21 nov. 2007

Epílogo de la Yuca

Al mediodía se apareció frente al Pre una turba de vecinos de barrio, los vagos habituales, encabezados por un fornido mulato reclamando para fajarse con el "abusador" que le había pegado al pobre Rafelito.

El director Eligio decidió salir a pelear.

Nuestros profesores regulares eran mujeres o viejos, exceptuando las cátedras de Educación Física, Dibujo Técnico y Preparación Militar, que a esa hora estaban desiertas. Apenas dos profesores jóvenes se encontraban presentes. El secretario general de la UJC Abel, de Literatura, y Sinqui, de Dibujo Técnico. Este último, como su apodo indica, por un capricho de la naturaleza vino al mundo prácticamente desprovisto de mandíbula inferior.

Sinqui se negó a salir. Alegó que los médicos le habían prohibido fajarse, pues un golpe en el mentón podría matarlo. Ese día se desprestigió definitivamente. Aunque ya antes estaba en baja total desde que disertara una apología de la masturbación ante un grupo de estudiantes.

Abel, en cambió, sí se movilizó. Organizó rápidamente un piquete de apoyo para el valiente Pulga entre los malacabezas del Pre. Ahí estuvimos en primera línea Raúl, Miguel y yo junto a otra media docena de estudiantes. El propio Abel no salió, se quedó mirando desde los corredores abiertos que daban para la calle, como todo el mundo.

Estábamos en desventaja 1 a 2. Además, los vecinos vagos eran todos adultos. Nuestro único adulto era el más pequeño del bando, la Pulga. Pero Miguel y Mauricio eran karatecas, Ricardo el toro y yo éramos judocas, y Raúl era inteligente. El sagaz guajiro, se apareció con un manojo de cabillas que sacó a la carrera del cementerio de sillas del Instituto. Las repartió entre todos nosotros, y eso fue decisivo. Los vecinos justicieros se quedaron plantados a unos metros vociferando, pero no cruzaron la curva blanca que rodeaba el portal del Instituto. Mientras, cabilla en mano, la Pulga Dominante les espetaba con voz ronca:

- ¡Al que entre en mi perímetro lo reviento!

4 comentarios:

  1. !que fiñes más fundamentalistas! Las apologías de la masturbación, en mis tiempos, estimulaban confesiones, concursos e intercambios de fantasías

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  2. la pulga trascendió a su tiempo y este en este cuento, porque después de todo era cojonuda, eso si.
    sino fajanse, digo fíjense en como se enfrentó de primero con la mas-turba de cumbilas del rafa.

    Mi brohter me recordaste aquella asignatura de dibujo técnico y lo borrones que formaba siempre para hacerlo. Terminaba siempre pidiéndole a Larissa que me los hiciera.
    t

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  3. General,
    si hubieran visto a Sinqui alabando al onanismo, habrían abjurado de la paja. Era un monstruo.

    Tony,
    yo también era un cafre trazando rayitas. Y tomar notas me desesperaba. Tenía dos "secretarias", Miriam y Mariela, que se alternaban para escribir paralelamente en mis cuadernos. Rapidísimas y meticulosas que eran. Ningún otro sujeto del Pre tenía unos cuadernos tan lindos, con líneas rojas de margen, con sangría, con todo anotado peniblemente en letra bonita. Miriam era hija de polacos y Mariela un pedazo de criolla. Yo les tenía un gran cariño, así que las trataba con muchísima dulzura.
    ¡Qué tiempos, man!

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  4. Que risa con el guapetón del Pulga!
    Y te contaste entre los malacabezas del Pre.

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