar eso, claro. Especialmente sabiendo que yo tengo novio. Pero quiero que sepas que mis sentimientos por ti no son cosa de todos los días. Yo no sentía así desde hace tres años, y desde entonces no había engañado a mi novio tampoco.

- Es un tipo con suerte -dije sonriendo.

- Por favor, no pienses que estoy jugando o que soy una mujer ligera.

- Ni por un segundo ha pasado eso por mi cabeza -contesté, y le hice la seña de dinero al camarero.

- ¿Qué tú quieres, Luis? ¿Qué yo renuncie a una relación de seis años para estar contigo?

- ¡De ninguna manera! Jamás se me ocurriría semejante cosa.

- Luis, tú sabes que la vida es complicada. Sí, desde luego, en la relación con mi novio hay algo que no está en orden, si yo me he enamorado de otro hombre.

- Puede ser.

- Pero también hay que ver que yo soy una mujer con diferentes intereses, que espera muchas cosas de su pareja, y tal vez eso no puede ser cubierto por un solo hombre.

- Bueno, mi parte yo la cubrí...

- No te burles, estoy hablando en serio...

Fue interrumpida por el camarero, que llegó con la cuenta. Pagué, le dejé el cambio, y le pedí que llamara a un taxi.

- Yo amo a mi novio por muchas cosas. En otras me siento muy sola.

- Todo el mundo tiene alguna cualidad. No me cabe duda de que él se merece ese amor tuyo.

- Gracias por entenderme. Eres un hombre muy profundo y sensual.

- Eso no me suena bien -manifesté mi inconformidad con moderación, pero firme.

- ¿O me equivoco y tú eres el que juega con las mujeres? Quizás no quiero saberlo. No juegues conmigo, por favor. Ayer estaba tan furiosa. ¿Por qué no me habías dicho que salías con una colombiana? ¿Por qué tengo que enterarme por la gente?

- Sinceramente, no recuerdo que me preguntaras...

- Bien, no pregunté, pero fui tan inocente de no imaginar nada. Y sobre todo, ¿por qué dejaste entrever que me querías? ¿Por qué me besaste? ¿Por qué me tocaste? ¿Por qué me escribiste una sola letra?

Admiré aquel ataque de elocuencia. Llegó el taxi.

- ¡Espero que estés feliz! -me dijo, mientras nos poníamos en pie.

- No, pero puede remediarse -le respondí abriendo la puerta del vehículo.- Tengo dos horas, ¿vienes?

Empezó a besarme dentro del taxi.

7 comentarios:

  1. "...Yo no soy de esas", siempre dicen...
    Pero al final terminan exactamente como una de esas!

    ¡Pobrecitas deutsches, no pueden con la dictadura que llevan consigo!

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  2. Guicho, las fotos llegaron bien. Te hemos mandado mail. ¡Gracias, bro!

    ¿Por que las alemanas se complican tanto? Recuerdo algo parecido en el Instituto Breda dutch land / deutsche girl-.
    ¿Está era de Munich?
    Mientras más conservadoras es peor...
    Solo te digo que vi venir el numero en la parte de la cogida de manos... aun me río.
    Nada, que a veces el ‘lost in translation’ nos hace dar mil vueltas sobre un mismo eje.
    Los germanos y nosotros tenemos en común la pasión por el otro, aunque nos separe definitivamente la forma de expresarla. (pedrada de mi parte, lo reconozco)
    Bueno, nos pillamos en la próxima caricatura.
    El tony.

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  3. Ah! Y yo que venia buscando a los gaitos en centroamerica!
    Esto casi parece una novela, pero está muy bien dicho.
    Me recuerda algo: Irgendwie, irgendwo, irgendwann, ...
    Saludos

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  4. todos los caminos conducen a Roma... " alemanas y cubanos"... es una historia que se repite y se repite...Guicho, na' que eres muy seductor.... te voy a meter en mi novela....jajajaja! un saludote.

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  5. Jinete,
    lo has dicho, es automartirio.

    Tony,
    así mismo, en el sur son más conservadoras.

    Generoso Al,
    gracias, y ya sigo con la otra conquista.

    Grieguita,
    recuerda que Roma era una enorme bacanal...

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  6. Coño Guicho, este no lo había visto!
    Jejejeje..Esto de las alemanas es un fenómeno que se extiende por toda la geografía criolla parece. Fíjate que hasta yo, tan blanquito me ligué una a finales de los ochenta…(todavía el muro seguía en pie, la mía era de la “RAFA”) por allá por La Habana. La historia se complico de manera tal que la chica se quedo después que se le venció la visa y hasta el jefe de sector del barrio se metió en el asunto. Años despues, aun sin haberle escrito ni una letra le mande un telegrama para que me ayudara con unos barillos para completar lo que necesitaba para salir de Cuba con mi esposa. No solo me lo envió, sino que ha venido un par de veces a NYC a visitarnos. No son criollas, pero son muy buenas socias asere!
    Saludos,

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